Como suele ser común, las corrientes provenientes del morenismo sostienen que los policías son parte de la clase trabajadora y, por tanto, es necesario apoyar sus luchas reivindicativas e impulsar la sindicalización del sector. Con base en esto, la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) publicó una nota en su sitio web donde acusó al Nuevo MAS (y a otras agrupaciones) de sostener una “política pacifista y adaptada al régimen”, dado que no apoyó la “huelga” de la bonaerense (y en general a ningún conflicto de la policía).1

Aprovechamos la discusión para hacer un debate más amplio con la LIT sobre el tema, profundizando en torno a la naturaleza de los cuerpos policiales, así como del programa y táctica de la izquierda revolucionaria ante los mismos. Para eso nos apoyaremos en la elaboración teórica y la experiencia histórica de Marx, Lenin y Trotsky, además de los actuales desarrollos de la lucha de clases en las rebeliones populares.

Los policías como agentes del orden burgués

Para la LIT, el ángulo central para interpretar el carácter de la policía es la extracción de clase, de lo cual concluyen que la enorme mayoría de sus miembros son “hijos del pueblo”. Esto lo expresa con claridad una nota reciente de su sección en Colombia: “La base de las fuerzas militares y de la Fuerza pública, en todos los países, es reclutada en los sectores obreros y populares. Por eso los soldados y policías son hijos del pueblo, aunque utilizados para defender el poder y los intereses de los ricos, fundamentalmente.” 2

Nadie pone en discusión que una parte de miembros de las fuerzas policiales provienen de sectores obreros y populares. Pero tomada de forma unilateral, esta definición no pasa de ser una simple descripción sociológica que pierde vista la transmutación social de los miembros de las fuerzas represivas a partir de su función, la cual esencialmente consiste en el uso impune de la represión para garantizar la dominación de la burguesía sobre el conjunto de los sectores explotados y oprimidos.

La policía es una fuerza armada al servicio de la burguesía y, por ende, externa a la clase trabajadora, aunque sus miembros perciban un salario por desempeñar su labor represiva. Esto lo apreció con claridad Trotsky cuando describió al policía como un agente del orden burgués: “El hecho de que los agentes de policía hayan sido reclutados en gran parte entre los obreros socialdemócratas no significa nada. También en este caso la existencia determina la conciencia. El obrero que se transforma en policía al servicio del Estado capitalista es un policía burgués y no un obrero.”3

En Trotsky la clave para caracterizar a las fuerzas policiales es su función social represiva, lo cual tiene primacía sobre la procedencia de clase de los agentes individuales o la remuneración salarial que obtienen por su labor. Es una definición bastante profunda, pues da cuentas de que la policía desclasa a sus miembros de origen obrero y popular, al insertarlos en una institución cuyo objetivo es hacer valer la potestad de imperio del Estado burgués (y por extensión, de la burguesía como clase dominante) a través de la violencia organizada desde arriba, lo cual viene acompañado de un régimen de impunidad que desencadena otro tipo de comportamientos violentos y actividades ilícitas vinculadas a las fuerzas policiales, tales como la práctica del “gatillo fácil” en los barrios populares o contra minorías oprimidas (muy recurrente en Argentina, Colombia, Brasil o los Estados Unidos), el narcotráfico, la trata de personas o la explotación sexual, entre otros.

Reprimir no es un trabajo

Pero desde la perspectiva objetivista de la LIT, la jerarquía de los factores para caracterizar a la policía es la contraria a la empleada por Trotsky, dando prioridad a los aspectos formales como la relación salarial y el origen social de los agentes, por encima de las implicaciones concretas (políticas, sociales y hasta psicológicas) de ganarse la vida ejerciendo impunemente la violencia en beneficio del poder burgués.

En un artículo del PSTU de Brasil (principal partido de la LIT) van más allá que sus camaradas de Colombia, pues aseveran que los policías ostentan una “condición proletaria”, debido a que venden su fuerza de trabajo para sobrevivir. Citamos en extenso para no dejar dudas sobre las definiciones que emplea la LIT: “La objetividad de la condición proletaria está dada por sus condiciones materiales, no por las prácticas de los individuos proletarios ni por el contenido de su actividad. El trabajador produce solo valor, y por tanto es trabajador, no importa si lo produce en forma de ropa, edificios o automóviles. El proletario, una categoría más amplia, son los desposeídos que necesitan vivir de los salarios, estén o no ubicados en la producción directa de plusvalía. El supervisor que oprime a los trabajadores bajo su mando es también un empleado que en última instancia está sujeto a las mismas determinaciones sociales que sus colegas (…) Desde un punto de vista marxista, lo que define a la clase no es la función que el capital o el Estado atribuye a sus empleados (fiscalizar, gestionar, reprimir), sino el criterio de las relaciones sociales en las que se insertan los individuos para producir su vida material. Un policía, por muy conservador que sea, hace su trabajo a cambio de ingresos de tipo salarial, no participa de las ganancias capitalistas. La pregunta no es ´¿qué hace?`, sino ´¿cómo se mantiene a sí mismo?`.4

Acorde a los criterios esgrimidos por el PSTU brasilero, la relación salarial coloca en igualdad de condiciones sociales a un policía con un obrero automotriz o un funcionario público, independientemente de las labores que ejecuten cotidianamente para garantizar su existencia. En otras palabras, la represión es asumida como un trabajo, algo que literalmente afirma más adelante: “El trabajo es la producción de efectos útiles, y lo ´útil` es siempre una determinación social históricamente circunscrita. La actividad represiva sería inútil en una sociedad más allá de las contradicciones del capitalismo, así como otras actividades, como, por ejemplo, la publicidad comercial y la promoción. No tiene sentido decir que la publicidad y la promoción no son prácticas laborales”

Esta posición resulta aberrante desde todo punto de vista. Un obrero automotriz desarrolla una actividad productiva colectiva, durante la cual construye lazos de solidaridad con el resto de trabajadores de la fábrica, lo cual es el sustrato para el eventual desarrollo de acciones reivindicativas contra la patronal u otras de orden político. Además, su condición proletaria lo vincula al conjunto de la clase trabajadora, de forma tal que es posible tejer lazos de solidaridad más allá de los límites de la fábrica o centro de trabajo.

Caso contrario sucede con un policía, cuya labor consiste en reprimir las luchas que atentan contra los intereses de la burguesía, lo que implica romper los lazos de solidaridad entre la clase trabajadora, de ser necesario rompiendo cabezas a punta de macanazos, disparando balas de goma o asesinando en nombre del orden burgués. Son dos formas muy diferentes de ganarse la vida y relacionarse con la sociedad, aunque formalmente estén mediatizadas por la relación salarial.

Por eso los agentes policiales no son parte de la clase trabajadora, por el contrario, son una fuerza de choque rentada al servicio del Estado capitalista y la burguesía. Definir a los policías como “trabajadores” porque devengan un salario es una muestra del formalismo más extremo, heredero de un enfoque objetivista (propio de la LIT con su legado morenista) donde se dejan de lado aspectos como la conciencia social de lo sujetos.

¿Cómo se define la actividad policial?

Si la actividad policial no es un trabajo, entonces ¿cómo se puede definir desde el punto de vista marxista? Para responder esta interrogante es preciso remitirse a la diferenciación entre trabajo productivo e improductivo que Marx desarrolló en Teorías sobre la plusvalía, en la cual realizó un estudio histórico-crítico de la economía política clásica.

