6 de agosto: crónica de una nueva jornada masiva que sacudió a Milei

Casi a las 2 de la madrugada del viernes (7), la Cámara Alta del Congreso le dió media sanción a (lo que quedó de) la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La votación se concretó después de una jornada con presencia masiva en la Plaza de los Dos Congresos y mostró a un gobierno con demasiadas contradicciones operando simultáneamente. 

La movilización llena el Congreso

La reanudación de la sesión (postergada el pasado 16 de julio) estaba prevista para las dos de la tarde del jueves. A esa hora, ya se acumulan frente al Congreso las columnas de la izquierda, sectores del peronismo y delegaciones de algunos sindicatos. Entre ellos, ATE y la CGT. Esta última, la mayor central sindical del país, movilizó poco más que algunas banderas. Ni una columna orgánica de los grandes gremios.

Aún así, desde temprano la plaza anticipa dos rasgos de su convocatoria: cantidad y transversalidad. Cientos de personas llegan sueltas desde el mediodía. Sus representaciones naturales no han hecho presencia real en la movilización, así  que llegan solos o en pequeños grupos. En pocas horas empezarán a llegar de a miles. Su composición es diversa a la vez que coherente. Todos los sectores que han atravesado procesos de movilización contra el gobierno en los últimos dos años y medio muestran su cara en la jornada. Es una marcha de trabajadores, jóvenes, estudiantes, mujeres, personas de la comunidad LGBT, jubilados, activistas de la cultura, fotoperiodistas, docentes de todos los niveles educativos y muchos otros. 

Para las tres de la tarde, el flujo constante empieza a colmar todas las zonas de la Plaza de los Dos Congresos. Desde la intersección de Rivadavia y Callao, donde comienza el vallado, la gente se pierde a la vista en dirección a la Avenida de Mayo. En la línea del horizonte solo hay banderas, pancartas y cabezas que van y vienen. 

A las cuatro en punto, el peronismo comienza a abandonar la plaza por un pasillo sobre Rivadavia, casi en fila india. Los manifestantes que siguen llegando miran las columnas que salen con extrañeza. Ya en las horas previas a la movilización, y aún tras la caída del capítulo que modificaba la Ley de Tierras, habían resonado críticas de sectores peronistas a la tibieza de la oposición ante la agenda del oficialismo. Tal parece que no alcanzó para conmover las prácticas de su dirección. La participación del peronismo en la movilización es puramente testimonial.

Senado Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada

Todavía es temprano. El debate dentro del recinto lleva menos de media hora en curso. El inicio se retrasó casi dos horas entre cuestiones de privilegio y cruces entre el peronismo y el gobierno.  El bloque presidido por Mayans intenta primero que la sesión se levante y retorne a comisiones, acusando poco tiempo para el debate. El argumento no deja de ser cierto: el borrador definitivo (el número 17 desde el ingreso del texto al Senado) llegó al recinto a la una de la tarde. Pero, ¿qué más necesitaba saber Mayans sobre el proyecto del oficialismo? En la puerta del Congreso hay decenas de miles de personas movilizadas. La sociedad ya dejó clara su opinión sobre la ley en tratamiento: tiene que caer. El bloque opositor debería trabajar para rechazarla, no para atrasarla y darle aire al gobierno una vez más.

Tras la salida del peronismo de la plaza, queda un vacío sobre Entre Ríos, justo frente al Congreso. Se va colmando lentamente por los cientos que pasan individualmente por la zona. Pocos minutos después, el clima cambia. Las vallas, que habían estado vacías durante toda la jornada, se pueblan de formaciones de la Policía Federal. Todas las calles que circundan el Congreso están colmadas. Rivadavia, Yrigoyen, Callao y sus intersecciones. Sobre la vereda de Rivadavia se arremolinan corrientes de manifestantes que circulan en todas las direcciones. Salir y entrar de la plaza ya es difícil. 

Tras varias horas de cielo calmo, empieza a llover pesado. Se levanta viento desde el oeste, inclinando los gotones de cara a los manifestantes. En la columna del Nuevo MAS se reparten barbijos, pañuelos y gafas de protección. Bajo la lluvia, la batucada sigue sonando, acompasada.

editorial peor semana de Milei

Pasadas las cinco de la tarde comienza la represión. Lo modalidad es de despeje y desalojo. Se disparan granadas de gas lacrimógeno en todo el frente del vallado. La Policía Federal avanza por Yrigoyen detonando balas de goma. La iniciativa es unilateral y centralizada; la orden de reprimir comienza a aplicarse sobre toda la plaza. 

