el capitalismo no va más

Que paguen los ricos y poderosos

Es una gran mentira la impulsada por todos los medios (y los parásitos liberales) que dicen que Argentina es uno de los países donde las empresas más pagan impuestos, lo que les impediría ahorrar y por lo tanto invertir, y que lo correcto entonces sería disminuirlos para que la economía crezca. La realidad es exactamente la contraria. La campaña de Manuela Castañeira y el Nuevo MAS dice: que de una buena vez la crisis (y los impuestos) la paguen los capitalistas, los ricos y poderosos. 

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Marcelo Giecco


Hemos visto que la recaudación de impuestos  promedio en los países de la Unión Europea llega al 40% del PBI, superando el 45% en Francia y los países nórdicos, mientras que Argentina ha oscilado entre el 26-28% del PBI en impuestos nacionales y un estudio de CEPAL para 2007-2008 la ubica en un total del 30%(1).  Dicho estudio destaca que la recaudación proveniente de impuestos a los ingresos y al patrimonio (en relación al PIB) en América Latina es la más baja del mundo, incluyendo los países africanos. Y encima Argentina compitió con Haití y Paraguay por ser la de menor recaudación por impuestos a los ingresos, utilidades y ganancias del capital en 2008 (en términos relativos), si se excluyeran las retenciones. He ahí una de las causas del “patriotismo campestre”: la vulgar máxima “que los impuestos los paguen otros”.

En el colmo del cinismo, los “especialistas” llegan a decir que las empresas pagan más de impuestos que lo que ganan. Esto forma parte de un “relato” más amplio, que propone una reforma laboral y previsional, y el achicamiento del gasto estatal en servicios.  En Argentina, esta reducción de impuestos que plantean no deja de sonar como una añoranza de los 90, en pleno auge del neoliberalismo, cuando la presión tributaria era del orden del 20% del PBI, contra al 30%

actual. Detrás de todos estos fuegos artificiales, se esconde que son los trabajadores, con sus impuestos al consumo y al salario, los principales aportantes a la recaudación tributaria.

 

70% a los ricos

El neoliberalismo trajo una novedad en materia impositiva: acorde a los nuevos tiempos de ofensiva patronal en todos los terrenos, redujo notablemente el impuesto a las ganancias de las corporaciones. Pero peor aún, como consecuencia de la explosión del flujo de dinero y bienes en todo el mundo, las multinacionales empezaron a trasladar sus ganancias de manera artificial a países de nula o escasa tributación. Como consecuencia, la reducción nominal de impuestos se potenció con la reducción ficticia de sus ganancias. Esto es lo que expresa el “tipo efectivo sobre las rentas empresariales”; o sea, el porcentaje de impuesto pagado sobre sus ganancias reales. Esta no es ninguna elucubración de la izquierda: está reconocido por la propia Unión Europea y el FMI.

País/ Impuesto marginal máximo 1995 –       % nominal 2017-       % nominal Tipo Efectivo
Alemania 56,8 28 15
Italia 52,2 26 9
Gran Bretaña 33 15 10
España 35 25 8
Francia 44 34 10
Promedio Unión Europea 35 22 10
Estados Unidos 35 21 18

 

Como consecuencia de este “descuento al cuadrado”, las ganancias de las sociedades aportan en promedio el 2,8% del PBI en la UE; para compensar este bache se produjo un aumento de recaudación de los impuestos al consumo y por otro lado, una suba constante del endeudamiento público: los déficits fiscales se hicieron la norma.

En Estados Unidos, si bien con una recaudación impositiva menor (25% del PBI) se observa el mismo fenómeno. Las corporaciones aportan a la recaudación menos aún que en la UE. A pesar de su tasa nominal relativamente alta (35% hasta 2017) la recaudación a la ganancia empresaria se redujo en forma constante, pasando de aportar un 30% del total recaudado en los años 50 hasta promediar un 10% del total recaudado a partir de los años 80: esto se explica por diversas desgravaciones, que reducen la tasa efectiva a la mitad, pero también por la fabulosa transferencia ficticia de utilidades a países de baja o nula tributación. De ahí lo escandaloso de la reforma tributaria de Trump de 2017, cuya consigna fue bajar los impuestos a todos, pero los beneficiaros reales fueron las grandes corporaciones, que más que invertir con lo ahorrado se dedicaron a recomprar sus acciones.

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Como reacción, el ala izquierda del Partido Demócrata liderada por Sanders propone elevar los impuestos a los ricos: Ocasio Cortez impulsa un impuesto del 70%, sí, del 70% a los ingresos que superen los 10 millones de dólares de ingresos anuales.

