Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.


Desde ya que no es lo más visto que una elección que en definitiva no decidía casi nada haya sido el puntapié para que desate una crisis política y económica que estaba en ciernes. Pero esta vez, sin sorprender realmente a nadie ocurrió. En este contexto se hace más necesario a la vez que más dificultoso desarrollar un análisis pormenorizado de lo que la elección nos deja y de detectar cuáles son los puntos de apoyo y las dificultades que los socialistas encontramos en la realidad para desarrollar una política revolucionaria. En este sentido dedicamos el editorial de nuestra edición a empezar a dilucidar esos problemas. En la presente nota nuestro objetivo es más humilde. Simplemente tomaremos los fríos números que nos dejó la elección para sacar algunas conclusiones preliminares.

El viejo Engels planteó que las elecciones no son más que el termómetro que nos permite a los revolucionarios medir el grado de conciencia de la clase obrera y las masas en general y el nivel de desarrollo de las organizaciones de los revolucionarios. Sobre esta afirmación, la cual en términos generales es absolutamente correcta, vale aclarar que de ninguna manera las elecciones son el único termómetro que existe, y menos aún el único parámetro de medida. Esto es así, en gran medida, porque la elección iguala en el voto a sectores que en la realidad tienen relevancia y pesos distintos. Pone en el mismo plano a la vanguardia que dinamiza a la sociedad con los sectores más retrasados que solo aparecen y se hacen sentir cada dos años vía las urnas.

Dicho esto, pasemos a los números.

 

Una fuerte polarización entre fuerzas burguesas que abre interrogantes

Para desarrollar un análisis de la elección es necesario tener una referencia que nos sirva de punto de comparación. En este sentido vamos a tomar como referencia la elección PASO del 2015 que también elegía candidatos a Presidente de la Nación. Este domingo votaron algo más de 24.700.000 personas, el 75,8% del padrón, poco más que en 2015. La fuerzas patronales en su conjunto y en todas sus variantes acumularon el 93,43% de los votos, la izquierda clasista en sus dos variantes (el Nuevo MAS y el FIT-U) alcanzó el 3,59% (el resto fueron votos en blanco). En comparación con 2015 el espacio de la izquierda tuvo un retroceso de 0,33 puntos porcentuales (en 2015 el FIT, Nuevo MAS y MST habíamos sumado el 3, 92%). Un retroceso que de todos modos no configura ningún desbarranque de la izquierda.

Lo distintivo de esta elección no fue esto, sino el grado de polarización que se evidenció este último domingo. En 2015 las dos primeras fuerzas (el FPV y Cambiemos) se habían repartido el 65,26% de los votos; en 2019 la sumatoria de las dos primeras fuerzas arrasó con el 79,73%. La polarización fue tan grande que hasta el macrismo, principal vapuleado de la elección, mejoró su performance en términos absolutos pasando del 28,57% al 32,08% en 2019 y sumando casi 1.100.000 votos.

Pero sin duda lo más destacado es la elección que hizo el Frente de Todos que sumó el 47,65% de los votos, aspirando de esta forma la casi totalidad del voto castigo al gobierno. Dejemos anotado aquí simplemente el carácter contradictorio de este voto, sus alcances y sus límites. Que haya sido la dupla Fernández-Fernández quien capitalizó el voto bronca es una muestra de que el mismo, sin dejar de ser un voto progresivo que le pone un límite al proyecto neoliberal que encarna Macri, no deja de ser un voto que no escapa de los marcos del posibilismo que fomenta el kirchnerismo. Pero por otro lado, en la medida de que se transforme en movilización y lucha en las calles, podrá ser una dura piedra en el gobierno de Alberto Fernández y su plan de ajuste.

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Progresos y retrocesos en la izquierda

Sin duda la izquierda en su conjunto no fue capaz de quebrar el abrazo de oso de la polarización que plantearon tanto los K como el macrismo y no pudo terminar de proyectarse como alternativa política frente a las amplias masas. Pero esta afirmación general esconde dinámicas distintas y contrapuestas en el seno de las fuerzas de la misma. Porque si bien el espacio de los votantes de la izquierda se vio mermado, no es cierto que esta haya sido la dinámica de todos.

Desde el Nuevo MAS estamos muy satisfechos con el desempeño electoral que alcanzó nuestro partido. Afirmamos esto sin la necesidad de esconder el hecho objetivo de que quedamos lejos y no pudimos superar el piso proscriptivo del 1,5%. Lamentablemente el voto útil para que se vaya Macri nos estranguló y no nos permitió dar ese salto cualitativo, pero aun sin eso tuvimos la capacidad de ir a contra tendencia y mejorar significativamente nuestra elección cuando el resto de la izquierda se estancaba y caía en su caudal de votos.

Aquí nuevamente es necesario comparar 2019 con 2015, pero en esta oportunidad hay que hacer una salvedad: en 2015 se presentaron tres listas de izquierda, mientras que en 2019 el FIT y el MST se unieron, lo que hace necesario tomar la suma de los votos que sacaron estas listas en 2015 para tener una referencia valida.

