Arranca el 2021, pero continúa...

    Pandemia, ajuste e inflación

    La pandemia sigue siendo cosa del presente y lo seguirá siendo al menos por un año más. Mientras que gran parte del hemisferio norte afronta nuevas olas de contagios, en el lado sur del globo la situación se presenta con cierta disparidad.



    Todo esto corrobora que el nuevo virus no desaparecerá por motu proprio. Sumado a esto las mutaciones del virus han dado lugar a nuevas cepas registradas en Gran Bretaña, Brasil y Sudáfrica de las cuales se estima una mayor virulencia aunque sin claridad respecto del grado de letalidad.

    El coronavirus, originado por las destructivas relaciones capitalistas entre la humanidad y la naturaleza, ha dado lugar a un salto enorme en la velocidad de invención de vacunas posibilitando potencialmente ponerle un punto final al virus. Y hablamos de potencialidad porque deberán comprobarse la efectividad de las mismas ya no a niveles de ensayos sino a escala social, la duración de los anticuerpos que generan, y la eficiencia respecto a las nuevas cepas registradas. Pero junto a los interrogantes científicos se suman los obstáculos sociales que impone el mismo capitalismo que en su insaciable afán de lucro se alza como una inmensa traba para la socialización de las vacunas mismas.

    Tanto el desarrollo científico de las mismas como la elaboración de las vacunas y los medios para el transporte y distribución, constreñidos  bajo las actuales formas capitalistas de producción, han dado lugar a un nuevo hecho aberrante: una auténtica “guerra” por las vacunas en la que los países de menores recursos tienen todas las de perder. Una suerte de “escasez provocada” por los derechos de patente que sancionan la propiedad intelectual sobre enormes conquistas científicas como son los descubrimientos vacunas, una conquista que es social y debiera retribuir al conjunto de la humanidad. Y también por la producción privada de las vacunas, que limita la fabricación a la órbita de influencia de los capitalistas privados en competencia, forzando la producción a un volumen menor a la que es “objetivamente” posible.  Las enormes fuerzas productivas (en las que incluimos los avances de la ciencia  y sus conocimientos) controladas por los trabajadores y por lo tanto sometidas a la necesidades de la enorme mayoría de la sociedad, y no a los mezquinos intereses privados, permitirían poner fin al flagelo de la pandemia con mayor rapidez. Así como las fuerzas productivas tienen su reverso bajo el capitalismo en fuerzas destructivas (ejemplo de lo cual son los desastres climáticos y ambientales o incluso la pandemia misma), las potencialidades emancipadoras que encierra el desarrollo de dichas fuerzas se ven totalmente limitadas por la lógica de la ganancia.

    El Reino Unido y la Unión Europea han entrado en disputa por las vacunas AstraZeneca de origen británico pero cuya producción en el viejo continente se lleva adelante en 4 plantas: dos de ellas en el propio Reino Unido y dos en países de la Unión Europea. Según denuncia la UE, el laboratorio británico no estaría cumpliéndoles con las entregas de vacunas a ellos, pero sí lo estaría haciendo con el gobierno del Reino Unido argumentando que las plantas afincadas en territorio británico producen para el Reino Unido,  las instaladas en Bélgica para el resto de Europa. A esta crisis de abastecimiento se le sumo el anuncio por parte de Pfizer de que no podrá cumplir con las dosis comprometidas a la U.E. Ante esto, los países del bloque han anunciado que podrían limitar la exportación de vacunas e insumos al Reino Unido, al tiempo que retener toda la producción de otras Vacunas (la de Pfizer también se fabrica en Bélgica) y disponer para sí dicha producción. De efectivizarse esta amenaza, pondría en crisis el plan de vacunación de Boris Johnson que pretende lograr la inmunidad rebaño en julio. Tanto Johnson como Biden aspiran a ser los primeros países con inmunidad rebaño para mediados de año, lo cual se lograría con la vacunación del 70% de la población.

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    The New York Times publicó recientemente una nota sobre las clausulas “secretas” que  imponen los laboratorios a los distintos Estados, condiciones evidentemente draconianas, que van desde la arbitrariedad de los precios acordados con cada Estados por las empresas (se habla de precios que van de los 2 a los 20 dólares por dosis según el acuerdo al que se llegue con los gobiernos de cada país), la imprecisión respecto de fechas de entrega y volúmenes de dosisa los que se comprometen, la exigencia de ser eximidos de responsabilidades en casos de que  algo fallara con las inoculaciones. Incluso se sabe que se incluyen en los contratos  cláusulas que prohíben la reventa o donación de dosis a países de menores recursos.

    Mientras los países imperialistas se arrancan los ojos por las vacunas el resto del mundo rasca la olla. El plan de reparto de vacuna de la OMS “Covax” garantizaría dosis para vacunar al 3% de la población de los países de América Latina durante el 2021, un porcentaje de la población insignificante. Fuera de esto cada país queda librado a sus propias posibilidades de hacerse de vacunas. En el caso de Argentina al momento el país ha recibido cerca de 900 mil vacunas y todos los números de futuros lotes son especulaciones en el marco de la guerra por las escasas vacunas.