Marx abordó estos conceptos en la parte dedicada al análisis de Adam Smith, de quien retomó y profundizó la distinción entre ambas formas de trabajo. El trabajo productivo lo definió como aquel que valoriza el capital: “El trabajo productivo, en su significado para la producción capitalista, es trabajo asalariado que, cambiado por la parte variable del capital (la parte del capital que se destina a salarios), reproduce no sólo dicha porción del capital (o el valor de su propia fuerza de trabajo), sino que además produce plusvalía para el capitalista. Sólo de esa manera la mercancía o el dinero se convierten en capital, se producen como capital. Solo es productivo el trabajo asalariado que produce capital”.5

Es una definición precisa donde encaja perfectamente la clase obrera surgida en la revolución industrial. Lo contrario sucedió con la categoría de trabajo improductivo, la cual Marx definió a contrario sensu¸ es decir, por la negativa de lo que comprendía por trabajo productivo: “Esto también establece de modo absoluto qué es el trabajo improductivo. Es el que no se cambia por capital, sino directamente por renta, es decir, por salarios o ganancia”6.

De acuerdo al marxista inglés Peter Howell, Marx comenzó a escribir sobre el trabajo improductivo a inicios de 1860, cuando en Inglaterra (el país capitalista más desarrollado del momento) los empleados domésticos eran más numerosos que los trabajadores empleados directamente en la industria. Su objetivo era fomentar la unión de ambos tipos de trabajadores y trabajadoras, en aras de fortalecer la acción del movimiento obrero, con más razón en vistas del ensanchamiento del aparato estatal a partir de la segunda mitad del siglo XIX: “(…) el objetivo de Marx en el desarrollo de los conceptos de trabajo productivo e improductivo no era dividir a los trabajadores. El caso es exactamente el opuesto. Con la ayuda de estos conceptos Marx pudo analizar cómo el valor se expande en el proceso directo de producción y cómo se distribuye en el proceso de reproducción.”7

Aunado a esto, Marx (siguiendo a Smith) estableció la diferenciación entre ambas formas de trabajo desde el punto de vista del capitalista y no de la clase obrera, lo cual hace más compleja la categoría a la hora de definir a los trabajadores y trabajadoras improductivas: “Aquí el trabajo productivo e improductivo se conciben desde el punto de vista del poseedor del dinero, desde el punto de vista del capitalista, no desde el del obrero. De ahí las tonterías que escribe Ganilh, etc., quienes entienden tan poco del asunto, que formulan el interrogante de si el trabajo o servicio o función de la prostituta, el lacayo, etc., reportan dinero”.8

De acuerdo a este criterio, el trabajo improductivo se define desde el punto de vista del capitalista o del Estado burgués en razón de si genera o no plusvalía; casi podríamos decir que es una categoría contable. Pero más adelante Marx agregó otro parámetro para definir el trabajo improductivo, esta vez alrededor de la división social del trabajo en el capitalismo, señalando que tenía por función impulsar (indirectamente) la productividad de la clase obrera: “Pero la distinción misma aparece como resultado de la división del trabajo, y de tal manera impulsa la productividad general de los trabajadores al hacer del trabajo improductivo la función exclusiva de un sector de los trabajadores, y del trabajo productivo función exclusiva de otro sector”9.

Realizamos este recorrido teórico para dar cuentas del carácter ambiguo del concepto, el cual se convirtió en una categoría cajón donde se insertan todas las formas de trabajo y actividades no productivas desde la óptica del capital que tienen una renta o retribución salarial (definición a contrario sensu), pero que es muy difusa cuando corresponde hacer una definición positiva del término, pues, como acabamos de reseñar, el mismo Marx osciló entre dos criterios que no siempre son complementarios: 1) la generación (o no) de plusvalor y 2) el impulso indirecto al trabajo productivo como parte de la división del trabajo.

Para explicarnos mejor, veamos la definición de trabajo improductivo de los economistas marxistas Pierre Salama y Jacques Valier, la cual se ajusta al primer criterio esbozado por Marx: “En el mismo seno de la categoría de improductivos coexisten diversas categorías de trabajadores totalmente diferentes. Así pueden coexistir los no asalariados y los asalariados, los asalariados explotados, y otros que no lo son. La categoría de improductivo va, así, ¡de la prostituta al clérigo, pasando por el polizonte, el juez, el maestro! Su único denominador común es el de no contribuir a la producción de la riqueza y participar sin embargo en su distribución.”10

Esta cita refleja a la perfección el carácter difuso del trabajo improductivo cuando se define a contrario sensu del productivo, a grado tal que incorpora categorías totalmente disímiles e incompatibles entre sí, desde un docente o trabajador de la salud, hasta un policía, prostituta o, incluso, un monarca que devenga un salario o renta estatal. Desde este ángulo se torna una categoría cuyo denominador común es no calificar como trabajadores o trabajadoras productivas desde la perspectiva del capitalista o del Estado burgués, pero que no sirve para delimitar la pertenencia real a la clase trabajadora, pues incorpora en una misma lista a personas explotadas y otras que son explotadoras o agentes de explotación (como los policías).

En vistas de lo anterior, consideramos que la mejor forma para determinar la pertenencia de un “improductivo” a la clase trabajadora es utilizando el criterio de la división social del trabajo. Nos explicamos mejor. Se comprende que una docente o un médico califique como trabajador improductivo desde la perspectiva de la división social del trabajo, pues su labor incide de forma indirecta en la productividad de los trabajadores productivos por medio de la calificación técnico-educativa y el cuidado de su salud, respectivamente.11 En contraparte, un policía no aporta absolutamente nada en el impulso de la productividad de la clase trabajadora, al igual que un cura subvencionado por el Estado o una mujer víctima de explotación sexual por medio de la prostitución (por lo cual nuestra corriente es abolicionista).

En suma, la categoría de trabajo improductivo en Marx se torna ambigua cuando se trata de precisar qué miembros de los improductivos hacen parte de la clase trabajadora. No hay que perder de vista que su obra fue pionera y, como tal, presenta claroscuros en ciertos puntos, particularmente cuando se trata de encontrar respuesta para los debates teóricos que se suscitan 180 años después de que escribiera las Teorías sobre la plusvalía.

Lo anterior explica las contradicciones entre el criterio a contrario sensu y el que parte de la división social del trabajo, el cual queda reflejado en la siguiente cita: “Aquí volvemos a encontrarnos con la sandez de que todo tipo de servicios produce algo: la cortesana, placer sexual; el asesino, homicidio, etc. Más aun, Smith dijo que toda forma de esta basura tiene su valor. Lo único que falta es que estos servicios se ofrezcan en forma gratuita. No se trata de ello. Pero aunque fuesen gratuitos, no aumentarían la riqueza (material) ni en un ápice.”12

En esta cita, Marx da a entender que el asesino es un trabajador improductivo porque no revaloriza el capital, lo cual coincide con la definición a contrario sensu. Pero dudamos que alguien afirme que un sicario empleado por un cartel de la droga es un miembro de la clase trabajadora o su actividad impulse indirectamente la productividad, aunque tenga una renta-salario sistemática por esta labor.

