Editorial

    Una crisis política en puerta

    Concesiones sin fin a los empresarios y crecimiento exponencial de contagios.



    El mundo sigue cruzado por la pandemia y todo parece indicar que el coronavirus ha llegado para quedarse por un largo tiempo. Aunque el centro de contagios se ha trasladado al hemisferio sur, que acaba de ingresar al invierno, en el hemisferio norte muchos países que superaron la primera oleada enfrentan nuevos brotes, aunque focalizados.

    Días atrás un rebrote en Beijing (China) de 50 contagios originado en el mercado mayorista Xinfadi que abastece cerca del 90% de las frutas y verduras llevó al aislamiento de barrios enteros de la megalópolis. En el noroeste de Alemania en Gütersloh, miles de personas han entrado nuevamente en cuarentena luego del contagio de 650 trabajadores en un frigorífico.

    En Estados Unidos la cifra de muertes asciende a 125 mil y la cantidad de contagios diarios no baja de entre 20 y 30 mil desde abril, mientras que empieza a haber alarma en estados donde al momento la situación estaba controlada como Texas, California o Carolina del Norte. Esto ha llevado a hablar de una segunda ola de contagios, aunque hay especialistas que afirman que se trataría de la misma ola que viene azotando al país imperialista desde hace meses.

    Más allá de las disquisiciones terminológicas, lo que es evidente es que el virus continúa presente y que sigue siendo el evento que conmociona al mundo entero, altera la vida de millones de personas y suma cerca de 500 mil muertes.

    Junto con esto el efecto de la pandemia continúa agravando todos los pronósticos económicos. Este miércoles el FMI presenta un informe titulado “Una crisis como ninguna otra, una recuperación incierta”, que proyecta números de decrecimiento de la economía mundial de -5% y que arroja datos sombríos para las principales potencias del mundo (decrecimiento del -8% en Estados Unidos y Alemania, y entre el -10% y -13% en Inglaterra, Francia, Italia y España, y un crecimiento mísero del 1% en China). De confirmarse estos números estaríamos hablando de una enorme crisis económica mundial, aún mayor que el 2008 donde el crecimiento de la economía cayó fuertemente, pero mantuvo un leve crecimiento marginal. Otro elemento de anormalidad que mete la pandemia por vía de la crisis económica y que podría sacudir a miles de millones de trabajadores en todo el mundo.

    El mismo informe anuncia con optimismo desmedido, o al menos imposible de corroborar, que en el 2021 la economía mundial lograría recuperarse llegando a un crecimiento del 5%. Un pronostico de movimiento en V, de una caída abrupta (-5%) a una recuperación igualmente abrupta (5%), que deberá corroborarse y que depende fundamentalmente de cómo continúe afectando la pandemia al planeta… cuestión que nadie sabe a ciencia cierta hoy, sobre todo en ausencia de una vacuna efectiva.

    Desde el punto de vista sanitario, Sudamérica es uno de los puntos calientes en donde ya se acumula en Brasil 54 mil muertos y más de un millón de contagios, Perú cuenta 265 mil contagios y 8.600 muertes y Chile suma 250 mil contagios y 4.800 muertes. En la mayoría de estos países sus gobiernos han impulsado la vía “trumpista” de priorizar las ganancias empresarias a costa de la vida de miles de trabajadores y que ha llevado al desborde de los sistemas sanitarios con imágenes de gente muriendo en la puerta de los hospitales por no tener camas de terapia intensiva.

    Fernández: entre el colapso sanitario y la concesión a los empresarios

    Toda la actuación del gobierno viene demostrando una enorme cobardía ante el empresariado y una creciente desidia ante la vida de los trabajadores. Por estas horas Fernández junto a Larreta y Kicillof parecen estar preparando anuncios que parten de mantener todas las concesiones a los empresarios: mantener la mayoría de las fábricas abiertas bajo la falsa premisa de que allí no habría contagios. Una mentira completa que contrasta con el aumento de casos que se registran cotidianamente. No hay un establecimiento laboral de cierta concentración de gente que no registre contagios: frigoríficos, autopartistas, fábricas de neumáticos, químicas, fábricas de vidrios, cadenas de supermercados, etc.

    Como contrapartida podrían eventualmente restringir el transporte público interurbano (CABA-GBA) mientras mantienen habilitado las distintas líneas de trenes, una decisión que si afecta a alguien es a los trabajadores que están obligados a ir a trabajar y para lo cual, en caso de reducir el transporte público, deberán poner más horas de su vida para viajar ida y vuelta, o directamente amontonarse en los trenes como ocurre hoy.

    Por otro lado, se evaluaría el cierre de comercios no “esenciales” (una palabra que ya no se sabe a qué refiere ante la evidencia de que hoy bajo el título de “esencial” el gobierno permite que funcione todo), y la estupidez de impedir que los runners salgan a correr, una medida para la tribuna populista que no modifica en nada el ritmo del contagio. Pantomimas para mantener abiertas las fábricas y otros lugares masivos de trabajo funcionando bajo el epíteto de “esenciales” y así continuar garantizando a la burguesía sus intereses mientras se manda a los trabajadores a contagiarse y eventualmente morir por las ganancias capitalistas.

