Juventud y precarización laboral

Otra víctima de la precarización | Morir trabajando

El joven de 20 años fue atropellado en Retiro mientras realizaba una entrega. Dos días antes, la Justicia porteña había declarado prohibido el funcionamiento de deliveries en bicicleta hasta que las empresas se adecuen a las normas mínimas de seguridad.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Agustín S.



Ramiro Cayola Camacho, de 20 años, murió en la tarde del pasado viernes, en la intersección de las avenidas Córdoba y Madero. Se encontraba realizando una entrega a domicilio para la aplicación de deliveries Rappi cuando quedó arrinconado contra una valla de las obras del Paseo del Bajo y el camión lo atropelló, muriendo en el acto. El vechículo fue secuestrado y el chofer quedó detenido. La causa ingresó al Juzgado Criminal y Correccional 37 y fue caratulada como “homicidio”.

En las horas siguientes, fuentes policiales dejaron correr la versión de que Ramiro no estaba trabajando para Rappi al momento del choque[1]. Esta versión se cae por su propio peso: entre las pertenencias del joven se encontró la tarjeta que la empresa le provee a sus empleados para realizar pagos y testigos del hecho declararon a los medios que, aún después de morir, el celular de Ramiro seguía sonando con mensajes de pedidos[2]. Además, la misma empresa reconoció en un mail enviado a una de sus empleadas que Ramiro murió “en cumplimiento de su labor”.

La hipótesis de la policía no es inocente. El pasado miércoles, el juzgado N° 2 en lo Contencioso Administrativo y Tributario había prohibido el funcionamiento de los servicios de delivery en bicicleta porque no se adecuan a las normas mínimas de seguridad estipuladas por el Código de Tránsito y Transporte Local. Específicamente, se requirió que todos circulen utilizando casco”, que “la caja portaobjeto esté anclada a la moto o bicicleta y no en la espalda” del conductor, que posean “seguro de vida y accidentes” y “libreta sanitaria” y que los rodados “cuenten con adecuada señalización mínima (luminosa y refractaria)”, condiciones que las empresas de delivery (Rappi, Glovo y Pedidos Ya) no garantizan para ninguno de sus empleados.

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Estas empresas llevan la precarización laboral al extremo: más allá de no reconocer la relación de dependencia de sus empleados (ni siquiera pagan salarios, los trabajadores cobran por reparto), no garantizan ninguna medida de seguridad: no proveen de cascos, bicicletas o cajas adecuadas para el transporte de los pedidos, corriendo todos los gastos de este tipo por cuenta de los repartidores.

Los repartidores de estas empresas son en su gran mayoría jóvenes y muchas veces nacionalidad boliviana) que tienen que trabajar horas interminables por día a un ritmo inhumano y bajo las peores condiciones: forzando su capacidad física, pedaleando de una punta a la otra de la ciudad según lo requiera el celular y arriesgando su integridad física al punto de exponerse a tragedias como la que sufrió Ramiro.

 

Su muerte no se trata de un simple accidente sino que es el resultado de las condiciones inhumanas a las que Rappi somete a sus trabajadores, y, más en general, de la precarización laboral estructural que sufre la juventud en nuestro país, teniendo que tomar trabajos en las peores condiciones para garantizar su subsistencia o pagar sus estudios. Esta precarización estructural ya es de larga data en la Argentina, pero se agrava profundamente por la crisis económica y social generada por la política de ajuste brutal del gobierno de Macri y el FMI.

 

 

[1] https://www.cronica.com.ar/whatsapp/Camion-atropello-y-mato-a-repartidor-de-Rappi-en-Puerto-Madero–20190413-0014.html

[2] https://www.cronica.com.ar/whatsapp/Camion-atropello-y-mato-a-repartidor-de-Rappi-en-Puerto-Madero–20190413-0014.html

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