Por todo lo anterior, la acción policial puede considerarse un “trabajo” improductivo (aunque es más atinado denominarlo actividad o función) desde la perspectiva contable del Estado burgués, pero esto no significa que los agentes policiales hagan parte de la clase trabajadora desde la óptica de la división social del trabajo, pues su labor es resguardar la propiedad privada y los intereses de la clase capitalista en su conjunto, atentando contra la organización del movimiento obrero y haciendo parte de gran cantidad de negocios ilícitos.

Hilando más fino, los caracterizamos como un sector de la burocracia estatal cuyo objetivo es garantizar el dominio burgués y sin ningún vínculo de solidaridad con la clase obrera. Citamos un texto de nuestra corriente donde se profundiza esta definición: “Policía, Gendarmería, Prefectura y Fuerzas Armadas. En este caso está clarísimo, por función y por historia, que se trata de una capa burocrática que está puesta en función de mantener el orden de la explotación patronal y la autoridad del Estado capitalista. No se puede hablar de «trabajadores» o de un sector que pueda tener algún vínculo de solidaridad con ellos, sino de una capa social cuya especialidad es la represión y el control social de los explotados y oprimidos. En nada menoscaba esto el origen social de los integrantes de estas fuerzas. Es evidente que su base y muchos de sus mandos medios provienen de sectores humildes o, incluso, familias trabajadoras. Sin embargo, cuando entran en servicio este origen social es «borrado». Se trata de instituciones que «lavan la cabeza», que forman a sus integrantes en otro tipo de relaciones sociales; instituciones de «clausura» que suprimen las relaciones solidarias anteriores y establecen una nueva: ser perros guardianes del capital.”13

Los bolcheviques, la policía y el ejército

En el acápite anterior hicimos un abordaje teórico de la actividad policial, para lo cual nos apoyamos en los trabajos de Marx. Pero también es necesario remitirse a la experiencia histórica para comprender el papel de la policía ante las revoluciones y, por extensión, la actitud de las corrientes revolucionarias frente a esta institución represiva.

Optamos por referirnos al caso de los bolcheviques en su lucha contra el zarismo, pues consideramos que es un buen ejemplo para analizar y, además, porque en la nota de la LIT en cuestión, aducen que su orientación de apoyar las huelgas policiales y la sindicalización del sector es “la posición leninista”, lo cual no se corresponde con la realidad.

Acorde a los teóricos de la LIT, la táctica leninista para la policía consiste en “dividir a las fuerzas represivas”, lo cual pasa por defender la sindicalización y acompañar sus luchas reivindicativas y, posteriormente, enfrentarlos militarmente en la lucha por el poder: “Solo es posible que la clase obrera pueda enfrentar y vencer la represión en su camino en la defensa de sus reivindicaciones primero, y en la lucha política por el poder luego, si aprende a enfrentarlos con la fuerza, a desarrollar la autodefensa contundente y efectiva de sus organizaciones y movilizaciones por un lado. Y por otro, a tener una política para dividirlas, romper su disciplina y moral, y neutralizar todo un sector del brazo armado del sistema capitalista.”14

De entrada, nos resulta incomprensible como la clase obrera puede enfrentar la represión apoyando las luchas reivindicativas de los policías, con las cuales persiguen mejores condiciones… ¡para reprimir! La táctica “anti-represiva” de la LIT es como pegarse un tiro al pie y, antes que desmoralizar a los agentes policiales, da como resultado una revalorización de su labor represiva.

Además, llama la atención la fragmentación formal de su táctica entre los momentos ordinarios y las situaciones revolucionarias cuando se plantea la lucha por el poder y corresponde impulsar la autodefensa contra la represión policial. Opinamos lo contrario, pues la autodefensa es una tarea que las corrientes revolucionarias debemos incentivar permanente entre los sectores explotados y oprimidos que salen a luchar, aunque bajo rigurosos criterios políticos que contemplen la correlación de fuerzas para no incurrir en el aventurerismo ultraizquierdista. De ahí que pregonar que los policías son “hermanos de clase” confunde al movimiento de masas para asumir a fondo la autodefensa contra la represión.

Esta postura denota dos incomprensiones de orden teórico e histórico. Con relación a la primera, parte de la postura de la LIT de asumir la represión como un trabajo más, por lo cual igualan una lucha salarial de la policía con la pelea docente por mejores condiciones en las paritarias. En el plano histórico, obedece a una confusión de la táctica de los bolcheviques hacia el ejército de masas durante la revolución de 1917, que dista mucho del accionar que tuvieron hacia la policía en tanto fuerza represiva profesional del zarismo.

El bolchevismo se curtió en una larga lucha contra la represión de la Ojrana (la “Defensiva”, policía secreta zarista), la cual destacaba entre sus pares europeas por los sofisticados métodos para infiltrar y desarticular grupos revolucionarios.15 Al respecto, es muy reconocida la obra de Víctor Serge, Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión, la cual elaboró tras la apertura de los archivos secretos de la policía luego del triunfo de la revolución rusa.

En las primeras páginas del folleto, Serge justifica el estudio de la represión policial vinculado a una caracterización contundente de esa institución: “Resulta, pues, necesario, para un fin práctico, estudiar bien el instrumento principal de toda reacción y de toda represión: esa máquina de estrangular revueltas llamada policía”.16 Más adelante, profundiza esta caracterización cuando señala que “la coerción –que comienza con la pacífica orden del agente de policía y termina con el golpe de la guillotina, pasando por presidios y penitenciarías- es el ejercicio sistemático de la violencia legal contra los explotados…”.17

Es una definición que no deja dudas sobre la función explícitamente contrarrevolucionaria de la represión policial, la cual no era considerada por los revolucionarios rusos como una forma de trabajo más, a pesar de existir una relación salarial de por medio.

En correspondencia con esto, la investigación de Serge destaca la vasta red de agentes provocadores que la Ojrana construyó durante dos décadas, reclutando a unas 35 o 40 mil personas para infiltrar y destruir a los grupos revolucionarios a cambio de una renta o salario, cuyo monto variaba según los servicios y capacidades de cada agente. En su mayoría eran militantes reclutados por la policía tras identificar debilidades personales (cobardía, aventureros o diletantes) o desmoralización política y, aunque su extracción social era muy diversa, abarcando desde estudiantes, intelectuales y obreros, todos terminaban imbuidos por la facilidades materiales y la impunidad derivada de trabajar con la policía: “A la vuelta del tiempo se acostumbrará a las ventajas materiales de esta odiosa situación, tanto más cuanto que en el secreto de su actividad se sentirá perfectamente segura”18.

Lo anterior es un apunte muy agudo de Serge, porque ejemplifica la transmutación social de los agentes de policía producto del régimen de impunidad alrededor de su actividad, una condición material de existencia que modifica por completo la psicología de los individuos, cualquiera sea su origen de clase. Como señalamos anteriormente, la institución policial desclasa a sus miembros al incorporarlos a una fuerza represiva externa a la clase trabajadora, cuya finalidad es garantizar el dominio de la burguesía por medio de la violencia organizada desde arriba.

