Un nuevo capítulo de los delirios de Carrió

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Por Romina Yañes

Elisa Carrió no deja de sorprender con declaraciones que rozan (o más bien, superan holgadamente) el ridículo. A sus últimos dichos en los que aconsejaba a la clase media dejar propinas para “enfrentar la crisis económica del país”,ayer sumó nuevos delirios.

Esta vez lo hizo frente a los empresarios de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, donde afirmó en su discurso que ella “interpreta la voz del presidente”. ¿Será que nadie más que su iluminada y tostada testa puede comprender lo que quiso decir Macri en sus últimos anuncios? Para los votantes de Lilita no habría quedado bien claro que lo que se viene es más ajuste, más despidos, tarifazos e inflación.

Con sus lentes de sol en la cabeza, no dudó en definirse como una “gran actriz de la escena nacional, como Tita Merello”. Podría decirse que nadie duda de sus dotes actorales, que quedaron demostrados una y otra vez durante la campaña electoral, en la que interpretó el papel de una mujer a la que importaba mejorar la calidad de vida de los jubilados, montando escenas en las que los llenaba de muestras de afecto. Sin embargo, el 14 y 18 de diciembre se le olvidó el libreto y se puso a la cabeza de una reforma que no fue más un saqueo al bolsillo.

El sarcasmo parecía no tener fin en el discurso de “Lilita”, que iba y venía por el escenario. Se paraba, se sentaba; y apoyada en el atril se refirió al fin de semana que pasó en su chacra, en el que se dedicó a ordenar carteras (mientras muchos se dedicaron a hacer cuentas para ver si llegaban a hacer una compra en el supermercado). De manera desvergonzada, afirmó que en las crisis ella “se divierte” porque “le generan adrenalina”. En ningún momento se le ocurrió pensar que para los de abajo no es para nada divertido quedarse sin trabajo, no llegar a fin de mes o no poder pagar la factura del gas. El descontrol de los precios y la inflación por las nubes no resultan ser tan entretenidos en las vidas de los pobres. Y si hacía referencia a crisis como la del 2001, su representación pierde toda gracia: seguramente sintieron más adrenalina las decenas de personas asesinadas por la policía.

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Les digo a los militantes golpistas que no hay helicóptero, acá nos sacan como en la casa de la Moneda en Chile”. Cuesta elegir qué comparación es más estúpida; si creer que ella y Macri son algo parecido a Allende, o poner en una misma bolsa a Pinochet y trabajadores, estudiantes y mujeres. ¿Realmente hay que explicar la diferencia? Podríamos creer que no, entre los más fervientes defensores de Macri hay muchos simpatizantes del genocida chileno, más algún que otro funcionario que fue tiene algún antecedente de colaboración con la dictadura militar argentina. Sí, ni siquiera a ellos debe haberles resultado divertida la comparación, saben muy bien de qué lado está cada uno. Además, que nosotros sepamos la movilización docente-estudiantil de la semana pasada no contó con tanques ni aviones ni fusiles como los que se usaron en Chile para los asesinatos a cielo abierto. Pero eso es algo secundario: lo esencial es que las dictaduras militares latinoamericanas tuvieron por razón de ser aplastar a luchadores como los que hoy se enfrentan a Macri, mientras tenían por amigos e negocios… a los Macri. Nadie, absolutamente nadie, puede creerse el aire de combatividad que se quiso dar Carrió.

No obstante, las referencias al helicóptero son un divertido desliz. Nadie la obligó a recordarlo, fue un sinceramiento respecto a las posibilidades ciertas del futuro que fue demasiado lejos para venir de la boca de una representante del gobierno. Se trata de un ejemplo de la palabra «fallido» que podría ser incorporada al diccionario.

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