En pocos minutos, la mayoría de las columnas organizadas desaparecen. Se repliegan por Rivadavia hasta la Plaza Mariano Moreno, otras hasta la bocacalle de Avenida de Mayo, algunas disgregándose por el camino. Para las seis, sólo dos banderas permanecen frente al Congreso. La del Nuevo MAS y, junto a ella, la del SiTraRepA, el sindicato de los trabajadores de Rappi y PedidosYa. 

Dentro de la columna el protagonismo se lo lleva la organización. Militantes asignados a la tarea recorren el perímetro, hacen avanzar y retroceder según el ritmo de la represión, asisten a los más afectados por el gas, despliegan banderas grandes y chicas bajo la lluvia con olor a pimienta. De los muchos sueltos que copaban el frente de la plaza, la mayoría retroceden. Los que deciden permanecer a pesar de la represión, buscan refugio y compañía dentro de la columna, que engorda. 

Es el momento del aguante y el lento retroceso. Durará casi dos horas. Mientras las banderas del Nuevo MAS y el SiTRaRepA sostienen su posición en la primera línea de la Plaza, entre Callao y la 9 de julio miles de manifestantes retacean la retirada, resisten como pueden el avance de la policía. La gente que llegó por miles a rechazar el proyecto mileísta no quiere retirarse del escenario. Ya ha condicionado todo el debate y el destino parlamentario del texto. Y todavía tiene mucho para decir. 

El operativo comandado por la mileísta de última hora Alejandra Monteoliva se expande desde el Congreso. La Federal, apoyada por cuerpos de Gendarmería y de la Policía de la Ciudad, avanza por Yrigoyen y Rivadavia hacia el centro porteño. Por Callao, donde se congregaban casi únicamente manifestantes sueltos, sin columnas, la represión se abre camino en dirección a Corrientes. 

A las seis y media, las dos cuadras que separan Callao de Montevideo son un campo de gas y agua. Al otro lado de la plaza se ve las columnas de la Federal cruzando Solís. Las detonaciones son constantes. La columna del Nuevo MAS, con otras cientas de personas, se repliega por la entrada de Rodríguez Peña y espera allí, de frente a Rivadavia. Tras las banderas, las labores de organización no paran. Tampoco los cantos, aunque no haya ya batucada. Se aprovechan los minutos de aire para pasar lista, contarse, tomar agua. La descompresión de la zona trae de vuelta la señal de celular, colapsada por horas de masividad. Pasan por la columna amigos, compañeros de facultad, familiares, docentes que se cruzan con sus estudiantes. Algunos vienen a buscar asistencia, limón, barbijos. Otra vez, los sueltos que quieren permanecer movilizados se resguardan en las banderas.

Con el avance de la Federal, las granadas de gas empiezan a caer en Rodríguez Peña. La columna empieza a trasladarse hacia el centro porteño, viboreando entre las cortadas del barrio. El viaje dura media hora a paso tranquilo. A las siete en punto, el Nuevo MAS llega a la Avenida Corrientes por Uruguay. En la arteria de los teatros, habitualmente turística y comercial, el clima es accidentado. El tránsito circula a medias, con manifestantes desconcentrando hacia el Obelisco.

Pasan pocos minutos hasta que llega un cordón de la Federal, el que viene desalojando desde Callao. Cuando llegan a Uruguay, la Avenida ya está despejada. No contentos, los federales toman la bocacalle y avanzan con escudos contra la columna, que estaba organizando la desconcentración. Intentan arrinconarla por la cortada en vez de darle paso por Corrientes, como al resto de los movilizados. La primera fila de policías provoca a los manifestantes con movimientos orquestados, de protocolo: se posicionan los escudos a altura de la cara y se los sacude con el reverso del antebrazo. Una provocación que busca hacer saltar para empezar la represión.