    El gobierno nacional que arranco con una medida sanitarista temprana como fue la cuarentena viene cediendo a la presión de los empresarios de manera constante desde hace semanas, pero la novedad es que las consecuencias de la tibieza amenazan con llevar al colapso al sistema sanitario en el AMBA y fundamentalmente en el Gran Buenos Aires en las próximas semanas, un dato que es de público conocimiento y que viene de boca de los Ministros de Salud provincial (Daniel Gollán) y de la Capital Federal (Fernán Quiroz).

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    Horas atrás el Ministro de Salud nacional, Ginés González, declaró que las camas del Gran Bueno Aires de terapia intensiva se encuentran ocupadas en promedio en un 65%, pero que en algunos lugares llega al 80% de ocupación. Un dato importante si se tiene en cuenta que, a pesar de que el porcentaje de personas con Covid-19 que requieren terapia intensiva suele ser baja (un 5%), la velocidad de rotación es muy lenta ya que las internaciones suelen ser en promedio de 28 días (Nora Bär, La Nación, 16/06), motivo de sobra para poner un freno al aumento de contagios a riesgo de un desborde sanitario.

    Al término de esta edición el número de casos ha llegado al récord de 2635 y 38 muertes (con un total de contagiados que roza los 50.000 y más de 1.100 muertes) y es de público conocimiento que el contagio dejó de ser mayormente por contacto estrecho y que pasó a ser en un 40% por transmisión comunitaria (lo que significa que el virus circula en la sociedad sin posibilidad de identificar el inicio del contagio). Un salto en calidad que indica que el gobierno ha perdido la batalla por la contención del virus y todo control sobre la circulación del mismo. Ante esta realidad, ante el desamparo sanitario que la burguesía y los gobiernos han arrojado a millones de trabajadores y ante la ausencia de alguna vacuna o de todo tratamiento efectivo, la única política realmente sanitarista y que cuida a los trabajadores es la vuelta a una cuarentena estricta mediante la suspensión del trabajo en todas las actividades que realmente no son esenciales con el objetivo de disminuir la circulación del virus. Al mismo tiempo se debe garantizar la desinfección de todos los establecimientos que continúen funcionando junto con todas las medidas y recursos sanitarios necesarios y garantizar el pago del 100% del salario a todos los trabajadores y trabajadoras (a la vez que debería garantizarse un salario universal de 40 mil pesos para quienes no tengan ingresos fijos, estén por debajo de esta suma o cobren por trabajo realizado). Que quede claro, no hay “endurecimiento” ni fase 1 ni verdadera política sanitaria con millones de trabajadores expuestos diariamente al contagio para garantizar las ganancias de lo los patrones.

    El gobierno se encuentra en una encrucijada: ir al colapso sanitario y recrear las imágenes de Chile, Perú o Brasil, donde los hospitales se transformaron en focos de contagio y los médicos se ven obligados a elegir a qué paciente darle un respirador, todo con el objetivo de garantizarle las ganancias a los dueños del país y a la lacra burguesa; o retomar la vía sanitarista y volver a la fase 1 como se hizo inicialmente, cosa que no parece ser la más probable.

    Es que el carácter social liberal del gobierno de Alberto Fernández lo ha mostrado como un león herbívoro que ruge mucho pero que en definitiva no muerde. Fernández no ha dejado por un momento desde el inicio de la cuarentena, hace casi 100 días, de ceder ante los intereses de los empresarios y los caprichos de los sectores gorilas de la sociedad, a la vez que parece estar dispuesto a dilapidar todo el esfuerzo social hecho a lo largo de 3 meses.

    Tampoco avanzó sobre la unificación y estatización del sistema sanitario. El grito reaccionario de los dueños de la salud privada y las clases medias reaccionarias pudo más y la idea de estatizar el sistema de salud de Ginés Gonzales García no pasó de un simple “relato”. Hoy es prácticamente imposible conocer a ciencia cierta el número real de camas de terapia intensiva (se habla de 11 mil en el sistema público, pero se desconoce cuántas camas privadas hay). Lo que está claro es que el número de camas disponibles se ve retaceada por ceder ante el “derecho sagrado de la propiedad privada” de los dueños de las clínicas. Y por la decisión del gobierno de priorizar el subsidio a empresas como Toyota, Ford, Coca-Cola, Volkswagen y tantas otras que se niegan a pagar la totalidad de los salarios, o el pago de la deuda con los bonistas y el FMI, en vez de volcar los recursos económicos a poner en pie un sistema sanitario coherente con la situación de la pandemia.

    Finalmente, todos los anuncios de expropiación de Vicentin han quedado congelados, y los estafadores dueños del grupo millonario se han puesto a la ofensiva, al punto que hasta la propuesta de intervención light (sin expropiación) del gobernador santafesino Perotti ha sido exorcizada por el juez del concurso y se ha reafirmado la decisión de dejar la administración de la empresa en monos de los estafadores con el gobierno nacional y provincial como simples veedores, al tiempo que se garantiza la continuidad del concurso de acreedores.

