Rappi y Glovo: la empresa los aísla, los trabajadores se organizan

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


En las últimas semanas se viralizaron a través de las redes sociales testimonios de trabajadores de Rappi y Glovo que sufrieron accidentes, robos durante su jornada laboral y se encontraron en una situación de total abandono por parte de las empresas, que desconocen responsabilidad o cobertura alguna sobre los accidentes de trabajo que pueden tener o las situaciones de inseguridad a las que se encuentran expuestos los cadetes. A esta situación de desamparo a la que se ven sometidos los repartidores se suma el hecho de que las plataformas tecnológicas establecen relaciones laborales descentradas en donde no hay punto de encuentro entre los trabajadores en términos de estructura laboral física compartida cotidianamente. Sin embargo, a pesar de este aislamiento que las empresas quieren imponer para su propio beneficio, los trabajadores crearon desde un principio sus propios espacios de encuentro.  En efecto, es habitual ver en las plazas de las ciudades donde operan estas aplicaciones a grupos de mensajeros (reconocibles por sus cajas y camperas de colores llamativos con el logo de la marca) conversando mientras esperan que les asignen algún pedido.

De esta manera, algunos grupos de trabajadores comenzaron a organizarse para exigir la mejora de sus condiciones laborales. La primera muestra de esta incipiente organización se dio ante la primera protesta que convocó a principios de junio a un grupo de trabajadores en la puerta de las oficinas de Rappi para reclamar los pagos adeudados de más de un mes. La empresa se escudaba diciendo que el dinero estaba en Colombia (país del que son oriundos sus capitales) y que no había manera de apurar el pago. Finalmente, los trabajadores organizaron un paro un domingo a las diecinueve horas, que es la hora pico de trabajo de los repartidores. Ante la visibilización del reclamo, la empresa se vio amenazada en sus ganancias y el dinero apareció inmediatamente. En el medio del proceso, según denuncian los mismos repartidores, no faltó la persecución a los que participaron de las acciones, ya sea bloqueándolos de la aplicación como asignándoles encargos más lejos. A principios de octubre los mismos trabajadores que encabezaron estas acciones registraron una asociación sindical propia en la Secretaría de Trabajo que representaría a los trabajadores de las aplicaciones tanto de transporte de productos como de personas (englobando así también a los choferes de Uber) llamada Asociación Personal de Plataformas (APP en clara alusión a las aplicaciones utilizadas para mediar entre las empresas, los trabajadores y los consumidores) que sería el primer sindicato de trabajadores de estas aplicaciones en América Latina.

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De esta manera, en contra de la voluntad de la empresa de hacer que los repartidores se coman el verso de que son emprendedores independientes, los trabajadores de las aplicaciones fueron tendiendo lazos de solidaridad entre ellos a partir de compartir las mismas experiencias en su lugar de trabajo, que es la calle, y de comprender que no son trabajadores autónomos sino precarizados.

Actualmente, los repartidores denuncian que la nueva estrategia de las empresas como respuesta a la organización del sindicato es jugar al desgaste de los trabajadores, típica estrategia de los trabajos que surgieron luego de la flexibilización laboral de los noventa, con  alta rotación de empleados, cuyo ejemplo más patente son los call centers. Se trata en este caso de capacitar todos los días a cientos de trabajadores, aunque no haya suficientes pedidos para todos, apostando a que el repartidor trabaje dos o tres meses, se canse y renuncie para que luego lo reemplace otro.

Sin entrar en un análisis de profundidad sobre las implicaciones de la tecnología en las relaciones sociales y económicas, lo cierto es que ésta podría ser usada para simplificar y/o mejorar la vida de las personas y no una herramienta para intensificar la explotación, como es el caso del uso que le dan estas aplicaciones (y del uso que le da el capitalismo en general), que sólo pueden generar ganancias para los empresarios en países con economías en crisis, recesivas y/o con altos niveles de desocupación. Con neologismos como “micro emprendedor”, “star up”, “economía colaborativa”, etc., maquillan lo que es una relación de dependencia, pero sobre las bases de la precarización y la flexibilización laboral. En nuestro país la mayoría de los trabajadores de estas empresas no se tragaron este buzón, se juntan cotidianamente para compartir su día a día y romper así con el aislamiento que les imponen, pero también para ver cómo organizarse ante la situación de desamparo en la que se encuentran.

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Verónica R.

 

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