    En este marco es realista descartar para el país un regreso a la “normalidad” en el 2021. Si bien el número de casos en las últimas semanas se han reducido (con 9.100 casos en todo el país el día de hoy)  no deja de ser elevados, comparables a los de principios de septiembre del año pasado. Recordemos que los días de pico de contagios (a fines de Octubre) los casos diarios se elevaron a 18 mil. El otro dato es que la ocupación de camas a nivel nacional se encuentra en el 61% (55% en el AMBA), cuando aún nos encontramos en verano.

    Deterioro en aumento

    “En medio de esta excepcional incertidumbre, se proyecta que la economía mundial crezca 5,5%”. Así anuncia el FMI la actualización de las previsiones para la economía, una previsión temeraria que apuesta todas las fichas a que la vacunación logre contrapesar los efectos críticos que tuvo la pandemia en el mundo que el año pasado decreció un 3,5%.

    Aún a pesar del pobre panorama inmunológico que le espera a Argentina (que el año pasado tuvo una recesión y caída económica del 10,4%) el FMI estima que el país podría crecer este año un 4,5%. Una evaluación dudosa que contrasta con el enorme deterioro económico y también social que ha significado el impacto de la pandemia en el país y que por el contrario podría incrementarse.

    En este marco, el gobierno ha demostrado que Alberto Fernández y toda la coalición intentará arrimar un acuerdo con el organismo de crédito para el pago a 10 años de la deuda contraída por Macri que empezaría a pagarse a partir del 2025 sobre la base de un acuerdo de facilidades extendidas. Además de encadenar al país al FMI por 10 años recordemos que este tipo de acuerdos implican reformas estructurales, y condicionamientos monetarios y fiscales en lo inmediato. Una nueva entrega que intentará ser vendida como una conquista.

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    Pero si el acuerdo con el FMI se verificará en los próximos meses, el ajuste se sufre en lo inmediato por la vía de la inflación. La carne acumuló a lo largo del 2020 una aumento del 74% (20% sólo en diciembre y continuó aumentando en enero) y el retroceso del consumo ha llegado al nivel más bajo en los últimos 50 años, mientras que las exportaciones fueron récord. Los combustibles (que suman 3 aumentos lo que va del año y 7 aumentos si tomamos los últimos 6 meses) han aumentado en promedio un 8% sólo en enero.

    Aumentos en estos rubros u otros entre los que se encuentran alimentos (leche y verduras) y servicios,  son el motivo del deterioro dinámico de las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares, luego de un año de ajuste salarial en el que la mayoría de los salarios (con promedio de aumento del 30%) quedó muy lejos de la inflación cuyo cálculo oficial se ubicó en el 36%.  Por estos días Guzmán salió a poner un techo del 30% a las paritarias sobre el supuesto de que la inflación sería del 29%, un número totalmente dibujado y que el ritmo de aumentos de precios de enero desmiente rápidamente.

    El 2021 es año electoral y aunque no hay aún reglas de juego definidas. Por ejemplo continúa la especulación alrededor de las PASO, un mecanismo proscriptivo que rechazamos desde el día uno  por motivos democráticos. Pero al momento prima la presión del kirchnerismo y del Pro quienes, como suele ocurrir en ciertas ocasiones, han encontrado un punto de unidad en el reclamo de que se mantengan poniendo por delante sus intereses mezquinos y de rencillas por el poder y los armados de listas a la salud de la población. Al juego mezquino de La Campora y el PRO se ha sumado el FIT, una nueva muestra de oportunismo que encubre los vicios de la cooperativa electoral y el temor a perder el monopolio artificial de la representación en la izquierda que le garantiza la proscripción de partidos como el Nuevo MAS y la figuras de Manuela Castañeira.

    A la ofensiva en todos los terrenos

    Aún sin un calendario electoral claro, el Nuevo MAS se encuentra realizando campaña de afiliaciones en distintos puntos del país. Una campaña llena de entusiasmo llevada adelante por nuestra juventud que viene de ser protagonista junto a Las Rojas de la conquista histórica del derecho al aborto, y que con esa fuerza hoy sale a conquistar legalidades para que la voz de las y los de abajo se escuche con fuerza en las elecciones próximas.

    Junto con esto nos esperan un mes en que continuaremos defendiendo la enorme conquista de la cooperativa La Nirva, una experiencia de lucha real y que defendemos de los ataques de la patronal intento llevar vía patotas y ahora vía judicial.

    En este comienzo de año es clave impulsar las acciones que surjan desde abajo como la luchas en defensa del medio ambiente y contra la Megaminería en Chubut a través de nuestra agrupación AEA, y seguir estrechando lazos con los jóvenes precarizados a través de la JTP.

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