“(…) el Gobierno minimiza una realidad: del reclamo de la comunidad universitaria que vuelve a la calle hoy, surgió en 2024 y 2025 el sujeto social y político que logró amalgamar como ningún otro la protesta contra una política del Gobierno (…)” (Luciana Vázquez, La Nación, 12/5/26)
Una nueva marcha universitaria volcó cientos de miles sobre la Plaza de Mayo para reafirmar lo que la inmensa mayoría de la sociedad sabe, y lo que Milei y los libertarios odian: que la Universidad pública, laica y gratuita es una conquista inconmensurable y hay que defenderla. A su vez, funcionó como caja de resonancia de los reclamos de una sociedad hastiada de la miseria cotidiana que impone el gobierno.
La movilización suma una nueva semana de malas noticias para el gobierno nacional, que se acumulan a las iniciadas a comienzos de marzo, cuando perdió la iniciativa política. Sin embargo, una visión tan unilateral puede dar lugar a confusiones y facilismos. Aún en su mala hora, el gobierno pelea, contamina la coyuntura con elementos reaccionarios, y en el peor de los casos, destruye. La moneda está en el aire.
El vaivén de la coyuntura
Es bien sabido que el gobierno acumula dificultades: hace ya largas semanas que no controla la coyuntura. La imagen de Milei, del gobierno como tal, de sus funcionarios y de sus medidas caen en cuanta encuesta y focus group hay. Incluso parte de su base social está viviendo un cierto cimbronazo.
La circunstancia de ver a Adorni, la tercera figura del gobierno y defensor cotidiano del “no hay plata”, envuelto diariamente en un caso de corrupción que parece un pozo sin fondo es absolutamente demoledor para quienes compraron el discurso anticasta. Sin embargo, siendo esto importante, lo cierto es que lo que opera de fondo es la dura materialidad de una economía prácticamente sumida en recesión. La inflación, el gran flagelo que el mileísmo venía a combatir, acumula prácticamente un año de subas. Particularmente, y en mayor medida, en los rubros más sensibles para la población trabajadora: alimentos y bebidas, transporte público, servicios, entre otros. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios es brutal.
Dos años y medio de gobierno de Milei han arrojado a una porción mayoritaria de la sociedad a vivir peor que antes, y a una gran parte a desactivar sus esperanzas en él.
Estas son, entre otras, las principales causas del derrotero de un gobierno que pasó de la votación de la contrarreforma laboral en febrero a rogar que llegue rápido el Mundial de fútbol con la esperanza de que la atención de la sociedad se pose en un lugar que no sean las tragedias cotidianas y las cascadas de los funcionarios.
Pero, estos elementos de debilitamiento tienen su contracara en un gobierno que intenta plantarse y lanza contraofensivas reaccionarias. El experimento Milei (como parte de la extrema derecha internacional, empezando por Trump) está siendo puesto a prueba y busca, con suerte dispar, emparejar la cancha o ensuciar el terreno. La extrema derecha encuentra sus fundamentos en condiciones profundas del capitalismo del siglo XXI (fragmentación social, superexplotación laboral, desigualdad, etc.), y como tal no es un fenómeno epidérmico, sino que llegó para convertirse en un actor del mundo de hoy.
Sobre esa base material el gobierno busca reafirmarse continuamente: la negativa a que Adorni salga del gobierno es para no mostrar debilidad, no “entregar” un funcionario de máxima jerarquía y confianza frente a la presión de la opinión pública, aun sabiendo que esa decisión trae costos por otro lado. También lo hacen desde el punto de vista de las iniciativas políticas: el caso del proyecto de reforma electoral presenta tantas limitaciones que bien podría caracterizarse como de “supresión de los partidos políticos”. En el mismo sentido, el recorte/provocación anunciado en el Boletín Oficial en la previa a la movilización educativa incluye un ajuste de 80 mil millones en programas de la Secretaría de Educación, una parte importante de ellos destinado a infraestructura universitaria.
