Fernández “normaliza” con 10 mil contagios diarios

Que se escuchen los reclamos de los de abajo

Oponerse a una movilización sin distinguir si el reclamo contiene una reivindicación de los de abajo, o si por el contrario levanta consignas contra la salud pública, es reaccionario; pero usar el contagio como pantalla para oponerse a manifestaciones como las que exigen justicia por Facundo Castro, es hacerle el juego a la derecha.



acuerdo porcino china

La situación del país encierra una paradoja de dimensiones escandalosas: mientras que el coronavirus bate récords con 10.500 contagios y cerca de 400 muertes, el tema ya no es el eje ordenador de la política nacional. Los números nacionales se incrementan por el aumento de contagios en provincias que hasta el momento presentaban pocas o nulas infecciones y que ya registran contagio comunitario: Jujuy, Río Negro, Mendoza, Córdoba, Santa Fey algunos municipios de la provincia de Buenos Aires como Mar del Plata.

A su vez, se han registrado nuevos picos de contagios tanto en capital (1500) como en GBA (6600), lo cual pone en cuestión la idea difundida tanto por el gobierno provincial de Kicillof como el de Larreta en CABA de que se había logrado cierta estabilización en los contagios (datos al día 26/8).  Esto, además de advertirnos respecto de evitar el relajamiento en los cuidados, actualiza el riesgo de colapso sanitario tanto por la vía del estrés del personal de salud como de la ocupación de las camas.

Pero aún con el peligro que representa la pandemia, es un hecho contrastable que la agenda política ya no se ordena alrededor de la misma, un hecho de irresponsabilidad de un gobierno que sigue jugando con fuego mientras parece querer tapar el sol con las manos. Alberto Fernández, tironeado por el empresariado y la derecha neoliberal, aunque también por concesión voluntaria, ha generado un clima de “normalización” de la vida en condiciones evidentemente anormales.  La activación del conjunto de la economía y los rubros laborales (a excepción de la educación y algunos sectores estatales) acompañada de la campaña política que podríamos resumir en “ahora cuídate vos”, fue imponiendo progresivamente el acostumbramiento y la resignación del riesgo de contagio.

Si la pandemia ha salido del centro de la escena como tema político ha sido por la decisión de Fernández de dar vuelta la página y seguir adelante. Claro que la realidad de la pandemia es más grande que el gobierno y ante un desborde sanitario o ante hechos que generen conmoción social (como aumentos significativos de fallecimientos de compañeros/as de trabajo por Covid-19) el gobierno podría perder el control de la situación, y el tema volvería a colocarse por fuerza propia en el centro del debate nacional a costa del oficialismo. Dado que el gobierno se negó a anteponer la salud de los trabajadores a los negocios capitalistas, el riesgo de crisis sanitaria implica su responsabilidad directa y el riesgo de crisis política.

El efecto de este clima de normalización ha ido acompañado por la confrontación de Fernández con Macri y su gestión de gobierno, a la vez que intenta reducir el foco del debate a la reforma judicial, una maniobra política para sacar de escena los verdaderos problemas sociales que crecen por abajo, y cubrirse por izquierda en un debate con la rancia derecha neoliberal.

Pero la apertura de la economía y la sensación de normalización vuelve a dar aire a los temas que habían sido relegados en el marco de la cuarentena extinta o que se procesaban en la pasividad. Esta situación de aumento de los contagios y relativa normalización plantea la necesidad de sacar los reclamos a la calle con los máximos cuidados y no regalarle el terreno a la derecha reaccionaria. Entre otros, el reclamo por justicia para Facundo y que se vaya Berni, sigue siendo uno de los ejes más importantes para colocar en el candelero mediante la movilización.

El juego liberal-social de Fernández

De momento, y con el riesgo sanitario latente, la situación política general continúa administrada por un gobierno que ha decidido poner el foco sobre un tema infinitamente menor, pero acorde a sus propias necesidades políticas, como es la reforma judicial. Una maniobra que tiene el doble objetivo de cubrirse por izquierda confrontando con la oposición patronal y neoliberal de Cambiemos, a la vez que tapa los verdaderos problemas de los de abajo que han visto deteriorarse rápidamente las condiciones de vida, laborales y de salud.

La propia Cristina Kirchner ha salido a decir que esta no es una verdadera reforma judicial, sino mas bien un arbitraje menor. El contenido de fondo es desandar la reforma de hecho sobre la justicia federal penal de Capital Federal realizada bajo el gobierno de Macri en el 2015 que le permitió a este emprender una persecución judicial al gobierno saliente. Entre otras herramientas a eliminar se encuentra la “doctrina Irurzun” que permitía poner en prisión preventiva sin pruebas contundentes a cualquier acusado sospechado de intento de fuga o manipulación de pruebas. Un recurso que dio lugar a arbitrariedades completas bajo el uso discrecional de jueces adictos al gobierno de Macri.

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Desde luego que la corrupción es congénita a todos los gobiernos que han administrado el Estado Argentino a la fecha. Pero ni la actual “reforma judicial” ni las anteriores han tenido como fin ponerle límites a un mecanismo que aceita el acceso de los grandes empresarios a los negocios con el Estado, y que a su vez permiten a los funcionarios llenarse de guita. Por el contrario, la reforma penal se limita a desarmar un mecanismo judicial que ha servido a la persecución de políticos de la talla de Cristina Kirchner y que eventualmente pueden ponerse al servicio de la persecución de opositores. La reforma viene a intentar calmar las aguas y disminuir el poder de fuego de la casta judicial y de los gobiernos de turno sobre sus opositores.

Pero como dijimos anteriormente, el terreno de normalización elegido por el gobierno lo presiona a dar cuenta de algunos de los problemas que crecen por abajo. Más allá de la ridiculez del “peligro de golpe de Estado” al que se refirió Duhalde, hay una advertencia que recorrió sus declaraciones sobre el aumento del malestar social y sobre la base de eso el llamado a aunar posiciones entre el gobierno y los opositores. Ese malestar social es un hecho que, aunque aún no ha irrumpido en escena, obliga al gobierno a tenerlo en cuenta y no dedicase exclusivamente a la política superestructural y las relaciones entre los partidos del régimen.

Así, luego de varias de “cal” liberal, la nueva de “arena” social del gobierno ha sido el decreto que declara de interés público a los servicios de telecomunicaciones(internet, telefonía móvil y televisión por cable o internet). Una iniciativa que tributa a un problema que es el origen de la exclusión de miles de niños y jóvenes de la educación en todos los niveles.  El DNU no tiene reglamentación aún, pero los trascendidos hablan de la intención de congelar y regular los elevados precios que cobran las multinacionales que se llenan los bolsillos a niveles siderales por servicios de baja calidad, además de garantizar el acceso a los sectores máspobres de la sociedad que hoy no cuentan con estos servicios y que quedan fuera del sistema educativo. Otro efecto de la pandemia que puso en evidencia que estos servicios son tan esenciales como el acceso a la salud, el agua, la luz o el gas.

El monopolio sobre estos servicios esenciales por parte de grupos como Clarín, genera la apropiación de enorme cuotas de plusganancia cuya contrapartida son inversiones minúsculas. Sólo bajo el capitalismo es concebible que los desarrollos tecnológicos conquistados por la humanidad mediante el desarrollo de la ciencia, cuyo uso se encuentra  tan extendido mundialmente y que hace a la vida y al desarrollo cotidiano de las personas, sea apropiado por un puñado de empresarios mientras se restringe el acceso a miles y miles de personas. Desde luego que defendemos que se garantice el acceso a toda la población de este servicio, pero junto con esto opinamos que se debe avanzar sobre la estatización de los mismos bajo control de los trabajadores, que es la única manera de garantizar el acceso a toda la población trabajadora.

Este gesto del gobierno social-liberal de Fernández ha sido rechazado rápidamente por el arco neoliberal y los multimedios como Clarín, que aún sin reglamentación que permita conocer a ciencia cierta cuales serán sus implicancias, han salido rápidamente a defender el “derecho” a sus enormes cuotas de ganancias sin ningún tipo de regulación del mercado por parte del Estado. Un nuevo tironeo por derecha que busca un nuevo efecto disuasivo sobre Fernández como el que lograron con Vicentin.

