Héctor
Dirigente de la lucha ferroviaria contra la privatización en los 90'. Dirigente del Nuevo MAS.


La medida de fuerza comenzó producto del malestar de los choferes con el aumento paritario recientemente firmado por la burocracia, que no llegó a cubrir la inflación de los últimos meses. A eso se agregó la exigencia de reincorporación de choferes despedidos entre ellos delegados.

Para hacer sentir el reclamo también cortaron los puentes La Noria en Lomas, Alsina en Pompeya y el Pueyrredón de Avellaneda. En el medio de la protesta los choferes se enteraron que Roberto Fernández mandamás de la UTA no los apoyaba y que la conducción llamaba a “apoyar al gobierno nacional” acusando a la oposición y a la patronal de DOTA de empujar el conflicto.

Fue la gota que rebalsó el vaso, entonces los choferes se subieron a los colectivos y enfilaron a la sede de la UTA en Moreno al 2.900 en el Barrio de Balvanera. Miles de trabajadores llegaron con los ánimos caldeados para exigirle explicaciones y la renuncia a Fernández y sus secuaces. Obvio que no iban con buenos modales, el enfrentamiento con los de adentro no se hizo esperar y entraron por la fuerza al edificio donde se produjeron destrozos.

Inmediatamente el “Gallego” Fernández salió a acusar como responsable al sector opositor liderado por su ex directivo Miguel Bustinduy, que se quiso presentar en las últimas elecciones, pero su lista fue proscripta con el aval de la Secretaría de Trabajo de Macri. Rebasados por la situación el «Gallego» y un grupo de seguidores no tuvieron otra que escaparse por los techos para no caer en manos de los exaltados choferes.

Durante todo el día los medios “hegemónicos” y los ahora “oficialistas” machacaron con la “interna gremial” deslegitimando el reclamo y ocultando la acción de lucha: paro total de miles de choferes, corte de puentes y toma de la UTA.  Todo un mal ejemplo para los tiempos difíciles que corren donde el propio presidente llama a “abandonar las calles” y toda la dirigencia gremial jura y perjura que apoya el nuevo gobierno y está dispuesta a mantener la “paz social”.

Cualquiera que conozca el gremio sabe que la disputa acérrima entre Fernández y su otrora ladero que ocupaba la Secretaría Gremial hasta el 2018 no se limita solo a la proscripción que lo dejó fuera de carrera, sino que están enfrentados también porque representan a distintos grupos empresariales que pelean por el negocio del autotransporte, uno detrás de Metropol-Mercedes Benz el otro detrás de Dota-Agrale.

Para complicar más el panorama aparece Moyano que apoya a Bustinduy contra su archienemigo Fernández, con el que disputan por quién «manda» en el transporte que es clave para el reparto de poder dentro de la CGT, pelea que se extiende también por quién pone sus «hombres de confianza» en el Ministerio de Trabajo, de Transporte o la Superintendencia de Servicios de Salud, donde por ahora el dedo del presidente benefició a los «gordos» y dejó a Moyano con las manos vacías.

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Semejante cantidad de elementos en danza pueden hacer perder la brújula, pero nuestro análisis debe partir de los hechos objetivos, la realidad es que la bronca acumulada por los choferes por el atraso salarial y contra el «Gallego» Fernández derivó en el paro, los cortes de puente y una movilización masiva al sindicato, donde hubo suerte de «rebelión de las bases» que fue más allá de las intenciones del sector que impulsó la medida. No es normal que trabajadores indignados tomen parte y apoyen una toma de un sindicato, lo normal de la pelea entre burócratas es el enfrentamiento entre patotas, está prohibido involucrar a las bases, darles participación porque eso puede generar una dinámica que puede ir más allá como en este caso.

A nadie se le escapa que Bustinduy y la Agrupación «Juan Manuel Palacios» estuvo detrás de la movida y que también llevó a su patota, pero reducir la acción obrera a una mera «pelea entre burócratas» es equivocado, es darle crédito a los comentaristas burgueses de que todo lo hacen «los dirigentes» y que siempre las bases son ovejitas obedientes que van detrás de ellos, desmerece lo que piensan los trabajadores de carne y hueso, descalificando el protagonismo de la gente en la movida y ocultando lo concreto: no había ninguna posibilidad de semejante enfrentamiento si los trabajadores no estaban hinchados de bronca y que querían echar al «Gallego». Dicho esto también hay que decir Bustinduy y su agrupación aprovechan ese caldo de cultivo para sus propios intereses, pero eso no invalida la legitimidad de la pelea.

