Reino Unido | Dura derrota del acuerdo por el Brexit

Era previsible, pero eso no amortiguó el golpe: por 202 votos afirmativos contra 432 negativos, la Cámara de los Comunes del Reino Unido rechaza el acuerdo alcanzado entre el gobierno de May y el Consejo Europeo para la salida del país de la Unión Europea. Las consecuencias se hicieron sentir a un lado y al otro del mostrador: La UE lamenta y trabaja para evitar un Brexit “duro”, en Londres se profundiza la crisis política, con Jeremy Corbyn buscando la dimisión del gobierno conservador. El futuro político es cada vez más incierto.

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Por Nano Menyón

Tres meses pasaron desde que el gobierno de Theresa May y el Consejo Europeo (presidido por Donald Tusk) llegaron a un primer acuerdo para la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Este acuerdo implicaba para el Reino Unido ceder en muchos aspectos, demasiados tanto para los partidarios más acérrimos y reaccionarios, que se preguntan si vale la pena salir de la Unión Europea bajo semejantes condiciones, como para los que se opusieron a él. Así las cosas, este martes 15 ocurrió lo inevitable: la mitad de la bancada conservadora se plegó al laborismo y propició una humillante derrota por 202 a 432 al acuerdo. La crisis política se destapó y el propio gobierno está en duda, pues la función de May desde su asunción es la implementación del Brexit.

 

Una semana negra para el gobierno y borrosa para todos

El martes pasado fue la ronda de preguntas preliminar, donde el gobierno sufrió el primer revés: tras haber realizado numerosos ensayos sobre el cruce de fronteras en caso de una salida sin acuerdo (incluyendo la movilización de las fuerzas armadas), el Parlamento votó por 303 a 296 limitar la posibilidad del Ejecutivo para modificar los impuestos en caso que sean requeridos en consecuencia de un Brexit “duro”, condicionándolo a que sea los mismos parlamentarios los que aprueben una salida sin acuerdo[1]. El golpe que recibe May es claro: el Parlamento (es decir, la alianza entre laboristas y grupos conservadores) no le va a dar a su gobierno ninguna carta blanca para un Brexit “duro”, tan añorada por los sectores de ultraderecha.

De este modo, al día siguiente se inicia el debate por el acuerdo, con un nuevo golpe al Ejecutivo: por 308 votos a favor contra 297, los comunes impusieron una enmienda a la ley del Brexit, reduciendo a tres días el plazo con el que cuenta el Gabinete para presentar un plan B en caso de que la votación salga negativa[2]. Es decir: no sólo le dicen que van a rechazar el acuerdo actual sino que también le coartan toda capacidad de maniobra para uno nuevo. ¿Cómo puede ser esto?

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En realidad, pareciera ser que ni conservadores ni laboristas logran consensuar una postura hacia el interior de sus formaciones. La discusión y el debate al seno de la sociedad británica son tan fuertes e incisivos que están asustados de dar un “paso en falso” que derrumbe el apoyo dentro de sus propias bases. Hoy mismo, Jeremy Corbyn, líder de la bancada laborista, brindó una conferencia de prensa en la que no hizo más que reiterar su reclamo de nuevas elecciones generales, e incluso aventuró frases propias de campaña, tratando de pasar “por encima” del debate del Brexit[3]. En realidad, para eso precisa poder derrocar a May bajo una moción de censura, algo fuera de agenda en estos momentos, ante la imposibilidad de sumar ni los unionistas norirlandeses ni a conservadores “rebeldes”[4]. Por lo que no deja de ser una declaración sin sustento.

La salida que parece consensuar los grupos opositores al acuerdo es un llamado a un segundo referéndum, como un modo de sacarse de encima el problema de decidir ellos y “dejar” que la sociedad decida. Porque básicamente, por convicción o por tibieza, buscan imponer la permanencia en la Unión Europea y mantener el status quo neoliberal que representa. Como no están dispuestos a quedar manchados, pretenden lograr una victoria del “Permanecer” en una nueva consulta. O, eventualmente, lograr un acuerdo más suave, que mantenga al Reino Unido dentro de la Unión Aduanera.