No me quiero detener sobre los límites del programa de Sanders, sólo remarcar que su respuesta obedece a un fenómeno que preocupa incluso a los más acérrimos defensores del capitalismo: la creciente desigualdad social en el “primer mundo” resumida en el “99% versus el 1%”. Pero este proyecto no es producto de la imaginación de Ocasio: durante los años 50 la tasa máxima del impuesto a las ganancias de las corporaciones fue de más del 50%, luego  durante los 70 y 80 del 46% y bajo al 35% en 1993, (hoy 21% con Trump) mientras que los ricos llegaron a pagar tasas máximas del 91% durante la década del 50 hasta mediados de los 60, donde bajó al 70%; hoy la tasa máxima es del 37%.

 

¿Y Argentina?

Nuestro país históricamente tuvo una tasa del 35% a la ganancia empresarial. Esto la ubicaba en los niveles más altos del mundo. ¿Tenían razón entonces los empresarios y Macri hizo lo correcto al bajarla al 30% para 2018-19 y al 25% en adelante? No es casual, sin embargo nos parece, la casi total ausencia de estudios locales sobre el tema: reflejarían lo poco que pagan los grandes empresarios y multinacionales en la Argentina con mayor detalle. Al mencionado estudio de CEPAL, podemos agregar otro de la Oficina del Presupuesto del Congreso de los EEUU que estimaba para 2012 la Tasa efectiva corporativa en Argentina del 11%, en línea con los países del G20, que se reducía al 6% en caso que la financiación empresaria fuese un 70% con deuda y un 30% con activos propios.

Esto no es “una panfleto de la izquierda”; el propio FMI estima que “los países que no son miembros de la OCDE pierden alrededor de 200.000 millones de dólares al año porque las empresas pueden trasladar utilidades a jurisdicciones de baja tributación”. Las multinacionales evaden impuestos falseando datos para poder así declarar ganancias ficticias en paraísos fiscales.

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Un estudio posterior de Tax Justice Network ajusta el monto estimado total en 500.000 millones de dólares para 2013, correspondiendo a la Argentina 21.000 millones de dólares por año, el 4,42% del PBI es el impuesto a las ganancias evadido por las multinacionales: uno de los más altos del mundo en relación al PBI.

Este mecanismo lo usan no sólo las multinacionales, sino también los capitalistas locales más grandes: ahí están los casos de Tenaris con domicilio en Luxemburgo, Tecpetrol en España, mientras que Galperin Trust, el accionista mayoritario de Mercado Libre, tiene su domicilio en Nueva Zelanda.

El resultado es que la recaudación fiscal en nuestro país esté sostenida por los impuestos al consumo, que pagan todos, ricos y pobres, capitalistas y trabajadores: pero no es lo mismo los $1.000 de impuestos al cargar el tanque de nafta, o de la factura de luz, teléfono, gas o del súper: son un sablazo para unos, un vuelto para otros. Mientras los impuestos al consumo recaudan el 34% del total, Ganancias y Bienes Personales sólo aportan el 20%. Pero este último dato oculta que las sociedades aportan menos de la mitad de la recaudación del impuesto y la presión que soportan se reduce al 2,5% del PBI; nuevamente, como en el IVA, son los trabajadores los que pagan la cuenta, con el maldito impuesto al salario.

El primer  obsequio macrista a las empresas fue la brutal rebaja de las retenciones a las exportaciones; mientras que fueron alrededor de más que el triple que los derechos de importación en la década anterior, ubicándose en importancia sólo por detrás del  IVA y Ganancias, llegando a aportar el 10% de la recaudación en 2010 y un 5% en 2015. Ahora se inscriben en el pelotón de “otros” con el 2% en 2017: al reducirlas drásticamente, es probable que los ricos en la Argentina, como decía el estudio de CEPAL, para 2008 estén entre los que menos pagan en el mundo. Como si no fuese suficiente, ahí están los anuncios de que “las retenciones son malas” y la intención de eliminarlas definitivamente.

El mundo al que nos quiere “integrar” Macri es al del capitalismo de la precarización y desigualdad para los jóvenes (pagando impuestos desde levantarse hasta acostarse) y de las ganancias sin fin (y sin impuestos) de las corporaciones.

Son las 500 empresas más grandes de la Argentina y sus dueños las que tienen que empezar a pagar una parte de sus fabulosas ganancias: ¿de dónde sacaron sino los más de 100.000 millones de dólares que han blanqueado, que ningún estudio serio se anima a decir que no sean más que una parte del total negreado?

Es hora que la crisis, y los impuestos, los paguen los capitalistas.

 

 

  1. Incluyendo impuestos provinciales y municipales.

 

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