En las PASO 2015 el FIT obtuvo 758.160 votos (3,08%) el MST sumó otros 95.780 (0,40%) lo que suma entre ambas listas 853.940 votos (3,48%). En esa misma elección la lista del Nuevo MAS sumó 103.742 votantes (0,44%). En su conjunto la izquierda había alcanzado 957.682 votos (3,92%). En esta oportunidad los números y las proporciones sufrieron importantes modificaciones: la izquierda de conjunto sumó 871.330 votos. De estos el FIT-U representa 697.748 votos (2,88%) y el Nuevo MAS 173.582 (0,71%) esto tomando en cuenta el escrutinio provisorio, seguramente se sumaran algunos miles más cuando se realice el escrutinio definitivo.

La cierto es que si bien la izquierda de conjunto pierde 86.352 votos, lo concreto es que en términos absolutos el FIT-U sufrió una merma de 156.192 votos (una caída del 18,3%)sufriendo un retroceso generalizado en casi todo el país (19 de 24 distritos), mientras que el Nuevo MAS tuvo un importante incremento de 69.840 (un alza del 67,3%) teniendo un progreso en 17 distritos de 24 y con importantes avances como en CABA en donde crecimos un 117%, en provincia de Buenos Aires con un 64%, Córdoba que se revitalizó incrementando su votación en un 102%, y La Pampa y San Luis con un 145% y 170% respectivamente (ver tabla).

Estas tendencias contradictorias tienen aún más relevancia en la medida de que el FIT-U no solo es la sumatoria de cuatro organizaciones, sino que además el mismo tiene el plus de presentarse como un frente y de arrastrar el “voto útil” dentro de la izquierda.

Sin lugar a dudas estos fríos números merecen alguna explicación y deben servir para dejar algunas enseñanzas. ¿Por qué en un marco de relativo retroceso del voto de izquierda y de fuerte polarización el FITU no pudo aguantar el vendaval mientras que el Nuevo MAS logró proporcionalmente un importante progreso? Esto solo puede encontrar explicaciones políticas: la suma de las organizaciones del FITU sin lugar a dudas agrupan recursos militantes y económicos muy superiores a los que puede poner en movimiento el Nuevo MAS, además tienen la ventaja de ser el FIT un sello ya instalado entre amplios sectores de masas.

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En primer lugar parecen demostrar que el FIT da muestras no solo de un estancamiento, sino más bien de retroceso. Por un lado es preciso destacar que el FITU sufrió un retroceso generalizado en casi todo el país (19 de 24 distritos), también fue evidente que el FIT y el PTS en particular optaron por una campaña rutinaria privilegiando la candidatura de Del Caño dándole la espaldas lo más dinámico de la lucha de clases que es el movimiento de mujeres; por otro lado daría la impresión de que la experiencia parlamentaria del FIT basada en mimetizarse con el resto de las fuerzas burguesas y jugar al parlamentarismo sin sacar los pies del plato ni generar ninguna disrupción en esa cueva de bandidos ha empezado a hacer cada vez más difícil diferenciarlos del resto de los señores y señoras parlamentarias. Parte de esta adaptación al régimen parlamentario burgués es sin dudas las declaraciones de Del Caño quien frente a la actual crisis política y económica que atraviesa el  país, no tuvo más reflejo que pedir una sesión en diputados ¿Vaya uno a saber para qué?

Por nuestra parte, desde el Nuevo MAS logramos poner en pie una campaña cualitativamente distinta que no solo reivindicó la enorme experiencia de lucha que representa el movimiento de mujeres, sino que además supo levantar las banderas del socialismo y de un programa anticapitalista alternativo.

 

Una elección que muestra un partido en crecimiento

Nuevamente, sin perder de vista las proporciones de la realidad, y sin dejar de lado que aún no logramos superar el piso proscriptivo que imponen las PASO,nuestro partido tiene motivos para celebrar el importante avance que supuso estas elecciones y esta campaña electoral.

Por un lado queremos dejar expuesto que estas elecciones dejaron como resultado una redistribución del espacio electoral de la izquierda. Si en 2015 la relación era de 8,2/1 entre lo que sería el FIT-U y el Nuevo MAS, esa relación ahora se achicó a 4/1. Los datos parecen indicar que el MST se diluyó en el FIT logrando nuestro partido capitalizar el grueso de los votantes de lo que fuera Izquierda al Frente por el Socialismo. Insistimos además que está proporción esconde el dato de que el FIT-U es la sumatoria de cuatro partidos que contaban con el apoyo de otras tantas agrupaciones menores y que además cuentan con el plus de presentarse como un frente.

En este contexto es preciso destacar algunos datos que sobresalen del conjunto. Por un lado la importantísima elección que realizamos en CABA en donde logramos construir un nuevo piso para el Nuevo MAS logrando superar los 20.000 votos planteándose una relación con el FIT-U de 3,5/1en una elección ejecutiva e instalar una serie de nuevas figuras. También hay que destacar las elecciones de Córdoba en donde el partido alcanzó los 17.000 votos marcando una relación de 3,3/1 con el FIT-U y en Santa Fe y Entre Ríos en donde el Nuevo MAS se presentó por primera vez logrando 11.000 y 7400 votos respectivamente y una proporción de 3,5/1 y 2,2/1 en relación al FIT-U.

Estos resultados producto de una política socialista y una campaña electoral militante debemos tomarlos como un nuevo piso sobre el cual edificar y desarrollar al Nuevo MAS de cara a las enormes luchas que la clase obrera junto a las mujeres y la juventud van a tener que dar ya durante los próximos meses y sin lugar a dudas, después de diciembre cuando asuma el nuevo gobierno.

 

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