Al cordón policial se le enfrenta otro, de los responsables de organización del Nuevo MAS. A primera vista, la relación de fuerzas parece desigual. Una de las líneas tiene escudos, cachiporras, gas pimienta, escopetas. La otra tiene pecheras rojas, un par de barbijos y algunas voces claras que se distinguen sobre las demás, exigiendo paso para desconcentrar. Aún así, el careo termina con la policía retrocediendo. Son los federales quienes se repliegan, ahora, hacia la 9 de julio, con los escudos bajos y caminando por la vereda. ¿Por qué no barrieron las escopetas y las cachiporras a la veintena de militantes que resguarda la columna? 

Evidentemente, se les interpone el ánimo de miles. La policía, desde el encargado de operativo hasta el más ignoto de los rasos, siente el peso en el aire. A sus espaldas, los manifestantes que se retiraban vuelven para repudiar la maniobra contra la columna roja. Varios automovilistas paran sus autos, deteniendo el tránsito, y sacan medio cuerpo por la ventana para insultar a la policía. Tras los escudos algunas caras sudan y otras se dan vuelta para mirar a sus espaldas, con una expresión de duda idiota. Las escopetas y las cachiporras se sienten en minoría. 

La calma vuelve a durar poco. Apenas salió el cordón policial por Corrientes, otro llega desde Uruguay, a espaldas de la columna. Ahora son motociclistas. Ya pasó el grupo encargado del despeje, ahora llegan los carroñeros. Empieza el momento de la cacería. Durante las próximas horas, las motos de la Federal se dedicarán a pescar a los manifestantes rezagados entre la represión, repartiendo palos, gases y detenciones arbitrarias. 

Los militantes suben a la vereda y desconcentran hacia la boca del subte, caminando con tranquilidad. Aún con las motos zumbando alrededor, no hay nerviosismo ni miedo. El ánimo permanece alto, vibrante. Se cruzan sonrisas, la gente se reparte entre los trenes. Se respira la tranquilidad de quienes se saben, junto a otros miles, protagonistas de la jornada.

La movilización diezma el proyecto del gobierno

Durante toda la tarde, el gobierno intenta proseguir la sesión parlamentaria como en una realidad paralela. Caído el capítulo de Tierras, espero encontrar los votos para ganar. En el inicio de la sesión mostró un índice: reune 38 votos para iniciar la sesión, contra la moción de volver a comisiones hecha por Mayans. Los aliados dan suficiente apoyo al gobierno para que la sesión no caiga: sería una derrota demasiado clara y humillante para Milei. Incluso el peronismo hace un gesto de vergonzante estabilización cuando vota en contra de la participación remota de la senadora Sagasti. 

Pero los votos para sesionar no son lo mismos que para se cuentan para aprobar cada inciso del texto. Durante la tarde, los medios afines al gobierno anticipan un nuevo nudo de problemas: el capítulo que busca cercenar la Ley de Manejo del Fuego. “El gobierno busca blindar el capítulo para evitar un nuevo papelón” advierte una cobertura en vivo. Pero el papelón llega. Pasada la medianoche, tras largas peroratas en las que se lee el pre-lanzamiento de la campaña electoral del año entrante, el Senado vota lo que quedó del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada

De los cinco capítulos centrales contenidos en el texto original, el borrador número 17 sólo mantiene dos. El ataque a los barrios populares había caído ya durante el tratamiento en comisiones. El capítulo que flexibilizaba la Ley de Tierras cayó en la previa a la movilización, cuando la caterva de lumpen – funcionarios que puebla la gestión mileísta se dió cuenta de que se dirigía a la derrota. El desguace de la Ley de Manejo del Fuego cayó durante la sesión misma. Bullrich se dió cuenta de que no contaba con todos los escaños de los gobernadores aliados y retiró el capítulo para evitar la humillación formal. Pero el gobierno no escapa a la humillación política. 

El proyecto que adquiere media sanción es una versión diezmada del que redactara Sturzenegger en marzo de este año. Se dirige a la Cámara de Diputados, más difícil para el gobierno, cargando la mancha del masivo repudio popular y el olor de un golpe político para el oficialismo. Los miles que colmaron la Plaza de los Dos Congresos se llevan un sabor distinto, a pesar de los gases y las detonaciones. Todo el mundo sabe, desde Milei al último parlamentario, que fue la acción de la calle la que destripó el texto oficialista, aún en desmedro de la tibieza de las conducciones peronistas. 

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