Otra vez… Bonadío vs. Cristina

    Por Tofi Mazú

    En el día de ayer se conoció la noticia de que el juez Bonadío procesó a Cristina Kirchner, junto a cuarenta y dos empresarios y ex funcionarios más; que la embargó por 4.000 millones de pesos y que pidió su prisión preventiva. Obviamente, a razón de la famosa causa de los cuadernos marca Gloria que habría fotocopiado el chofer. Se la acusa de ser la “jefa de una asociación ilícita” dedicada a cobrar coimas, que habría utilizado la estructura estatal a la hora de recaudar estos fondos ilegales para engrosar su patrimonio.

    El fallo de Bonadío tiene casi seiscientas páginas, donde se afirma que la ex mandataria es coautora de haber recibido dádivas en 22 hechos y también se la acusa de cohecho pasivo (haber recibido coimas) en otros cinco hechos. Se dice que en su domicilio de Uruguay y Juncal se habrían realizado casi noventa entregas de dinero, con un monto total de aproximadamente 70 millones de dólares.

    El allanamiento de la casa del matrimonio Kirchner en El Calafate no parecería haber sumado demasiado a la cuasa, ya que solo incautaron las bandas y bastones presidenciales de Cristina y su difunto marido. Eso sí, rápidamente corrió la novedad de que el marco de la puerta del sótano del chalet sería de acero y que allí habría “un importante olor a tinta”, elementos que demostrarían que este cuarto habría sido en verdad una bóveda donde se han guardado grandes cantidades de efectivo. El desfile de “arrepentidos”, que incluye al piloto del avión que transportaba a Néstor y Cristina a su casa en la Patagonia, aportó que “el destino del dinero siempre era El Calafate”, a donde llevaban valijas que no eran scanneadas en el aeropuerto. Así, miles de elementos más o menos comprobables y con muchos condimentos mediáticos y amarillistas, dignos de ser puestos en una serie detectivesca de clase B.  La respuesta de la ex mandataria, también algo ridícula, fue grabar un tour por la propiedad, mostrando como no hay ni lingotes de oro, ni dólares… aunque la casa no sea precisamente “nacional y popular”.

    Bonadío y los medios oficialistas quieren hacer aparecer a la ex presidente y sus acólitos como una especie de banda de mafiosos al estilo de la familia Corleone, donde Cristina vendría a ser semejante al icónico personaje de Marlon Brando.  Mueren fiscales; las habitaciones de su casa huelen a dinero; valijas viajan de aquí para allá en autos que llegan con el tiempo milimétricamente cronometrado para subir a aviones privados; un montón de implicados se arrepienten y las pruebas irrefutables aparecen en fotocopias de unos cuadernos iguales a los que los nenes llevan a la primaria. Bueno, a decir verdad es todo bastante más patético. Le pedimos perdón a Francis Ford Coppola.

    Que Néstor y Cristina se han enriquecido en el poder no es una novedad. Sus negocios como empresarios florecieron en la “década ganada” donde toda la burguesía “se la llevó en pala”. Que el Estado terciariza la obra pública (porque es un Estado que no produce nada) con empresarios que desde hace décadas son los mismos, tampoco. Que una de esas familias empresarias es la del actual presidente… tampoco. Que en toda esa transa entre el Estado, los gobiernos y la burguesía hay coimas, arreglos, lavado de dinero, favores y deudas seguro que sigue sin sorprender a nadie. Es evidente que el kirchnerismo ha participado de la carterización de la economía estatal, porque es un entramado histórico. Wagner, que en su declaración ha admitido que son múltiples los arreglos entre el empresariado y los funcionarios en relación a la obra pública, dice una gran verdad; aunque miente al afirmar que “ha iniciado con Néstor Kirchner”. Por eso es completamente absurdo que quienes arman la causa de Cristina sean los miembros de Cambiemos, con un presidente con cuentas off-shore y con funcionarios como Larreta, famoso por romper cualquier esquina de la Capital Federal para rehacerla una y otra vez, cada vez más gris y con más cemento… de la cementera de su familia, con la constructora de su familia.

    Pero lo otro que queda claro es que esto no es más que un circo mediático del macrismo de cara al sufragio  del año que viene. Si Lilita era la abanderada de la lucha contra la corrupción (y luego, contra la Korrupción), ahora llegó el Pro para barrer con ella. O más bien, para intentar barrer con la oposición electoral, mientras cuenta con la mejor cortina de humo para intentar que nadie hable de lo que en verdad sucede: Macri no se aguanta más. La corrupción, seguirá intacta mientras gobiernen los empresarios.

    Ayer se cerraba el presupuesto, y  la mira de los medios de comunicación oficialista estaba parada  sobre esta cuestión y no sobre el ajuste que pagaremos los trabajadores. Hoy le siguen tirando de la soga al tema, aún cuando los trabajadores del Astillero Río Santiago toman el ministerio de Economía contra las políticas del macrismo. Resulta claro que es una maniobra electoral, con elementos de persecución política, aunque esté sentada sobre hechos reales. Macri, que quiere parecerse cada vez más a Temer, avanza sobre la figura más fuerte de la oposición patronal. Y mientras el muerto se ríe del degollado, las y los trabajadores nos hacemos cargo de la crisis económica.

     

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