Marcelo Yunes
Intelectual marxista del Nuevo MAS

Los bancos están entre los grandes (y pocos) beneficiados de la política económica del macrismo. Y no es de extrañar, porque se trata de un esquema que desde el comienzo se basó sobre el endeudamiento externo y local a tasas ruinosas, pero a la vez otorgando todas las garantías necesarias de repago a los acreedores. Los bancos extranjeros que operan como intermediarios en las colocaciones de deuda en divisas en el exterior ganan comisiones (y “coimisiones”) jugosísimas. Pero, como veremos, incluso este magnífico negocio palidece frente a otro que siempre gozó de buena salud, el de prestarle al Estado a tasas siderales. Algo que no representa ninguna novedad, pero que en particular en la gestión de Macri ha llegado a niveles no vistos desde la década del 90.

Pasemos a los hechos: mientras que 2018 fue un año tenebroso para la amplísima mayoría de la población, empezando por asalariados, siguiendo por los comerciantes y terminando por los jubilados (y aun importantes sectores empresarios la pasaron mal), los banqueros se aburrieron de ganar plata. En números: el sistema financiero en su conjunto ganó 172.106 millones de pesos, un 121% más que los ya abultados 77.709 millones de 2017. Debe ser el único sector, por fuera del campo, que aumentó sus ganancias incluso medidas en dólares, ya que la tasa de devaluación fue inferior a ese 121%, y ni hablar de la inflación. Estamos hablando, en cada año, de 4.500-5.000 millones de dólares, de los cuales la parte del león se la llevan no más de 20 o 30 bancos nacionales y extranjeros, que se quedan con alrededor del 1% del PBI.

Otra manera de medir sus resultados es comparar la relación entre ganancias y patrimonio neto anualizado (sigla internacional ROE), que pasó del 23,3% en 2017 a 34,4% en 2018. Para darse una idea, se considera que a una compañía le va razonablemente bien si ese indicador orilla el 10%. En otros términos: la tasa de ganancia de los bancos que operan en Argentina está fuera de toda proporción con la de cualquier empresa capitalista “normal”. Sucede que el nivel de curro que tenemos aquí es, verdaderamente, anormal.

 

Los pobres subsidian a los ricos

¿Cómo son posibles estos resultados? Por supuesto, no hay chance de que se trate de la mayor eficiencia, productividad, tecnología o visión estratégica de los banqueros. La respuesta es, como dijimos, que los bancos se enriquecen obscenamente gracias a que le prestan al Estado. Veamos eso.

Los bancos ganan dinero “razonablemente” cuando dan crédito (es decir, prestan) a actividades económicas que a su vez son rentables. Contra lo que cree el pensamiento populista vulgar, los bancos no son una excrecencia parasitaria del sistema económico capitalista cuya parte “sana” sería la industria y el comercio, sino un elemento integral y orgánico del funcionamiento de ese sistema. Lo que sucede ahora es que ese mecanismo está completamente desvirtuado ante las disfuncionalidades estructurales del capitalismo argentino, brutalmente agravadas por la gestión Macri. De modo que el centro de la rentabilidad bancaria es medrar con las urgencias financieras del gobierno, vía una inmensa masa de préstamos al Estado bajo la forma de Letras de Liquidación (Leliq).

Las Leliq son, como las Lebac (Letras del Banco Central), a las que sucedieron, emisión de moneda encubierta bajo la forma de deuda. Dicho rápidamente: cuando el BCRA emite billetes, es para pagar cuentas de hoy con inflación de mañana. Para “evitar” esa inflación es que el BCRA no emite moneda, sino títulos de deuda (las Leliq no son otra cosa), recibiendo a cambio el dinero que le prestan los bancos. Con una “pequeña” diferencia: lo que el BCRA se ahorra en inflación a mediano plazo (y últimamente ni siquiera eso) lo pierde pagando intereses a corto plazo. Y esos intereses (el precio que paga el BCRA para evitar aumentar el circulante de moneda) son altísimos: hoy rondan el 68% anual.(1)

