Un 4 de abril de 2007, hace 19 años, la represión se llevaba la vida de Carlos Fuentalba, el docente cuyo nombre se convertiría en adelante en el emblema de las luchas de todos los docentes. El policía asesino, Darío Poblete, era parte de un operativo mandado por el gobernador Sobisch para aplastar la rebelión docente que vivía la provincia.
La bronca por su muerte hizo que la lucha docente se convirtiera en una rebelión provincial que hizo tambalear al gobierno neuquino. El 9 de abril, un inmenso paro docente en respuesta a la represión conmocionó a la provincia y al país entero. El reclamo había comenzado por salario y se había convertido en la exigencia de la caída de Sobisch. Si no cayó fue por la complicidad de la burocracia sindical de Guagliardo, que frenó la exigencia de justicia. También por la complicidad nacional de Yasky y CTERA, que dejaron solos a los docentes de Neuquén, como dejaron solos a los docentes de Santa Cruz y Salta.
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Contaron desde la Corriente docente anticapitalista Carlos Fuentalba en el pasado aniversario: «Carlos Fuentealba era un compañero del Nuevo MAS. Es por eso que ese mismo 2007, los docentes de la Lista Gris decidimos bautizar nuestra corriente con su nombre: Corriente Nacional Carlos Fuentealba. Hoy el ejemplo de Carlos irradia una claridad que alumbra el camino. Después de más de un año de gobierno de Milei, quedó demostrado que si puede ajustar, reprimir y rifar el país, es porque todo el arco político e institucional lo sostiene. Igual que Milei, defienden la Argentina capitalista, a la medida de los empresarios, sus intereses y sus ganancias. Más allá de sus diferencias, todos coinciden en que, para garantizar el negocio de los empresarios, todo es válido: hambrear a los jubilados, destruir la salud y la educación, quitarnos los derechos laborales y sindicales.»
Hoy, las provincias del país viven rebeliones docentes similares, como la inmensa lucha de los docentes de Córdoba, que se han puesto en el cetnro de la escena al rechazar una y otra vez los intentos del gobernador Llaryora de imponer un acuerdo salarial de miseria. Pero si la pelea de los trabajadores de la educación sigue de pie es también porque han pasado por arriba de los intentos de la burocracia de UPEC, encabezada por Cristalli, de frenarla.
Un hilo conductos une las luchas del 2007 con las del 2026, la de la defensa de la educación pública y los salarios docentes. Hoy, los trabajadores de la educación tienen en frente a duro enemigo, a un gobierno mileísta que por principios odia la educación pública, a las escuelas y a sus docentes. Es un gobierno que desea ver cerradas todas las escuelas que construyen la vida cultural del país entre varias generaciones hace años. Y la bandera de Carlos Fuentealba ineludiblamente ondea en todas las luchas docentes contra Milei, porque su cara se ha convertideo en bandera de todos los reclamos docentes.
Con la lucha se logró encarcelar al autor material del asesinato, el policía José Poblete y se aproxima a otros participes del operativo represivo, lo que es un avance en la exigencia de Justicia por Carlos. Pero el responsable político, el entonces gobernador Jorge Sobisch, no sólo sigue impune, sino que ni siquiera está imputado.
Carlos murió en la Ruta 22, en Arroyito, en el marco de un largo conflicto que se unía a los que protagonizaba la docencia de Salta y Santa Cruz. Pero la Ctera los dejó aislados. Meses después en el mismo 2007, en Río Gallegos, el ministro Varizat atropelló a maestras con una camioneta que de casualidad no culminó en otras muertes.
Por entonces, existían enormes movilizaciones por calles de Neuquén para poder echar de la gobernación a Sobisch y ponerlo entre rejas. La marcha del 9 de abril, a días del asesinato de Carlos, fue la más grande de la historia de Neuquén. Pero la conducción de ATEN de Guagliardo, el mismo que está hoy, en vez de hacer eje en el “Fuera Sobisch” y mandarlo a la cárcel, resignó esa bandera, y se sentó a negociar salario con el gobierno que tenía las manos manchadas de sangre.
La bandera de Carlos Fuentealba, de su memoria, es de las y los docentes, de las bases, de los sectores antiburocráticos. Es una bandera de las y los trabajadores. Y es una pelea, contra los Guagliardo, los Baradel, los Yasky, que al mismo tiempo que aislaron la lucha en que Sobisch asesinó a Carlos y vaciaron la pelea por encarcelar al entonces gobernador, tienen la caradurez de intentar apropiarse de la figura de un luchador.
Hoy, la bandera de Carlos Fuentealba es la bandera de los docentes que luchan contra el vaciamiento y la destrucción de Milei y los gobernadores cómplices, es la bandera de la rebelión de los trabajadores de la educación en Córdoba, es la bandera de lucha contra las reformas anti-educativas que pretenden hacer de los colegios una zona de guerra de todos contra todos.