Esto lo tenía claro Lenin, quien no consideró a los policías como trabajadores ni planteó organizarlos en sindicatos, incluso en medio de situaciones revolucionarias. Por el contrario, su táctica apuntó en otro sentido: golpearlos o asesinarlos. Eso fue lo que sugirió durante la revolución de 1905, cuando presionaba al partido para que conformara destacamentos de combate de obreros y jóvenes de cara a la insurrección, a los cuales urgía que atacaran a la policía por entrenamiento: “Algunos destacamentos, ya mismo, pueden dar muerte a un confidente de la policía, o provocar la voladura de una comisaría (…) Pero, obligatoriamente, hay que comenzar en seguido a aprender en la práctica: no teman esos ataques de prueba (…) Que cada destacamento haga su aprendizaje aunque no sea más que zurrando [azotar o pegar] a los policías”.19

Nótese que Lenin no sólo llama a atacar a los confidentes de la policía, también incitaba a dinamitar las comisarías o, cuando menos, golpear a oficiales ordinarios de policía en la calle, con tal de adquirir destrezas para la esperada insurrección. De considerarlos parte de la clase trabajadora e idóneos para conformar sindicatos, dudamos que impulsara esta táctica extrema para tales fines; por el contrario, denota que Lenin los asumía como el brazo armado del régimen zarista y la burguesía, ante los cuales el movimiento obrero no debía mostrar la mínima contemplación.

Diferente fue el accionar de los bolcheviques con respecto al ejército durante la revolución de 1917, lo cual nos parece importante precisar. En ese momento Rusia estaba inmersa en la primera guerra mundial, por lo cual ejecutó una leva en masa, es decir, el reclutamiento obligatorio de millones de hombres en edad para la actividad militar. Así, el ejército ruso combinó una minoría de soldados profesionales con enormes contingentes de obreros y sobre todo campesinos jóvenes, constituyéndose como una formación social artificial que modificó las relaciones entre las clases sociales coyunturalmente, tal como lo definió Trotsky en Historia de la revolución rusa: “Pero la relación fundamental entre las clases se modificó a causa de la guerra y sufrió una alteración temporal bajo la presión del ejército como organización de los campesinos déclassés y armados.”20

Lo anterior es determinante para comprender la táctica de los bolcheviques hacia el ejército durante la revolución, pues el mismo pasó de ser un ejército profesional de tiempos de paz a transformarse en uno de masas durante la guerra, donde se manifestaron todos los antagonismos sociales que atravesaban a la sociedad rusa de ese entonces, haciéndolo militarmente deficiente pero vital para definir el futuro de la revolución: “El ejército estaba incurablemente enfermo, y únicamente era útil para decidir la suerte de la revolución; pero para la guerra era como si no existiese”.21

Por este motivo, era necesario llevar la propaganda revolucionaria a las trincheras y campamentos militares para pelear la conciencia de millones de soldados campesinos y obreros, los cuales estaban hartos de la guerra, del zarismo y deseosos de retornar a sus hogares. Ante esto, los bolcheviques pusieron en pie una organización militar para lograr influencia entre las masas populares del ejército: “Antes de la revolución nuestro partido disponía de una organización militar. Su objetivo era doble: hacer propaganda revolucionaria entre las tropas y preparar en el ejército mismo puntos de apoyo para el golpe de estado. Como la agitación revolucionaria había ganado a todo el ejército, la tarea propiamente organizativa de las células bolcheviques en los regimientos no fue especialmente visible. Sin embargo, fue considerable…”.22

A juicio de Trotsky, esta “labor hormiga” fue de enorme importancia para la extensión de las ideas y consignas de los bolcheviques entre las masas campesinas, donde tradicionalmente el partido no tenía mucha fuerza por ser un partido de la clase obrera y con más arraigo en los centros urbanos industriales. Pero esta distancia social y geográfica se cerró por la actividad de propaganda en el ejército, sobre todo cuando se desató la revolución en el campo: “Labor infinitamente más importante fue la cumplida por centenares de miles y por millones de soldados que desertaban del frente o de las guarniciones de la retaguardia y conservaban en sus oídos las sólidas consignas escuchadas a los oradores en los mítines. Los mudos del frente retornaban a sus hogares aldeanos sólo para convertirse en habladores. Y no faltaban los oídos ávidos.”23

La diferencia de táctica de Lenin hacia la policía y el ejército de masas (no profesional) se desprenden de su concepción teórica del Estado y las fuerzas represivas, la cual sintetizó magistralmente en El Estado y la revolución, donde las definió de la siguiente manera: “El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder estatal (…) destacamentos especiales de hombres armados (…) situados por encima de la sociedad y divorciados de ella…”.24 La última línea de la cita denota que para Lenin la policía y el ejército permanente profesional eran fuerzas armadas externas a la clase trabajadora; cuerpos represivos que, aunque reclutaran a sus miembros entre los sectores populares, estaban divorciados de la sociedad.

Todo lo anterior no excluye que las tácticas hacia las fuerzas represivas varíen según las circunstancias, pues también la experiencia histórica contabiliza casos de policías que desisten de reprimir ante la presión del movimiento de masas. En este sentido, la política domina sobre el aspecto militar: hay momentos donde la orientación es el enfrentamiento contra la represión, mientras que en otras situaciones es factible que los agentes policiales renuncien a reprimir producto de la presión del movimiento de masas. Por eso, tácticamente es correcto llamar a los policías a no reprimir una lucha en concreto, pero sin perder de vista que son parte del enemigo y que en cualquier momento te pueden cargar a palos, ante lo cual hay que responder con medidas de autodefensa.

Durante la revolución rusa de febrero hubo casos de confraternización de los cosacos con las masas obreras, las cuales fueron alentadas por los cuadros bolcheviques. Al respecto, citamos en extenso un hermoso pasaje de Trotsky donde relata un evento de este tipo: “El obrero bolchevique Kajurov, uno de los auténticos caudillos de estas jornadas, cuenta que en unos de los puntos de la ciudad, cuando los manifestantes, corridos a latigazos por la policía montada, se dispersaban pasando junto a un destacamento de cosacos, Kajurov y algunos obreros que no habían imitado a los fugitivos se acercaron a los cosacos y quitándose las gorras les dijeron: ´Hermanos cosacos: ayudad a los obreros en la lucha por sus demandas pacíficas; ya veis cómo nos tratan los «faraones» a nosotros, los obreros hambrientos. ¡Ayudadnos!` Aquel tono conscientemente humilde, aquellas gorras en las manos, ¡qué cálculo psicológico más sutil, qué inimitable gesto! Toda la historia de las luchas en las calles y de las victorias revolucionarias está llena de semejantes improvisaciones. Pero esos episodios desaparecen sin dejar huella en el torbellino de los grandes acontecimientos, y a los historiadores no les quedan más que las cáscaras de los lugares comunes. ´Los cosacos –prosigue Kajurov- se miraron unos a otros de un modo extraño. Y apenas habíamos tenido tiempo de retirarnos cuando se lanzaron a la pelea`. Minutos después, la multitud jubilosa alzaba en hombros, cerca de la estación, al cosaco que delante de sus ojos había derribado de un sablazo a un agente de policía.” 25

Por último, también hay que tener tácticas diferenciadas para los ejércitos donde prevalece la conscripción que, si bien no es igual a una leva de masas, las personas reclutadas por este método no son soldados profesionales, sino que realizan esa actividad por un tiempo determinado. Un caso emblemático fue el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, cuando se reclutaron a cientos de miles de jóvenes por medio de sorteos de conscripción, muchos de los cuales a su regreso se convirtieron en un pilar del movimiento anti-guerra; asimismo, la lucha por los derechos civiles impactó en el campo de batalla, dándose muchos casos de asesinatos de oficiales racistas por parte de soldados afroamericanos.26 Un caso más reciente es la protesta de Hallel Rabin, una joven israelí de 18 años que se negó a cumplir con el servicio militar obligatorio en el ejército sionista en repudio a la opresión contra el pueblo palestino, por lo cual fue encarcelada en varias ocasiones.

