Por Lisandro Acuña

 

El apretón de manos que se dieron este miércoles Donald Trump y Jair Bolsonaro en la Casa Blanca significó mucho más que algunos pactos comerciales para defensa y el auspicio estadounidense para que Brasil integre la OCDE, que no es poco. Fue el reconocimiento de un líder de la derecha autoritaria imperialista a su contraparte latinoamericana. Y de ese encuentro no podían sino salir con una definición tan tajante, como errónea: “El ocaso del socialismo llegó a nuestro hemisferio y, esperemos, a nuestro gran país también” sentenció Trump ante la prensa.

Una frase bastante suelta de palabras cuando en todo el mundo está habiendo movimientos de resistencia contra las políticas de ajuste neoliberal, el desastre ambiental y la opresión a mujeres y minorías que significa el capitalismo. Una juventud que cada vez más se identifica con alguna noción de “socialismo”, como contraposición al capitalismo. Precisamente la revista The Economist, de centenaria reputación liberal, fue una de las responsables de popularizar el concepto de “socialismo millenial”, para dar cuenta de este fenómeno.

Tal vez de toda la frase que dijo Trump “esperemos” sea la única palabra honesta, ya que encuestas de opinión revelan que el 51% de los estadounidenses de entre 18 y 29 años tienen una valoración positiva del socialismo, algo nada menor para un país con una larga historia de persecución política a la izquierda, y la cuna del macartismo.

No hizo falta siquiera esta publicación para poner en cuestión las palabras de Trump. Uno de los periodistas en la rueda de prensa le consultó a Bolsonaro si cambiarían las relaciones bilaterales de hallarse un socialista en la Casa Blanca, ya que cada vez más candidatos demócratas que buscan competir por la presidencia “han abrazado o considerado ideas socialistas”. A lo que Bolsonaro contestó con un tenso silencio, después del cual dijo que tiene plena confianza en la reelección de Trump en 2020.

Trump y Bolsonaro intentan vender la crisis que está atravesando Venezuela como prueba irrefutable de la bancarrota del socialismo, metiendo en la misma bolsa al fracaso de los populismos de centro izquierda, junto con toda una nueva experiencia de lucha anticapitalista que está haciendo la juventud a nivel mundial, pero que en el hemisferio norte se identifica cada vez más con las ideas socialistas.

Naturalmente, el “socialismo” del que hablan políticos como Bernie Sanders o Jeremy Corbyn significa, en el fondo, el retorno de un viejo reformismo primermundista, que no es menor porque se trata de un reformismo real, que busca hacer reformas. Aunque no se vean por ningún lado condiciones para este tipo de política, resulta sintomático del fracaso de las experiencias liberales -neoliberales o social liberales- la reemergencia de estas ideas.

No obstante esto, nada tienen que ver partidos de la burguesía imperialista como los Demócratas estadounidenses o los Laboristas británicos con las ideas y las luchas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, pero sí reflejan un debate que se está procesando entre sus bases, particularmente entre la juventud, que se ubica a la izquierda y genuinamente simpatiza con el socialismo.

En definitiva el clamor de Trump esconde un temor, no a una derrota electoral, sino a una ola de descontento que crece a nivel mundial denunciando que “el capitalismo mata”, que este sistema no va más. Una ola que en los últimos años no ha parado de crecer y que sólo se enoja más ante cada nueva bravuconada de la derecha.

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