Represión macrista en el Ministerio de Desarrollo Social

Nuestra solidaridad con los trabajadores desocupados

En horas de la tarde, la Policía de la Ciudad reprimió brutalmente una concentración de organizaciones sociales que se disponían a hacer un acampe en las puertas del Ministerio de Desarrollo Social. La solidaridad del Nuevo MAS, Manuela Castañeira y la Corriente Sindical 18 de Diciembre.

Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.


No es noticia para nadie que la crisis social que viven millones se profundiza día a día. El propio INDEC (que de todas formas dibuja los números) tuvo que reconocer en parte la gravedad de la situación. Se calcula que el último año acumuló 350 mil nuevos desocupados, un 32% de pobreza con más de 12 millones de pobres (¡Más de un millón de nuevos pobres en un año!), con más del 40% de los niños viviendo en la pobreza y una larga y significativa lista de etcéteras. Los números, por más dibujados que puedan estar, hablan solos. El fracaso estrepitoso de la política de ajuste macrista, que dilapida millones por minuto en el pago de la deuda, se pone en evidencia para cualquiera que quiera verlo. Incluso lamentables figuras como Margarita Barrientos, enemiga de los movimientos de desocupados y justificadora serial de Macri, tuvo que reconocer que los comedores ya no dan a basto.

 

En este marco, las organizaciones sociales venían exigiendo una reunión con la Ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley que fue concedida mucho después del pedido y que, una vez realizada, concluyó sin ninguna respuesta oficial. Se exige en el marco de una variedad de situaciones que agravan la crisis para los sectores más empobrecidos de los trabajadores: cooperativas de trabajo arruinadas por la caída del consumo, comedores sin fondos, familias sin sustento, miles de nuevos desocupados sin contención social, etc. Frente a esto, luego de una movilización sobre la 9 de Julio, se disponían a instalar un acampe frente al edificio de Desarrollo Social cuando fueron violentamente reprimidos por la policía.

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La propia Stanley había sido parte de la conferencia de prensa que anunció los nuevos datos de catástrofe social que hizo públicos el INDEC la semana pasada. Su respuesta, aún reconociendo la gravísima situación desde su cómodo sillón de funcionaria bien paga, es la de esconderse detrás de la policía de Larreta para hacer escarmentar a los movimientos de trabajadores de desocupados.

Se hizo particularmente visible la imagen de la brutalidad con la que las fuerzas represivas tratan a quienes sufren la crisis social cuando se difundió por los medios el trato que le dieron a una jubilada de 60 años. Se trataba de Lidia, que fue detenida y esposada (¡con precintos!) por defender las pertenencias de sus compañeros en medio de la represión. Sí: la policía estaba robando descaradamente las pertenencias de los desocupados con las que estaban por instalar su acampe y llevan detenida a una jubilada de 60 años por ponerle el cuerpo a evitarlo. Lidia es parte de un comedor y se había hecho presente ahí como parte de un comedor comunitario de La Matanza.

Mientras tanto, los alcahuetes mediáticos de siempre siguen impulsando su infame campaña de demonización de los desocupados. Como voceros descarados de los ricos y poderosos, intentan dividir a los trabajadores entre ocupados y desocupados para que los primeros no sientan en carne propia los sufrimientos de la parte más empobrecida de la clase trabajadora. Así, desvían el foco de la miseria real que se extiende por el territorio argentino y de sus responsables: el gobierno fracasado de Macri y los empresarios que se llenaron los bolsillos con él.

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La solidaridad del Nuevo MAS y la Corriente sindical 18 de Diciembre es de clase: los millones de compañeros desocupados son víctimas de los mismos que se llenan los bolsillos a costa de las espaldas y las vidas de los que tienen trabajo, para luego ser descartados si se rompen en su lugar de trabajo o se atreven a reclamar. Los trabajadores ocupados y desocupados tienen un mismo enemigo, el macrismo y los empresarios, ese puñado de ricos que vive de las amplias mayorías populares.

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