En pos de dar una definición global digamos que el del presidente fue un discurso “albertista” cuyo objetivo apuntó a cerrar la grieta entre macristas y kirchneristas presentando una alternativa  superadora por medio de políticas “de Estado” no partidarias basadas en criterios pragmáticos “técnicos” y “científicos” y no en posturas ideológicas.

 

El barco del ajuste

Desde el comienzo Alberto desarrolló su discurso caracterizando una profunda crisis económica que requeriría medidas difíciles según las cuales todos deben sacrificarse. Si tuviésemos que resumir al extremo el contenido del discurso habría que decir: el país está en una crisis extrema por la magnitud de una deuda impagable, todos tenemos que poner el hombro sin mezquindades para pagar la deuda y poner en pie un proyecto capitalista viable.

Para graficar esta necesidad de unidad Fernández utilizó la metáfora de un barco en la tormenta: “hay quienes todavía no comprenden que todos estamos subidos a un mismo barco. Que nuestra suerte será la misma como país y como sociedad. Y que por eso necesitamos trabajar conjuntamente. Todos unidos”.

Ese “todos” al que hace referencia el presidente tiene dos niveles distintos. Por un lado el de la unidad burguesa, por otro lado el de la “unidad nacional”.

En el primer caso apela a los intereses comunes de clase. Durante su discurso lo enuncio con las siguientes palabras: “entendamos, de una vez y para siempre, que en las crisis las banderías políticas deben ceder. Que todos los argentinos estamos a bordo de un mismo barco”. De allí que durante su alocución hayan sido muy medidas y precisas las críticas al gobierno anterior y que ni una sola vez haya mencionado a Mauricio Macri con su nombre. De esta manera interpela a todas las facciones de la burguesía (léase los distintos partidos patronales desde el kirchnerismo al Pro) quienes se busca que dejen de lado sus intereses particulares en pos de un objetivo común: que la crisis la paguen los trabajadores.

Pero como decíamos, junto a  la unidad burguesa, se evoca la llamada “unidad nacional”: es decir apela a la existencia de un supuesto y ficticio interés común entre trabajadores y empresarios en donde sería necesario garantizar las ganancias de los patrones para que después estos eventualmente dejen caer algunas migas para los de abajo. De esta manera todo intento por mejorar las condiciones de vida por parte de los trabajadores es presentado como una muestra de mezquindad y falta de solidaridad y sentido patriótico.

En resumen: el objetivo global del discurso presidencial fue el de buscar tender puentes para cerrar la brecha que aun divide a los de arriba en pos de una supuesta unidad nacional que garantice aplicar el ajuste a los trabajadores para así pagar la deuda a los bonistas y al FMI.

En este sentido fue correctísima la respuesta de nuestra compañera Manuela Castañeira quien le respondió en las redes sociales afirmando que “Alberto Fernández nos quiere hacer creer que el Estado es neutro. El Estado no está al servicio de la sociedad toda, sino de la clase dominante. No estamos todos en el mismo barco de esta crisis si a los poderosos no se le tocan los privilegios mientras que se impone un ajuste a la mayoría trabajadora para pagar la deuda externa”.

Lo concreto es que en estos 90 días desde que asumió Fernandez, su gobierno es un clásico caso de gobierno social-liberal como fueron los de Obama en Estados Unidos, Lula en Brasil, Hollande en Francia o Zapatero en el Estado Español. Todas fuerzas o figuras que aparecen como progresistas pero que no cuestionaron el carácter neoliberal de los países y que continúan impulsando medidas de ajuste y explotación contra la clase trabajadora como la flexibilización laboral y las reformas de los sistemas jubilatorios en beneficio de los bancos y el gran capital.

En el caso de Alberto Fernández esto se materializó mediante la apelación a la situación apremiante de los sectores más empobrecidos, pero no para ajustar a los de arriba, sino para justificar la supresión de la actualización de las jubilaciones e imponer paritarias a la baja mediante montos fijos y en negro que no solo no recuperan el salario perdido durante los últimos años, sino que además achatan las escalas salariales, suprimen las cláusulas gatillo y pierden contra la inflación de este año.

Acá los que  “ponen el hombro” centralmente no son los bancos ni los grandes capitalistas, sino los sectores asalariados que cada vez más ven caer su nivel de vida, y quienes usufructúan tanto ajuste son los bonistas, los bancos y el FMI.

 

Cómo garantizar el pago de una deuda impagable

Como venimos desarrollando, todo este llamado a la unidad y a dejar de lado las “mezquindades” tiene como fin el justificar el ajuste para garantizar el pago de la deuda externa a los bonistas y al FMI. Este es el principal objetivo del gobierno de Alberto Fernández. Claro que al igual que el conjunto de sus medidas, esta también está adornada con retórica tramposa.

