Debates en la izquierda

Polémica con el PO: La negativa a tomar la solidaridad en nuestras manos

El PO nos acusa de hacer "mutualismo" y plantea que hay que “organizar en los sindicatos la lucha contra el gobierno”. Sus palabras resultan bastante curiosas, ya que los sindicatos en los que tienen responsabilidades de dirección se encuentran cerrados.



Una catástrofe de proporciones sin precedentes y el hambre nos amenazan inexorables. Todos los periódicos han hablado ya de ello infinidad de veces. Los partidos y los soviets de Diputados obreros, soldados y campesinos han votado un sinnúmero de resoluciones en las que se reconoce que la catástrofe es inevitable, que está ya muy cerca, que se debe mantener contra ella una lucha desesperada, que es necesario que el pueblo haga ‘esfuerzos heroicos’ para conjurar el desastre, etc. Todo el mundo lo dice. Todo el mundo lo reconoce. Todo el mundo lo hace constar. Pero no se toma ninguna medida.”

(V. I. Lenin, “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”, septiembre 1917)

La crisis que estamos atravesando es muy grave, todo el mundo lo reconoce. Los efectos de la pandemia que afecta la salud de la población a nivel mundial se suman y agigantan la crisis económica. El gobierno viene administrando una cuarentena cada vez más flexibilizada, empiezan a aparecer nuevos focos de coronavirus y aún sin haber llegado (y mientras se acerca) al pico de contagios, la situación del sistema de salud es gravísima. Al mismo tiempo, millones de trabajadores no cobran porque su actividad está paralizada o vieron reducidos sus salarios. La respuesta del gobierno es de muchas palabras, aparentar que todo se está “controlando”, mientras por abajo crece la incertidumbre.

En ese marco, existe un debate en la izquierda sobre cómo formular una política revolucionaria en la actual crisis pandémica. Recientemente, el Partido Obrero ha salido a responder una crítica que les hiciéramos oportunamente (“Partido Obrero: sumisión al Estado y negativa a organizar la solidaridad desde abajo”) acusándonos de sostener una posición “mutualista”, en referencia a las primeras formas de organización de la clase obrera, mientras que ellos se encargarían de “organizar en los sindicatos la lucha contra el gobierno”. Sus palabras resultan bastante curiosas, ya que los sindicatos en los que tienen responsabilidad de dirección… se encuentran cerrados (dato que omiten en su nota)1.

En los hechos, lo que ha venido haciendo el PO es el más puro sindicalismo y corporativismo: sacar declaraciones “exigiendo” al Estado una serie de cuestiones pero sin desarrollar ninguna instancia de solidaridad de clase desde abajo. La realidad es que su “superación” del mutualismo no es una política revolucionaria sino reformista, que le entrega la totalidad de la iniciativa frente a la crisis que atravesamos al Estado burgués y no lo que correspondería según las enseñanzas de Lenin, que la clase obrera se postule política y prácticamente como alternativa frente a la crisis nacional.

En “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla” Lenin educaba al Partido Bolchevique en otra orientación: la política revolucionaria frente a una crisis profunda es llamar a los trabajadores a tomar todas las tareas en sus manos (para construir el doble poder).

El Estado, tanto en Rusia del 17 como en Argentina del 2020, se revela incapaz de tomar las medidas necesarias para afrontar esa crisis y resolverla. Esto se debe simplemente a un elemento que es parte del ABC más básico del marxismo: el Estado es de la clase dominante, y como Estado burgués, no está dispuesto a afectar las ganancias y los negocios capitalistas, a pesar de que esa es la única manera de dar una resolución real y de fondo a la situación.

Por lo tanto, la política revolucionaria es educar a que sea la clase trabajadora la que se haga cargo, construyendo desde sus organismos y su propia posición de clase un programa sobre cómo resolver la crisis, ya que es la única clase social que tiene la capacidad de construir otra sociedad que supere al capitalismo que nos lleva a la crisis.

El Partido Obrero haría bien en estudiar la historia de la Revolución Rusa para sacar lecciones sobre cómo formular una política revolucionaria. Porque hay que recordar que Lenin denunciaba que el Estado no lograba hacer nada coherente frente a la guerra y la desorganización económica y social y que correspondía a la clase obrera tomar en sus manos todas las tareas frente a la catástrofe que se abatía frente a ella, tareas que, en su dinámica, podrían llevar, llevaban en la experiencia rusa concreta, al establecimiento de un poder alternativo.

Por el contrario, el PO educa a su militancia en la sola exigencia al Estado, en el fetichismo del mismo, en vez de llamar a superarlo, lo que es una política oportunista. Obviar el Estado sería un error, más aún en una coyuntura reaccionaria como la actual. Pero depositar toda la exigencia en él, no alentar la organización simultánea por abajo de la solidaridad, que es lo más estratégico, exuda un fetichismo estatal de lo más repugnante. Y más repugnante todavía cuando el Estado burgués muestra tal inutilidad burocrática en concretar lo mínimo que anuncia desde arriba…

Por nombrar un solo ejemplo: en los hospitales, mientras que todo el mundo denuncia la falta de todo tipo de insumos, la política rastrera del PO es meramente “exigir”… Se desprecian las donaciones organizadas por trabajadores que tienen el evidente interés de cuidar al personal de la salud, tan crucial en este momento, perdiéndose de vista, a la vez, la situación de emergencia, haciendo política de manera rutinaria como si fuera un momento más.

Es obvio para todo el mundo que hay que exigir al Estado que otorgue inmediatamente todos los insumos necesarios: lo hemos dicho en nuestra nota anterior, lo decimos en todos nuestros posicionamientos políticos, lo hacemos en los hospitales y lo vamos a seguir haciendo en general.

