Socialismo o Barbarie 32/33 | Editorial – Prepararnos para una lucha de clases más dura

     

    1. Prepararnos para una lucha de clases más dura

    Veamos ahora las cuestiones de orientación. Uno de los aspectos que se desprenden del informe es preparar a la corriente para el escenario de una lucha de clases más directa,más polarizada. Está por delante una combinación más rica entre la mediación electoral (en la cual hay que participar obligatoriamente) y la lucha de clases directa.

    En cierta medida, corresponde alertar que este escenario implicará una suerte de “choque” entre la nueva generación militante y la lucha de clases. La nueva generación quizá reguee un poco por detrás si las cosas se ponen duras, dado que está aún determinada por el influjo del posmodernismo, del contexto “light”, de un mundo que es actual, pero que está quedando atrás. Esta nueva generación, “de repente”, se verá enfrentada con un escenario de grandes choques de clases. Esto tendrá, simultáneamente, el valor estratégico de configurarse como una forja militante real que ya están viviendo nuestras organizaciones, configurándose cada día más como una militancia aguerrida, militante.

    El desafío de la orientación es sostener nuestra sensibilidad con los nuevos fenómenos, el movimiento de mujeres, las nuevas generaciones militantes, las tareas democráticas, reafirmando a la vez un trabajo de largo aliento, estratégico, por hacer pie entre porciones crecientes de los trabajadores (entre las nuevas generaciones obreras).

    Otro plano de esto mismo es la combinación de las tareas político-electorales (legalidades nacionales, figuras, medios), de enorme importancia hoy para la proyección política de nuestro partidos a más amplios sectores, al tiempo que preparamos a la militancia para un escenario de lucha de clases más duro, más directo. La corriente y el partido deben asumir las tareas democráticas y electorales sin ningún sectarismo, junto con pasar a la acción directa en cada caso que corresponda; no existen compartimentos estancos entre ambos planos.

    Dentro de este contexto hay una serie de cuestiones a establecer. Una, la importancia de las tareas democráticas.

    Dos, la sensibilidad con los fenómenos dinámicos (el movimiento de mujeres, las cuestiones de la juventud). Tres, la unidad de acción para enfrentar los ajustes y zarpazos reaccionarios. No hay que ser sectarios; hay que saber practicar la unidad de acción cuando corresponda, al igual que el frente único, aunque éste sea más complejo y requiera una elaboración específica que aún nos debemos.

    Cuarto, la apuesta estratégica hacia la nueva generación obrera implica participar en todas las experiencias de la nueva generación trabajadora, como es el caso de la experiencia acumulada por nuestra corriente en la Argentina en durísimos conflictos como Gestamp, el neumático y muchísimos otros. Esos conflictos plantearon la recuperación de los métodos de lucha históricos de los trabajadores y la importancia estratégica de la democracia obrera, importancia desestimada por las demás corrientes.

    Quinto, es necesario participar en las elecciones y buscar la legalidad nacional de nuestros grupos allí donde ya estemos maduros para dar ese salto. Y parte de esto mismo es tener acceso a los medios de comunicación de masas. Se trata de un vehículo fundamental para salir del ostracismo, de la marginalidad; hasta cierto punto los medios “reemplazan” el no tener parlamentarios. Sin figuras políticas, elecciones y medios, no se sale del ostracismo. Este rubro es de una potencialidad inmensa hoy para la izquierda revolucionaria, porque proyecta una “sombra” con un alcance mucho mayor de lo que llega el trotskismo en forma organizada (y al mismo tiempo debe ser, obligatoriamente, una palanca para nuestra construcción orgánica). Esto tiene que ver con el mundo de hoy, con la búsqueda de nuevas figuras. Una renovación que, si bien no es de clase, puede ser encarnada por jóvenes figuras de la izquierda como es, en el caso del Nuevo MAS, Manuela Castañeira, un caso de éxito ascendente. Son cuestiones que requieren un abordaje que no sea idiota ni sectario, con sensibilidad política y que, al mismo tiempo, no pierda de vista que se viene una lucha de clases más dura, más directa, para la cual debemos prepararnos (ver al respecto la extraordinaria participación del partido argentino en las jornadas de diciembre en Buenos Aires).

    Sexto, dar continuidad a la elaboración marxista de la corriente; que se ha ganado un lugar de privilegio entre ellas y está aportando angulos reales a la reflexión estratégica del marxismo revolucionario. Existe un cierto revival de la elaboración marxista; los centenarios y bicentenarios se suceden y son ocasión de reelaboraciones, discusiones, debates. Incluso Internet está contribuyendo a esto, al facilitar un mayor intercambio entre elaboraciones de diversos países y regiones.

    En fin, se trata de un conjunto de tareas en un contexto apasionante que plantea a las corrientes revolucionarias la posibilidad concreta de ir a un salto histórico en nuestra experiencia si logramos llevar a cabo una construcción revolucionaria, militante. 

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