Marcha atrás del gobierno

Tibieza: el gobierno y la no nacionalización del sistema de salud

El discurso tribunero del Ministro de Salud sobre la cuasi estatización del sistema de salud fue solo eso, un discurso. Después de reunirse con los empresarios de la salud, los que salieron sonriendo y tranquilos fueron ellos.




Así como lo están haciendo los países más afectados por el coronavirus, el Ministro de Salud habló esta semana de la posibilidad de que la Argentina estatizara todo el sistema de salud. Sin más demoras, el jueves por la tarde Ginés González García se reunió con las obras sociales y prepagas, donde se terminó echando para atrás. Otra vez el gobierno nacional amagó a sacar los pies del plato, pero retrocedió ni bien los empresarios le mostraron los dientes.

De esa reunión los empresarios salieron más que satisfechos, el gerente de OSDE Gabriel Barbagallo declaró “El ministro nos convocó por el estado público que generó el posible DNU. Un poco para llevar tranquilidad. El ministerio lo que pretende es ejercer el poder de rectoría que tiene. En ningún momento tenía pensando apropiarse del destino de las camas. Solo pedía trabajar en coordinación para hacerle frente a la pandemia. Lo bueno es que se trabajó en armar una mesa de diálogo”.

Así, lo único en lo que avanzó el gobierno fue en crear una “mesa de diálogo” que lo único que habría “dialogado” es que la propiedad de las clínicas privadas y la soberanía sobre sus insumos no será tocada. Punto final. El gobierno ni siquiera avanzó en una medida tibia y elemental como es centralizar la logística del combate a la pandemia poniendo en común todos los recursos de la salud del país en función de ese objetivo.

Los argumentos de las privadas en contra fueron sollozos sobre el esfuerzo que habrían puesto en estas empresas y otros despotricando hacia la calidad de la salud pública, y obviamente no tardaron en aparecer aquellos usuarios trolls racistas y clasistas con quienes podrían llegar a usar de su preciado tesoro privado.

«Si el Estado tiene el control de las camas, puede ‘llenarte’ el sanatorio de pacientes infectados que deberían ir a la salud pública y ‘mi’ afiliado quizás no tenga lugar y deba ir al Hospital Posadas. Sería, cuanto menos, un destino inesperado para quien desde hace años viene pagando una cuota de medicina prepaga o destina parte de su ingreso para tener un contrato con una clínica o afrontar una obra social», declaró uno de los empresarios de la salud cuando se enteraron de las intenciones de Ginés García, que no quiso dar a conocer su nombre.

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Sin embargo han sobrado ejemplos en todo el mundo a lo largo de los años, donde las cuotas pagadas con esfuerzo y esperanza de tener un seguro de salud, no han sido garantía de una cama y una atención decente, ni hablar de los tratamientos que han dejado sin cubrir. Si esto se traspola a una situación de crisis sanitaria, no habría quien controle que se cumplan los tratamientos como corresponden. Incluso esta reacción misma deja a la vista que el genuino interés detrás de estas empresas sigue siendo el propio antes del bien común.

La disputa con los sectores privados es por la disposición de camas. Esta es la unidad de medida con la que se cuenta la capacidad de atención. Según el Sistema Integrado de Información Sanitaria del Ministerio de Salud en 2018, la Argentina cuenta con 4,5 camas por cada mil habitantes, menos de las 8 a 10 que recomienda la OMS. Incluso desde el Sindicato de Médicos han declarado que en realidad no se sabe a ciencia cierta el número debido a la fragmentación del sistema sanitario. Las estimaciones giran en torno a unas 160 mil (de las cuales unas 24 mil son privadas) de las cuales 8400 tienen el equipo sanitario necesario.

La fragmentación del sistema de salud argentino tiene tres partes, no dos. Por un lado está el subsistema de salud público, que cubre a unas 15 millones de personas; luego el privado, que cubre a unos 6 millones; y por último, el subsistema de seguridad social, integrado por Obras Sociales Nacionales (OSN), Obras Sociales Provinciales (OSP) y el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP) que brinda cobertura a unos 27 millones de personas (fuente). Si bien la gran mayoría de las obras sociales son recibidas en clínicas privadas y sanatorios, el dinero que manejan las obras sociales proviene de los aportes por empleados y empleadores, no es parte de un catálogo de cobertura como las prepagas.

¿A qué vamos con estos números? A que es una desproporción el peso que tienen estas empresas de la salud comparado con la cantidad de gente que se atiende en ellas. Por ejemplo, en un informe de Noviembre de 2019 se explica que la Argentina destina un “9,4% del Producto Interno Bruto (PIB), donde 6,6% del PIB corresponde al Gasto Público en Salud y de la Seguridad Social (Esquemas gubernamentales y de financiamiento de servicios de salud contributivos y obligatorios – clasificación SHA2011), y el restante 2,8% del PIB al Gasto Privado.”

Los sistemas de salud han colapsado en Italia y España, y para solucionarlo -aunque de manera temporal- los gobiernos optaron por centralizar parcialmente su control luego de la política sistemática de esquivar el bulto de buena parte de la salud privada. En España aún hoy hay una crisis de falta de atención a los enfermos y cientos de camas e insumos sin usar porque siguen en manos privadas. La irracionalidad capitalista ha dejado lugar a que los empresarios lucren con un derecho humano básico, sin ninguna garantía para aquella clase trabajadora que pone en pie el mundo. La pandemia dejó a la vista que la dignidad humana nunca fue prioridad de los gobiernos capitalistas, más bien el mundo se ha organizado en torno a la acumulación de capital, lo demás viene después, si alcanza, si sobra.

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Es por esto que a pesar de tener una mesa de diálogo con los empresarios de la salud, no podemos depositar ninguna confianza en que esto sea garantía para cuando llegue el pico de infectados, que se espera para Mayo-Junio. El virus se contagia muy fácil y en Argentina ya hay más de 100 casos comunitarios, la mitigación no será suficiente. En India, donde se concentra ⅙ de la población mundial, ya han optado por confiscar los hospitales y recursos privados para enfrentar al coronavirus con 1000 infectados. Si se quiere disponer de todas las camas para que toda la población reciba un tratamiento correspondiente, si se quiere terminar con esa “Argentina de los vivos”, es necesario centralizar todos los recursos disponibles y reconvertir la producción de una vez por todas. Pero para eso es necesario avanzar sobre la propiedad de los capitalistas.

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