Las rebeliones populares enfrentan a la policía

Además de analizar a la policía desde un ángulo teórico e histórico, también es preciso hacerlo a partir de la experiencia actual de la lucha de clases, en particular de las rebeliones populares donde el movimiento de masas enfrenta a gobiernos cada vez más autoritarios que no dudan en hacer uso extremo de las fuerzas policiales.

Debido a esto, en los últimos años resurgió (y se internacionalizó) un sentimiento anti-represivo muy progresivo entre amplios sectores de la juventud, las mujeres, la clase trabajadora y el conjunto de los sectores oprimidos, los cuales regularmente son víctimas de la represión policial cuando desafían los ataques de sus gobiernos o cuestionan formas estructurales de violencia y opresión social. Muestra de esto es la difusión de ACAB, acrónimo en inglés de la frase “All cops are bastards” (todos los policías son bastardos).

El caso más reciente y elocuente es la rebelión antirracista en los Estados Unidos, cuyo detonante fue el brutal asesinato de George Floyd a manos de un grupo de policías, hecho que fue grabado y viralizado por las redes sociales, lo cual provocó un estallido social sin precedentes en ese país imperialista desde los años sesenta del siglo XX. Durante semanas se desataron verdaderas batallas callejeras en las principales ciudades del país contra la fuerza policial y la Guardia Nacional, fuerzas represivas que actuaron como protectores del capitalismo racista estadounidense, arremetiendo contra las protestas y obstruyendo la cobertura de medios de comunicación (¡hasta la ONU se pronunció contra la represión policial!).

Aunque al frente de la rebelión antirracista estuvo la comunidad afroamericana, también fue notable que sumó a enormes porciones de la población latina y blanca, reflejo del repudio generalizado contra el asesinato de George Floyd, pero también a la institución policial como tal que, en el caso estadounidense, figura como una de las más sangrientas del mundo, asesinando entre 1.000 y 1.200 personas por año, siendo la población negra una de sus principales víctimas al representar el 25% de los casos, a pesar de constituir solamente el 13% de la población estadounidense.27

Por eso, no sorprende que la rebelión antirracista destacara por los enfrentamientos con las fuerzas represivas, lo cual se expresó con la quema de patrullas y los reiterados ataques contra los departamentos policiales en varias ciudades, manifestación del odio de las masas hacia esa institución represiva y racista. Asimismo, producto de las protestas se instaló un debate nacional sobre qué política tener hacia la policía, cuya expresión más radical es la que aboga por abolir esta institución.

Si bien es cierto la consigna “Abolish the police” se masificó mucho en estos meses, en realidad es una reivindicación que sectores del movimiento afroamericano levantan desde hace muchos años, los cuales llegaron a la conclusión de que es imposible reformar dicha institución mediante capacitaciones en derechos civiles a los oficiales o estableciendo mayores controles internos, debido a que la policía estadounidense desde sus inicios destacó por ser racista y estar del lado de los ricos.

Esta es la postura de Mariame Kaba, una activista contra la criminalización, la cual expuso con claridad el carácter racista y burgués de la policía estadounidense en una nota de opinión en The New York Times el 12 de junio anterior: “No hay una sola era en la historia de Estados Unidos en la que la policía no haya sido una fuerza de violencia contra los negros. La policía en el sur surgió de las patrullas de esclavos en los años 1700 y 1800 que capturaron y devolvieron esclavos fugitivos. En el norte, los primeros departamentos de policía municipales a mediados del siglo XIX ayudaron a sofocar las huelgas laborales y los disturbios contra los ricos. En todas partes, han reprimido a las poblaciones marginadas para proteger el status quo.”

Esta cita es muy esclarecedora sobre el papel histórico de la policía estadounidense como institución represora que protege los intereses de los ricos, cuyo origen obedeció a la necesidad de resguardar la dominación de los terratenientes esclavistas y los burgueses industriales. Esto coincide con la caracterización marxista de las fuerzas represivas como un ente externo o divorciado de la sociedad, el cual ejerce una violencia organizada desde arriba y protegida por la impunidad (reivindicación central de los “sindicatos” policiales, como veremos más adelante).

En relación a esto último, Kaba también se posiciona contra las corrientes que pregonan “reformar” la policía por medio de controles internos, algo imposible de conseguir porque los agentes policiales tienen vía libre para actuar por fuera de la ley sin ningún tipo de consecuencia: “La filosofía que sustenta estas reformas es que más reglas significarán menos violencia. Pero los agentes de policía infringen las reglas todo el tiempo. Mire lo que ha sucedido en las últimas semanas: agentes de policía cortando neumáticos, empujando a ancianos frente a la cámara y deteniendo e hiriendo a periodistas y manifestantes. Estos oficiales no están preocupados por las repercusiones…” 28

Otro caso por analizar es la rebelión chilena, la cual evidenció la violencia e impunidad que rodea a las fuerzas represivas de ese país, herencia del régimen militar de Pinochet. Según los datos brindados por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile, entre el 18 de octubre y el 18 de marzo de 2020 se contabilizaron 3.023 casos de víctimas de violaciones a los derechos humanos, 163 con traumas oculares y 460 denuncias por torturas. Este mismo organismo interpuso en ese período de tiempo 2.520 querellas, de las cuales 2.340 están dirigidas contra miembros de los Carabineros (denominación de la policía chilena).

Pero, al igual que acontece con la policía en los Estados Unidos, los carabineros están protegidos por un régimen de impunidad tácito, tal como se desprende de un informe del Centro de Investigación Periodística (CIPER): “Los civiles acusados de cometer supuestos delitos durante las manifestaciones que permanecen privados de libertad son 497. De ellos, 216 están bajo arresto domiciliario. Los policías y efectivos de Fuerzas Armadas investigados por la Fiscalía por supuestas violaciones de derechos humanos son 466. De estos, 64 están formalizados. Hasta el 15 de junio las acusaciones por eventuales abusos de DDHH ascendían a 8.510, pero sólo 800 se han traducido en querellas. El gobierno, en tanto, ha presentado 1.914 acciones judiciales contra 3.274 personas acusadas de incendio, agresión a uniformados y, principalmente, desórdenes.”29

Nuevamente queda expuesto que las fuerzas represivas actúan con la venia del Estado burgués y los gobiernos de turno, lo cual explica la impunidad que protege sus reiteradas violaciones a los derechos humanos, lo cual aplica en Chile, Estados Unidos y cualquier lugar del mundo. Esto no es algo circunstancial, sino que hace parte de lógica implícita en el funcionamiento de los cuerpos policiales, cuyo objetivo es garantizar la dominación de los capitalistas por medio de la violencia organizada desde arriba, para lo cual los agentes policiales deben contar con vía libre para actuar contra los sectores explotados y oprimidos que desafían los ataques de los de arriba.

Podríamos seguir contabilizando casos de la brutalidad policial en otros procesos de rebelión popular o estallidos sociales, como ocurrió hace unos meses en Colombia luego del asesinado de Javier Ordoñez, en Bolivia durante el golpe de Estado del año anterior, en Costa Rica durante las movilizaciones contra el FMI o más recientemente en Argentina durante el desalojo de Guernica. Ante esto, la respuesta que tenemos que dar desde la izquierda revolucionar es impulsar formas de autodefensa al estilo de la primera línea chilena, antes que pregonar que “los uniformados también son explotados”, consigna que confunde al movimiento de masas en la comprensión de la policía como un enemigo de clase ante el cual es necesario defenderse por todos los medios.