Ahora bien: ¿de dónde sacan los bancos la plata para prestarle al Estado? Pues de los ahorristas, grandes y pequeños. Para que se vea la dimensión del curro: el banco recibe dinero (que le dan los ahorristas) y paga al público una tasa de, digamos, el 40% anual. Pero esa misma plata el banco privado se la presta al Estado (el BCRA), que a su vez le paga un 65%. Esa diferencia grosera, única en el mundo, es la base de las ganancias monstruosas de los bancos.(2)

Los inversores más grandes tienen más privilegios, pero el resultado es el mismo: los recursos financieros de todo un país están al servicio de la timba y no de créditos a alguna inversión productiva. Como señala una consultora, “el desarme de Lebac derivó en una suba de plazos fijos que terminó en un aumento de las Leliq. No hubo traslado a circulante [que es lo que quería el gobierno, para no alimentar la inflación. MY], pero tampoco al crédito” (Ámbito Financiero, 9-4-19).

De modo que, como hemos señalado en otras oportunidades, saltamos de la bomba atómica de las Lebac a la bomba de hidrógeno de las Leliq. Para darse una idea de hasta dónde estamos hablando de una espiral explosiva, sólo un dato: en todo 2018, con todos los zafarranchos que conocemos, el BCRA pagó 132.000 millones de pesos de intereses por sus letras. Sólo en los primeros tres meses de 2019, ya lleva pagado casi lo mismo: 129.000 millones.

¿Por qué el gobierno convalida esto? Primero, porque estamos entre parientes y amigos: los actuales directivos del BCRA son gente que viene de la banca privada y mantiene lazos orgánicos con ella. Y segundo, porque la necesidad tiene cara de hereje: el efecto bola de nieve de las Leliq equivale a una droga que para surtir efecto debe aumentar siempre la dosis. Así, el 28 de marzo, el BCRA anunció que daba permiso a los bancos para invertir en Leliq no ya el 65% de sus depósitos (tope anterior que ya era altísimo), sino el 100%. Sí: cualquier banco le puede prestar al Estado comprando Leliq por la totalidad de sus depósitos y de su patrimonio (El Cronista Comercial, 29-3-19). ¡Esto es casi una “nacionalización de hecho” del sistema bancario, sólo que respetando la apropiación privada de los beneficios!

En efecto: si todos los depósitos, si el patrimonio íntegro del banco puede ser prestado al Estado, ¿qué sentido tiene que sigan siendo privados, aparte de generar un inmenso negocio para sus dueños a expensas del Presupuesto? ¡El dinero que desde el Estado le retacean a la salud, a la educación, a los jubilados, a la ciencia, se despilfarra escandalosamente pagando intereses! Como siempre con este gobierno, es la lógica Hood Robin: los pobres pagando la cuenta de los ricos. Reiteremos la cifra: 4.500-5.000 millones de dólares por año sólo para los banqueros, sin hablar de la que se llevan los grandes inversores privados que ganan tanto como los bancos.

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La clase empresaria argentina, campeona mundial de la fuga

Otro agujero inmenso por donde se esfuma la riqueza generada en este país es la fuga de divisas, operativo que sólo puede hacerse con la ayuda –mejor deberíamos decir complicidad– de los bancos. Y en esto, hay que decirlo, la burguesía argentina tiene el récord del mundo. No existe país de tamaño comparable cuya clase capitalista sea tan adicta a atesorar sus ganancias en el exterior en vez de invertirlas. El famoso blanqueo de capitales de 2016 permitió conocer mejor el volumen aproximado de la fuga de capitales: el total blanqueado anduvo por los 115.000 millones de dólares… pero, como señalamos en su momento, por los montos promedio se deduce que los verdaderos grandes millonarios no entraron, y se estima que esa cifra es menos de la cuarta parte del total. Esto es: la burguesía argentina tiene un PBI íntegro fuera del país casi sin declarar ni pagar impuestos.(3)