Ahora bien: el problema es que cuando la única política es la exigencia, se trata de una política oportunista. Es “quedar bien” denunciando lo que falta (no hace falta ser revolucionario para eso), pero no ofrecer ningún tipo de alternativa desde la clase trabajadora sobre cómo se debería resolver la cuestión. En definitiva, se trata del más absoluto fetichismo del Estado, que aparece como el único actor posible ante la situación.

Además, ¿cómo educa el Partido Obrero a la militancia de quienes no trabajan en un hospital? Su política es la de una cuarentena pasiva, encerrados en las casas, en lugar de una cuarentena solidaria, desarrollando la solidaridad de clase, con todos los cuidados de salud necesarios. Es suspender la política, la intervención en la realidad y reemplazarla por publicaciones por redes sociales. De esa forma se puede “denunciar” muchísimo, pero hacer muy poco; una política de puro palabrerío frente a la pandemia.

Mutualismo, sindicalismo y la solidaridad de clase

A pesar de que se esconda detrás de toda una fraseología grandilocuente y supuestamente “revolucionaria”, la política del PO es reformista de los pies a la cabeza. Se hace evidente que se trata de una impostura cuando defienden que los sindicatos continúen cerrados en medio de la cuarentena, en vez de educar al activismo obrero en la solidaridad, en que los aliados son los demás trabajadores y no el Estado; en que la clase obrera es la que debe tomar en sus manos las tareas.

Su línea directiva mayor ante la crisis es la sumisión al Estado: dejarle toda la iniciativa a los de arriba sin poner a la clase obrera en el centro de su resolución. Debemos decir que esto no nos sorprende, al contrario, es habitual en ese partido, que hace años viene demostrando una cada vez mayor adaptación a las instituciones del sistema y un desprecio por la iniciativa desde abajo de los trabajadores, como se puede ver hasta en sus actuaciones sindicales donde tienen peso de dirección: ¡todo lo resuelve el sindicato, nada la asamblea de los trabajadores!

Lo ridículo de la nota del Partido Obrero es que dice oponer el mutualismo a la organización sindical, cuando la verdad es que este partido no hace ni la una ni la otra. No organiza, se pone en contra de la solidaridad de clase, y tampoco prepara la lucha sindical para enfrentar las avanzadas del gobierno. ¿Quién puede pensar que un sindicato cerrado, que no les da ningún espacio de organización a sus trabajadores, ni siquiera una guardia mínima para recibir sus reclamos, organiza a la clase? ¿Suponen que el gobierno y la patronal tiemblan ante las amenazantes puertas cerradas de los mismos?

Para colmo, la oposición del PO entre ambas experiencias, mutualismo y organización sindical, es una visión etapista, como si el avance de las asociaciones mutuales hacia los sindicatos eliminara la solidaridad de clase. ¿Acaso no seguimos recolectando hoy fondos de huelga para sostener a los compañeros despedidos en lucha por su reincorporación? ¿Está ahora el PO en contra de esta medida elemental para que la lucha no se quiebre por el hambre? ¿Fue “mutualista” y por lo tanto “atrasada” la olla popular que organizaron los trabajadores de Penta en lucha contra el cierre en las puertas de la fábrica, acción por la que fueron reprimidos? El avance hacia formas más profundas, más políticas de organización de la clase obrera, no significa el abandono de los lazos de solidaridad y unidad de la clase, y tampoco significa concebir la política como una instancia puramente atada a la exigencia al Estado, una aberración de leso leninismo.

En Lenin la política se concibe como la elevación de la clase obrera a los asuntos generales de la sociedad; como la capacidad de la clase obrera de dar una alternativa a todos los sectores explotados y oprimidos (“ir a todas las clases de la sociedad” educaba Lenin en el ¿Qué Hacer?), como una lucha contra el sindicalismo y el corporativismo y no persignarse frente al Estado burgués (como hace el Partido Obrero).

Por lo demás, estos mismos lazos que se tejen desde abajo son los que prefiguran un tipo de sociedad diferente, donde es la propia organización de los trabajadores en sindicatos, comités de higiene y seguridad, de lucha o lo que sea, la que resuelve los problemas sociales, no el Estado burgués.

La oposición que hace el PO entre las relaciones mutuales por abajo y el sindicalismo, es aberrante. Todas las experiencias de lucha de la clase obrera valen, dependiendo de las circunstancias. Si el mutualismo era “anti político” de todas maneras rescataba la solidaridad. Y, sin embargo, tampoco es verdad que la elevación de la clase obrera a clase política se circunscribiera a los sindicatos o significara que el único punto de referencia fuera hacer una política de exigencias del Estado, algo aberrante como concepción.

La realidad es que todos los métodos de lucha de los trabajadores valen dependiendo de las circunstancias y que lo más estratégico es su organización independiente del Estado y los capitalistas no puramente sindical sino política, esto en la perspectiva de pelear por el poder tanto a nivel local como nacional.

Su adaptación al sistema, que se viene desarrollando desde hace muchos años, hace que hoy en día no vean ninguna otra salida que a través del Estado burgués para enfrentar esta situación, a la vez que niegan todo tipo de participación a la clase obrera, con sus propios organismos y planteando su propia salida, con un corte de clase completamente distinto.

Lógicamente, de esto se desprende una política reformista: el papel de la clase obrera para el PO es “criticar”, “exigir” o, como mucho, “arrancarle” cosas al Estado, pero no proyectarse como clase histórica en reemplazo del Estado existente.

1 “Nuevo MAS: mutualismo y adaptación al gobierno”, Prensa Obrera

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