También es posible que agentes de policía simpaticen con una lucha o se muestren indecisos con reprimir, ante lo cual las corrientes revolucionarias no pueden actuar de forma sectaria o ultraizquierdista. Anteriormente vimos el caso de los bolcheviques durante la revolución rusa, pero también podemos apoyarnos en experiencias más recientes, como la rebelión antirracista en Estados Unidos cuando se produjeron casos de confraternización de agentes policiales con las protestas, los cuales se arrodillaron ante las movilizaciones o se sumaron a las marchas, algo que consideramos progresivo y que se explica únicamente por la enorme presión del movimiento de masas. Pero alentar la confraternización no es igual a defender la sindicalización de la policía; la primera es una táctica anti-represiva que cuando se realiza es efectiva y progresiva, la segunda es una orientación cuyos resultados concretos son desastrosos, pues tiende a fortalecer la impunidad alrededor de la actividad policial.

¿Huelgas y sindicatos policiales?

A esta altura de nuestra exposición, queremos problematizar el empleo por parte de la LIT de los conceptos de huelga y sindicato cuando se refiere a los conflictos y organizaciones gremiales policiales, lo cual nos parece un completo desatino que se desprende de su errada caracterización de las fuerzas represivas como parte de la clase trabajadora.

La huelga es una medida de fuerza colectiva de sectores trabajadores contra las condiciones de explotación y, en ocasiones muy particulares, incorporan exigencias políticas, tales como reivindicaciones democráticas contra gobiernos dictatoriales o la oposición a los acuerdos con el FMI. De ahí que la victoria de una huelga obrera siempre constituye un hecho progresivo, pues sienta un precedente o ejemplo a seguir para el resto de la clase trabajadora y los sectores explotados.30

Caso contrario sucede con los reclamos policiales, los cuales optamos por definir como conflictos o levantamientos según el grado de radicalización que presenten, porque su objetivo es consolidar mejores condiciones para ejercer la represión en función de la burguesía, de lo cual se desprende que su triunfo es regresivo para los sectores explotados y oprimidos. Como se indica en una nota de nuestra corriente sobre el tema, en los conflictos policiales “El «hecho económico» queda subordinado a una acción de fuerza (se trata de personal armado) que quiérase o no, se coloca desde la derecha cuestionando las libertades democráticas.”31

La LIT pierde de vista el contenido político de derecha consustancial a todo conflicto policial, pues consideran que la represión es un trabajo más y se obnubila por los reclamos salariales contra el gobierno burgués de turno, lo cual asumen automáticamente como algo progresivo. La siguiente cita sobre el levantamiento de la bonaerense es un ejemplo de eso: “Pero la realidad es la realidad: muchos de ellos no tienen vivienda, llegan mal a fin de mes, y sufren privaciones con sus familias. Eso es lo que provocó la protesta policial. En un contexto de una fuerza que sumó 42.000 agentes más las policías municipales (los “Pitufos”), sin ninguna formación y provenientes de los sectores más precarios de la sociedad, y de la destrucción social del 2000.”32

¡Nótese como los teóricos de la LIT “embellecen” a la policía con su retórica objetivista para darle un barniz “clasista” al levantamiento de la bonaerense! Pero la realidad es mucho más rica y compleja que el panfleto de las sectas objetivistas, cuya comprensión del mundo y la lucha de clases se reduce a un simple razonamiento tautológico (“la realidad es la realidad”) que pierde de vista el peligro de un levantamiento de 42 mil hombres armados cuya labor cotidiana es reprimir las luchas obreras, ser copartícipes del narcotráfico y la explotación sexual, así como tener en su historial una enorme lista de víctimas por el “gatillo fácil”.

¿Cómo se explica que los agentes de policía, si son agentes fundamentales al servicio de la burguesía, tengan conflictos con los gobiernos sobre sus condiciones salariales? Para responder esta pregunta nos remitimos nuevamente a las Teorías sobre la plusvalía, donde Marx analizó el cambio que experimentó la burguesía con respecto al aparato estatal, pues mientras en su ascenso revolucionario abogaba por la reducción de los servidores públicos a la menor cantidad dado que vivían de la “industria ajena” por medio del cobro de impuestos, cuando ganó la batalla contra la nobleza y sometió al Estado a su dominio y “reconoció las profesiones ideológicas como carne de su carne”, se mostró más benevolente con la manutención de esos funcionarios estatales, lo cual incluye a las fuerzas represivas: “cuando los propios trabajos espirituales son ejecutados cada vez más a su servicio y entran al de la producción capitalista, entonces las cosas adquieren un nuevo aspecto, y la burguesía trata de justificar ´económicamente`, desde su propio punto de vista, lo que en una etapa anterior criticó, y contra lo cual luchó”.33

A pesar de esto, es un hecho que el aparato estatal vive de la “industria ajena”, algo que resulta molesto a los capitalistas en tanto tienen que trasladar parte de sus ganancias hacia el Estado por la vía de impuestos y, aunque defienda sus intereses históricos como clase dominante, no deja de ser una renta odiosa para los burgueses, la cual buscan aliviar reduciendo la carga tributaria por medio de exoneraciones fiscales y presionando para recortar el costo de la planilla estatal (con más razón en tiempos de crisis económica). Así, la lógica del sistema capitalista genera una contradicción entre el Estado burgués y las fuerzas represivas a su servicio, la cual incluye la pugna por la remuneración salarial de los cuerpos policiales.

Aunado a esto, los conflictos o levantamientos policiales suelen incorporar reivindicaciones políticas, sobre todo las concernientes a garantizar la impunidad sobre los agentes, la cual funciona como una garantía para ejercer la violencia sistemática sin preocuparse de futuras repercusiones. Esto quedó patente en el caso de la bonaerense, algo que la LIT coloca en un segundo plano: “Intencionalmente se puso énfasis en algunos reclamos de impunidad –que existían y rechazamos- y en el carácter corrupto de algunos de los voceros. Eso existió, pero no fue lo que detonó el conflicto. Por eso, se levantó en cuanto el gobierno accedió a poner plata.”34

Las reivindicaciones de impunidad son centrales para las organizaciones policiales y constituyen una respuesta ante las exigencias desde la sociedad para frenar y castigar la violencia policial. El solo hecho de que figurara en el petitorio del levantamiento policial es un hecho político que no se puede menospreciar, incluso si no hizo parte de los arreglos formales (bien pudo arreglarse de forma extraoficial), porque su sola enunciación le marca la cancha al gobierno y lanza un desafío al conjunto de la sociedad en medio de un creciente cuestionamiento por los asesinatos de Santiago Maldonado y Facundo Castro: ¡somos represores, lo vamos a seguir siendo y no vamos a permitir que nos juzguen por eso!

Para profundizar más sobre el tema, nuevamente nos remitimos a la experiencia concreta de los “sindicatos” policiales en los Estados Unidos, los cuales destacan por ser ultra-conservadores y defender a ultranza la impunidad de sus agremiados. En ese país existen más de 140 “sindicatos” de policías que representan a unos 800 mil agentes. Hasta los años sesenta se les reconoció el derecho a la sindicalización, cuando se consignó a los policías como “trabajadores de servicios de protección”, permitiéndoseles negociar convenciones colectivas de trabajo al igual que cualquier otro gremio sindical.

En la sana teoría, esto tendría como fin mejorar las condiciones laborales del gremio, pero en realidad abrió un portillo para dejar impune a los agentes policiales, lo cual concluyó una investigación realizada por la Universidad de Chicago: la “sindicalización” de la policía generó un aumento del 40% en los casos de violencia de dicha institución.

De acuerdo a la investigadora María Clara Albisu, los “sindicatos” policiales utilizan las negociaciones colectivas para incluir cláusulas de impunidad, lo cual asumen como su principal reivindicación gremial. Para esto desarrollaron una táctica muy simple: aprovechan las coyunturas de crisis económica para exigir mejoras salariales y, ante la incapacidad de los Estados o ciudades por conceder aumentos significativos, bajan sus exigencias salariales a cambio de instaurar o mejorar las cláusulas de impunidad, como la remoción de los expedientes disciplinarios de los agentes cada cierto tiempo, restricciones para que la ciudadanía denuncie a los agentes de forma anónima por temor a represalias, así como la reducción extrema de los plazos de tiempo en que se pude interponer una denuncia a partir del momento que ocurrió el hecho de violencia policial.

Esto genera una situación sumamente peligrosa, pues los sindicatos policiales ejercen un fuerte control sobre su propia labor, cuestionando desde la derecha las libertades democráticas: “El creciente control de la policía sobre su propia disciplina se perfila como un factor de peligro agazapado para la democracia y la administración de justicia. Las consecuencias del abuso de la negociación colectiva se miden en cadáveres.” 35

Lo anterior no es una suposición, sino que las estadísticas oficiales demuestran lo tortuoso de castigar o encarcelar a un policía en los Estados Unidos, producto de las cláusulas de impunidad de las convenciones colectivas: “Según un estudio de la Universidad de Ohio junto al diario The Washington Post, desde 2005 hasta 2019 sólo 110 policías han sido acusados formalmente de homicidio durante su tiempo de servicio, y de esa cantidad sólo 35 han sido encontrados culpables. Mientras tanto, durante el mismo período unas 15.000 personas han muerto por disparos de un policía en servicio.” 36

Dicho esto, no resulta extraño que los “sindicatos” policiales muestren una tendencia al crecimiento de sus afiliados, los cuales representan el 33% de los sindicalizados en el sector público, superando al gremio de maestros, lo cual se explica por la cobertura de impunidad que brindan estas organizaciones para sus miembros: “El mayor factor detrás del crecimiento, de acuerdo a los especialistas, es que sindicalizarse constituye una especie de ´póliza de seguro` para un policía. Una que garantiza su impunidad y lo protege de las consecuencias de sus actos. Es su propia versión distorsionada de la conciencia de clase.” 37

Por último, nos oponemos a denominar como sindicatos a las agrupaciones policiales; por eso utilizamos las comillas hasta ahora para referirnos a los “sindicatos” policiales. Los sindicatos son organizaciones progresivas, en tanto organizan a los trabajadores y trabajadoras para luchar por mejores condiciones laborales o por otras reivindicaciones sociales generales, totalmente diferente a como sucede con los agentes policiales, cuya organización tiene por objetivo garantizar la impunidad y mejores condiciones para reprimir a los sectores explotados y oprimidos: “Esto conecta con otro problema: confundir sindicato con corporación y creer que cualquier organización de «solidaridad» entre pares es un sindicato o algo “progresivo”. Bajo el capitalismo, los empresarios de igual rama o incluso los empresarios de conjunto, se organizan en “carteles” o instituciones (…) bajo relaciones de solidaridad frente al conjunto de las otras clases. Pero a nadie se le ocurriría decir que por eso son «sindicatos» como los de los trabajadores… Lo propio ocurre con la Policía: promover o admitir su sindicalización en épocas “normales” sólo les daría herramientas para llevar adelante -frente al resto de la sociedad- sus reclamos corporativos, que nada tienen que ver con los de los explotados y oprimidos.”38

Nuestro programa: abolición de la policía y autodefensa contra la represión

En su texto de polémica, el PSTU de Argentina hace referencia a la cita de Trotsky que empleamos al inicio del artículo, donde indica que, aunque los agentes policiales fuesen reclutados entre los obreros socialdemócratas, por eso no dejaban de ser policías burgueses. Aunque la cita es clara sobre la caracterización de Trotsky, en la nota sostienen que esto no implica que el revolucionario ruso se opusiera a la sindicalización de la policía: “De esa cita se desprende que Trotsky sería contrario a la sindicalización policial. Nunca escribió eso.”39

A decir verdad, desconocemos si en alguna de las decenas (¡o cientos!) de miles de páginas que escribió Trotsky a lo largo de su vida, exista una línea donde literalmente se oponga a la sindicalización de los policías. Pero salta a la vista que no se ocupa tener esa frase en mano para concluir que Trotsky no apoyaba la sindicalización ni los levantamientos policiales, pues explícitamente los califica como policías burgueses independientemente de su origen de clase. Dudamos que el revolucionario ruso considerara prudente organizar a los agentes armados de la burguesía para que tuvieran mejores condiciones para reprimir al movimiento obrero y las corrientes revolucionarias.

De hecho, esta conclusión no es exclusiva de las corrientes revolucionarias trotskistas (a excepción de la LIT y otras organizaciones morenistas), sino que amplios sectores de la vanguardia obrera y de los movimientos sociales la asumen como propia. Al respecto, es llamativo que, en los Estados Unidos, desde el movimiento Black Lives Matter y diferentes organizaciones sindicales presionen a la AFL-CIO para que expulse de la confederación a los “sindicatos” policiales, pues consideran imposible ser parte una misma central obrera donde hay agentes de policía cuya labor es reprimirlos cuando salen a luchar.

En este sentido, es totalmente equivocado plantear que una política transicional para combatir la represión policial es impulsar la sindicalización; por el contrario, es una orientación que no guarda relación con la experiencia histórica del marxismo revolucionario y, por si fuera poco, choca con las conclusiones sumamente progresivas que están alcanzando amplios sectores de la vanguardia sindical, juvenil, feminista y anti-racista en diferentes lugares del mundo: que la policía es la fuerza armada de los capitalistas y el Estado burgués, a la cual hay que enfrentar con métodos de lucha radical al estilo de la primera línea.

Desde Socialismo o Barbarie denunciamos que los policías no son parte de la clase trabajadora, nos oponemos a que se organicen en “sindicatos” y tampoco apoyamos sus reclamos salariales o por impunidad. Sostenemos que hay que luchar por la abolición de las fuerzas policiales y ganar al movimiento obrero y los movimientos sociales a esta perspectiva, lo cual es un primer paso para comprender mejor la tarea de la autodefensa contra la represión.

Por otra parte, tampoco obviamos que en momentos de crisis revolucionaria o en situaciones marcadas por la radicalización de la lucha de clases, se produzcan fisuras entre las capas bajas de las fuerzas policiales, producto de la presión del movimiento de masas y, ante todo, de la incertidumbre por su futuro si cae el gobierno o por la amenaza directa de la fuerza de la resistencia popular. En esas circunstancias se puede lanzar una ofensiva para profundizar la desmoralización de los agentes policiales con el objetivo de que no repriman o incluso para que confraternicen con las luchas, pero es una táctica que se puede emplear sin dejar la autodefensa (o incluso la ofensiva) contra la represión. Esto es muy diferente a organizarlos sindicalmente como policías para revalorizar su actividad represiva como plantea la LIT.