Este último punto es clave: se trata del sostenimiento del superávit fiscal. Esta no es solo una premisa ideológica, caballito de guerra de la “batalla cultural”, sino un crudo mecanismo de recaudación para pagarle al FMI. Sin embargo, por la recesión en la que sumieron a la economía, la recaudación fiscal se hunde (acumula 9 meses de caída), lo que da como único remedio seguir apretando el torniquete más allá de lo posible, convirtiendo en muchos casos el ajuste en simple y llana destrucción. Por poner un ejemplo, el achique del Servicio Meteorológico Nacional sin ningún criterio de sustentabilidad pone en riesgo la precisión de los pronósticos y alertas tempranas, esenciales para la aviación y la protección civil.
La Universidad pública tiene que ganar
Milei, enemigo de la educación pública, la ciencia y la cultura aplica este torniquete con particular énfasis en las universidades. La Ley de Financiamiento Universitario, -votada varias veces en el Congreso, ratificada tras el veto presidencial, y con dos cautelares a favor de su aplicación- tiene el “módico” objetivo de garantizar las partidas presupuestarias para el funcionamiento de las universidades y la actualización de los salarios acorde a la inflación.
Desde que asumió el gobierno de Milei, las transferencias se redujeron en prácticamente un 50%, poniendo a la universidad en una situación crítica. Los salarios universitarios (docentes y nodocentes) se vieron reducidos en un 40% -es un derrumbe incluso superior a la caída del salario estatal, que ronda el 20%- lo que deriva en la renuncia de gran parte de los planteles docentes y de investigadores. Los hospitales universitarios no recibieron un solo peso en los que va del año de los 80 mil millones asignados para su funcionamiento: denuncian que en estas circunstancias les quedan solo 45 días de actividad.
En este marco, la marcha por la aplicación de la ley de financiamiento universitario expresó en las calles el enorme malestar y bronca que señalan fríamente las encuestas semana tras semana. Fueron unos cuantos cientos de miles en la Ciudad de Buenos Aires, y otros tantos en todo el país, en particular en las capitales del interior. Como el 24M, la jornada nos recuerda que vivimos en una sociedad movilizada que responde cuando se la convoca en defensa de las causas justas.
El dramatismo de la situación y la intransigencia del gobierno obligaron a las conducciones radicales y peronistas a convocar a una movilización a Plaza de Mayo luego de 2 años. Incluso a pesar que todas sus acciones conspiran contra la necesidad de estar a la altura del desafío que plantea Milei: los paros pasivos, la defensa corporativa sector por sector, e incluso el adelantamiento de elecciones institucionales y estudiantiles.
La movilización social demuestra que hay fuerzas para organizar. Probablemente el momento más encendido de la plaza fue cuando la secretaria general de CONADU señaló desde el palco que “si Milei no puede gobernar por el pueblo argentino, se tiene que ir de la Casa Rosada”, que fue respondido con un fuerte “Milei basura vos sos la dictadura”. Sin embargo, la apuesta de los rectorados y las burocracias sindicales es obtener un fallo favorable de la Corte Suprema de Justicia, a pesar de que fue el propio gobierno quien llevó la situación a esa instancia.
En ese sentido, el debate está planteado: ¿hay que someterse a un nuevo mecanismo institucional después de dos largos años de gestiones parlamentarias y de un apoyo mayoritario de la sociedad? ¿El dramatismo de la situación no exige profundizar el camino de la movilización? Y si el fallo de la Corte es negativo, ¿qué camino debemos tomar? ¿El de la aceptación pasiva de la destrucción de la universidad pública y del futuro de cientos de miles de estudiantes?
Milei no se aguanta más. Lo siente en el cuerpo y lo dice una parte muy grande de la población. La crisis social y las urgencias cotidianas van más rápido que los tiempos institucionales. El financiamiento universitario demostró una inmensa legitimidad. Milei incumple las leyes de manera ilegal, ilegítima e inconstitucional. Nuestra compañera Manuela Castañeira, en ese marco, propone juicio político contra Milei por insanía.
