Cristina Kirchner en La Matanza

Un diálogo y una conciliación para que salgamos de las calles

La presentación de "Sinceramente" en La Matanza.

Ana Vázquez
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


(…) Así están: desencantados con Macri, temerosos de Cristina y optimistas con el mediano y largo plazo cuando hablan del acuerdo Mercosur-UE, del futuro de Vaca Muerta y del ordenamiento de las cuentas públicas. (…) Cuando Hugo Sigman recibió su premio Fortuna a la Trayectoria citó a Antonio Gramsci, un marxista que estuvo once años preso. Sigman, una rara avis en el círculo rojo, desarrolló en su discurso una teoría de la coherencia y la perseverancia basada en la máxima gramsciana que postula el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Esa noche, el pensamiento de un marxista sintetizó el sentimiento de muchos de los grandes empresarios argentinos. La angustia por lo que es y la imperiosa necesidad de creer en lo que vendrá. (Gramsci y la angustia del establishment,www.perfil.com, 7/7/19)

La candidata a vicepresidenta por el Frente de Todos, tal vez se encontraba presa de un similar dilema que los empresarios en su presentación del libro Sinceramente en La Matanza. Pero en este caso, no entre la necesidad de una definición de candidaturas, sino entre a quiénes dirigirse fundamentalmente: a los de abajo o a los de arriba.

Creemos que se definió claramente por estos últimos, quienes debaten cómo recibir al nuevo gobierno ganador en octubre. Lo hizo desde que bastardeó al actual gobierno por lograr el cierre de una planta de la más que emblemática e insigne marca Coca-Cola, hasta que les recordó a viva voz a los empresarios que con sus gobiernos K se habían llenado de plata los bolsillos.

No es poca cosa en un momento en que la pobreza alcanza límites alarmantes y el salario mínimo, vital y móvil (no avalado con la firma de los secretarios generales pero sí con su silencio) no llega a cubrir la canasta básica de una familia tipo (que sigue subiendo día a día en un descontrol absoluto). Esos reclamos y necesidades inmediatas no estuvieron presentes en la escena con nombre y apellido, sólo en referencias generales relacionándolos con la situación de endeudamiento externo y hacia allí tiró sus dardos. Dardos correctamente direccionados pero sin punta.

Porque allí Cristina sí se puso más firme (además de sobre el tema del bastón y la liturgia de sus dotes de hechicera) al referirse al FMI y a su extitular, Christine Lagarde.“El punto de inflexión de este gobierno fue en 2018, cuando decide ir al Fondo. El hambre y el endeudamiento me parecen insoportables e intolerables”, “tenemos que discutir serenamente la estabilización del endeudamiento porque una parte fue para la fuga de capitales y no sería justo pedirles a todos los argentinos que paguen con el mismo esfuerzo”. Continuó la ex mandataria asegurando que habrá que discutir “la formación de precios y márgenes de ganancias” y sostuvo que “ahora sólo gana un grupo de empresarios que son amigos del gobierno”. (El País, 22/9/19)

Le reconocemos su claridad: no anduvo con  medias tintas. Hay que pagarle al FMI como sea. Y todos los empresarios tienen que ganar, no hay que discriminar entre ellos.El esfuerzo distinto” entre “todos” va a ser que nosotros, los que trabajamos, sacrifiquemos parte de nuestro salario, jubilación, presupuesto para educación, salud, vivienda y los empresarios “un vuelto” que no les va a significar nada en sus ganancias ni van a ser castigados los que fugaron sus capitales.

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Y siguiendo sus palabras, esta “etapa política diferente” va a tener de referente principal a un presidente como Alberto que “es una persona de mucho diálogo, de conciliar”.

Es probable que vaya a tener que hablar mucho. Argumentos va a tener que buscar (y encontrar) para que bajemos la cabeza y aceptemos todas las propuestas que tiran por la borda todas las expectativas que han creado entre franjas masivas de trabajadores, jóvenes y mujeres.

Aquéllos que tienen sanas expectativas de que el nuevo gobierno traiga soluciones a sus respectivos calvarios. Argumentos que convenzan a los trabajadores del Posadas despedidos, a los de la industria automotriz, a los docentes y estatales de Chubut que siguen sin cobrar y a nadie (ni del gobierno ni de la oposición) se le mueve un pelo. Y la lista sigue con todos los despedidos bajo el gobierno de Macri, así como los derechos quitados a los jubilados y las luchas que continúan por el derecho al aborto y por justicia por los crímenes de las fuerzas represivas.  Puede ser que sobren palabras, pero creemos que hechos, medidas contundentes que nos convenzan, van a faltar.

Conciliar creemos que menos, porque lamentablemente, ya todos los dirigentes que responden a los supuestos intereses de los trabajadores, ya dieron su visto bueno a un acuerdo para estabilizar el país a costa de nuestro sacrificio.

También la candidata por el Frente de Todos acudió a la historia oficial, la que escribieron y quieren que se grabe en nuestra memoria, la de los representantes de la patronal y sus gobiernos, utilizando a ese falso ícono de la democracia que fue Alfonsín: “Tengo el registro de un Raúl Alfonsín viniendo en la democracia y poniéndole un punto final, un nunca más a los golpes militares. Yo creo que este Gobierno tiene que hacer algo para ponerle un punto final al endeudamiento de la Argentina”. (La Voz, 21/9/19)

Ese registro, con otros protagonistas, también lo tenemos nosotros. Los que pusieron el fin a los golpes no fue el mal llamado “Presidente de la democracia”. La caída de la dictadura se impuso en las calles. Los gritos que taladraron los oídos del empresariado y sus políticosno fueron sólo Militares Nunca Más, sino Juicio y Castigo a los culpables del genocidio. Y cuando pudo, el “democrático” Alfonsín nos impuso el Punto Final y la Obediencia Debida en beneficio de los represores.

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Ese “algo” que deja Cristina en la incógnita de qué es lo que tiene que hacer el futuro gobierno, creemos que es sin lugar a dudas pagando, seguir pagando al FMI, convenciéndonos a nosotros que no queda otra para desendeudarnos.

Clarísimo. Creemos “sinceramente”, que hay que ir por el  camino contrario.

El “Punto Final”, en este caso del endeudamiento de la Argentina, tampoco puede venir de un gobierno que defiende los intereses de los empresarios, aunque los vista de seda, para seguir estrujando el bolsillo y las conquistas de los trabajadores. ¡FMI: Nunca Más!

Es una necesidad de los trabajadores y de los oprimidos de nuestro país ahora, en la actualidad.  Van a necesitar de mucho más que “diálogo” para convencernos de que nos sigamos sacrificando, abandonando nuestras necesidades y conquistas,aunque estas palabras estén en boca del presidente Fernández, de Daer o de Baradel.

Es una bandera que seguirá presente en todas nuestras luchas económicas, sociales y políticas y no la vamos a arriar. Por más que nos quieran convencer de que “al país lo sacamos adelante entre todos o no lo saca nadie”.

 

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