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Trump restablece la aplicación de la pena de muerte a nivel federal

De la mano del procurador general William Barr, representante  del Sistema Judicial Federal, se difundió la orden de Donald Trump de restablecer la aplicación de la pena de muerte a nivel federal.

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Luz Licht



A partir de esta decisión, la Oficina Federal de Prisiones (BOP por sus siglas en inglés) programó para los meses de diciembre de este año hasta enero del 2019, en la prisión federal de Terre Haute, Indiana, la ejecución por inyección letal a 5 presos condenados por asesinatos que permanecen detenidos en el llamado corredor de la muerte.

La polémica sanción, se encontraba informalmente suspendida desde su última aplicación en 2003, bajo el gobierno de George W. Bush. En la actualidad, se encuentra abolida en 21 de los 50 estados, suspendida desde 2007 en ocho y son otros tres los que establecieron una moratoria que la suspende en los hechos. La pena de muerte continuó aplicándose a nivel estatal en los territorios más conservadores como Alabama, Missisipi, Texas, Missouri y Virginia entre otros.

A lo largo de la historia del país, hubo idas y vueltas a cerca de su aplicación desde su establecimiento. Por ejemplo, en 1972 la Corte Suprema ilegalizó la pena de muerte tanto a nivel federal como estatal, por considerarla inconstitucional. Fue hasta el año 1976, que se resolvió la cuestión por la incorporación de los cambios que los estados de Georgia, Texas y Florida realizaron al protocolo de aplicación. Así se instauró nuevamente con una aplicación siempre disímil, según los estados, las épocas y gobiernos.

El derecho de asesinar en manos del Estado capitalista

En 2016, el Estado de Carolina del Sur decidió revisar el caso de George Stinney Jr. Parece que era inocente. En 1944 fue preso acusado de asesinar a dos niñas blancas. Él era negro y tenía 14 años. Su juicio duró dos horas y el dictado de la sentencia, diez minutos. La familia estaba escondida por miedo. En la silla eléctrica pusieron varios libros gruesos para que su cabeza llegue a los electrodos. El tribunal que lo declaró culpable estaba compuesto exclusivamente por blancos, el juez que lo sentenció era blanco [1]

Como vemos, es razonable que se encienda una luz de alarma cuando en épocas de una coyuntura mundial girada a la derecha, con Trump como uno de sus protagonistas, la potestad de juzgar a cerca de la aplicación de una pena como esta, quede en manos de semejante derechista recalcitrante. En su discurso, Trump justificó la orden de ejecutar a estos cinco condenados en nombre de “la justicia que se les debe a las víctimas”. Demagogia pura.

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A lo largo de décadas, la historia en torno a las ejecuciones estuvo atravesada por un sesgo de arbitrariedad, por lo que estos procesos fueron duramente cuestionados, principalmente por el racismo estructural del Estado yanqui. Además, es un método que reiteradamente fue denunciado por causar una muerte lenta y agónica, funcionando como un método de tortura en los hechos. Por eso hay reclusos que pedían ser ejecutados con otros métodos, como la silla eléctrica, para evitar ese calvario.

Uno de los elementos a destacar, es que Trump pide volver a la pena de muerte para que haya penas ejemplificadoras contra asesinos, narcotraficantes y terroristas. Este último tipo, tiene una carga atravesada por la cuestión de los enemigos que construye el imperialismo según sus criterios, que son clasistas y racistas. Sin ir más lejos, una de sus primeras medidas fue prohibir el ingreso al país de personas provenientes de un listado de países que consideraba terroristas. Si bien cayó por ser escandalosa, señala la peligrosa potestad que recae sobre el gobierno y las instituciones del Estado capitalista.

Para Trump, los migrantes que cruzan la frontera, huyendo de la barbarie y falta de oportunidad de sus países, son considerados criminales. Es decir, los parámetros de quien es un terrorista y que crímenes se cometen quedan a criterio de un Estado imperialista, enemigo acérrimo de los derechos humanos, las libertades democráticas, del pueblo trabajador y racista hasta la medula, que sólo afirma y acrecienta sus rasgos más reaccionarios.

 

[1]http://izquierdaweb.com/caso-chocobar-marxismo-crimen-y-castigo-2/

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