Finalizamos con una cita de un texto de nuestra corriente, el cual sintetiza nuestra política hacia la policía: “Sin embargo, sigue siendo válido algo establecido clásicamente por León Trotsky. Este señalaba que el factor más importante que conllevaba a la división del ejército y las fuerzas de seguridad no era ninguna «sindicalización», sino el temor y las relaciones de fuerza. Es decir, el hecho de que las fuerzas de seguridad entren en pánico ante la falta de garantías acerca de su futuro bajo la presión de los acontecimientos revolucionarios. En esas condiciones lo que procede es un trabajo de zapa material e ideológico para dividir esas fuerzas armadas. Pero la orientación estratégica en ese trabajo es, y ha sido siempre para el marxismo revolucionario, la destrucción de las fuerzas armadas y de seguridad del estado capitalista, no su reforma.”40

Bibliografía

1 “La izquierda y su capitulación ante el conflicto policial”. En https://litci.org/es/menu/polemica-menu/argentina-la-izquierda-y-su-capitulacion-ante-el-conflicto-policial/ (Consultada el 29/09/2020).

3 Trotsky, Revolución y fascismo en Alemania, p. 81.

4 “Menos achismo, mais marxismo: Sobre a polêmica a respeito da natureza de classe do corpo policial”. En https://www.pstu.org.br/menos-achismo-mais-marxismo-sobre-a-polemica-a-respeito-da-natureza-de-classe-do-corpo-policial/ (Consultada el 29/09/2020).

5 Marx, Teorías sobre la Plusvalía, p. 129.

6 Ídem, 133.

7 Howell, «Una vez más sobre el trabajo productivo e improductivo». En https://www.marxists.org/espanol/tematica/econpol/howell/trabajo.htm#II (Consultado el 03/10/2020).

8 Marx, Teorías sobre la Plusvalía, p. 134.

9 Ídem, p. 251.

10 Salama y Valier, “Una introducción a la economía política”, p. 156.

11 Para hacer más complejo el asunto, Peter Howell aduce que el trabajo de salud es productivo cuando se trata de la atención directa de un trabajador productivo: “Una enfermera, por ejemplo, no se limita a reemplazar el valor de la fuerza de trabajo del paciente sino que se suma a ella, a pesar de que la enfermería en sí no entra en el propio proceso de trabajo. Una vez más nos encontramos con trabajo sui generis, pero en este caso tenemos fuerza de trabajo que actúa directamente sobre la fuerza de trabajo, una relación entre una persona y otra, entre trabajador y trabajador, que modifica la relación en su contenido, aunque no en su forma económica.” 

12 Marx, Teorías sobre la Plusvalía, p. 251-52.

13 “Un análisis de clase de las fuerzas de seguridad”. En http://izquierdaweb.com/un-analisis-de-clase-de-las-fuerzas-de-seguridad/ (Consultado el 16/10/2020).

14 «La izquierda y su capitulación ante el conflicto policial». En https://litci.org/es/menu/polemica-menu/argentina-la-izquierda-y-su-capitulacion-ante-el-conflicto-policial/ (Consultada el 29/09/2020).

15 Además de las tácticas represivas, la Ojrana impulsó el “sindicalismo policial” o zubatovismo, nombrado así porque Zubátov, el jefe de la Gendarmería de Moscú, era el encargado de esta labor. Paradójicamente, aunque el objetivo era organizar a la clase obrera en sindicatos dóciles con el régimen, a la postre impulsaron el desarrollo de los movimientos revolucionarios, a grado tal que la revolución de 1905 estalló tras la masacre del Zar contra una marcha pacífica dirigida por el padre Gapón, uno de los protegidos de Zubátov.

16 Serge, Víctor, Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión, p. 11.

17 Idém, p. 83-84.

18 Idém, p. 41.

19 Cliff, Lenin. La construcción del partido, p. 223.

20 Trotsky, Historia de la revolución rusa (I tomo), p 327.

21 Ídem, p. 216.

22 Trotsky, Escritos militares, 18.

23 Trotsky, Historia de la revolución rusa (II tomo), p. 261.

24 Lenin, El estado y la revolución, p. 301.

25 Trotsky, Historia de la revolución rusa (I tomo), p. 110.

26 Sobre el tema recomendamos la serie documental «The Vietnam War» (2017) de Ken Burns y Lynn Novick.

27 “Violencia policial, racismo y división política: el cóctel explosivo detrás del caso Floyd”. En https://www.france24.com/es/20200530-george-floyd-asesinato-violencia-policial-racismo (Consultada el 17/10/2020).

28 “Yes, We Mean Literally Abolish the Police. Because reform won’t happen.” En https://www.nytimes.com/2020/06/12/opinion/sunday/floyd-abolish-defund-police.html (Consultada el 17/10/2020).

29 “Balance penal del estallido: Fiscalía investiga a 466 agentes del Estado y gobierno acusa a 3.274 personas de cometer actos violentos”. En https://www.ciperchile.cl/2020/07/15/balance-penal-del-estallido-fiscalia-investiga-a-466-agentes-del-estado-y-gobierno-acusa-a-3-274-personas-de-cometer-actos-violentos/ (Consultada el 17/10/2020).

30 En tanto su programa de lucha no sea regresivo o de derecha, algo que no se puede descartar a priori. Por ejemplo, imaginemos una huelga en Europa o los Estados Unidos contra los trabajadores indocumentados de África o Latinoamérica.

31 “Un análisis de clase de las fuerzas de seguridad”. En http://izquierdaweb.com/un-analisis-de-clase-de-las-fuerzas-de-seguridad/ (Consultado el 16/10/2020).

32 «La izquierda y su capitulación ante el conflicto policial». En https://litci.org/es/argentina-la-izquierda-y-su-capitulacion-ante-el-conflicto-policial/ (Consultada el 29/09/2020).

33 Marx, Teorías sobre la Plusvalía, 254.

34 “La izquierda y su capitulación ante el conflicto policial”. En https://litci.org/es/argentina-la-izquierda-y-su-capitulacion-ante-el-conflicto-policial/ (Consultada el 29/09/2020).

35 “Sindicatos policiales en EE.UU., garantes de la impunidad”. En https://rebelion.org/sindicatos-policiales-en-ee-uu-garantes-de-la-impunidad/ (Consultada el 18/10/2020).

36 “EE.UU: El nefasto rol de los sindicatos policiales”. En http://izquierdaweb.com/ee-uu-el-nefasto-rol-de-los-sindicatos-policiales/ (Consultada el 16/10/2020).

37 Ídem.

38 “Un análisis de clase de las fuerzas de seguridad”. En http://izquierdaweb.com/un-analisis-de-clase-de-las-fuerzas-de-seguridad/ (Consultado el 16/10/2020).

39 “La izquierda y su capitulación ante el conflicto policial”. En https://litci.org/es/argentina-la-izquierda-y-su-capitulacion-ante-el-conflicto-policial/ (Consultada el 29/09/2020).

40 “Un análisis de clase de las fuerzas de seguridad”. En http://izquierdaweb.com/un-analisis-de-clase-de-las-fuerzas-de-seguridad/ (Consultado el 16/10/2020).

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