Semblanza de un luchador

Stokely Carmichael y el «poder negro»

Una trayectoria que dejó un legado riquísimo pero quedó atrapado en las redes de la contrarrevolución stalinista.

Ana Vázquez
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


 

“Pero en todo caso, lo imprevisto fue la burocratización del movimiento obrero –aunque Marx pudiera atisbar algo de esto en la deriva de un Lasalle. El problema de la burocratización del movimiento obrero es uno de los problemas teórico-estratégicos legados por el siglo XX.  (…) Pero ya lo del estalinismo fue “palabras mayores”: un acontecimiento histórico- universal, la burocratización de la mayor revolución social en la historia humana; un acontecimiento que dio lugar a fenómenos completamente originales y cuyo balance hasta el final le toca a nuestras generaciones actuales.” (El marxismo militante de Marx y Engels [crítica del capitalismo y balance de la burocratización], Roberto Sáenz, junio 2020)

En un momento histórico donde la rebelión contra la opresión racista marca a fuego la pelea contra ella en el corazón del imperialismo, que ha provocado que desde los “progresistas” hasta los xenófobos más recalcitrantes estén discutiendo una ley para “reformar” la policía, recordamos a Stokely Carmichael, referente si los hay, de esta pelea en los 60.

Protagonista de una década de explosión social en el país del Norte. Oriundo de Trinidad y Tobago, partió a los 11 años hacia Nueva York, donde ya vivían sus padres. Se graduó en la escuela secundaria de Ciencias del Bronx, y se inscribió en la Universidad de Howard. Allí terminó su carrera en Filosofía en 1964, con el grado uno. Le ofrecieron una beca para estudiar en Harvard, a la cual se negó.

Allí, en Howard, comenzó su actividad en defensa de los derechos de la población de color. Formó parte del grupo de acción no violenta (NAG), el campus de afiliados Howard del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC). Allí se relacionó con otros activistas del movimiento, del que se constituyó en un referente indiscutido. Allí se nucleaba un sector muy joven y también trabajadores.

Se sucedían día tras día manifestaciones de rebeldía, de todas las categorías y en todas las situaciones de la vida cotidiana. Desde las marchas multitudinarias contra la masacre en Vietnam, hasta los rechazos a los mandatos “blancos”. “En 1960 algunos estudiantes negros de educación superior organizaron un plantón en un restaurante segregado de Woolworth, en Carolina del Norte, y se negaron a retirarse del lugar.” (El movimiento de los derechos civiles de 1960 a 1980, Cap XII, decenios de cambios)

Estos jóvenes inauguraron el “movimiento del plantón”, que se extendió a restaurantes y bares por todo el territorio, desconcertando a la policía y los verdugos blancos, por el carácter sorpresivo que tenían estas acciones, pequeñas en número, pero contundentes en visibilidad. Porque allí se armaba un lío tremendo. Así como también organizaban caravanas de micros integrados por población negra y blanca que arribaban en los estados más racistas del sur y provocaban ataques de ira a lo más granado de la élite racista.

En 1964 encararon el proyecto “Verano de la Libertad”, con el objetivo de registrar a votantes negros en el sur. El racismo no se los perdonó y sufrieron pérdidas muy fuertes. Tres activistas de su entorno cercano fueron desaparecidos en junio de ese año y encontrados muertos en agosto. Así como el crimen de Jonathan Daniels, seminarista blanco que también era un activo colaborador y amigo de Carmichael.

Nos parece que el punto de inflexión, el hito, que marcó su trayectoria, fue el discurso pronunciado sobre el “Black Power” (Poder Negro) en Greenwood, Mississippi, el 16 de junio de 1966 con 3.000 personas de auditorio. “Hemos estado hablando de ‘libertad’ durante seis años. De lo que vamos a empezar a hablar ahora es del ‘Poder Negro’”. (Poder negro Nº 414 Bárbara Barischpolski)

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Esa fue la bomba que desató las polémicas. Esta fue una parte nodal de sus fundamentos en esa exposición: “Tenemos que empezar a pensar políticamente y ver si podemos lograr el poder para imponer y mantener los valores morales que admiramos. Tenemos que cuestionar los valores de esta sociedad, y sostengo que la población negra es la más indicada para hacerlo porque hemos sido excluidos de esta sociedad. Y la cuestión es que debemos pensar si queremos ser parte de esta sociedad o no. Eso es lo que queremos hacer nosotros. Y eso es precisamente lo que me parece que el SNCC está haciendo. Estamos planteando cuestiones sobre este país. No quiero ser parte del sueño americano. El sueño americano implica forzar a Sudáfrica, derrotar a Vietnam, derrotar a Sudamérica, subyugar a las Filipinas, abusar de cada país en el que ustedes hayan estado. No quiero ni un poco de su dinero ensangrentado. No lo quiero… no quiero ser parte de ese sistema.” (Ídem)

Pasó los años siguientes de su vida de activista explicando el sentido de esas palabras, tan impactantes como controvertidas para la opinión pública. Y muy polémicas, más aún dentro del movimiento de los derechos civiles.