Recordemos que no hubo ocasión (y este discurso no fue una excepción) en donde Alberto Fernández no haya hecho hincapié en que la deuda es impagable e insostenible, pero en la medida que esta fue tomada por un gobierno elegido democráticamente como el de Macri es incuestionable la legitimidad de la misma y por lo tanto sería imperioso garantizar la forma de pagarla.

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Esta es una definición central y debe ser puesta en su lugar con todas sus implicancias al momento de pensar cómo posicionarse frente a este asunto y qué consignas son oportunas y cuales le hacen el juego a la política oficialista. Por ejemplo, cuando el gobierno habla de suspender los pagos, es para ver cómo pagar; cuando dice que la misma es impagable, es para encontrar la forma de pagarla; y cuando habla de investigar la deuda es para deslindar responsabilidades “morales” no para cuestionar la legitimidad del pago. Una muestra de esta retorica tramposa se puedo apreciar en el discurso presidencial ante los mismos representantes que votaron unánimemente el apoyo a las negociaciones para garantizar el pago a como dé. Allí Fernández declaró que “El Banco Central de la República Argentina se encuentra analizando de modo pormenorizado la manera en que nuestro país recibió divisas en concepto de préstamos y el destino que los mismos merecieron. Todos hemos visto impávidos como los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo, acabaron fugándose del sistema financiero, llevándose los recursos y dejándonose la carga de la deuda. (…) Debemos saber lo que pasó, quienes permitieron que ello suceda y quienes se beneficiaron con esas prácticas”. Pero luego de esta definición concluyó afirmando que “más allá de analizar lo ocurrido, hemos iniciado las negociaciones para reestructurar la deuda pública”. Es decir, todos sabemos que fue una estafa, pero ninguna investigación va a impedir que paguemos.

En este sentido, todas las palabras de Alberto Fernández acerca de que “no vamos a pagar la deuda a costa del hambre y la destrucción de sueños de los argentinos y las argentinas” son una falsedad. No solo se paga a costa de la destrucción de los sueños, sino también de los salarios, la educación, la salud, las jubilaciones y la calidad de vida de los trabajadores.

Coincidimos con el tweet de Manuela Castañeira cuando en tiempo real declaró que “No hay acuerdo con el FMI y los acreedores en el que Argentina pueda ponerse de pie. Pagando a los especuladores internacionales solo habrá ajuste y pobreza”.

 

No damos vuelta la página: ni olvido, ni perdón ni reconciliación

Otro de los núcleos profundos que abordó Alberto Fernández a pocos días de un nuevo aniversario del golpe genocida del 24 de marzo de 1976 estuvo referido a la última dictadura militar y al rol de las fuerzas represivas.

Recordemos que la intervención del presidente en el Congreso se dio días después de su controversia con Nora Cortiñas quien le salió al cruce ejemplarmente al denunciar el carácter reaccionario y negacioncita de las declaraciones del presidente cuando relativizó el plan sistemático y genocida de la última dictadura y la responsabilidad de las fuerzas armadas y represivas en su conjunto,  y lo redujo a la “inconducta de algunos”; y en donde llamó a la sociedad a “dar vuelta la página”, es decir: reconciliarse con los milicos.

En esta oportunidad se cuidó un poco en las formas, pero sostuvo el contenido profundo de sus palabras. Si bien no se animó a hablar de “inconductas” ni a hablar de “dar vuelta la página”, sí afirmó que “Celebramos que por primera vez en la historia tenemos Jefes de las Fuerzas Armadas que pertenecen a la generación que ha egresado como oficiales en pleno funcionamiento de la democracia”. Una vez más una declaración 100% “albertista”. Utiliza una conquista histórica de los sectores populares como es el justo y merecido repudio a la última dictadura militar para mellarle su contenido más profundo y relegitimar a las fuerzas represivas actuales frente a al conjunto de la Sociedad. Como si el problema con las FF.AA. hubiera sido que hubo algunos oficiales antidemocráticos o con “mala conducta” que mancharon a la institución; o que la misma fue víctima de una mala generación de oficiales pero que ahora gracias el paso del tiempo y la biología ya terminó de purgar a las manzanas podridas; y no que este es en sí un organismo represivo del Estado burgués cuya naturaleza es mantener a raya mediante la represión y el miedo a los trabajadores y demás sectores populares cuando estos se rebelan.

En este tema también Alberto Fernández busca cerrar una grieta.  Recordemos que oportunamente Nestor Kirchner supo usufructuar el desprecio popular contra la última dictadura militar para relegitimar a las “instituciones de la democracia” que estaban siendo cuestionadas en el 2001 con el “que se vayan todos”, y de paso cooptar a gran parte de los organismos de derechos humanos que abandonaron su independencia frente al Estado y al gobierno K.

Pero esta maniobra no era gratuita, esto lo hizo a costa de abrir una brecha dentro del consenso burgués que mediante el “punto final” y la “obediencia debida” de Alfonsín y los indultos de Menem había acordado “pasar página” y tratar de echar un manto de olvido ante los crímenes del Estado burgués ocultando la colaboración de los empresarios, la iglesia y los partidos patronales. Ahora, Alberto Fernández, mientras se llena la boca sobre los horrores de la última dictadura, pretende desandar los pasos y lavarles la cara a los militares de hoy con la escandalosa complicidad de Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto quienes salieron a apoyarlo y a atacar a Nora Cortiñas.

