la huelga de general motors

Un importante paso para la clase trabajadora norteamericana

La huelga nacional que están llevando a cabo los 46 mil trabajadores de la General Motors en Estados Unidos -por primera vez luego de 12 años- tiene una considerable importancia política, por varios aspectos que señalaremos a continuación.

Ale Kur
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


En primer lugar, porque desde la década de 1970 el sindicalismo norteamericano viene en retroceso ante la ofensiva permanente de la clase dominante. En este periodo, los sindicatos no sólo perdieron una gran parte de su afiliación (pasando de representar alrededor de un 20% de los asalariados en 1983[1], a alrededor del 10,5% en la actualidad, y menos de un 6,5% en el sector privado), sino que esencialmente perdieron poder de negociación y una importante cantidad de conquistas previas del movimiento obrero. Por ejemplo, el salario real de buena parte de los trabajadores de EEUU viene estancado o inclusive declinando desde fines de la década de 1970. Especialmente, luego de la crisis económica de 2008, los trabajadores automotrices (y particularmente los de la General Motors) se vieron fuertemente perjudicados, con las patronales recortando derechos y salario para descargar sobre ellos los costos de la bancarrota capitalista.

Las patronales vieron mejorar la relación de fuerzas a su favor, entre otras cosas, por la deslocalización de las fábricas hacia otros países, pero también hacia el propio sur de Estados Unidos, donde rigen leyes antisindicales y las tradiciones organizativas de los trabajadores son mucho más débiles. Allí muchas de las principales plantas automotrices ni siquiera tienen representación sindical[2]. Lo mismo ocurre con muchas otras fábricas y empresas en una región de enorme dinamismo económico, y que alberga a una muy numerosa clase obrera que es actualmente un “gigante dormido”.

Por este motivo, el regreso de la movilización obrera es una muy buena noticia, que tiene la potencialidad de abrir un principio de recomposición sindical en la clase trabajadora industrial luego de duros golpes. Aunque esto depende, centralmente, de que la huelga de la General Motors pueda triunfar, lo que requiere de la solidaridad del conjunto de la izquierda norteamericana, de la juventud y de los trabajadores combativos, frente a una patronal durísima y que posee un enorme poder de fuego a escala global.

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En segundo lugar, la huelga de los trabajadores de la GM se inscribe en un proceso más global de recomposición de la clase trabajadora norteamericana: en los últimos años irrumpieron con fuerza las huelgas de los docentes (Virginia Occidental, Los Ángeles y otras), de los trabajadores hoteleros y de otros sectores. En la última década, además, se viene procesando una importante experiencia de organización en las cadenas de comida rápida, supermercados y otros rubros del “sector servicios”, en la lucha por la conquista de un salario mínimo de 15 dólares por hora de trabajo. Esto a su vez está fuertemente relacionado con los procesos de organización de sectores latinos y negros, que poseen tradiciones muy importantes de lucha[3] y que forman un considerable porcentaje de la clase trabajadora norteamericana.

Por último, estos procesos se combinan con un muy interesante componente político: el crecimiento de la adhesión a las ideas socialistas entre amplios sectores de la juventud norteamericana, el voto masivo a figuras progresistas como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez y el crecimiento de organizaciones políticas de izquierda como los DemocraticSocialists of America, que posee hoy alrededor de 60 mil afiliados.

Todos estos fenómenos reflejan un considerable hartazgo con el estado de las cosas, con el capitalismo neoliberal que hace décadas viene devorando conquistas, pero especialmente a partir de la crisis mundial de 2008. Esto se expresa de manera muy contradictoria en la conciencia obrera y popular (con manifestaciones tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, como manifiesta la importante votación a Trump en 2016), pero tiene la potencialidad de abrir un curso de desarrollo progresivo, con el crecimiento de la izquierda y una acumulación de experiencias de organización y lucha de sectores de la clase trabajadora. Si esto se desarrolla, podría aparecer en la primera potencia mundial un importante contrapunto a la tónica derechista dominante, una referencia hacia la izquierda de gran impacto internacional.

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[1] “Union Members Summary”, Bureau of Labor Statistics, 18/1/2019. En: https://www.bls.gov/news.release/union2.nr0.htm

[2] Por ejemplo, en la Volkswagen de Chattanooga (Tennessee), en junio de este año los trabajadores rechazaron por 833 a 776 votos afiliarse al gremio automotriz (UAW), en el marco de una campaña de amedrentamiento por parte de la patronal. Este hecho recibió una considerable atención mediática por dos motivos: porque fue uno de los intentos más avanzados de sindicalización en el sur en los últimos años (abriendo la posibilidad de revertir la situación), y porque aún así no alcanzó para invertir la tendencia dominante.

[3] El movimiento negro en particular tiene una riquísima tradición de lucha, que incluyó la organización sindical en empresas y fábricas. Por ejemplo, en la industria automotriz de Detroit se desarrolló a fines de los ‘60 una organización de obreros negros revolucionarios que combatió intensamente la explotación y el racismo por parte de las patronales, enfrentando a su vez a la burocracia sindical que le garantizaba la paz social a las empresas.

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