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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Los días 7, 8 y 9 de diciembre sesionó el VIII congreso nacional del Nuevo MAS, intensas jornadas durante las cuales nuestra militancia delibero sobre los principales problemas de la actual situación política mundial, regional y de la Argentina. Producto de ese debate se resolvió realizarles esta propuesta a las organizaciones de la izquierda clasista con el fin de avanzar en la construcción de una alternativa política de izquierda e independiente para enfrentar la globalidad de desafíos que la actual situación impone.

Las últimas semanas han sido profundamente contradictorias. Terminado el G-20, Macri aparecía exultante. Todo porque Trump y Xi Jin Ping acordaron una “tregua” que no resuelve su pleito comercial y porque la movilización de repudio a la reunión de los amos del mundo pasó sin disturbios.

Si bien es cierto que el G20 podría haber sido una reunión de crisis, y no lo fue; que la organización del evento lució “prolija”. Lo concreto es que ninguno de los problemas de fondo del mundo y del país está resuelto. Conforme pasaron los días, el gobierno se fue despertando del “sueño” de la reunión con las celebridades mundiales y volvió a encontrarse con el país sumergido en la crisis económica, las internas de su propio espacio político y nuevamente con la irrupción del movimiento de mujeres por medio de las actrices que pusieron en el centro del debate nacional la terrible situación de precarización y acoso laboral que sufren millones de mujeres.

La realidad es que el de Macri es un gobierno fracasado que camina apoyado en dos muletas. Si no terminó desbarrancándose luego de un año de crisis permanente, fue por el apoyo que logró, por un lado, del gobierno de Trump y el FMI y, por el otro, de la dirigencia sindical en pleno y el kirchnerismo. El apoyo de Trump, del Fondo y del empresariado es lógico debido a que Macri expresa un gobierno directo de los empresarios que busca darle una vuelta de tuerca a la explotación de los trabajadores combinada con la imposición de una agenda reaccionaria contra los derechos de las mujeres, represiva en materia de derechos humanos, etcétera.

Sin embargo, con estos apoyos al gobierno no le hubiera alcanzado: todo el año los Moyano, la CGT, el kirchnerismo en pleno, se movieron con la idea de asegurar la gobernabilidad cumpliendo un papel siniestro de garantizarle “sobrevivir” a un gobierno que estuvo de crisis en crisis; llamado a esperar al 2019.

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Este rol del “progresismo” es profundamente reaccionario y peligroso como se mostró en Brasil por medio del PT y la CUT: si se le permite sobrevivir a un gobierno reaccionario, este puede estabilizarse y pasar nuevamente a la contraofensiva poniendo en riesgo más derechos de los trabajadores, las mujeres y la juventud, como se está viendo mundialmente.

Hoy el mundo se desplaza a extrema derecha: el gobierno de Trump, el de Xi Jin Ping en China, Putin en Rusia, la represión de Macron en Francia, la elección del extremo derechista Bolsonaro en Brasil (que puede poner en riesgo libertades democráticas elementales y de organización de los trabajadores), la emergencia de formaciones de extrema derecha como VOX en Andalucía, España, son expresiones de este fenómeno.

Pero también es verdad que desde abajo, desde las nuevas generaciones del movimiento de mujeres y la juventud, desde los trabajadores, emergen una y otra vez aires de rebelión popular para pararle la mano a los reaccionarios como estamos viendo en este mismo momento con el aun contradictorio movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia, entre otros múltiples casos.

En el “medio” aparecen formaciones como la burocracia sindical y el kirchnerismo en la Argentina cuya meta es apaciguar las cosas: que le rinden pleitesía al calendario electoral; que se borran de luchas de enorme importancia como la marcha contra el G-20; que le quitan el cuerpo a peleas como la lucha contra el presupuesto de déficit cero; etcétera.

Estas son las coordenadas generales que deben determinar la política de la izquierda hoy. La izquierda argentina es una suerte de “cuarto actor” en la política nacional, pero permanece dividido.

El 2019 nos verá viviendo una suerte de “coyuntura mixta”: la crisis económica y social y las luchas se combinarán con la convocatoria electoral; convocatoria electoral que tanto el macrismo como los K esperan que “apacigüe las aguas”.

Sin embargo, es en el terreno electoral donde se juega hoy la representación política: la posibilidad que un sector de las masas trabajadoras eviten caer en la trampa del voto útil, en la idea de que todo es Macri o Cristina, y voten a la izquierda.

Macri no es Bolsonaro. Pero ensaya un nuevo giro a la derecha a partir de la sobrevida que le dieron los dirigentes sindicales y los k.

Por su parte, el kirchnerismo gira al centro para quedar bien con el empresariado. Hemos visto las vergonzosas declaraciones de Cristina llamando a “unir los pañuelos verdes y celestes”; así como a Kicillof diciendo que no son “enemigos de los empresarios”; que “el FMI no quiere dañar al país”…

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Macrismo, peronismo federal y kirchnerismo son todas fuerzas patronales que, a pesar de sus matices, responden a los intereses de los de arriba.

Frente a esta situación, es un verdadero crimen que la izquierda clasista permanezca dividida: las luchas y las elecciones que se avecinan nos demandan unidad.

Es por esta razón el viernes 7 de diciembre nuestra compañera Manuela Castañeira encabezó una importante Conferencia de Prensa en el contexto de nuestro VIII Congreso partidario en donde hizo pública esta propuesta que ahora les alcanzamos: un llamado a su organización como al conjunto de la izquierda, a que nos sentemos ya mismo a discutir las vías para la unidad de la izquierda.

La base programática general de dicha unidad está expresada tanto en los programas del Frente de Izquierda como en el de Izquierda al Frente por el Socialismo, la alianza que nuestra organización integró el año pasado. Su punto de referencia debe ser claro: la más estricta independencia política de los trabajadores.

La unidad a la que aspiramos, no es el genérico “Frente Patriótico” que promueven desde Cristina Kirchner y Felipe Solá hasta el Movimiento Evita, la CCC y Grabois, el cual no significa otra cosa que atar a los trabajadores, las mujeres y la juventud al carro de los sectores patronales y la Iglesia Católica, sino un estricto criterio de unidad política de la izquierda y los trabajadores, sin ningún sector patronal.

En el seno de la izquierda tenemos muchas diferencias; no es nuestro intento soslayarlas aquí ni se pueden resolver mecánicamente. Por esto mismo nos expresamos en varios partidos. Sin embargo, es una obligación dar de una vez por todas un paso unitario: un frente único que se exprese en las luchas y las próximas elecciones fortaleciendo el polo independiente de la izquierda frente a las presiones que se adelantan de realpolitik y voto útil de parte de los k; la polarización en el fondo falsa entre Macri y Cristina.

Les dejamos los medios de contacto para poder avanzar en este sentido. Quedamos a la espera de su respuesta.

Un saludo fraterno en nombre del VIII  Congreso del Nuevo MAS, gracias.

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