    Ante semejante papelón que da cuenta de la falta de voluntad política por parte del ejecutivo de enfrentar realmente a la patronal rentista, Cristina Fernández pretende esconder todo tras la cortina de humo que brindaría una comisión investigadora del Senado antes de tratar cualquier proyecto que afecte a la empresa. Una vez más el relato aparece naufragando, cuestión que no hace más que envalentonar a los sectores más reaccionarios de la sociedad como los que aparecieron agitando banderas a favor de los ladrones de Vicentin y contra la cuarentena.

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    En este escenario complejo el FMI ha sumado su cuota de mal augurio. En su último informe ha actualizado también los datos de crisis económica para Argentina advirtiendo que la caída llegaría a un 10% de la economía para este año, dato que de confirmarse puede ser un elemento de inestabilidad importante y que junto con el problema sanitario podría abrirle eventualmente una crisis política al gobierno.

    Hay que imponerles a los sindicatos una medida de fuerza general

    Mientras la burguesía presiona, la clase media gorila cacerolea contra la cuarentena, y el gobierno concede, la CGT brilla por su ausencia. Estos traidores no se cansan de jugar a las escondidas mientras los contagios en los lugares de trabajo no paran de crecer.

    La realidad es que las patronales hacen lo que quieren con los protocolos. Ya le tomaron el tiempo al gobierno y saben que más allá que algún ligero “reto televisivo” de Fernández no hay consecuencias. En muchos lugares de trabajo no se garantiza siquiera elementos mínimos de higiene y seguridad, y los compañeros y compañeras con síntomas deben seguir trabajando a la espera del resultado de los tests. Una vergüenza completa que muestra el desprecio patronal por la vida de los trabajadores.

    Sólo en los establecimientos de cierta jerarquía (caso de las grandes automotrices) los protocolos, aún elaborados en función de garantizar las ganancias empresarias, antes que nada, mantienen algún mínimo resguardo de los trabajadores. Pero la regla general es que solo donde los trabajadores se plantan contra la brutalidad patronal se respetan las medidas de higiene, en donde esto no ocurre las patronales hacen prácticamente lo que se les antoja.

    Por su parte, en los hospitales y centros de salud la situación de los trabajadores y trabajadoras es cada vez más crítica y faltan los elementos básicos para protegerse del contagio. La posibilidad de que los hospitales se vuelvan centros de contagios aumenta y pone en riesgo la vida y el bienestar del personal de salud, a la vez que pone el acento en el problema del colapso sanitario. ¿Si las y los trabajadores de la salud se enferman de coronavirus, quién va a cuidar a los infectados? Y a su vez, ¿en qué se invirtió todo el tiempo en que se suponía que se iba a priorizar la estructura sanitaria?

    Es por todo esto que debemos imponer a la CGT, la CTA y los sindicatos en manos de la burocracia una medida de fuerza general que unifique al conjunto de los trabajadores en defensa de nuestra salud. Hay que pararle la mano a las patronales, y exigirle al gobierno el cierre de toda actividad que no sea realmente esencial garantizándose el pago del 100% de salario para cortar el contagio masivo, a la vez que se desinfecta todos los lugares de trabajo. A su vez exigimos al gobierno y a las empresas el pago de la totalidad de los aguinaldos de una sola vez, en tiempo y forma. ¡Basta de retacearnos derechos a los trabajadores mientras se garantizan los negocios y fortunas de los empresarios!

    Además, acompañamos incondicionalmente toda acción que surja desde los lugares de trabajo para imponerle a las patronales condiciones trabajo, testeos masivos, suspensiones de trabajo para desinfección, comités de seguridad para que sean los trabajadores quienes decidan los protocolos y como debe cuidarse a los compañeros.

    Finalmente remarcamos que es imposible priorizar el sistema de salud a la vez que se permite el saqueo de los bonistas, el FMI y los especuladores financieros. Exigimos el no pago soberano de la deuda y que los recursos económicos vayan destinados a la salud y las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares.

    Los sindicatos, seccionales y comisiones internas dirigidas por la izquierda y los sectores independientes debemos agitar en cada lugar de trabajo este planteo para que se escuche la voz de los trabajadores, y no sólo los cacerolazos reaccionarios.

    Mantener la solidaridad activa y extremar los cuidados

    Es un hecho que muchos hospitales semanas atrás rechazaban por orden de los directores las donaciones de elementos de limpieza. Por estos días, trabajadores de esos mismos lugares acuden a la solidaridad para hacerse de cosas tan elementales como lavandina. Nuestro partido se viene calificando en la vanguardia llevando adelante una enorme campaña de solidaridad activa en hospitales, colegios y participando en cada conflicto en que los trabajadores se plantan contra el avasallamiento de la patronal y defendiendo incondicionalmente el derecho a la protesta porque la vida de los trabajadores importa.

    Volvemos a insistir en extremar los cuidados y desarrollar cada actividad con plena conciencia y seriedad, tomando los recaudos necesarios de seguridad y distanciamiento social. Esta es la forma en que debe actuar la izquierda para ser la “primera línea” de la solidaridad con nuestra propia clase.

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