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Que se escuchen nuestros reclamos

La burocracia sindical es la gran responsable de la situación a la que están sometidos los trabajadores y trabajadoras. Pero el clima de normalidad impuesto por el gobierno, podría estar generando condiciones para la vuelta de los reclamos elementales como los salarios, aún a pesar de las direcciones sindicales traidoras. Muchos trabajadores empiezan a pensar que “si había que hacer un esfuerzo por la pandemia y la pandemia ya fue, entonces ahora el esfuerzo que lo haga la patronal”.

Hay otro elemento pérfido de la política del gobierno, mientras alienta la normalización de toda la economía, tiene el descaro de rechazar a cualquier tipo de movilización usando como argumento la posibilidad del contagio. Esta ubicación es usada por los militantes k contra las movilizaciones de la derecha anti cuarentena. Pero lo curioso es que también lo usan contra la izquierda que se moviliza, como es el caso de nuestro partido que cada vez que sale a la calle lo hace bajo estrictos criterios sanitarios y de distanciamiento social, y por reclamos de los explotados y oprimidos como es la justicia para Facundo y porque se vaya Berni.

Oponerse a una movilización sin distinguir si el reclamo contiene una reivindicación de los de abajo, o si por el contrario levanta consignas contra la salud pública, es reaccionario; pero usar el contagio como pantalla para oponerse a manifestaciones como las que exigen justicia por Facundo Castro, es hacerle el juego a la derecha. Por el contrario, siempre defendemos el derecho a la protesta de los trabajadores, las mujeres y la juventud de manera incondicional, que son los explotados y oprimidos bajo este sistema.

Párrafo aparte merece el PTS-FITU, que se ha sumado sin delimitaciones a la campaña oficialista del #YoNoMarcho, una consigna que no distingue entre marchas gorilas y marchas por izquierda, cediendo completamente al gobierno nacional y fundamentalmente a la ubicación del kirchnerismo, un hábito que comienza a volverse una rutina de “la izquierda bien”, amigable y educada, que parece cada vez más cómoda con los tiempos y reglas de la institucionalidad.

Desde el Nuevo MAS planteamos el apoyo incondicional a todas las luchas que surjan desde abajo. Desde luego que somos los primeros en tomar medidas de precaución contra el contagio, pero no estamos dispuestos a quedarnos de brazos cruzados en una inmovilidad cómplice sin salir a la calle a exigir, por ejemplo, que los responsables de la desaparición forzada de Facundo paguen.

En este contexto es que entendemos que es preciso hacer sentir nuestros reclamos con todas nuestras fuerzas. Es necesario que se escuchen las voces de los de abajo para que no sean las y los trabajadores los que se contagian masivamente gracias a la cancelación de toda medida estatal de protección sobre la sociedad. Es por esto que seguimos reclamando que el gobierno suspenda los trabajos no esenciales con pago del 100% del salario y destine los recursos necesarios para hospitales y los trabajadores de salud, y no para los bonistas y el FMI.

Esta semana uno de los temas que se pusieron en la calle fueron las protestas contra las quemas de los humedales con fines inmobiliarios o de agronegocio, un problema que afecta a Córdoba, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe y zonas del Gran Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires y que ha generado daños irreversibles en la flora y fauna de las zonas afectadas. Un ecocidio que ha sido denunciado por movilizaciones de cientos de jóvenes y en las que el ¡Ya Basta! ha participado con un ángulo anticapitalista.

Estas problemáticas como el proyecto chino de producción de carne porcina deben ser tomadas y desarrolladas desde el cuestionamiento a las formas de producción capitalistas que rompen el equilibrio de las relaciones entre la humanidad y la naturaleza y llevan a la destrucción del medio ambiente y que generan enfermedades zoonóticas como el caso del coronavirus.

En definitiva, de lo que se trata desde nuestro punto de vista es de desarrollar toda protesta de los de abajo y tomando todas las medidas de prevención necesarias, no regalarle la calle como ámbito de reclamo a la derecha, para seguir tallando por izquierda en la realidad nacional.

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