De lo que conocemos, creemos que lo más afinado que dijo al respecto, fueron estas palabras: “Él asegura, tanto aquí como en libros anteriores, que el Poder Negro no es un llamado al separatismo.  En su lugar, explica, ‘era sencillamente acerca del poder para afirmar nuestra humanidad negra… y para organizar colectivamente el poder político y económico para controlar y desarrollar nuestras comunidades… Ser pro-negro no significaba ser anti-blanco’”. (Memorias del arquitecto del poder negro, Mark y Paul  Engler, sobre el libro de Stokely Carmichael, Listos para la Revolución)
Así como reflejaba una aguda radicalización del movimiento negro, también los puntos de unidad de hierro con el movimiento contra la guerra de Vietnam y todos los movimientos de liberación, así como con el de los derechos de la mujer y la población lgtb.

Realizó giras para difundir la causa de los derechos civiles en distintas reuniones y movilizaciones, por Europa, Cuba, y desde allí partió hacia la URSS, China, Vietnam del Norte. Posteriormente lo hizo por Argelia, Siria, Guinea.

El impacto de la novel Revolución Cubana y la influencia de su máximo dirigente, Fidel Castro, marcaron su devenir político.

En 1968 se integró al movimiento de las Panteras Negras.

De la lucha por el Poder Negro hacia la conciliación de clases auspiciada desde el Kremlin y La Habana

En 1966 se fue a vivir a Guinea, país africano que había sido colonia francesa, en la cual gobernaba desde 1958 Kwane Touré, que había logrado la independencia del país del imperialismo francés, que hasta ese momento era una colonia más de África. Era la etapa de la política imperial de “independencias negociadas”, después de la experiencia de la Guerra por la Liberación de Argelia de 1954/62, que dejó sus “enseñanzas” a los amos del imperio francés.

Desde allí fue asesor directo del gobierno de Ahmed Sekou Touré, independizado de Francia en 1958. Tan consustanciado estuvo con su gestión que dejó registrado su cambio adoptando un nuevo nombre. Tomó el mismo, en honor a sus dos padrinos políticos: el presidente y el ideólogo y también estadista del país, Kwame Nkrumah: pasó a ser Kwame Touré1.

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Gobierno que se alineó en un primer momento bajo la órbita de la URSS y el Pacto de Varsovia. Así como no dudó en alinearse con el imperialismo yanky bajo la presidencia de John Fitzgerald Kennedy y abrazarse totalmente a él a partir de 1978, año en que restableció relaciones con Francia y recibió en su país al entonces presidente de la república francesa, Giscard D’Estaing.

Carmichael, desde ese lugar, cobijado por el gobierno de Guinea, continuó su militancia por los derechos de la población africana y afrodescendiente desde el movimiento que seguía las directivas de la burocracia del Kremlin: socialismo panafricano. Directivas emanadas del V Congreso Panafricano de 1945. Traducido a la cruda realidad: el Estado burocrático imponía sus reglas para la liberación “negociada” de los pueblos, para contenerlos y que no avanzaran hacia salidas radicales. Una emancipación administrada de 53 países africanos colonizados. ¡¡Nada de imponer demandas desde abajo, de los trabajadores y de los más sumergidos!! ¡¡Nada de revolución, y menos que menos con perspectiva socialista!!

El referente de la comunidad afrodescendiente surgido de las duras luchas en las entrañas del imperio, abandonó su independencia política bajo el mando de la burocracia soviética, que en esos años era “amo y señor” de los pueblos que conquistaban su liberación, de América a África. El triunfo de la Revolución Cubana acuñó aún más ese carácter mundial del rol del stalinismo en nuestra región, ya que fue la primera revolución triunfante contra el imperialismo. Derrota estrepitosa del amo yanky, pero que no dejó la dirección del Estado en manos de los trabajadores y sus aliados. Difícil escapar de esas garras ideológicas muy fuertes, era el pensamiento dominante en la vanguardia, sobre todo la que miraba más a la izquierda del Partido Demócrata dentro de los EEUU.

Valoramos su apoyo a la Revolución Cubana y a todos los movimientos de independencia en la África colonizada. No así su ubicación desde el Estado de un país que, independizado de Francia, siguió con las mismas estructuras de explotación hacia su población, originaria de la región, además con un régimen de partido único y eterno en su dominio, sin ningún tipo de consulta democrática, ni siquiera en los marcos democrático-burgueses. Así como su actividad internacional, pegada a las directivas de contener y sofocar las rebeliones por la independencia en los países africanos.

Una trayectoria para valorar críticamente, como lo debemos hacer los socialistas revolucionarios para no crear “fetiches”, sino transmitir, enriquecer, sacarle el jugo a todas las experiencias de lucha y a todos los dirigentes de procesos tan heroicos y presentes como lo sigue siendo la lucha por los derechos de la población más oprimida en los EEUU y en el mundo entero. Que nos coloca frente a nuevos desafíos, a los que no tenemos que “esquivarle el bulto”, colaborando en la construcción de una organización independiente que oriente la lucha hasta el final: la liberación de todos/as los/as explotados/as y oprimidos/as de las garras de este capitalismo asfixiante.


 

1 Tradición que la utilizaron en sentido contrario, tanto Malcom X como Cassius Clay, al cambiarse el nombre para romper con el impuesto por el país que lo sometía, el primero y al ponerse el nombre de este dirigente después de su asesinato, el segundo.

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