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Esto además es doblemente peligroso y reaccionario cuando en la región la “carta militar” volvió a los primeros planos como lo muestra Bolivia en donde la derecha racista, la OEA y el imperialismo yanqui con el apoyo de las fuerzas armadas bolivianas propiciaron un golpe de Estado contra Evo Morales y nombraron un gobierno de facto ultra reaccionario.

Desde el Nuevo MAS denunciamos la política negacioncita del gobierno del Frente de Todos. En este sentido es que estamos participando de intensos debates dentro del Encuentro Memoria verdad y Justicia de cara a la marcha del 24 de marzo para defender el carácter independiente de este espacio y continuar con su tradición de levantar una posición clara que denuncie esta política pro militar y el ajuste del gobierno de Fernández.

 

La marea verde y el derecho al aborto legal en el hospital

Por último no podemos dejar pasar el anuncio acerca de la presentación de un proyecto de ley de legalización del aborto. En medio de un discurso casi en su totalidad orientado a cerrar la grieta de los de arriba para justificar el ajuste con el objetivo de pagar la deuda externa, Alberto Fernández anuncia que en los próximos días estaría mandando un proyecto de ley en donde supuestamente reglamentaria la legalización del derecho al aborto. Este es a priori el único anuncio que iría a contramano de su búsqueda de cerrar la grieta. Recordemos que durante la campaña electoral e incluso después de haber ganado las elecciones, la política de Alberto Fernández y del Frente de Todos estuvo muy lejos de apoyar a la Marea Verde y de comprometerse con los derechos de las mujeres. Tanto Cristina como Alberto llamaron a unir los pañuelos verdes con los celestes, después plantearon que no era oportuno volver a tratar el proyecto de la Campaña porque el tema “dividía a los argentinos”. Pero la Marea Verde y el movimiento de mujeres son una fuerza de masas que está en la calle, y la misma fue obligando a Alberto no poder ignorar el tema. Así fue como primero tuvo que plantear la necesidad de por lo menos descriminalizar a las mujeres y ahora en habla de legalizar este derecho.

Al momento de escribir este editorial sigue siendo un secreto guardado bajo siete llaves en qué consiste el supuesto proyecto que presentaría el gobierno, y por lo tanto en qué medida Alberto se va a ver obligado o no a reconocerle una conquista al movimiento de mujeres.

Pero no obstante esto sí hay algunas cosas que son claras. Por un lado es significativo que existiendo un proyecto de ley presentado por la campaña nacional por el derecho al aborto y apoyado por millones de mujeres en la Argentina, proyecto que tiene vigencia parlamentaria y que hace menos de dos años logró media sanción en el Congreso, Alberto Fernández ignore la legitimidad de dicho proyecto y presente uno propio el cual por fuerza tiene que tener diferencias en relación al defendido por la Marea verde. Al mismo tiempo quedó claro durante los últimos meses que no nace de la voluntad del presidente de la nación impulsar este derecho sino que más bien pretende tratar de congraciase con un movimiento de masas que hoy no domina y que con la lucha le impone su propia agenda.

Así las cosas desde las Rojas y el Nuevo MAS somos muy claros: defendemos la sanción del proyecto de ley de la campaña por el derecho al aborto legal que está legitimado por la Marea Verde, nos oponemos a cualquier contubernio que implique una intromisión de la iglesia que socave el libre derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, y por ultimo alertamos que todo.

Alberto Fernández dice que va a presentar su proyecto, habrá que verlo, pero sin duda alguna como declaró Manuela “todo lo que tenga de conquista será un logro de la marea verde y todos los límites serán producto de las trampas que haga el gobierno o el parlamento. No nos conformamos con nada menos que el aborto libre, legal, seguro y gratuito: ya hay un proyecto presentado que defiende este derecho. No queremos trampas ni maniobras”.

En este marco es que desde el nuevo MAS, el Ya Basta y Las Rojas llamamos a participar el 8/3 del pañuelazo en Plaza de Mayo en favor del aborto legal y el 9/3 nos movilizamos a plaza Congreso junto con la Marea Verde en apoyo del proyecto de ley presentado por la Campaña nacional por el derecho al aborto.

Y el 24 de Marzo nos movilizaremos a Plaza de Mayo contra la política de reconciliación con las instituciones genocidas impulsadas por Alberto Fernández, contra el pago de la deuda externa y por la ruptura con el FMI y en apoyo a todas las luchas de los trabajadores contra el ajuste que está aplicando el gobierno nacional. Porque como demostró la histórica lucha de los ex despedidos y despedidas del Hospital Posadas que lograron más de 200 reincorporaciones: las conquistas se obtienen luchando.

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