Nuevas crónicas marcianas

Marcelo Yunes

Noticias de Macrilandia XXXVI
El gobierno quiere que en siete años la industria automotriz llegue a 2011 – Macri y la CGT: ¿chantaje o venganza? – Buenos Aires entra al Primer Mundo inmobiliario – Emitiendo deuda para los amigos – Dujovne roba ideas de Temer (y de temer) – Un optimista ciego y un ciego optimista

¿Quién dijo que el macrismo no se preocupa por la industria? Macri firmó con industriales, autopartistas y burócratas sindicales un acuerdo que no compromete mucho a nadie a nadie, pero que es una declaración de las más nobles intenciones para el sector. Por ejemplo, los empresarios dicen que van a invertir 3.500 millones de dólares, pero no aclaran cuándo, cómo, en qué ni otros detalles insignificantes. Y el ambicioso objetivo proclamado es llegar a un volumen de producción de 750.000 unidades para 2019 y de un millón para 2023 (!). Sería conmovedora esta mirada tan estratégica si no fuera porque las metas son verdaderamente miserables para un gobierno que dice proponerse crecer al 4% durante veinte años. Las cifras de producción de vehículos en los mejores años de esa industria fueron: 724.000 en 2010, 830.000 en 2011, 764.000 en 2012. Así que ya saben: el plan automotriz de Macri es producir dentro de dos años un 10% menos que hace un lustro.

Los valientes dirigentes de la CGT amagan con amenazar con que posiblemente en algún momento pondrían fecha al paro. Hay variables a favor y en contra. Por ejemplo, el gobierno le hizo a la UTA (uno de los gremios que estaba presionando al “triunvirato” para ir al paro) el favor de retirarle la personería al sindicato del subte. Otra movida oficial fue mandar a la AFIP a allanar el sindicato gastronómico liderado por Barrionuevo (el jefe de Acuña, primer orador del acto del 7 de marzo). Finalmente, como ya señalamos, el ministro Triaca le dijo a Lingeri, burócrata de Obras Sanitarias e histórico negociador con el Estado por las obras sociales, que en caso de una escalada conflictiva el ministerio podría cerrar la canilla de fondos. Lo que no estamos seguros es cuáles de estas señales van a favor y cuáles en contra de que el paro se haga. Igual va a ser fácil enterarse. La solución, en unos días.

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Más delicias del blanqueo: como las condiciones son ya tan favorables que rozan lo delictivo, muchos ex lavadores-evasores-fugadores de divisas no saben qué hacer con sus dólares blanqueados. Eso explica el dólar planchado y la disparada de los precios de las viviendas de lujo. Palermo, Belgrano y Puerto Madero ya tienen precios de 10.000-12.000 dólares el metro cuadrado, al nivel de las ciudades más caras del mundo como el centro histórico de París o Londres. Con esta reedición inmobiliaria de la plata dulce (expresión y realidad nacidas en los 80 bajo la dictadura), a este ritmo el plan hipotecario oficial va a precisar algunos ajustes…

Hablando de plata dulce, el plan de emisión de deuda estatal sigue viento en popa. Sin hacer mucho ruido, y emitiendo bonos o letras a no muy largo plazo, en monedas diversas y por montos no tan grandes, el Tesoro se va endeudando a un ritmo de 3.000-3.500 millones de dólares por mes. Se ve que las declaraciones del equipo económico asegurando que las necesidades de deuda estaban cubiertas eran para la tribuna, o para el mismo gobierno, o no sabemos para quién. Los que aprovechan son algunos fondos de inversión extranjeros, como Templeton, que levantan en pala ganancias en dólares a tasas fabulosas. Este fondo Templeton se llevó solito casi la mitad de la emisión de deuda en pesos que hizo el gobierno en 2016. No sabemos si son muy amigos o muy audaces. Conociendo el paño, uno diría lo primero. El asunto es que esta canilla gorda, así como se abre fácil, se cierra fácil. Pregúntenle si no a Cavallo, que después se quejaba amargamente “me traicionaron”.

Sin desperdicio la entrevista que dio el ministro de Hacienda y ex columnista de TN y La Nación Nicolás Dujovne a Ámbito Financiero. Veamos algunos de sus adelantos, que la “prensa grande” no se molestó en poner en tapa, como merecía. Primero: sobre la futura reforma impositiva no quiso dar muchos detalles; se ve que la filtración de la idea de subir el IVA al 25% lo llamó a la prudencia. Pero su comentario de que “los consensos transversales son difíciles de alcanzar en un año electoral” y que “tendremos que esperar al año próximo para discutir en un ambiente más calmo” nos da muy, muy mala espina. Igual, alcanzaba con el anuncio de renegociar la ley de responsabilidad fiscal, una ley que significa, en sus propias palabras, “dejar congelado el gasto primario en términos reales por varios años, es decir, que no crezca más rápido que la inflación. Ello ya ocurrió en 2016: fue el primer año desde 2002 en el cual el gasto primario no crece en términos reales” (Ámbito Financiero, 10-3-17). Traducimos: el gasto primario es el gasto corriente que no incluye el pago de la deuda y sí incluye salarios de empleados públicos. Ése es lo que Dujovne piensa congelar “por varios años”, siguiendo el ejemplo, que menciona explícitamente, de Temer en Brasil. Ahora bien, lo que no se va a congelar es el pago de deuda, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta la manera desenfrenada e irresponsable en la que están emitiendo deuda los gobiernos provinciales. Ya que lo citamos antes, digamos que el verdadero artífice de la “responsabilidad fiscal” en este país es, cuándo no, Domingo Cavallo. Por eso Dujovne se jacta de haber congelado el gasto público provincial “por primera vez desde 2002”. ¿Queda alguna duda de cuál es el maestro del ministro PRO?

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Frase PROtuda de la semana: ante la abundancia habitual, seleccionamos estas dos para que ustedes decidan cuál es la mejor.

“Somos optimistas, pensamos que el Banco Central puede cumplir la meta de inflación del 17% para este año” (ministro de Hacienda Nicolás Dujovne. Está bien, aclaró que es optimista, che).

“Siempre puede haber sectores molestos que pueden no acompañar, pero no sentimos que haya un clima de conflictividad social” (el jefe de gabinete Marcos Peña, como ven, no ha perdido su fino olfato político)

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