Sobre la reforma educativa

Martiniano, Lista Gris Carlos Fuentealba

Hace algunos días salió a la luz que un grupo de especialistas y ministros estarían desarrollando una reforma educativa [1]. Basado en los resultados de las pruebas “Aprender” del año pasado, el gobierno ha llegado a la conclusión de que hay mucha deserción y problemas de aprendizaje en las escuelas secundarias. El problema, según ellos, es que la escuela no es atractiva y los docentes trabajamos en muchas escuelas y no nos comprometemos.

Sin duda se le da importancia a uno de los grandes problemas que tenemos los profesores de secundaria, corremos entre muchas escuelas. Un problema sentido, que nos obliga a gastar plata, a tensionarnos para llegar de una escuela a otra muy rápido, a ser casi un docente visitante en (un viajante de paso por) algunas escuelas en las que sólo entrás, das clases y salís corriendo. Pero de ninguna manera esto hace que no nos preocupemos por los alumnos, los docentes y equipos directivos somos los primeros en dar una mano y contener todas las problemáticas de los adolescentes, en particular en los sectores sociales empobrecidos que concurren a la escuela pública (en ayudar con ropa, plata y lo que sea, a los que más problemas tienen, y que el Estado municipal, provincial o nacional deja librados a su suerte).

Pero como todas las reformas de las últimas décadas, estos grandes especialistas de la educación, (no indagan) tergiversan el porqué la deserción y los demás problemas educativos. Sin duda hay mucha deserción, pero eso no se debe a que la secundaria no es atractiva, se debe a los grandes problemas sociales que siguen sin resolverse en amplios sectores de la población. La gran mayoría de los alumnos no rinden en las escuelas o desertan porque tienen que salir a trabajar, cuidar a sus hermanos porque sus padres trabajan la mayoría del día, hay innumerables embarazos adolescentes, falta de alimentación u otros medios económicos, etc. Y eso en ninguna reforma se pone en cuestión, es mejor decir que fallamos los docentes que no somos divertidos o que no nos comprometemos con nuestra tarea educativa.

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Pero además, la vuelta a las áreas es volver a una reforma que no funcionó (la antigua EGB). Detrás de eso hay una ataque claro a la educación, dejar materias básicas, o mejor dicho sacar materias, es decir que hay materias que están de gusto, que hay conocimiento que no sirven, que no es necesario saber todo. ¿Para qué saber historia? ¿De qué sirve saber política y ciudadanía? ¿Física ayuda a la gente? De fondo está la mano invisible del mercado, educar para las empresas, para la terciarización, para “vivir en la incertidumbre” como dicen ahora (o sea, vivir sin saber si vas a tener empleo o qué tipo de empleo). Las empresas no necesitan gente que sepa sus derechos, o que piense, tampoco es necesario un pueblo que sepa su historia, que sólo aprendan a apretar botones.

Al realizarse proyectos por escuela se producirá una fragmentación mayor del sistema educativo de la que ya existe. Fragmentación que es provincial, distrital, barrial. No es lo mismo la educación en Salta, que en la Ciudad de Buenos Aires. Ahora se fragmentará por escuela. Entonces el contenido será casi municipal. Nos preguntamos si a esto lo acompañarán otras municipalizaciones (como ya fueron intentadas, SAE, en Provincia de Buenos Aires). Así habrá escuelas para pobres cada vez más pobres (en contenidos, en prácticas y en maestros) y escuelas para ricos cada vez más ricas (en contenidos, en prácticas y en maestros).

Clarín en su artículo es claro, la escuela no es atractiva, aburre y encima te hace repetir. Lo que se piensa no es mejorar la educación ni las condiciones de trabajo, (parece más) es una reforma contra los docentes y los alumnos, que sólo favorecerá a las empresas y al mercado flexibilizado de mano de obra. Si realmente se piensa una reforma, hay que aumentar el presupuesto educativo y atacar los problemas sociales de raíz.

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Por otro lado, es necesario consultar a los docentes y a los alumnos, que somos quienes estamos en las escuelas, pero no de manera trucha, a través de encuestas de internet como el Plan maestro, sino con iniciativas participativas, con asambleas en escuelas donde todos puedan dar su opinión y decidir.

[1] Clarín 19/6/2017.

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