Capitalismo nefasto

Vicentín: Una larga historia de estafas, saqueo al estado y colaboración con la dictadura

La reciente polémica en la que se encuentra el grupo agroexportador, en concurso de acreedores y con una deuda de más de cien mil de millones de pesos no es sino un capítulo más en una larga y oscura historia de negocios, fraudes y poder.



Vicentín ha estado en boca de todos en los últimos días y nos es para menos. La principal agroexportadora del país ha llevado adelante un escandaloso fraude, principalmente ante el Estado, por cientos de millones de dólares y actualmente se encuentra en un pulso con el gobierno que tiñó todo el escenario político nacional.

La polémica alrededor de su eventual expropiación tomó ribetes simbólicos en la medida que para la derecha Vicentín representa la productividad del campo y la voracidad del Estado que quiere depredar la riqueza producida por los privados. Mientras que el gobierno intenta poner a la empresa como un ejemplo de cómo la timba financiera puede arruinar a una empresa insignia del capital nacional.

Sin lugar a dudas Vicentín es un gran exponente del capitalismo Argentino. Pero, como veremos a continuación, lejos de cualquier veleidad productivista o épica del esfuerzo agrario, es un exponente de un capitalismo parasitario del Estado, cómplice del poder y ligado a los momentos más oscuros de nuestra historia.

Orígenes humildes (1929 – 1965)

La historia de Vicentín comienza en 1929, un año que estuvo marcado por el inicio de la Gran Depresión. Los hermanos Pedro, Roberto y Máximo Vicentín, inmigrantes italianos que residían en Avellaneda, al norte de Santa Fe abrieron un pequeño almacén de ramos generales y acopio de productos agrícolas.

En paralelo al comercio se dedicaban a desmotar algodón que compraban a productores de Chaco y Santa Fe, separando la fibra para hilandería de las semillas, de las cuales extraían aceite crudo que mandaban a refinar a Buenos Aires. Para 1937 “Vicentín Hermanos y Cía” inaugura su primer planta desmotadora y en 1943 su primer fábrica de aceite.

Así fueron amasando una pequeña fortuna y consolidando una posición dominante en el mercado de granos de la zona, procesando algodón, lino y maní que compraban a productores locales. Esto sería solo el comienzo.

Crecimiento con Onganía (1966 – 1975)

Durante la dictadura de Onganía, Vicentín accede a tierras cedidas por la dictadura en los departamentos de Vera y General Obligado, haciéndose con su propia producción de algodón, lo que mejoraba notoriamente su posición frente a los productores.

Por esas épocas se empezaban a instalar en el país las principales multinacionales de la alimentación: Bunge, Cargill y Dreyfus, que hoy dominan el mercado de granos a nivel mundial. Para 1966 Vicentín moderniza su proceso industrial de forma pionera, incorporando el proceso de extracción por solventes.

Empieza de esta manera, una época de expansión y diversificación. Con el apoyo de la dictadura adquieren más tierras, comienzan a producir cereales y oleaginosas en paralelo al algodón. De esta manera se aseguraba no sólo la mayoría de la venta, sino la posibilidad de reducir los costos de producción y negociar precios más bajos y plazos menos convenientes para los productores locales.

La posición dominante que ostentaba Vicentín, junto con la creciente industrialización de sus procesos que estaba atravesando le abrieron una serie de problemas a la empresa. Por un lado los chacareros pequeños y medianos se comenzaron a agremiar en Ligas Agrarias para intentar ponerle un freno a los abusos comerciales de la empresa y por el otro los trabajadores de sus plantas comenzaron a organizarse, protagonizando una huelga en 1974 y ganando el sindicato de Aceiteros en 1975 introduciendo reformas progresivas como un cuerpo de 14 delegados por sector.

Mirá también:  El dólar superó los 30 y el gobierno fuga hacia adelante

Expansión en dictadura (1976 – 1982)

El golpe militar de 1976 vino a solucionarle muchos problemas a Vicentín, desarticulando las Ligas Agrarias y persiguiendo ferozmente a los trabajadores con el saldo de 22 detenidos desaparecidos de la empresa señalados a dedo por el jefe de personal de la empresa, entre ellos los 14 delegados.

En un testimonio recogido por Sonia Tessa para Página 12, Oscar “Cacho” Zarza relata: «Me detienen adentro, me hacen un acta de detención con la máquina de escribir de Vicentin y uno de los que se presta como testigo es el Sapo Vicentin, que era uno de los capataces». La connivencia de la empresa con las fuerzas armadas, grupos de tareas y parapoliciales nunca fue investigada a fondo, a pesar de las denuncias y testimonios.

La última dictadura militar supuso también grandes oportunidades de negocios para la empresa, que expandió sus operaciones incorporando una molienda de soja en su complejo en 1977 y en 1979 abrió una segunda planta dedicada a la molienda de soja y girasol en Ricardone, frente a la ciudad portuaria de San Lorenzo.

Ese mismo año de la mano de Martínez de Hoz, Vicentín adquirió una terminal de embarque en San Lorenzo haciéndose de su propio puerto para transportar su producción y acopio por el Paraná. En 1982, ya con la dictadura en retirada, la empresa se benefició también de la estatización de la deuda privada promovida por Domingo Cavallo, que le alivianó unos 2 millones de dólares de deudas.

Consolidación y concentración (1983 – 2004)

Entre fines de los 70 y comienzos de los 80 tomó preeminencia la segunda generación de los Vicentín, hijos y yernos de sus fundadores. A esta camada pertenecen los hermanos Sergio y Gustavo Nardelli, asi como Alberto Padoán. Ellos estuvieron a cargo de modernizar la empresa, poniéndola más a tono con los usos y costumbres del neoliberalismo en auge.

