Trump endurece las sanciones contra Irán

 

Por Ale Kur

 

En mayo de este año, el mandatario norteamericano anunció el retiro de EEUU del llamado “pacto nuclear”, que Obama había firmado en 2015 con Irán. Esto significó abrir la puerta al regreso de las sanciones económicas contra dicho país (levantadas tras la firma del acuerdo), con el objetivo de hacerlo quebrar y obligar a sus gobernantes a aceptar sus condiciones.

Esto es precisamente lo que ocurrió hace dos días atrás: entró en vigor una ronda de sanciones que apuntan contra las transacciones financieras y contra ciertos rubros del comercio de dicho país (especialmente los metales). Más aún, una segunda ronda de sanciones comenzará su aplicación en noviembre, afectando esta vez a la exportación de petróleo y gas por parte de Irán. Esta medida es especialmente destructiva ya que los hidrocarburos son la principal fuente de ingresos de dicho país, y su economía depende en gran parte de ellos.

Donald Trump alega que el acuerdo firmado por Obama era débil e inefectivo para evitar que el régimen iraní desarrolle armas atómicas. Pero el presidente norteamericano apunta en realidad hacia otros aspectos: centralmente, exige que Irán cese su apoyo a grupos armados que actúan en otros países de Medio Oriente (como Hezbollah en Líbano y en Siria, los Hutíes en Yemen, etc.), y que detenga su desarrollo de misiles de largo alcance.
El principal impulsor de la ruptura del pacto nuclear y la reimposición de las sanciones es nada más ni nada menos que el gobierno de Israel, encabezado por Netanyahu. Se trata de un gobierno derechista que tensa la cuerda al máximo, arriesgando a una nueva guerra regional que incendie Medio Oriente.

Por su parte, la Unión Europea rechazó el regreso de las sanciones, así como en su momento rechazó la retirada de EEUU del pacto nuclear. A diferencia del país norteamericano, Europa sigue apostando a una salida política y negociada a la crisis de Medio Oriente. Pero especialmente, la diferencia reside en que varias empresas europeas tienen fuertes inversiones en Irán, como es el caso de la petrolera francesa Total, de la compañía alemana Siemens o de la aerolínea inglesa British Airways. Las sanciones de Trump significarían grandes pérdidas para dichas empresas. Por esta razón, la Unión Europea emitió una resolución prohibiendo a sus empresas (bajo amenaza de aplicación de multas) el acatamiento del bloqueo norteamericano. De esta manera, se agudiza el conflicto económico y geopolítico entre EEUU y Europa, que se encuentra en un impasse desde que Trump suspendió la aplicación de una nueva ronda de aranceles contra productos europeos.

 

Aumenta la tensión en Medio Oriente

La economía iraní ya se ve fuertemente afectada por las sanciones, además de estar en una tendencia decadente por un conjunto de factores -entre los que se encuentran el gran costo de su política militarista para la región-. En pocos meses, la moneda iraní perdió la mitad de su valor. La inflación sigue en aumento, y el salario pierde cada vez más su poder adquisitivo. El resultado es que los pobres se empobrecen más que nunca, y aumenta la desigualdad social. En este marco, continúa desarrollándose un proceso de fuertes protestas populares a lo largo y ancho del país, contra la situación económica y la corrupción del gobierno (al mismo tiempo que la casta clerical conserva todos sus privilegios, propios de un régimen teocrático).

A la tensión interna se suma el incremento de la tensión en las relaciones de Irán con Estados Unidos y sus aliados regionales (como Arabia Saudita e Israel). La Guardia Revolucionaria iraní señaló, a través de un general de muy alto perfil (Qasem Soleimani), que en caso de que Trump prohíba la exportación de petróleo iraní, sus fuerzas armadas tomarían fuertes represalias: bloquearían el estrecho de Ormuz, por el cual transitan diariamente 17 millones de barriles de crudo, el 20% de todo el petróleo mundial. Se trata de una amenaza de muy alto voltaje: es poco probable que se realice, pero si llegara a ocurrir, significaría una disrupción mayúscula en la provisión mundial de petróleo, que no puede dejar de tener fuertes consecuencias en la economía global.

Estas amenazas verbales fueron acompañadas de maniobras militares iraníes en el mencionado estrecho, lo que amplifica el efecto de la declaración de intenciones. Por otra parte, en Yemen, los Hutíes (fuerzas insurgentes pro-iraníes) atacaron a dos barcos petroleros saudíes que transitaban por el Estrecho de Bab el Mandeb, vía de paso obligada para las embarcaciones que se transportan entre el Océano Índico y el Mar Mediterráneo a través del Canal de Suez. El mensaje es muy claro: las fuerzas pro-iraníes tienen poder de fuego sobre una de las principales arterias comerciales del planeta, que conecta el enorme continente asiático con Europa.

En este escenario, Trump realizó la sorprendente propuesta pública de reunirse con Rohani, el presidente iraní, para discutir cara a cara. Este último parece haber rechazado la oferta, al considerarla vacía de contenido. El episodio es parte de la errática diplomacia de Trump, que cada semana parece ir en una dirección distinta a la anterior, como muestra el caso de Corea del Norte. En cualquier caso, la propuesta no parece haber causado ningún efecto en la situación, por lo menos por ahora.

En conclusión, la reimposición de sanciones por parte de los EEUU aumenta aún más la tensión en una región muy volátil, aumentando el riesgo de que estalle un conflicto a gran escala. En cuanto a la situación interior iraní, empobrece a su población (y por esa vía contribuye al aumento de las protestas), y fortalece al ala “dura” del régimen contra su ala “moderada”, favorable a la apertura y flexibilización. Se trata de un nuevo granito de arena que Trump aporta hacia la inestabilidad de Medio Oriente y del mundo.

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