El debate sobre la continuidad de Milei no es solo un genuino sentimiento popular. Es también una duda enquistada en lo más granado de la burguesía nacional e internacional. El levantamiento de perfil de Patricia Bullrich con sus exigencias de explicaciones a Adorni es un incipiente movimiento sobre la posibilidad de la construcción de un “mileísmo sin Milei”: superávit fiscal, superexplotación laboral, orden y seguridad, pero con más estabilidad y otros modales.
Este es otro dato del “interregno” de la situación: si Milei no sigue ¿hasta donde va a correrse el péndulo político y que nuevos fenómenos pueden surgir? Es una pregunta que no se resuelve solo en Argentina: mucho antes de las elecciones aquí, las hay en octubre en Brasil (donde se presenta un escenario polarizado entre Lula Da Silva y Flavio Bolsonaro), y fundamentalmente en Estados Unidos en noviembre, donde la guerra desatada en Irán le está pasando factura a Trump por la aventura fallida y sus consecuencias económicas. El cuestionamiento de la extrema derecha en el mundo no es para nada un factor independiente para un Milei que es hoy un pálido reflejo.
Así, la coyuntura se presenta tanto cargada de problemas para el gobierno, como llena de “esquirlas” reaccionarias -y peligrosas- por sus acciones.
Por eso la CGT debería convocar a un plan de lucha y paro general. No se puede esperar al 2027. Por eso hay que dar continuidad a la lucha universitaria, porque está juego la universidad pública. El método más efectivo para enfrentar a este gobierno y pararle la mano es la lucha en la calle: fue así en la Ley Ómnibus, fue así como impusimos la aprobación de la ley de financiamiento universitario y de discapacidad. Hay que apostar a la organización por abajo, la lucha independiente y a la unidad de la izquierda para que sea un canal de independencia de clase no solo electoral, sino orgánico. Ninguna fuerza por sí misma -y menos que menos ninguna figura- está en condiciones de resolver por sí misma los inmensos desafíos planteados en la Argentina si fracasa el gobierno de Milei.
Nuestra organización se viene destacando como una de las de mayor crecimiento y con mayor dinámica de la izquierda argentina. En particular en la juventud con el ¡Ya Basta!, que viene de unas muy buenas elecciones en la Universidad de La Matanza y de un éxito político en la UBA, sobretodo en Filosofía y Letras. Allí, de no ser por el sectarismo del FITU, se podría haber ganado el Centro de Estudiantes para la izquierda, lo que sería de vital importancia en este contexto. El FITU, en particular el PTS, prefirieron que siguiera en manos del peronismo por tercera elección consecutiva.
La columna de cerca de un millar de compañeros y compañeras del ¡Ya Basta! en la movilización universitaria demostró el enorme protagonismo y desarrollo que está adquiriendo la juventud anticapitalista. Tuvieron también un lugar destacado los nodocentes de la agrupación Benito Choque, que el próximo 28 de mayo pulsarán por la Comisión Interna en Filosofía y Letras. Y los compañeros de FATE de la Lista Marrón, quienes recogieron amplia simpatía y apoyo en la marcha, cuando su pelea se acerca a cumplir 90 días.
Y estamos muy orgullosos de estar acompañando al SiTraRepA en la organización del Segundo Congreso Mundial de Trabajadores por Plataformas en Los Ángeles, Estados Unidos, que está finalizando mientras cerramos este artículo. Contó con la participación de trabajadores por aplicación de 15 países, de todos los continentes, y de 8 Estados de Estados Unidos. Durante el Congreso se anunció también que se consiguieron decenas de miles de afiliaciones para la constitución del sindicato de conductores por aplicación en California, un paso inmenso dado la política antisindical de empresas como Uber y Lyft, y que se plantea extenderse a otros Estados. Este Congreso es un evento con pocos antecedentes en las últimas décadas: son decenas de organizaciones sindicales de base unidas alrededor del mismo método de trabajo y con características de internacionalismo.
Hay que aprovechar estos eventos para construir y consolidar el Nuevo MAS como una de las principales fuerzas de la izquierda revolucionaria y uno de los principales protagonistas del enfrentamiento al gobierno de Milei.




