Si se “unen” los pañuelos, no hay aborto legal

Luego del inolvidable “no se enojen con la Iglesia” ahora lanza la frase que encabeza esta nota. ¿Qué implicancias tiene?

Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.

“No puede haber una división entre los que rezan y los que no rezan. División que no es nacional y popular. Es un lujo que no nos podemos permitir. Porque en nuestro espacio hay pañuelos verdes pero también hay pañuelos celestes. Tenemos que aprender a aceptar eso sin llevarlo a la relación de fuerzas” CFK.

Rápidamente, el discurso de CFK se convirtió en el tema político del día. No es para menos, la escenificación misma de CLACSO como “contra cumbre” frente a los gobiernos de derecha parece ser entre muchas otras cosas un lanzamiento adelantado de su candidatura presidencial. En el “Foro del Pensamiento crítico” hicieron presencia algunos de los principales referentes del deteriorado “progresismo” latinoamericano. La particularidad de Argentina es que el gobierno de Macri parece ser el más rápidamente deteriorado de todos los gobiernos reaccionarios del subcontinente. Cristina se paró desde el lugar de quien puede convertirse en contra-tendencia “progresista”.

Pero no fue necesario que vuelva a ser gobierno para que podamos ver nuevamente sus límites, los mismos que le abrieron paso al triunfo macrista en primer lugar. Luego del inolvidable “no se enojen con la Iglesia” ahora lanza la frase que encabeza esta nota. ¿Qué implicancias tiene?

El kirchnerismo siempre fue y nunca dejó de ser lo que ese discurso significa. En nombre de la “unidad” y contra las divisiones que no son “nacional y popular” quiere volver a archivar la pelea por el derecho al aborto como hizo en sus años de gobierno. Y justo hoy, en este 2018 que el movimiento de mujeres nunca tuvo tanta fuerza, en este año en que más cerca que nunca estuvo la conquista del aborto legal.

“La unidad” de pañuelos celestes y verdes implica que cada uno deje de pelear por lo suyo. Para los “celestes” no es tarea difícil. Su programa es básicamente “que todo siga como está”. Que saquen de la agenda la legalización del aborto, incluido guardar los pañuelos celestes, es lo menos que pueden esperar. Porque, recordemos, los celestes surgieron este año como respuesta a la masificación de los pañuelos verdes. La “unidad” de la que habla CFK es un llamado al movimiento de mujeres, una apelación a que abandonen sus reivindicaciones en pos de un objetivo mayor: su posible candidatura presidencial.

En una sola frase, Cristina re editó todos los límites del progresismo. “Gobernar”, desde su punto de vista capitalista, es hacerlo apoyándose en todas las viejas instituciones de dominación, sin tocarlas ni mancillarlas. La Iglesia es una de ellas, de las principales. De hecho, ésta juega un rol muy activo en la recuperación del kirchnerismo, ganando base social a través de sus movimientos (como la CTEP) con el necesario cuestionamiento al ajuste macrista aunque sin pelear contra él. Una política parecida a la de la CGT. Todos operan para que Macri llegue al final de su mandato y gobernar sobre las cenizas que deje.

“Cambiar algo para que todo siga como está”, es una frase de El Gatopardo perfectamente análoga con la política kirchnerista.

En función de la pelea contra “la derecha” es necesaria la “unidad”. Pero semejante unión es como la sumatoria de números negativos y positivos de igual denominación, el resultado es cero. Y siempre en esa “unidad” ganan los poderosos y reaccionarios.

Bajar las reivindicaciones de “celestes” y “verdes” es sacar el tema de agenda, que ganen para mucho tiempo el oscurantismo. La “unidad” de trabajadores que sufren despidos y ajuste con los empresarios – tal fue siempre la política de los K- es inclinarse frente al poder de hecho de los segundos. Los trabajadores también deben salir de la agenda. La política ecuménica de “no romper con el FMI”, tal y como dijo Kiciloff en una reciente entrevista en Forbes, es aceptar las condiciones de su ajuste rezando para que Macri haya aplicado todo el plan para el momento de recambio gubernamental. Cuando se “unen” dos bandos opuestos enfrentados, dejando atrás sus intereses contrapuestos, el único que gana es quien ya ganó, el opresor.

La “unidad nacional y popular” es una entre víctimas y verdugos, de aceptación mutua entre unos y otros sin dejar de ser cada uno lo que es: víctima y verdugo. Esa orientación sólo puede significar que la primera se deje cortar la cabeza por el segundo con resignación, esperando tiempos mejores bajo el mandato de “la jefa”.

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