Un informe de 2017, posterior al blanqueo y que se apoya en datos del INDEC, da una medida de cuántos son los que se quedan con cuánto, y dónde lo tienen. Atención a este cuadro que muestra el monto de “activos líquidos” (es decir, efectivo y acciones, NO bienes inmuebles, autos ni yates) que poseen las familias argentinas:

 

Como lo leen: el 0,37% de las familias tiene el 61% de los “activos líquidos totales” del país. En realidad el porcentaje es aún mucho mayor, justamente porque no se consideran los activos no líquidos, como casas, terrenos, autos y yates; sólo la plata a la vista y disponible. Y de ese 61% del total, el 76,6% está en el exterior (obsérvese que cuanto más ricas son las familias, mayor es el porcentaje de activos fuera del país). Veamos ahora las cifras de la clase media alta y del resto de la sociedad:

Fuente: The Boston Consulting Group sobre datos del INDEC Publicado por Esteban Rafele en tn.com.ar el 16-6-17

 

¿Hace falta agregar comentarios? Recapitulemos: las 214.000 familias más ricas del país, ,el 1,8 del total, tienen el 77,6% de la riqueza líquida del país de 325.000 millones de dólares (tres cuartas partes fuera del país, claro), mientras que las otras 11 millones y medio de familias, más del 98%, tiene apenas el 22,4% de ese total, repartido casi mitad y mitad dentro y fuera del país (lo que se explica porque esa inmensa mayoría incluye desde la clase media no tan alta hasta los indigentes).

La fuga de capitales, sólo en la era Macri, supera el monto de lo prestado por el FMI y ronda los 60.000 millones de dólares, si bien no todos van a parar al exterior: la “formación de activos externos” incluye las tenencias en dólares dentro y fuera del sistema bancario. Los datos del BCRA muestran que los compradores de dólares regulares rondan en promedio los dos millones de personas. Pero, por supuesto, el patrón de distribución de esas compras coincide bastante con el cuadro anterior: un porcentaje muy pequeño de las operaciones representa el grueso del monto de compras, mientras que el “chiquitaje” (el 75% de los compradores) hace operaciones inferiores a los 1.500 dólares.

Es por eso que todos los grandes escándalos de fuga de divisas involucran de manera invariable no a tal o cual empresario ventajero, sino a la flor y nata de la clase capitalista argentina. Los nombres de empresas y personas enchastrados se repiten una y otra vez. Para recordar sólo los casos más recientes: la denuncia del ex JP Morgan Hernán Arbizu en 2008, la denuncia de la AFIP sobre cuentas no declaradas de residentes argentinos en el HSBC de Ginebra (que estalló allá por la detención de Hervé Falciani), las cuentas de residentes argentinos en el banco BNP Paribas en 2010, la lista de Martín Redrado, ex director del BCRA, de compradores demás de 100.000 dólares, la lista de Alfredo Zaiat (2014) de los primeros 100 compradores de divisas en 2011, la lista del BCRA de las 50 firmas que más divisas giraron al exterior en 2014, la lista de compradores de dólar futuro en 2015 y las investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) de los Panama Papers en 2016 y los Paradise Papers en 2017.(4)

