historia argentina

Sarmiento y el “día del maestro”

Como todos sabemos desde pequeños, el 11 de setiembre se celebra el “día del maestro” según lo estableció a nivel continental  la Conferencia Interamericana de Educación que se celebró en Panamá en 1943, aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento ocurrido ese día, pero de 1888, en Asunción del Paraguay.

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Guillermo Pessoa


Efeméride con más de una mirada. El maestro como “trabajador de la educación” (que lo es), ensalzamiento de la educación (así, en forma abstracta) como resolución de todos los males del país y del mundo,fecha a la que hay que cambiarle el sentido, dicen otros, ya que en las escuelas sarmientinas se proclama la ideología de la clase dominante y recordatorio para un gran liberal, según La Nación y la totalidad del pensamiento social demócrata (liberales vergonzantes en verdad).En esta breve nota, ensayaremos algunas reflexiones sobre el autor de Facundo.(1)

El marxismo (no el marxismo vulgar y rústico) no desdeña el papel de la personalidad y el individuo en la historia, muy por el contrario, pero lo inserta dentro de un marco espacial y epocal, en donde se entrecruzan conflictos de clase que de alguna manera condicionan la labor de aquél.

Sarmiento, proveniente de una familia sin mucho peso social ni raigambre aristocrática, pese a que él trató de creársela (ver su autobiografía Recuerdos de Provincia), fue un actor decisivo tanto en sus diversos exilios en la lucha contra Rosas como desde la función pública a partir de 1854 en adelante, incluso como presidente entre 1868 y 1874.

Como señala muy bien Milcíades Peña (en un tomo de su Historia del Pueblo argentino que terminó escribiendo Luis Franco ante la muerte de aquél) e incluyendo en su juicio a Alberdi también, dice: Nada hay más iluminador sobre la naturaleza de las clases dominantes argentinas que el desencuentro cada vez más acusado entre ellas y los dos hombres que dedicaron su vida a elaborar un programa de desarrollo nacional que suponía la existencia de clases dominantes, pero – ahí está la raíz última del desencuentro – de clases dominantes menos bárbaras que las padecidas por nuestro desgraciado país (…) Sarmiento proclamó que tenía tentación de fundar un partido republicano, inspirado en  el partido republicano yanqui, el partido de la burguesía industrial norteamericana. (2)

Y ahí hay una clave para  entender al sanjuanino. En el contexto en el que actuó, la tarea de consolidar un Estado nacional (burgués, obvio) sobre la base de una sociedad capitalista con desarrollo industrial, reparto de la tierra extirpando el latifundio y con escuela pública para crear “ciudadanos y mano de obra calificada”, naturalmente; es un proyecto que de alguna (de muchas) maneras chocaba con la división internacional del trabajo impuesta desde las metrópolis y con la propia incapacidad, desinterés, que la burguesía agraria pampeana tenía para con dicha perspectiva.(3)

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La industria artesanal, raquítica, del interior, con un mercado interno casi inexistente, había cuasi desaparecido tras el libre cambio pos revolución de mayo. Tanto como el Estado, las nuevas clases se estaban conformando y el proletariado no era la excepción. En cierta forma, “hijo de su tiempo y de esa tragedia” es expresión elocuente Sarmiento.

Su error enorme consistió en que ante dicha “tragedia” optó por alinearse, no sin roces es cierto, con la burguesía porteña y por ende con los terratenientes pampeanos, a los que nunca tragó (“con olor a bosta de vaca”, señalaba iracundo). Producto de esa alianza están sus guerras de policía junto a Mitre contra las montoneras federales, aquello de “no ahorrar sangre de gauchos” y lector voraz como era, no fue ajeno a cierto “positivismo ambiente” que lo llevó a proclamar juicios racistas insostenibles y naturalmente, estigmatizó con horror puritano a los comuneros de París y la emergencia de los primeros sindicatos.

En esa personalidad contradictoria como pocas, también cabía una revalorización del rol de la mujer, “anacrónica” para la época (sus maestritas normales, el trato para con sus amigas, etc), la agudeza de sus observaciones para con los países europeos que visitó en los albores de las revoluciones de 1848, la enseñanza pública (sin “oficialismo ni iglesia metida”), obligatoria, gratuita y laica que aún defendemos, todas actitudes que se hallan en su haber(4).

Incluso sus últimos años (“el divorcio” del cual hablaba Peña) apostrofó negativamente a los gobiernos liberales conservadores con acusaciones que en este país parecen atemporales: corrupción, carencia de industrialización y la pretensión der ser “el supermercado del mundo”, deuda externa (“Buenos Aires la gran deudora del Sud”, dijo)junto a un régimen político con tutela militar y escandaloso fraude electoral. Además, no es un dato menor, en paralelo con José Hernández “crean” la literatura rioplatense.

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Volvemos a decir. Es el proyecto y las críticas de un burgués ilustrado (y no hay animadversión en dichos epítetos) que hoy son menos factibles que cuando éste los proclamó. Podríamos decir que esas tareas le caben a otra clase social y a otro programa político económico social. Será la clase trabajadora mediante otro Estado quien no sólo logre el verdadero desarrollo autónomo nacional sino que construya el socialismo como primer paso a un cambio internacional. Sarmiento, con sus errores indefendibles y con sus intuiciones formidables, representa un mojón de referencia en una parte de dicho camino y en esa prometeica misión histórica.

 

Notas:

1: La bibliografía (ensayística y ficcional) sobre Sarmiento es enormísima. No hay historiador, sociólogo o polítólogo que no haya escrito algo sobre él. Recientemente, el ex funcionario de Scioli y actual secretario académico de la Facultad de Sociales de la UBA, Gustavo Nahmías, acaba de publicar El Inmortal,novela narrada en primera persona en donde el que habla es el propio Sarmiento a horas de morir. Género literario que tuvo en Andrés Rivera uno de sus mayores y mejores cultores, y a la cual la mencionada obra no deshonra.

2: Peña M. Alberdi, Sarmiento y el 90. Ed. Fichas. 1973.

3: Ésta consiste en una división entre aquellos países y regiones productoras de alimentos y materias primas al mercado mundial y aquellos productores y proveedores de manufacturas, siendo las clases dominantes de los primeros socios menores de los segundos. Otra vez aquí, los análisis de Milcíades Peña han envejecido sólo en parte.

4: Leemos a Marx en su Crítica al Programa de Gotha:“Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas primarias, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc, y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los EEUU, y otra cosa, completamente distinta, es designar al Estado como educador del pueblo. Lejos de esto, lo que hay que hacer es sustraer la escuela a toda influencia del gobierno y de la iglesia.”Recordemos asimismo que la educación pública fue una de las medidas del gobierno soviético en 1918.

 

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