En 1986 el directorio de la empresa definió mudar todas sus operaciones al sur de la provincia, abandonando el pueblo de Avellaneda donde se había fundado, cerrando su principal fuente de empleo y dejándolo sumido en una depresión económica durante una década, cuando Vicentín creó una empresa satélite y retomó sus operaciones en la zona.

También en esta época comenzaron a endeudarse agresivamente en dólares, aprovechando las devaluaciones y se creciente asimilación con el poder político de turno, esta vez en democracia. Durante los 90, la ahora Vicentín SAIC se hace con el control de Terminal Puerto Rosario y en 1999 y 2001 Alberto Padoán participó como candidato a Diputado de las listas del partido Acción por la República que comandaba Domingo Cavallo.

Diversificación y fuga (2004 – 2015)

Desde una posición privilegiada, Vicentín comenzó a abrirse nuevos horizontes, aprovechando el viento de cola del boom de los commodities y los precios competitivos de exportación gracias a la mega devaluación de Duhalde en 2002.

En 2004 adquirieron el frigorífico Friar, abriéndose al rubro de la carne. Al año siguiente fundaron la offshore Nacadié Comercial SA, con sede en Uruguay y Argentina pero basada en Panamá. Esto marcó el inicio de una nueva estapa en Vicentín.

En 2007 incursionaron en la industria de los biocombustibles, fundando Renova junto con la multinacional de origen suizo Glencore. Este nuevo emprendimiento tomó vuelo recién después del conflicto con el campo en 2008, y entre 2010 y 2014 construyeron una moderna planta de procesamiento de soja y producción de biodiesel y glicerina en Timbúes.

Mirá también:  Una infamia más de la Justicia: prisión domiciliaria al genocida Etchecolatz

En 2008 compraron la empresa de algodones “Estrella” e inauguraron una textil. En 2009, se abrieron aún más adquiriendo viñedos y montando una bodega en Mendoza. En 2012, puso en marcha una planta de bioetanol de maíz en Avellaneda. Y en 2016, aprovechando la crisis de grupo, compraron la línea de productos frescos de Sancor, a través de una sociedad controlada llamada ARSA.

Los años macristas

A pesar de que la extendida familia Vicentín tuvo trato aceitado con todos los gobiernos (democráticos o dictatoriales) de todos los colores políticos, sin duda fue con gobiernos liberales donde más pudo florecer su negocio. Por eso no es de extrañar que el triunfo del macrismo cayera muy bien en el grupo empresario.

Entre 2015 y 2019, Vicentín pasó del puesto 19 en el ranking de ventas de las 200 empresas de mayor facturación del país, al puesto 4, más que triplicando sus ventas en este período. En paralelo, la empresa fue abriendo filiales y compañías derivadas en distintas partes del mundo. Fundó Vicentín Family Group, asentada en Uruguay, Vicentin Paraguay, Vicentin Europa y toda una trama de relaciones comerciales que dificultaban el escrutinio público.

Pero por otro lado tampoco había voluntad política de escrutar, ya que la relación entre el gobierno de Macri y el grupo empresario se fue desarrollando de manera fluída. En 2017 Vicentín fue el principal aportante a la campaña de medio término de Cambiemos, colaborando en $13.5 millones a través de 3 de sus compañías (Oleaginosa Moreno, Algodonera Avellaneda y Frigoríficos Friar SA). En esas elecciones, Padoán integró la lista de diputados que encabezó el radical Jorge Boasso, alineado al macrismo.

Conclusión

Lejos de la retórica de la épica del emprendimiento familiar que devino en grupo empresario o del capital nacional llevado por el mal camino, la historia de Vicentín es una radiografía de la burguesía parasitaria argentina, que amasó su fortuna gracias a los beneficios, privilegios y la impunidad que le dio estar siempre pegada al poder.

Es la misma burguesía que siente que tiene un derecho natural a hacerse de los recursos del Estado para su beneficio personal y que si ese negocio fracasa es el mismo Estado el que debe ir a su rescate. Lo siente, porque así se lo han hecho sentir todos los gobiernos desde su fundación hasta hoy.

Por eso mismo es descabellado plantear que esta empresa necesita un “rescate”. A la luz de su historia es evidente que quienes deben ser rescatados son los trabajadores que una y otra vez han pagado las deudas y llenado los bolsillos de los dueños de Vicentín con su sudor, sus perspectivas de vida y hasta su propia sangre.

Nada bueno puede venir de seguir inyectando dinero a quienes han demostrado una y otra vez que no tienen más ambición que el lucro. Hay que dejar de perpetuar la rueda de la impunidad empresaria. Por eso se impone que la única salida realmente beneficiosa para los trabajadores es la expropiación de Vicentín, de su capital y de las fortunas de sus dueños, para ser puesta a producir por y para sus trabajadores.

Print Friendly, PDF & Email

Colaborá con la izquierda


Nuestra actividad se mantiene con el aporte solidario de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Suscribite para que podamos seguirte brindando la mejor información y análisis.

Me quiero suscribir




Recomendadas

Rebelión Antirracista en EEUU

Guerra, política y partido a la luz de la rebelión en EEUU

“La historia no funciona de manera tal que en primer lugar se imponen los cimientos, luego crecen las fuerzas productivas, las relaciones de fuerzas necesarias entre las clases se desarrollan, el proletariado se vuelve revolucionario, y luego todo esto se guarda en la hielera y se preserva mientras procede la preparación de un Partido Comunista, de manera que pueda alistarse mientras las ‘condiciones’ esperan y esperan; y luego, cuando esté listo, pueda arremangarse y comenzar a luchar. No, así no funciona la historia. Para la revolución se req...

Trabajadores

Las Rojas

Últimas noticias

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre