Marcelo Yunes
Intelectual marxista del Nuevo MAS


Dos desarrollos que veníamos analizando la semana pasada se precipitan y profundizan. Uno, la apuesta (demasiado) audaz de Donald Trump y Christine Lagarde –no así de buena parte del resto del FMI– por la salud electoral de Mauricio Macri. Dos, y en paralelo, el creciente distanciamiento de sectores decisivos del establishment empresario respecto de un gobierno al que le ven, por buenas razones, un futuro complicado.

El viaje de Dujovne a Washington, como señalamos, tenía el objetivo no de acelerar el desembolso del último tramo gordo del préstamo del FMI –10.870 millones de dólares– sino de pedir permiso para usar esos dólares en el mercado cambiario. Es innecesario aclarar que destinar créditos del FMI a sostener el valor de la moneda local va absolutamente en contra no sólo de todas las operatorias habituales del FMI, sino que había sido explícitamente descartado en el acuerdo firmado entre Argentina y el Fondo en la renegociación de septiembre pasado. A cualquier país que pidiera eso lo habrían sacado con cajas destempladas.

Pero la situación de Macri es especial. Aunque ahora Jair Bolsonaro quiera postularse como máximo lamebotas continental, en su habitual estilo de cipayismo obsceno, el presidente argentino es la más sólida apuesta regional de EEUU bajo Trump. Y cada vez queda más claro para propios y extraños que toda la chance electoral de Macri se juega, al menos en el plano económico, a una sola carta: evitar una disparada de la divisa yanqui y una corrida contra el peso de acá a octubre. A eso y sólo a eso apunta la luz verde del FMI. Todas las demás variables ya son consideradas poco menos que una causa perdida.

Veamos el detalle. Empecemos por el costo de vida. El propio Fondo ajustó para arriba su estimación de la inflación, pero el dato más reciente y alarmante lo aportó la Universidad Torcuato Di Tella, cuna de garcas si las hay. Las expectativas de inflación para este año treparon al 40%, según el Centro de Investigación en Finanzas de la UTDT, y la novedad es que el más alto de los últimos cuatro años. Es decir, es incluso más alta que las estimaciones de 2018, que, evidentemente, se quedaron por detrás de la realidad, ya que la inflación del año pasado fue del 47,6%. Si este año le pifian como el anterior, el récord de 2018 apunta a ser superado.

Ni hablar del crecimiento económico. Justamente como parte de la estrategia de contener el valor del dólar a todo coste, el BCRA volvió a subir la tasa de interés a niveles prohibitivos (64%) para cualquier actividad productiva. De ahí que el pronóstico recesivo para este año, si se mueve, es más para abajo todavía… y eso siempre y cuando nadie rompa ningún jarrón en el mercado cambiario, como ocurrió en 2018. Como dice el informe técnico de Cardarelli y el resto del staff del FMI, “la débil actividad económica y la alta inflación están teniendo impacto”.

Tercer área de desastre: el déficit fiscal. A esta altura, importa poco que el déficit “primario” –sin contar el pago de intereses de deuda– sea del 0,4%, del 0,3% o del 0%. Sí importa, claro está, en el sentido de que parte de las condiciones del visto bueno del FMI para rifar dólares –veremos eso más abajo– figura volver al 0% de déficit, lo que implica, como lo dijo con toda claridad el informe técnico del Fondo, “una mayor restricción en el gasto gubernamental”, esto es, redoblar el ajuste. Pero la verdad de las cosas en este punto es la explosiva cuenta de la deuda externa e interna.

 

Una carrera entre los dólares del FMI y la bomba de las Leliq

Una imagen de la decadencia del gobierno es leer las declaraciones del empleado de Lagarde Nicolás Dujovne, que vive en una realidad paralela donde la inflación baja y la recesión se termina, o de su segundo, Miguel Braun, que directamente inauguró un nuevo género periodístico, la “braunoticia”, consistente en contar una realidad exactamente opuesta a la que vemos todos. Pero más allá de esos ejercicios de alienación, imitados del discurso inaugural de las sesiones parlamentarias “leído” por su jefe Mauricio Macri, ningún analista serio que mire los números deja de percibir lo obvio. A saber, que el déficit fiscal real, contando los pagos de la deuda y también la deuda del Banco Central –las Letras de Liquidación, o Leliq, herederas de las gloriosas Lebac– no es del 0% ni del 0,4% del PBI, sino del 8-9% del PBI, cifra totalmente insostenible después de octubre (y hay que ver si llega a esa fecha).

Es reconocido que el volumen de pagos del servicio de deuda pública externa ronda el 3,5% del PBI. Pero eso no es todo, ya que falta una masa de deuda que se nota menos pero crece muchísimo más rápido: las emisiones de Letras que hace la autoridad económica, especialmente las Leliq, que son operadas exclusivamente por bancos. Esas letras, que hasta hace menos de tres meses eran presentadas como un gran éxito para “desactivar la bomba de las Lebac”, se están transformando en una bomba mucho mayor. Y por una razón muy simple: las Lebac, a lo largo de la gestión Macri, pocas veces superaron el 40% de interés y en general promediaron un 30%. Las Leliq arrancaron a más del 70%, y fueron bajando al “exitoso” nivel de algo menos del 50% –ya ese “bajo” nivel era más alto que el de las Lebac en toda su historia–… hasta que el dólar se empezó a recalentar de nuevo.(1)

Mirá también:  UNRN | Patotas y persecución política a los que luchan

La cuenta no es difícil: el stock de Leliq, que era “manejable” hace tres o cuatro meses, empieza a crecer exponencialmente y ya supera el billón de pesos, o unos 25.000 millones de dólares. Pues bien, eso es deuda y una deuda cuyos intereses se pagan cada semana, que es el vencimiento habitual de las Leliq, aunque ahora las quieren llevar a 30 días. Claro que en realidad no se “pagan”, sino que simplemente se renuevan los montos, incluyendo los intereses, y así se va armando la misma bola de nieve que las Lebac, pero peor. El economista Walter Graziano tal vez exagera, pero no por mucho, cuando estima que esa masa de Leliq genera intereses anuales por más de 20.000 millones de dólares, esto es, un 5% del PBI de déficit adicional.(2)

En todo caso, esa masa de Leliq es emisión encubierta, lo que es parte del alimento a la inflación, contra los compromisos puramente formales de “emisión cero”. Y además, esos intereses no se pueden pagar de manera genuina, de modo que no se puede hacer más que apilarlos como nueva deuda. El ritmo es infernal: según  el propio BCRA, sólo en lo que va del año hubo que pagar –esto es, emitir– intereses de Leliq por 84.000 millones de pesos –más de 2.000 millones de dólares–, lo que equivale a casi dos tercios de lo pagado en todo 2018 (Ámbito Financiero, 13-3-19). De ahí que, al igual que como sucedía con las Lebac, si los prestamistas –en este caso, sólo los bancos; a los inversores individuales los dejaron afuera– consideran que el negocio ya no es confiable y deciden no renovar las Leliq, pedirle los pesos al BCRA y salir a comprar dólares, plum, se acabó todo. Es una bomba de hidrógeno contra el esquema actual.

La duda que tienen todos los operadores económicos –gobierno, FMI, bancos y empresarios– es si los 10.000 millones de dólares que le regala el Fondo a Macri, Dujovne y Sandleris para que los revienten en cómodas cuotas de ventas diarias por 60 millones diarios van a alcanzar. Les damos una pista: en las corridas de abril y septiembre de 2018, que devaluaron la moneda un 100% y que condujeron, respectivamente, al pedido de auxilio al FMI y la renegociación de ese acuerdo antes de tres meses, la fumata de dólares del BCRA tenía un promedio de casi 900 millones de dólares por día, con un pico de más de 2.000 millones. Así que ya saben: si hay corrida en serio, los 10.000 palos verdes vuelan en una semana.

 

¿Divorcio Macri-“círculo rojo”?

La tapa de Ámbito Financiero del martes 19 tenía un sugestivo título: “El divorcio”, que se aclaraba en la página siguiente: “El divorcio entre Macri y el ‘círculo rojo’ empresarial”. Ya en la edición anterior dábamos cuenta del malestar de los industriales sojeros con la situación económica y con las inexistentes respuestas del gobierno. Ahora se suman los reclamos de la Mesa de Enlace, la entidad representante de exactamente el único sector de la patronal argentina al que Macri mimó, aduló y elogió como a ninguno durante toda su gestión. Ni hablar de los sectores industriales, reventados entre la caída del consumo, la competencia externa y la imposibilidad de acceder al crédito con las actuales siderales tasas de interés. Así, son cada vez más los sectores empresarios que, por ahora de manera sigilosa –no ignoran que una desbandada afectaría irrevocablemente la suerte electoral del gobierno–, empiezan a buscar nuevos horizontes políticos (como el peronismo “domesticado”, incluido Lavagna). Si las ratas empiezan a abandonar el barco…

Sin embargo, el detonante de este eventual divorcio, que el diario citado ya da como un hecho, no es la interminable fila de problemas, torpezas e improvisaciones económicas que acumula la gestión de Macri.(3) El factor principal es, curiosamente, político. Se trata de la saga “anticorrupción”, que siempre fue un arma de doble filo en manos de un gobierno liderado por el jefe de uno de los grupos empresarios con prontuario más nutrido de la Argentina, lo que no es poco decir.

Ya los coletazos de la causa “cuadernos”, armada para enchastrar a las principales figuras del kirchnerismo, habían rebotado contra empresarios muy fuertes (Rocca, Eurnekian, Werner y otros) a los que la cosa no les había causado la menor gracia. Lo cual no tiene nada de raro, ya que es la historia misma de la clase capitalista argentina –incluido, por supuesto, el clan Macri– haberse construido y prosperado a la sombra de negocios turbios con el Estado. El hecho de que la “cruzada moral” esté encabezada por nada menos que Macri, y que a cada piedra que se levanta aparezca el padre, el primo, el hermano o él mismo, da una medida de la (in)capacidad de la burguesía argentina para reinventarse como clase menos lumpen parasitaria y un poco más “clásica”.

Mirá también:  Manuela Castañeira convoca a marchar el 24 de marzo

Pero haber iniciado esa bola de nieve sin las correspondientes salvaguardas para sus hermanos de clase representó, por primera vez, cruzar una línea: “Desde el primer momento, los empresarios involucrados esperaron el momento en que desde el Ejecutivo se abriera una instancia de protección y comprensión ante las acusaciones y que, de alguna manera, fueran sólo los integrantes del kirchnerismo los señalados responsables de manera directa de los múltiples ilícitos. (…) Pasaron semanas, luego meses, y esta protección nunca llegó” (Ámbito Financiero, cit.)

El reciente desarrollo del escándalo D’Alessio-Stornelli y todas sus posibles derivaciones revela, más allá de la obvia actividad cloacal de los servicios, hasta qué punto la trama de corrupción y prácticas estatales mafiosas invade el conjunto de las “instituciones republicanas” y todo el tejido empresarial y político. No exagera el ex juez Carlos Rozanski cuando dice que si se peritaran dos o tres celulares más (incluido el de Stornelli), habría que llamar a elecciones anticipadas.

Pero el colmo del desbarranque y la muestra más cabal de la falta de rumbo del gobierno y del propio Macri, mostrando su capacidad de pegarse tiros en el pie, fue la inaudita confesión del propio presidente, en el living de uno de los periodistas más serviles que podía encontrar, de que su padre había cometido delitos.(4) Dejemos de lado el absurdo de que Macri pretenda incriminar a su padre –¡y también a su hermano y su primo, llegado el caso!–, siendo que él mismo, lejos de ser una oveja blanca de la familia que se dedicaba al windsurf o a la ciencia básica, era gerente, director, CEO, apoderado o máximo encargado de las empresas del grupo y del grupo como tal (algo que ya fue tomado para varias denuncias y hasta pedidos de juicio político al primer mandatario).

Lo más grave, desde el punto de vista de los empresarios, es la sensación de que nadie está a salvo: “Lentamente comenzó a crecer una sensación de desprotección entre los privados; hasta que en las últimas horas las sospechas estallaron. (…) La reflexión del ‘Círculo Rojo’ empresarial es hoy simple: si el Presidente confesó, a pocos días del fallecimiento, que su padre aceptó hechos de corrupción, ¿qué queda para el resto de los integrantes de ese grupo que aún están vivos y que, a diferencia de Franco Macri, y pese a que confesaron ante la justicia el pago de sobornos, pueden pasar un tiempo importante en prisión? Lo que antes era sensación de desprotección, desde la declaración del domingo fue tomado, abiertamente, como una provocación. Y, para muchos, la sentencia de divorcio” (ídem).

En este contexto, ¿cuánta “solidaridad y comprensión”, sea para renovar Leliq, para liquidar dólares de la soja o para no salir corriendo a comprar dólares va a encontrar Macri entre “su” gente? Parece cuestión de (no mucho) tiempo que a Macri no le quede ni el otrora monolítico respaldo del empresariado argentino.

 

Notas

  1. Lejos de la tranquilidad que quería mostrar el equipo económico, la reacción oficial fue de pánico, y se tomaron dos medidas. Una, volver a subir las tasas de interés de las Leliq a cerca del 64% –tirando a la basura todo el lento camino descendente de 2019–. Y la otra, pedir la citada autorización al FMI para poder usar los 10.875 millones de dólares en el mercado cambiario, a una tasa de 60 millones de dólares por día hábil de aquí a fin de año.
  2. Graziano calcula una tasa efectiva anual del 86% anual, lo que sería correcto si la tasa nominal permaneciera en el 64% actual, cosa que nadie sabe, y el dólar se estabilizara en 40 pesos, cosa más volátil todavía. Y estima el PBI real en unos 400.000 millones de dólares –discutible, pero posible, ¿quién tiene números más confiables hoy?–; de ahí que el déficit total real sea para él del 9% del PBI.
  3. Llamado a la solidaridad: pedimos al kirchnerismo y el progresismo en general que se rindan ante los hechos y abandonen de una vez la absurda teoría de que el macrismo “no se equivoca en nada, está todo planeado”; “no hay ningún error, es lo que quieren hacer”, etc. Esa teoría, prima hermana del lamento eterno de los progres de “la derecha es viva, son unos cráneos, nosotros no pegamos una”, parte de la idea insólita, para quienes quieren pelear por alguna forma de transformación social, de adjudicar al enemigo virtudes que no tiene y una capacidad de maniobra infinita, de modo tal que todos sus actos parecen jugadas maquiavélicas infalibles. Pues no: la clase capitalista pertenece a la misma especie humana que el resto y es capaz de la misma genialidad y la misma torpeza que el resto. La historia argentina y universal es prueba harto suficiente de eso. Gracias.
  4. ¿También este evidente paso en falso, sin antecedentes conocidos en la política mundial, va a ser interpretado por los profetas de la derrota autoinfligida como “cálculo brillante”? Digamos de paso, más allá de las consideraciones políticas, que en el plano estrictamente humano la actitud de Macri (a dos semanas de la muerte de su padre) deja en evidencia de qué material está hecho.

 

 

Print Friendly, PDF & Email

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre