Cine y Cultura

«Queremos tanto a Diana»

El pasado jueves 10 falleció en Inglaterra su país natal, Diana Rigg. Tenía 82 años.



¿Merece una breve nota en una página socialista revolucionaria? Creemos que sí.

Naturalmente que también cuentan para ello nuestras vivencias propias, personales. Recuerdo una anécdota en la pre adolescencia luego de ver los primeros capítulos de “Los Vengadores” que la encaré a mi mamá y le dije (convencido además) “tenés razón: las mujeres son más inteligentes que los hombres”. Diana, Emma Peel (apellido que en verdad es un juego de palabras con “feel”, sentir) me había demostrado eso y con creces.

Como más de un obituario en estos días recuerda, Diana había nacido en Doncaster y cuando tenía dos años, su familia se mudó a Jodhpur, en la India, donde su padre, ingeniero, se convirtió en administrador del ferrocarril estatal con un sueldo que no era para envidiarle precisamente. Vivió allí hasta los 8 años, cuando volvió a Inglaterra para seguir la escuela. En el Fulneck School se sintió atraída por la actuación. Su abuelo la estimulaba a leer libros de T. S. Eliot y Shakespeare. En 1959 firmó un contrato de cinco años con la Royal Shakespeare Company y empezó a hacerse famosa. Uno de sus primeros papeles fue el de Helena en Sueño de una noche de verano, de Shakespeare. También interpretó a Cordelia en El rey Lear. No es poca cosa para una mujer de 19 años proveniente de la clase trabajadora: «Cuando me llamaron para hacer la serie yo estaba en la Royal Shakespeare Company, era muy joven, era pobre, ni siquiera tenía un televisor» recordaba en uno de sus últimos reportajes y agregaba:​ «Nadie en el rodaje imaginamos que Emma se convertiría en ese referente para tantas mujeres».

Obviamente que existían referentes más importantes para aquellas mujeres que criticaban al patriarcado y a la sociedad de clases machista, pero la audiencia enorme que tenía The Avengers (por si hiciese falta aclararlo, nada que ver con el de Marvel) produjo ese fenómeno. La “chica” desprejuiciada, independiente, inteligente (para volver con mi apreciación pre adolescente) obraban el fenómeno en esa convulsionada década del sesenta.

La serie sigue siendo de culto aún hoy con sus personajes y ambientes de una estética pop desaforada, muy en la vena del «swinging London». Pero también, aunque había tiros y muertes, todo era completamente humorístico y satírico. Steed estaba siempre impecable y no se inmutaba por nada ni perdía la sonrisa ni siquiera ante el más mortal de los peligros. Y los diálogos con sus compañeras estaban cargados de doble sentido y tensión sexual con una elegancia que ya no va a encontrarse nunca más en la televisión. Si “eso” era la sociedad burguesa y los servicios de inteligencia británicos en plena guerra fría, bien valía la pena reírse un rato largo.

Además Diana tuvo una conciencia sindical (la verdad, sabemos poco en cuanto a su posicionamiento político, la imaginamos laborista) lo que la llevó a enfrentarse a la productora Associated British Corporation (ABC) cuando descubrió que Patrick Macnee, el protagonista masculino de la serie y el cámara cobraban más que ella. ​ En la segunda temporada reclamó un aumento salarial de £ 150 por semana a £ 450; ​ una lucha que tuvo que asumir en solitario ninguna mujer o sindicato en la industria me apoyaron. Tampoco Patrick ... la prensa me describió como una criatura mercenaria cuando todo lo que quería era igualdad. Es tan deprimente que todavía estemos hablando de la brecha salarial de género.​ Me quejé públicamente, los periódicos se hicieron eco y lo logré. Y en una especie de descarnado balance, expresó: La televisión ha cambiado tanto… Yo llegué cuando era en blanco y negro, cuando las series se grababan en directo y si cometías un error, toda Inglaterra lo veía. Eso sí que daba miedo, aunque algunas cosas no han cambiado. Hoy siguen luchando por la igualdad salarial, como yo reclamé en Los Vengadores el día que me enteré de que cobraba menos que el camarógrafo.

Entre 2013 y 2017, apareció en 18 capítulos de la serie Game of Thrones como lady Olenna Tyrell. En los últimos tiempos, dicen los que la frecuentaban, ya retirada de los escenarios, Diana se dedicaba a la lectura y a la pesca, su hobby favorito.

Dos notas de color: Tarantino, ese amante irredento del cine y las buenas series, reconoció que las botitas que lucía Uma Thurman en Kill Bill eran un homenaje a Emma. La otra remite a nuestra militancia a mediados de los ochenta en Barracas, más concretamente en la hoy desaparecida Alpargatas. Con ese ímpetu que teníamos por colocar periódicos y el consabido “léelo, te va a gustar” en cierta ocasión un laburante que salía nos dijo “seguro, esta noche lo leeré después de ver a Los Vengadores”. Real. Y sí, como dijimos al comienzo Queremos tanto a Diana. Por siempre.

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