Covid-19 en los lugares de trabajo

«Si no trabajo no como y si trabajo me enfermo»

Mientras el gobierno apuesta a la normalización en el momento más complejo de la pandemia, crecen los contagios entre trabajadores del sector privado. Según registros de la Unión de Aseguradoras de Riesgos del Trabajo, ya son más de 78 mil los empleados que se contagiaron en sus actividades laborales.

Romina Y.

“No nos van a doblegar los que gritan” , dijo Alberto Fernández hace algunos días en un acto por streaming desde la residencia de Olivos, haciendo referencia a los sectores -hay que decirlo: minoritarios- que salen a manifestarse con banderas anticuarentena. Sin embargo, más allá de la pose de firmeza fernandista, todo parece indicar que hay gritos que el gobierno rápidamente escucha y que a lo largo de estos meses de pandemia han logrado resonancia en los oídos presidenciales. Vicentín gritó y se canceló el ya de por sí descremado, intento de “expropiación”; gritan los defensores acérrimos de la propiedad privada y las tomas de tierras pasan a ser un delito; la iglesia grita y el aborto legal vuelve al cajón de las no-prioridades, los bonistas pegaron un par de gritos y hay acuerdo de sometimiento para rato. Gritaron, chillaron y patalearon las patronales, y en palabras del propio presidente “ya no hay cuarentena”.

La decisión de flexibilizar el funcionamiento de cada vez más sectores productivos y de servicios tiene como obvia consecuencia el incremento de contagios de covid en los lugares de trabajo. Según datos publicados por Tiempo Argentino , el número de trabajadores del sector privado que se enfermaron en sus lugares de trabajo supera los 78 mil, de los cuales el 6% corresponde a trabajadores de la salud. Los contagios se extienden por los lugares de trabajo porque el gobierno ha sido claro en su decisión de sacrificar la salud de los laburantes en el altar de las ganancias de los patrones.

El funcionamiento de los protocolos sanitarios no es más que un discurso que se cae a pedazos si se mira la realidad: en supermercados y mayoristas se detectaron 2400 casos, son más de 700 trabajadores del sindicato de vigiladores enfermos, más de 1100 casos entre bancarios; a los que se suman más de 141 casos positivos entre trabajadores del subte y más de 1096 trabajadores del gremio ferroviario contagiados de coronavirus. La lista podría continuar, ya que al día de hoy se estima que hay unos 16 millones de trabajadores activos, de los cuales 5 millones no están registrados, pero son obligados a trabajar bajo amenaza de despido. La política pro-patronal de un gobierno con rasgos cada vez más liberales que sociales, pone a la clase trabajadora en una encrucijada: si no trabajo no como y si trabajo me enfermo.

Mirá también:  Docentes: Una cuarentena solidaria

La vía libre a la desidia patronal se paga con la vida de los trabajadores. Incluso de aquellos que cumplen sus tareas de forma remota, como el caso de Paola de Simone, docente universitaria de la UADE y de la UBA, quien se vio obligada a seguir trabajando desde su casa mientras cursaba la enfermedad y falleció durante una clase por zoom. La pandemia se utiliza para atacar profundamente los derechos de los trabajadores y ya no alcanzan los adjetivos para describir el accionar de las direcciones sindicales, que se han borrado por completo de la escena y cuando aparecen, lo hacen para palmearle la espalda al gobierno.

La situación sanitaria del país se encuentra en el umbral del colapso por la saturación del sistema de salud, la falta de insumos y sobre todo por el agotamiento de sus trabajadores, que además cobran salarios de miseria y deben correr de un hospital a otro, arriesgándose de manera doble. La incapacidad del gobierno de apostar por una verdadera perspectiva sanitaria ya evidencia sus resultados y pone en riesgo el enorme esfuerzo hecho por la sociedad durante estos meses. La pseudopreocupación discursiva del gobierno por la pandemia se esfuma en el aire en tanto no destina presupuesto real para la salud y elige pagar la estafa de los bonistas; cuando en lugar de garantizar que todos los trabajadores puedan cuidar su salud sin que eso signifique quedarse sin trabajo, se dispone a armar hasta los dientes a la policía. La apertura total de la cuarentena es un retroceso en toda línea frente al grito empresarial y empieza a mostrar la cara más cruda de sus consecuencias.

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