Un poco de verdad acerca de José Manuel de la Sota

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Por Pollo, histórico militante obrero y socialista en Córdoba

Sin lugar a dudas, De la Sota, tres veces gobernador y dirigente del PJ en la provincia, fue una figura emblemática de la política durante tres décadas, retirándose de la actividad pública tras perder la interna del Frente Renovador contra Sergio Massa, en las elecciones del 2015. Pero lo inusitado fue por un lado la inmensa cobertura periodística televisiva casi excluyente de todo otro tema, por otro la escenografía montada en su velatorio, y finalmente el peregrinaje de miles de personas de todas las edades para despedir sus restos.

Desde nuestra óptica política enfocada en los intereses de los explotados y oprimidos, creemos necesario hacer una reflexión sobre la trayectoria del fallecido desde su comienzo en la política, para dejar claro a qué clase social benefició.

José Manuel de la Sota se inicia en la militancia a comienzos de los 70 cuando, al declinar la dictadura militar por el ascenso de luchas desde el Cordobazo, el general Lanusse llama a elecciones. Se legaliza al peronismo, que gana asumiendo en 1972 con Cámpora y Solano Lima en la fórmula presidencial, y Obregón Cano y Atilio López para la gobernación. De la Sota, en ese entonces, era estudiante de abogacía en la UNC  y dirigente estudiantil por el ala más conservadora del peronismo, ligada a las 62 organizaciones, enfrentada al gobierno provincial. Desde ese lugar comenzó su ascenso.

En los 70, Córdoba fue escenario de grandes luchas obreras y estudiantiles, del desarrollo de sindicatos clasistas y anti burocráticos, con gran influencia de la izquierda revolucionaria. Ubicado en la vereda del frente de ese proceso, rápidamente pasó varios limites.

En los comienzos de 1974, se produjo la sublevación del jefe de la policía, Domingo Navarro (el “Navarrazo”), que destituyó al gobierno de Cano y Atilio López y, con tendencia fascista, amenazó al movimiento obrero. Ante la reacción de la vanguardia clasista, la derecha peronista organizó grupos armados para atacar a las organizaciones de trabajadores.  De la Sota comandaba uno de ellos: hay una famosa foto que lo muestra en acción, utilizada en los spot de campaña de Angeloz en el 87.

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Luego de la muerte de Perón, Isabel nombró interventor en la provincia al ultraderechista brigadier Raúl Lacabane. Éste impuso una verdadera cacería de brujas  contra la vanguardia obrera y la izquierda con el accionar de las bandas paramilitares. De la Sota fue nombrado como secretario del gobierno municipal para contrapesar al intendente del peronismo de izquierda, Domingo Coronel.

Con la llegada de la democracia en el 83, fue arrastrado por el desprestigio del viejo peronismo y el triunfo del alfonsinismo,  derrotado dos veces en la provincia por Angeloz. Durante el menemato hasta 1998 fue embajador en Brasil y senador nacional (votando las leyes privatistas y neoliberales de Menen-Caballo).

De la Sota se convirtió finalmente en gobernador de 1999 al 2003 y luego en el 2011 al 2015. Desde su primer mandato, aplicó a rajatabla el diseño político menemista, atacando los intereses de los trabajadores y sectores populares. Impulsó la entrega de los servicios esenciales a las multinacionales, como la destrucción de Obras Sanitarias y la privatización de Aguas Cordobesas. Asimismo, en su segundo mandato lanzó un intento de privatizar EPEC, frenado por la resistencia de sus trabajadores. En ese periodo lanzó una dura ofensiva sobre la lucha del Banco Provincia de Córdoba con despidos y traslados. Hay que incorporar aquí en su historial la guita del 82% móvil a los jubilados provinciales, que nunca lo recuperaron.

Otra de sus “habilidades” políticas, fue la cooptación a cargos ministeriales de lo más repulsivo de las direcciones sindicales traidoras, como Walter Grahovac (UEPC) en educación y Omar Dragun (SMATA) en trabajo, para a través de ellos ejercer un control más férreo sobre el movimiento obrero.

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Uno de los cuestionamientos más fuertes a su gobierno en los últimos años fue la creciente política de violencia policial en los barrios, con el emblemático “Código de Faltas” (hoy cambiado) como mayor ejemplo. Se trataba de un código legal que abría las puertas a la más absoluta de las arbitrariedades policiales. La “Marcha de la Gorra”, cada año más masiva, fue un enorme ejemplo de lucha contra la política gubernamental contra la gente pobre de los barrios y su juventud.

Estos son algunos ejemplos concretos de que el ex gobernador no fue jamás impulsor de una gestión de gobierno favorable a las mayorías populares, sino por el contrario un servidor incondicional del gran capital y el imperialismo.

Esta reflexión, a pesar de su desaparición física, nos parece importante. Ante el creciente desprestigio de Schiaretti (su delfín) y Unión por Córdoba, van a intentar utilizar su figura para aparecer como la continuidad histórica de su (ficticio) “progresismo”, como se comenzó a insinuar en las declaraciones políticas en su funeral.

Finalmente, esto nos remite a formular que no hay opción política para solucionar la brutal catástrofe capitalista (de Macri, Schiaretti y sus aliados) sin que los explotados y oprimidos se auto organicen, a espaldas y contra la política burguesa, que levanten una opción propia para derrotar el ajuste y avanzar hacia el socialismo.

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