Sólo a título ilustrativo, veamos algunos ejemplos. En fecha tan lejana como 2008, apenas 10 bancos extranjeros concentraban carteras de inversores argentinos en el exterior (fugadores, claro; no se trataba de “inversiones empresarias normales”) por 85.000 millones de dólares. En estas páginas nos referimos a la “lista Falciani” del HSBC de Ginebra, Suiza, donde había más de 4.000 cuentas de toda la burguesía argentina, incluyendo el luego ministro Prat Gay, a cargo de la administración de la fortuna de la familia Fortabat. Todos recordamos los Panama Papers y la revelación de las múltiples cuentas offshore del Grupo Macri. Y los Paradise Papers mostraban las tropelías de tres de los “empresarios estrella”, abonados a la lista de hipermillonarios de la revista Forbes y dueños de miles de millones de dólares que los ponen entre las diez o veinte personas más ricas de la Argentina, como Eduardo Elsztain (IRSA-Cresud), Marcelo Mindlin (Pampa Energía y Edenor) y Marcos Galperin (Mercado Libre). Todos usaron mecanismos turbios de empresas cáscara para operar en lugares tan transparentes como Islas Bermudas, Islas Caimán, Isla de Man e Islas Vírgenes Británicas. En el curro del dólar futuro, apenas 60 empresas se llevaron el 75% (54.000 millones de pesos) de un botín de 73.000 millones de pesos, esto es, unos 5.500 millones de dólares de entonces. Para no hablar de las personas físicas: una sola (Néstor Daniel Agnesina) se lleva el 40% del total embolsado por las personas. Claro que se trata de un socio de la firma de servicios de agrofinanzas Unigrain, que fue la empresa más beneficiada de la operatoria; entre empresa y persona se llevaron 13.300 millocitos, esto es, mil palos verdes.(5)

Dejemos las conclusiones a la investigación de Bona: “Las empresas que explican la fuga de manera sistemática remiten, una vez más, al poder económico en la Argentina: vinculadas a la industria del petróleo como YPF (especialmente bajo control privado), Shell, Esso, Pluspetrol, Petroquímica Cuyo, Total Austral, Tecpetrol, Compañías Asociados Petroleras, San Antonio Internacional, Pluspetrol y Wintershall Energía; vinculadas al sector primario y agroalimentario: LDC, Molinos Río de la Plata, Massalin Particulares, Cargill, Ledesma, Molinos Río de la Plata, Aceitera General Deheza, Oleaginosa Moreno, Arcor, Profertil, Bagley, Productos de Maíz SA, Cafés La Virginia, Cepas Argentinas; conglomerados locales (industria, comercio, construcción y otros): Techint (Siderar y Siderca), Aluar, Acindar, Arcor, Clarín, Ing. Norberto Priu, Loma Negra, Coto, etc.; completan la lista las firmas de los sectores financiero y productivo. La cúpula empresaria es clave para entender la dinámica de extracción de divisas en el país, más allá de la residencia de las firmas: tanto el capital local como el extranjero valorizan su excedente en divisas de manera constante” (L. Bona, La fuga de divisas en la Argentina, FLACSO, libro digital, 2018).

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Una propuesta socialista para el sistema bancario

La actual estructura financiera argentina, desde los bancos privados hasta los públicos (y esperemos que al menos los directores del BCRA sean argentinos, cosa que cambiará si prosperan las recomendaciones del FMI al respecto), están al servicio de un capitalismo argentino disfuncional para los trabajadores y para la nación en su conjunto, pero muy lucrativo para sus beneficiarios.

Los bancos privados viven de prestarle al Estado y de facilitar el curro del conjunto de la clase capitalista local; los bancos públicos languidecen prestándole al Estado a pérdida (ver al respecto la crítica situación del Banco Nación) y sin cumplir ninguna de las funciones “sociales” que en algún momento dijeron cubrir, como créditos baratos a quienes más los necesitan y menos acceso a ellos tienen. Tan grosero es todo que ya ni siquiera tienen la pátina de “ayudar a la clase media” con préstamos personales, ya que las tasas de interés siderales han transformado a cualquier crédito (ni hablar, por ejemplo, de los créditos hipotecarios UVA) en una trampa mortal.

Tal como está, el sistema bancario no es más que un intermediario/usurero que aprovecha su situación para esquilmar a ahorristas y tomadores de créditos personales en total indefensión, por un lado, y para llevarse gigantescas ganancias cobrándole intereses a un Estado cómplice, por el otro.