Perder de vista esta contradicción desarma al activismo, ver solo «una pelea entre burócratas» sin ver que la movilización tiene como base una predisposición a la pelea de los trabajadores y que contó con la amplia simpatía de los choferes del país, impide tener una política realmente independiente de todos los burócratas traidores cuando se está abriendo una pelea por quién dirige la UTA.

Bustinduy es un personaje odiado por el activismo combativo, en particular por los compañeros de la 60 que vivieron en carne propia las patoteadas durante estos años de lucha contra DOTA, ese rechazo visceral no debe negar el hecho de que aparece a los ojos de los choferes como «opositor» a Fernández y que lo «puede tirar abajo», es algo parecido a los paros de la CGT y otras conducciones burocráticas, estamos a favor de los reclamos, impulsamos la lucha sin poner un gramo de confianza en los dirigentes y advertimos a los trabajadores de la inconsecuencia de los mismos, pero ¡nunca carnereamos los paros! y en este caso no puede haber dudas, primero compartimos el sentimiento de las bases ¡queremos echar a Fernández! y después aclaramos que no estamos con Bustinduy, lo contrario es cerrar el diálogo con los que quieren echarlo y confían en el supuesto “opositor” y lo que es peor se puede quedar pegados a Fernández.

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En ese sentido también hay que tener en cuenta que la bronca se extiende por todo el país, en los últimos tiempos se desataron duros conflictos en Córdoba, la Línea Este de La Plata, en Corrientes Capital, a los que se suman en las últimas semanas conflictos como el de la 165 en Lomas y en varias provincias más como Entre Ríos, Salta, San Luis, Neuquén, etc., donde la característica predominante fue la explosividad y combatividad de los choferes enfrentando a las burocracias locales y a la UTA Central.

Este conflicto ha producido un descalabro en la actual conducción que evidentemente no tiene el apoyo de las bases, nadie salió a defenderlo, es una situación completamente nueva y es positivo que haya semejante inestabilidad por arriba, es una enseñanza elemental del sindicalismo que cuando se ve a la conducción «tecleando» el activismo «huele» que tiene más espacio para organizarse y salir a pelear. Aprovechar esta brecha es importante porque en un momento político donde el nuevo gobierno empieza a descargar un ajuste este “vacío” puede ser “llenado” por los sectores independientes y antiburocráticos para encabezar los reclamos y la resistencia de los trabajadores en defensa del salario y las condiciones de trabajo.

Fernández quedó herido de muerte, recién pudo escaparse del edificio a la medianoche del lunes y custodiado por la Federal, la solución es muy “provisoria” y se habla de que la justicia oficiará de “mediadora” entre las partes, para buscar una salida al enfrentamiento llamando a nuevas elecciones.

En todo caso estamos viendo las primeras escenas de lo que será una larga película, escenas que quedarán grabadas en la memoria de los choferes, es responsabilidad del activismo antiburocrático ayudar a sacar las conclusiones a las bases del gremio partiendo de una lección: los choferes tienen la fuerza suficiente para sacar a la burocracia del sindicato y construir una nueva dirección desde abajo independiente de la patronal y el gobierno de turno. La cuestión es confiar en las propias fuerzas y no en un “pichón” de Fernández como Bustinduy que también representa los intereses de la patronal y sectores de la burocracia que están con el gobierno de Fernández.

Hay que aprovechar esta nueva situación impulsando la participación de las bases en Asambleas, organizando el activismo para luchar por una nueva dirección independiente en la UTA, exigiendo en primer lugar elecciones libres sin proscripciones para presentar una lista que defienda la democracia sindical y luche por los reclamos de los choferes.

Héctor «Chino» Héberling, dirigente del Nuevo MAS y la Corriente sindical 18 de Diciembre

 

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