Sea como sea, llegó el martes 15 y, con él, una estrepitosa derrota al acuerdo: la diferencia de 230 votos es la más amplia en todo lo que va de este siglo y el siglo pasado[5]. May apenas atinó a tratar de mantener su (frágil) puesto, poniéndose a disposición del Parlamento para el día siguiente. Esto obliga a Corbyn a presentar su moción de “no-confianza” hacia el gobierno, una moción que no tiene en absoluto asegurada, y que pareciera que la primera ministra pasaría.

Desde luego, esta jornada no pasó desapercibida para el pueblo británico: tanto a favor como en contra del acuerdo y del Brexit (respectivamente), hubo grandes movilizaciones en la plaza que rodea el Parlamento.

 

¿Qué discusión subyace tras el Brexit?

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Por supuesto, no podemos entender esta discusión sobre el Brexit sin reconocer el cuestionamiento generalizado a la política de ajustes y a la globalización neoliberal. Como mencionábamos anteriormente[6], durante los últimos ocho años, el gobierno británico ha profundizado su desmantelamiento del Estado de Bienestar iniciado durante la década de los ’80 con Margaret Thatcher. Por medio de fuertes políticas de austeridad, los fondos de los gobiernos locales han sido recortados en más de un 50%. Esto derivó en el fin de muchos servicios públicos y la privatización de tantos otros.

Este cuestionamiento es principalmente capitalizado hoy por sectores ultraderechistas, reaccionarios e incluso neofascistas. Es en este contexto que aparecen propuestas como el Brexit, una salida del neoliberalismo globalizador bajo premisas nacionalistas, imperialistas, xenófobas. Pero también es cierto que se genera un “bipolo”, es decir, un polo político alternativo y opuesto hacia la izquierda. En estos últimos meses, miles de personas salieron a las calles contra la extrema derecha. Este próximo sábado, de hecho, grupos anti-austeridad se convocan a movilizarse en contra de las políticas de recortes impulsadas por el gobierno tory, demostrando que buscan una salida por izquierda a la crisis que atraviesa el orden neoliberal[7].

Nuestra corriente reitera que la lucha en las calles es la salida para enfrentarse a las políticas de ajuste y reaccionarias del gobierno conservador. Sea cual sea la fórmula que elija la clase dominante británica para salir del laberinto que decidieron meterse, siempre va a ser en favor de sus propios intereses, y por ende, contrario a los intereses de los explotados y oprimidos.

 

 

 

[1] Ver https://elpais.com/internacional/2019/01/08/actualidad/1546975040_995551.html

[2] Ver https://www.theguardian.com/politics/blog/live/2019/jan/09/brexit-latest-news-debate-pmqs-may-corbyn-grieve-mps-launch-bid-to-ensure-they-vote-on-plan-b-within-three-days-if-mays-deal-defeated-politics-live

[3] Ver https://elpais.com/internacional/2019/01/10/actualidad/1547126569_668522.html

[4] En realidad, Corbyn tenía la esperanza de que los mismos conservadores llamen a una moción de censura interna que revoque a la primera ministra. Esto ocurrió, pero May logró vencerla con un cómodo margen.

[5] Ver https://www.theguardian.com/politics/2019/jan/15/theresa-may-suffers-historic-defeat-as-tories-turn-against-her

[6] Ver http://izquierdaweb.com/apuntes-para-entender-la-realidad-politica-actual-en-el-reino-unido/

[7] Es interesante ver cómo la consigna de convocatoria por las redes sociales es “Chalecos amarillos contra la austeridad”. Queda en evidencia la internacionalización del movimiento de Chalecos Amarillos francés, que ya tuvo sus réplicas en países como Bélgica.

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