Opinión

¿Qué historia encontrará su desenlace al final del precipicio?

La política contemporánea se mueve, para la clase trabajadora, en los laberintos imprecisos de un inmenso dilema: a los peligros físicos de una brutal represión y la contingente amenaza de la paralización económica se viene a sumar la desgracia mortífera de una pandemia. ¿Ya no es posible creer en el futuro o es más que nunca importante apostar por él?

Lucas Duarte

«A través del arte el hombre conquista la realidad mediante una experiencia subjetiva. En la ciencia, el conocimiento que el hombre tiene del mundo asciende a través de una escalada sin fin, y cada vez es sustituido por un nuevo conocimiento, cada nuevo descubrimiento es, las más de las veces, invalidado por el siguiente, en nombre de una verdad objetiva específica. Un acontecimiento artístico ocurre siempre como una imagen nueva e insustituible del mundo, un jeroglífico de absoluta verdad. Surge como una revelación, como un deseo transitorio y apasionado de aprehender, intuitivamente y de una sola vez, todas las leyes de este mundo — su belleza y su imperfección, su humanidad y su crueldad, su carácter infinito y sus limitaciones.»

Tarkovski (1)

La política contemporánea se mueve, para la clase trabajadora, en los laberintos imprecisos de un inmenso dilema: a los peligros físicos de una brutal represión y la contingente amenaza de la paralización económica se viene a sumar la desgracia mortífera de una pandemia. ¿Ya no es posible creer en el futuro o es más que nunca importante apostar por él?

Ante un paciente históricamente abatido, los diagnósticos han sido certeros. La dominación burguesa en Brasil asumió, con el bolsonarismo, su carácter más nefasto, abandonó ante sí las máscaras de una democracia blindada para expresar una forma de bonapartismo caníbal, que cuenta a los muertos de a millares, y que no procura si quiera disfrazar su esencia sanguinaria. Un gobierno miliciano, paramilitar, asumió el control de un paracaídas cerrado que no augura más que un choque fatal al final del precipicio. Elevando los subterráneos de la sociedad a la política, conformó ministerios negacionistas, adversos a la razón y a la creación, esto es, a la propia humanidad.

En este escenario, la suposición de continuidad de la normalidad ya no serviría más que para impedir la comprensión del significado específico de cada uno de los eventos que movilizan la política de lo cotidiano. Por ejemplo, es necesario abordar con claridad que el pedido de impeachment de un gobierno neofascista-miliciano no tiene exactamente el mismo contenido que el pedido de impeachment de un gobierno burgués convencional. La constitución de un hecho alrededor de la consigna “Fuera Bolsonaro” – extremadamente importante para el fortalecimiento del polo, aún subjetivo, de oposición al gobierno – al empalmar con una acción de resistencia dirigida por sectores de la izquierda (hasta ahora improbable, pero, aun así, ordenadora) gana un significado político fundacional. La salida de Bolsonaro del gobierno – aunque descartada por las propias fracciones burguesas que alguna vez lo apoyaron – alteraría el tablero político nacional y dejaría poco margen para pronósticos deterministas de cualquier naturaleza. Mucha agua habrá pasado y pasará debajo del puente en caso de ser, o cuando fuera, destituido de su cargo. Para la organización popular en este período, cuyo carácter defensivo es innegable, la caída del presidente miliciano puede significar la apertura – o renovación – de ciertos horizontes de posibilidades.

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Al negar la dramaticidad del coronavirus, Bolsonaro asumió el costo político de cada uno de sus muertos. Con casi todas las letras, dejo claro que no le importan. Emulando una preocupación por la crisis económica que el capitalismo mundial es incapaz de resolver, dio paso a una crisis política que sus hordas paramilitares tal vez no puedan enfrentar. Porque ya no se trata de una dudosa disputa entre narrativas sobre la realidad, sino de la dolorosa contundencia de una crisis pandémica que devuelve a la ciencia su legitimidad central. Las fake news se chocaron con los ambulatorios abarrotados y, en este sentido, la desmoralización, aunque parcial, del oscurantismo bolsonarista puede extenderse al conjunto de los sectores reaccionarios en lo que respecta a la conducción de una emergencia sanitaria de estas dimensiones. No debemos descartar que este escenario resulte en la necesidad del reordenamiento de la propia dominación capitalista en Brasil.

Es difícil prever hasta el final las consecuencias de la profunda y trágica peculiaridad de atravesar una pandemia durante el gobierno de un Bonaparte. No se trata de esperar la intervención salvadora de una burguesía liberal ilustrada, sino de reconocer la naturaleza imprevista de los impactos acarreados por la pandemia. No exagerar, pero no ignorar que probablemente los datos económicos y sociales provocados por esta crisis tengan costos característicos de una guerra para los regímenes políticos de todo el mundo. Aún no quedó claro cuál será la salida del capital: la profunda incertidumbre expresada por los gobiernos y mercados globales, dentro de ciertos parámetros, puede derivar en soluciones de todo tipo a partir de la constatación de la absoluta inviabilidad del modelo neoliberal.

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Los pronósticos más pesimistas dan cuenta de un incremento represivo en los sistemas políticos a nivel mundial. En el escenario actual, es cierto, el estado de sitio permanente es una amenaza concreta. En tanto, el futuro no está determinado. Los terremotos que atravesamos tal vez dejen fisuras en las formas de dominación y de expropiación conocidas y sus resultados definitivos, cuando lo sean, dependerán de la interacción, hasta cierto punto imprevisible, de determinados factores.

Para ser completo, el abordaje realista (científico) de los acontecimientos políticos a partir de sus elementos concretos, no se pueden ignorar los elementos contingentes que los componen. Así como no es posible afirmar un sentido histórico que nos asegure el triunfo final, de nada serviría sucumbir ante una Casandra que nos conduzca a la ruina. La profundidad de la crisis en que estamos nos obliga a una forma de aprehensión radical de la propia vida para, aún en condiciones francamente desfavorables, engendrar nuevos caminos. Este es uno de los sentidos en que la ciencia y el arte se interpelan en la intervención política. (2)

La Tierra, redonda, reitera sus movimientos. Estamos en medio de la caída, es verdad, pero es solamente una historia, y no todas, la que encontrará su desenlace al final del precipicio.

* Lucas Duarte es historiador y militante del Nuevo MAS (Argentina).

Artículo aparecido en Esquerda Online. Traducido por Luz Licht para Izquierda Web


NOTAS

1 – TARKOVSKI, Andrei. “Esculpir o Tempo”. San Pablo: Martins Fontes, 1998, pp. 39-40.

2 – SÁENZ, Roberto. “Ciencia y Arte de la política revolucionaria”. Buenos Aires: Editorial Antídoto, 2018.

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