Lucha de clases en los 70

Reflexiones sobre el Rosariazo (II)

Hegemonía de una clase obrera peronista-Aguda lucha de tendencias en la vanguardia obrera y estudiantil

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ana Vázquez



 

Los fines de la década del 60, cuando irrumpieron los “azos” en nuestro país, estuvo teñida de “pe” a “pa” por el triunfo de las revoluciones de posguerra y su “aureola” obrera y socialista. Fundamentalmente en nuestro continente, el triunfo de la Revolución Cubana que tiró por la borda la dictadura proyanqui de Batista y la gesta heroica del “Che” Guevara.

Apareció ante los ojos del mundo y de los luchadores la lucha guerrillera, tanto rural como urbana, como el “método” supremo de la lucha armada, de la lucha por la toma del poder de la clase obrera. La discusión estratégica, si bien era intensa, en algunos casos se sustituyó, en gran medida, con la discusión táctica: si guerrilla sí, si guerrilla no. Se empobreció una discusión que apuntaba, precisamente, a cómo encarar la lucha por la toma del poder y el socialismo.

Pero el punto fundamental de fondo, que lo analizamos desde nuestra corriente, Socialismo o Barbarie, al analizar el carácter de estas revoluciones es que, si bien fueron revoluciones anticapitalistas, no habían sido obreras ni socialistas, que la clase obrera había sido sustituida por el partido-ejército, y nunca había tenido ni arte ni parte en la construcción de sus organismos de autodeterminación ni en la construcción del partido socialista revolucionario.

 

Un ascenso con la clase obrera y la juventud en primera fila

Estos hechos gigantescos tiñeron todas las discusiones, acuerdos, desacuerdos, entre la vanguardia organizada en partidos o independiente. Combinado, en el caso concreto de nuestro país que el conjunto de la clase obrera era peronista. Peronista a rabiar. No había otro partido ni líder que ellos reconocieran. Esta ideología, desde ya, se trasladaba a las nuevas generaciones que ingresaban a la vida política con sus estudios secundarios y en la Universidad. Teñía todo el horizonte.

En la vanguardia, era mucho más complejo. Dejando de lado a la burocracia peronista más retrógrada, colaboracionista, que no tenía eco en el activismo, aunque sí en la base, la primera referencia obligada era la burocracia ligada a la Iglesia del Tercer Mundo, como el dirigente gráfico Raimundo Ongaro, Julio Guillán de Telefónicos, que se decía de izquierda. Y por supuesto hablaban de la Revolución, de los pobres, del socialismo también, por qué no. Después pegaban por derecha y decían: “la situación no dio…”, etc.

Pero también había fuertes corrientes peronistas de izquierda, independientes de los aparatos burocráticos, con matices entre ellas. El Peronismo de Base, la Juventud Trabajadora Peronista, eran las más radicales. Pero también había una fuerte vanguardia sin partido que se radicalizaba más y que giraba hacia la izquierda.

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La izquierda era el Partido Comunista que, en nuestro país no fue de masas, como sí lo fue en Uruguay y Chile, pero sí un fuerte partido de vanguardia, con mucho peso en el movimiento estudiantil, en sectores de trabajadores, en los organismos superestructurales. Éste respondía directamente a la dirección contrarrevolucionaria stalinista de la URSS.

Apareciendo como a la izquierda de éste estaban las corrientes maoístas, que seguían al PC Chino, pero éstas estaban fragmentadas. Algunas tenían peso en la vanguardia obrera. Era el caso de Vanguardia Comunista, que era fuerte en los gremios cordobeses.

El trotskismo estaba representado por el PRT, partido que se divide en 1968 formando el PRT (El Combatiente) y el PRT (La Verdad), por el nombre de su periódico. Esta ruptura debilitó la inserción del PRT (La Verdad) en el movimiento estudiantil y en las fábricas. Pero siendo persistentes en su orientación hacia las estructuras y en especial el movimiento obrero, lograron avanzar. El PRT (El Combatiente) reafirmó su orientación hacia la formación de focos guerrilleros en las zonas alejadas de las grandes concentraciones.

