el nuevo cepo cambiario

    ¿Quién gana y quién pierde con el nuevo “cepo”?

    Incluso con el agua al cuello por la sistemática corrida contra el peso, aún imponiendo un nuevo “cepo” con la nariz tapada, incluso ganándose la antipatía de sus multimillonarios simpatizantes, el decreto de Macri sigue teniendo un marcado contenido cheto-clasista: los grandes capitalistas no pierden, las restricciones pesan centralmente en los pequeños ahorristas.



    Imagen: Minuto Neuquén

    En primer lugar, hay que poner el ojo en los criterios de restricción. El tope de compra de 10 mil dólares y giro a cuentas en el exterior es para “personas físicas”. Los grandes capitalistas operan casi siempre como firmas, sociedades anónimas, empresas, “personas jurídicas”, no como “personas físicas”. Ahí está la primera trampa: con la consulta con un contacto en el Banco Central, los capitalistas responsables de las fugas masivas que llevaron el dólar a los 60 pesos estos años pueden seguir comprando dólares aunque con más límites.

    ¿Quién pierde entonces? Por ejemplo: si una familia trabajadora acumuló durante tres, cuatro o cinco generaciones hasta poder comprar su propia casa o quiere venderla, está completamente restringida de comprar dólares para hacerlo. El dueño de un pequeño negocio familiar que trabaja por su cuenta (en términos marxistas, un pequeño burgués que de ningún modo es un capitalista) y le urge no seguir perdiendo para poder pagar sus cuentas, también pierde. Quiénes de ningún modo pierden son los explotadores, los bancos, los industriales, los exportadores, etc.


    Los operadores de bolsa, millonarios que actúan como personas físicas, tienen al alcance de la mano varias maniobras para saltear las restricciones. El dólar “contado con liqui”: se compran acciones o bonos de empresas que coticen en bolsa en Argentina y el exterior a la vez, se las vende en el exterior por dólares y se las deposita en la cuenta que el especulador tenga fronteras afuera. El “MEP”: compran bonos que cotizan tanto en pesos como en dólares, compran con pesos, venden en dólares y éstos se acreditan en una cuenta argentina. El “dólar blue”: compra de dólar en el mercado negro. Por supuesto que nadie que no sea parte de la bolsa de valores y tenga su propio agente de bolsa puede hacer ninguna de estas maniobras.

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    El conjunto de las restricciones intentan obligar a operar en pesos para un conjunto de actividades que se venían realizando en dólares, incluso para pagos de montos altos en el mercado interno. Los giros al exterior, la toma de deuda, deberán hacerse previa aprobación del Banco Central. En este sentido, el acceso de las grandes empresas a los dólares es más limitada y tiende a parar la dolarización de una parte de la economía interna.

    Las importaciones, que implican giros al exterior pre financiados, siguen libremente funcionando. Uno de los principales huecos económicos de la presión sobre el peso no tiene así otro límite que el permiso del funcionario amigo del Banco Central. La restricción en dólares en este caso implica aliviar un poco la presión monetaria pero la competencia desigual de productos sigue plenamente vigente. Así, la cotización del peso puede no desbocarse tanto pero la presión inflacionaria por competencia directa internacional no es tocada.


    Finalmente, la medida que tal vez más costó a Macri tomar es la obligación de liquidación de divisas a los exportadores agropecuarios. Históricamente, los exportadores de soja y demás productos del suelo debían traer sus dólares para que ingresen a la economía argentina con cierto plazo obligatorio. Así, la principal fuente de dólares frescos del país necesariamente hacía que pasen por el circuito local, aliviando las presiones sobre el peso. Esto era así desde el mismísimo Onganía: no es ninguna locura “izquierdista”, apenas un freno mínimo al desenfreno patriótico de esconder fortunas multimillonarias en un paraíso fiscal.

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    Macri eliminó esa obligación, permitiendo así que los sojeros se llevaran todos los dólares producidos en el campo argentino al exterior, sin que el país vea ni un solo billete verde de su principal fuente de ingresos. La bomba atómica casera fabricada en la Casa Rosada en este rubro le explotó finalmente en la cara al macrismo.

    Se vio así obligado a tomar una medida nada simpática para sus sojeros amigos, el bloque social que lo llevó al poder. Volvieron los plazos obligatorios de liquidación de divisas… pero sin aumentar un solo peso de retenciones. El esquema general impositivo sigue siendo el establecido el año pasado, en torno a los cuatro pesos por dólar. ¡Pero esto se impuso con un dólar a treinta pesos y ahora sigue vigente con el mismo a sesenta! Es decir, las retenciones en este rubro agroexportador se redujeron a la mitad mientras sus ganancias dolarizadas se duplicaban.

    La nueva medida se aplicó con el visto bueno de las entidades de los exportadores agrarios porque los obliga apenas a hacer un trámite más que antes y que sus relucientes dólares pasen por el tercermundista Banco Central en vez de ir directamente hacia algún paraíso fiscal. Ahora lo pueden hacer pero indirectamente: liquidan divisas en una ventanilla, compran dólares en otra y los fugan con el Banco Central como intermediario. Macri logra así que el gordo bolsillo agro exportador no dude ni un segundo de su vocación republicana, comprada con billete verde. Porque la república es una cosa de principios, pero los principios necesitan de una buena cuenta bancaria.

    ¿Y el salario? Su brutal devaluación es “compensada” con el aumento cosmético del salario mínimo, que puede contarse en kilos de pan para comprar.

     

     

     

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