No hay posibilidad de que este organismo enfermo y corrupto sirva de palanca para las necesidades de desarrollo económico y social, porque está atado al funcionamiento perverso de un capitalismo local que prioriza lo que ha sido siempre la fuente de los privilegios de los empresarios: el contrato a base de coimas, el subsidio, el saqueo, el curro financiero, el negociado cambiario y la fuga de divisas. El capitalismo “clásico” basado en el crecimiento con reinversión, la acumulación ampliada “normal”, nunca se desarrolló como tal en estas pampas.

Es necesario poner en pie, también en este terreno, una alternativa socialista que rompa con toda esta podredumbre acumulada que sólo ha generado pocos millonarios y mucho sufrimiento. La insólita situación de que los bancos pueden poner todo su patrimonio en préstamos al Estado indica, a su manera, cuál es el camino. La nacionalización de la banca y el comercio exterior es indispensable, pero a condición de que cada crédito, cada dólar, cada asignación de recursos que haga el sistema financiero sean controlados y vigilados por los trabajadores y sus organizaciones.

Por otra parte, esta medida anularía inmediatamente la deuda del BCRA con el sistema bancario privado, que se calcula para fin de año en 1,5 billones de pesos (al cambio de hoy, más de 33.000 millones de dólares; al cambio de fin de año, vaya uno a saber…). Y no sólo la deuda, sino sus intereses, que implican un déficit fiscal adicional del 4% del PBI, contra el mentiroso “déficit cero” del gobierno, que significa mega ajuste para casi todos y mega ganancias para los ladrones financieros de adentro y de afuera.

Sacar los recursos financieros, las divisas, los instrumentos de crédito, de manos de estafadores, coimeros y especuladores para ponerlos al servicio de las verdaderas necesidades populares y de un auténtico desarrollo económico es una de las tareas que deberá proponerse todo proyecto de transformación socialista de la sociedad encabezado por los trabajadores.

 

Notas

  1. Como señalamos hace poco, esa tasa es en verdad mucho más alta, porque las Leliq no son un préstamo al Estado por un año, sino que se renuevan cada semana. Así, una tasa del 65% anual equivale a una tasa semanal del 1,25%. Pero, por efecto del interés compuesto (los intereses ganados se van sumando al capital inicial), un depósito que se renueva a esa tasa semanal equivale a una tasa anual real de cerca del 90%. Esa bola monstruosa es imposible de devolver, de modo que los préstamos (Leliq) se siguen “renovando”… hasta que los bancos desconfían y pidan su dinero, y adiós. Es lo que pasó con todos los bancos que quebraron por corridas, por ejemplo el BIR en 1980 o el de El Hogar Obrero en 1991.
  2. Recientemente, el gobierno pidió a los bancos que cierren un poco esa brecha aumentando la tasa de interés que pagan a los ahorristas. Pero no lo hace por ningún impulso de equidad, sino simplemente porque teme que si las tasas bajan demasiado, los ahorristas huyan de los plazos fijos y se pasen al dólar, aumentando la tensión cambiaria y por ende la inflación, lo que sería una pésima noticia para el macrismo de cara a las elecciones.
  3. No ponemos las manos ni en agua tibia por la honestidad personal de los funcionarios kirchneristas de cualquier rango. Pero los charlatanes histéricos que repiten como enajenados “los K se robaron un PBI” sencillamente no tienen idea de lo que están hablando. Los indudables afanos cometidos a título personal por funcionarios K y de todas las épocas no tienen la menor comparación con el expolio a gran escala que significa la estructura económica argentina y la lógica del capitalismo local y su clase dirigente.
  4. Al respecto, es demoledora la información recopilada en el texto de Leandro Bona La fuga de capitales en la Argentina, Documento de trabajo Nº 24 del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO (libro digital), 2018.
  5. No olvidemos la humilde contribución de los funcionarios de Cambiemos, que se llevaron con el dólar futuro “apenas” 852 millones de pesos, es decir, 65 millones de dólares. Un vueltito, bah (L. Bona, cit.).
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