También estaba Política Obrera, antecesora del Partido Obrero, de menor influencia, pero también privilegiando su trabajo en las estructuras estudiantiles y de trabajadores.

En el transcurso de este período surgieron decenas de grupos menores, que eran parte de la disputa política.Yo recuerdo con gran emoción a los hijos mellizos de Hebe de Bonafini, que eran parte de un agrupamiento que se llamaba Tupac, de orientación maoísta, que militaba en la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata.

 

Toda discusión se politizaba

La vanguardia estaba cruzada por múltiples inquietudes, interrogantes, debates de vida o muerte. Las asambleas, los actos, los encuentros, eran todos super “calientes” desde el punto de vista de discusiones arduas.

Desde ya que en los lugares de trabajo había mucha discusión sindical. Pero nunca terminaba ahí. También allí, no sólo en el movimiento estudiantil, se iba a la cuestión política del gobierno, del sistema, de la lucha de clases a nivel mundial, en un abrir y cerrar de ojos.

A pesar de esa gran ventaja, de esa avidez y ese nutriente de conocimiento, había contratiempos importantes que impidieron que esa gran radicalización avanzara conscientemente hacia una salida y una organización socialistas.

En primer lugar, desde el partido burgués hegemónico: el peronismo. En segundo: el stalinismo (y el maoísmo), con sus férreos aparatos contrarevolucionarios. En tercero: los límites de las corrientes trotskistas.

La marea guerrillerista con una Revolución Cubana a la cabeza no fue poca cosa o, mejor dicho, fue la gran cosa. Por un lado, hacia los compañeros que vieron en la táctica del “foco” la solución revolucionaria a todos los males. El sustituismo de la clase obrera total.

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Y, desde los compañeros que mantuvieron la posición trotskista de apostar a la clase obrera y construir allí la alternativa de poder y construir el socialismo (en este caso me refiero al PRT-La Verdad), tampoco hubo un análisis de las revoluciones de posguerra que permitiera ir hasta el final. En el caso de las Revoluciones Cubanas y China, afirmaron que eran “Estados obreros burocráticos”. Cuando, el Estado que surgió allí luego de esas heroicas revoluciones nunca fue obrero, porque la clase obrera nunca llegó al poder. Nunca tuvo organismos propios, partido propio. No estuvo representada ni su sombra.

Desde ya que, en el caso de la Cubana que fue la impactó profundamente en Latinoamérica, fue una gran Revolución que avanzó pasos gigantescos y eso es lo que provocó el gran impacto social. Expropió a los grandes latifundistas, echó al imperialismo, avanzó hacia conquistas en salud, vivienda, trabajo, para millones de jóvenes, trabajadores, campesinos. Pero fue una Revolución que puso al frente un Partido-Ejército, donde los organismos de poder obrero fueron reemplazados por el: “Comandante en Jefe, ordene”. Y el stalinismo le puso el chaleco de fuerza que la apretó hasta que… volvió el capitalismo.

 

Una construcción obrera y socialista sin falsos atajos

Este breve pantallazo no es sólo para reflexionar sobre lo que pasó, sino también para encarar lo que se viene. Con la caída del Muro de Berlín estalló el posmodernismo. “Se acabó la historia”, dijeron muchos. “Sálvese quien pueda”, dijeron otros.Fue una marea que nos tapó en su momento, pero las nuevas generaciones se la están sacando de encima y lo están enterrando.Enfrentamos otros desafíos: el movimiento de mujeres se ha hecho mundial y copó la escena en primera fila. La juventud lo está siguiendo. El movimiento obrero todavía no entró en escena, mira atentamente desde las butacas del medio o desde las últimas.

Y, junto con esto, el socialismo empieza a ser la discusión de millones de explotados y oprimidos en países como EEUU y algunos de Europa, como Gran Bretaña.

Apostamos a estar a la altura de las circunstancias y avanzar hacia la construcción de una propuesta alternativa socialista revolucionaria, organizada en organismos de poder de la clase obrera que avance hacia la destrucción de este podrido, hasta los tuétanos, sistema capitalista. Hacia allá vamos y los invitamos a acompañarnos.

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