Covid-19

El gobierno apunta a flexibilizar la cuarentena, a pesar de que el país superó los 100.000 contagios

Con estos números, parece irracional la decisión del gobierno de llevar adelante una flexibilización mayor. Una decisión que no tiene como sustento ningún criterio sanitario ni epidemiológico, sino la concesión a los intereses de los empresarios y sectores anti-cuarentena.



Hoy se cumplen ya 116 días desde que comenzó la cuarentena obligatoria. El viernes 17, el gobierno fijó la fecha para el fin de la «fase dura» del aislamiento preventivo, llegando a los 120 dias. En los últimos días, los contagios marcaron un nuevo récord en la Argentina, superando los 3.600 registrados en 24 horas.

La curva, lejos de bajar, viene subiendo, en especial en el AMBA. Por lo que la decisión de flexibilizar parece más una decisión política, que responde a la presión de sectores anti-cuarentena y del empresariado y las patronales de distintas fábricas, talleres y negocios que quieren normalizar la producción a como de lugar.

Desde el comienzo de la cuarentena ha habido una oposición férrea de un sector de la sociedad, aquellos que, con una lógica de «darwinismo social», plantean que el remedio es peor que la enfermedad. Esta posición quedó en minoría en las amplias masas, más aún después de los desastres humanitarios ocurridos en EEUU, Brasil y otros países que adoptaron una política negacionista con respecto al virus, sin embargo, han sido activos en sus manifestaciones y presión permanente al gobierno. Estos fueron los sectores que se manifestaron el pasado 9 de julio en el obelisco, y hasta agredieron a un móvil periodístico de C5N.

Fernán Quirós, ministro de salud porteño, es uno de los voceros anti-cuarentena con autoridad en la ciudad. Ha declarado que la gente ya «no aguanta», exigiendo fuertemente la flexibilización de la misma. Una irresponsabilidad total en momentos en que estamos entrando a una fase de dinamización de la curva de contagios.

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La realidad es que a nadie se le escapa que la cuarentena ha significado un esfuerzo enorme para las y los trabajadores, dueños de pequeños comercios y ciudadanos de a pie, pero ha sido un esfuerzo que ha valido la pena, al ubicar el país entre los que menos número de muertes han tenido. Por otra parte, un dato que alarma es la ocupación de las camas de terapia intensiva, que se incrementa en todos los distritos y hay que evitar a toda costa que no se sature.

El gobierno de Fernández viene flexibilizando y permitiendo cada vez más actividades, sumando rubros a la producción que no serían esenciales en momentos en que escala la curva de contagios. A pesar de la vuelta a fase-1, muchísimos trabajadores no esenciales tuvieron que seguir yendo a trabajar, convirtiendo las fábricas y el transporte público en verdaderos focos de contagio.

Ahora, en lugar de seguir flexibilizando, es el momento para dar un giro hacia medidas más estrictas, cuidando la salud del conjunto de los trabajadores, multiplicando el presupuesto en salud, y, por supuesto, aplicando alguna medida económica de alivio a la ajustada economía de las familias obreras ante la cuarentena, como podría ser un salario universal de 50.000 pesos a costa de un impuesto a las ganancias capitalistas.

Una flexibilización a estas horas puede ser el paso en falso que falta para que Argentina eche por la borda el esfuerzo enorme que venimos haciendo. Las concesiones de Fernández a los capitalistas pueden costar caro.

 

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