El arte puede ser denominado universal en la medida en que todo lo valioso en las obras de siglos y pueblos es parte inalienable del tesoro de la cultura universal. Anatoly Lunacharsky, Comisario del Pueblo de Instrucción Pública bolchevique

El arte de los siglos pasados ha hecho al hombre más complejo y flexible, ha elevado su mentalidad a un grado superior y le ha enriquecido en todos los órdenes. Este enriquecimiento constituye una preciosa conquista cultural. El conocimiento del arte del pasado es, por tanto, una condición necesaria tanto para la creación de nuevas obras artísticas como para la construcción de una nueva sociedad, ya que lo que necesita el comunismo son personas de mente muy desarrollada. ¿Pero puede el arte del pasado enriquecernos con un conocimiento artístico del mundo? Puede precisamente porque es capaz de nutrir nuestros sentimientos y educarlos. Si repudiáramos el arte del pasado de modo infundado, nos empobreceríamos espiritualmente. León Trotsky, “Cultura y socialismo” 1926/27

 

Luego del esfuerzo por salvaguardar las numerosas obras de arte y reliquias que albergaba el edificio, y con el objetivo de frenar el fuego implacable, se supo que las dos torres de la catedral y la estructura general se encuentran fuera de peligro. La catedral es una obra de arte en sí misma, contando a su vez con numerosos bajo relieves, techos tallados en madera, mobiliario antiquísimo que se ha perdido para siempre. La catedral de Notre Dame es un patrimonio histórico cultural invaluable.

Si bien todavía no hay claridad respecto de qué fue lo que desató la tragedia que destruyó por completo la icónica aguja que coronaba el edificio y dos tercios de su célebre techo de madera de roble, se sabe que comenzó en el ático de la catedral en el marco de las obras de restauración que se venían llevando cabo en la cúpula. Es evidente que se trata de un caso de negligencia del gobierno de Macron en el marco de la restauración, que no se tomaron las medidas de seguridad elementales.

 

Una obra de la humanidad

Notre Dame de París o “Nuestra Señora de París” está ubicada en la isla de la Cite, rodeada por el Río Sena. Su construcción comenzó en el año 1163, culminando en el 1345 aunque fue modificada numerosas veces a lo largo de los siglos siguientes. Su estilo gótico está íntimamente relacionado a la idea de la monumentalidad y esplendor, característicos de una sociedad que en plena Edad Media veía renacer la vida urbana a un ritmo acelerado.

Así, en plena época de oscuridad para las artes y las ciencias, con la opresión clerical respirando sobre la nuca de cualquier rastro de creatividad humana, ésta no pudo tomar otra forma que la religiosa. Y Notre Dame es así, contradictoriamente, un ejemplo claro de que la creatividad y la ciencia humanas no pudieron ser totalmente liquidados por el clero ni en el esplendor de su poder. Se necesitó de lo más avanzado de la ciencia de la época para levantar semejante monumento, la participación de numerosos artistas para definir su estética, la colaboración de diversas ramas de la creatividad humana para ponerla en pie. Notre Dame es una iglesia, sí. Pero también es un hito histórico del poder creativo humano, un símbolo de una época estética y artística sin la cual no hubieran existido las posteriores (más marcadamente laicas), un paso de progreso histórico en medio de la oscuridad católica. No está de más recordar que algunos de los más grandes creadores posteriores, como Da Vinci y Miguel Ángel, dieron también a su creación un contenido religioso y a la vez fueron un paso en la emancipación del arte y la ciencia de las manos de la Iglesia.

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Como si no fuera poco que la actual catedral date del siglo XII, el lugar donde se erigió Notre Dame ya había sido sede de importantes cultos anteriores, tales como un templo romano dedicado al dios Júpiter o la basílica de Saint Etienne, primera iglesia cristiana de París, la cual data aproximadamente del año 528 dC.

Al ser uno de los emblemas del poder del clero y las clases pudientes, en más de una oportunidad fue víctima de la cólera popular. En 1793, durante la Revolución francesa numerosos elementos de la catedral, como la “Galería de los Reyes”, fueron destruidos y muchos de sus tesoros robados, acabando el espacio en sí por servir de almacén para alimentos. Por otra parte, fue la sede de otro hecho histórico de magnitud: la auto coronación de Napoleón Bonaparte en 1804. En 1871, con el corto ascenso de la Comuna de París, la catedral se vuelve nuevamente telón de fondo de las turbulencias sociales, durante las cuales casi fue incendiada.

Mención aparte merece la renombrada obra de Víctor Hugo “Nuestra señora de París” de 1831, la historia de Quasimodo “El jorobado de Notre Dame”, que fue la primera novela en tener mendigos como protagonistas. El libro es un clásico del romanticismo y tal vez, como su autor, sea una de las expresiones más acabadas de lo que significa Notre Dame con sus contradicciones. Victor Hugo fue un representante clásico de la literatura progresista republicana francesa, enemigo de la herencia feudal, monárquica y clerical de su historia. Y allí, Notre Dame era el edificio de los opresores, del archidiácono Claude Frollo; y refugio de gitanos y mendigos. Notre Dame es el escenario del drama francés del siglo XIX (aunque su autor lo ubique en la Edad Media) como lo es Francia toda en Los Miserables. Los pobres, los excluidos, los feos, viven bajo su fachada la opresión y a la vez su intenso deseo de vivir.

La enorme popularidad del libro en Francia estimuló el movimiento francés de preservación histórica y alentó en gran medida restauraciones importantes en Notre-Dame en el siglo XIX, dirigidas por Eugène Viollet-le-Duc. Gran parte del aspecto actual de la catedral es resultado de estas restauraciones¸ incluyendo la construcción de la bellísima aguja que fue devorada por el fuego hace apenas unas horas o el característico Rosetón que también quedo dañado.

Lo que nos interesa destacar aquí, a partir de esta somera historia del derrotero de Notre Dame a través de los siglos, es tomar conciencia de la importancia inconmensurable de lo que se nos presenta como un monumento de la humanidad. La catedral no es solo producto del genio creativo de decenas de artistas y una prueba viviente de lo que el ser humano puede producir cuando así se lo propone, sino también una testigo silenciosa de los hechos históricos y políticos de Francia. Elemento omnipresente de la ciudad, es un milenario patrimonio histórico, lo cual explica el profundo sentimiento de pesar y desazón que su destrucción parcial produjo en el pueblo francés (y en infinidad de otras personas a lo largo y ancho del mundo), más allá del culto católico que representa. No hay que perder de vista que Francia es uno de los países de mayor tradición política laica, progresista y revolucionaria. La conclusión generalizada es que se ha perdido una parte importantísima del acervo cultural de la humanidad.

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Una política socialista

Queremos cerrar este artículo reflexionando sobre una cuestión contradictoria. Aquellos que nos posicionamos de manera crítica frente a cualquier culto religioso, y particularmente hacia la Iglesia Católica en tanto institución oscurantista y retrógrada, a la vez queremos preservar para disfrute de las masas la herencia cultural humana que nos precede.

A la luz de lo ya expuesto respecto a la riqueza cultural de Notre Dame es que retomamos el ejemplo de Anatoly Lunacharsky, comisario de instrucción pública soviética desde 1917 hasta 1929. Frente a la intención de ciertos sectores del partido bolchevique que opinaban que, luego de la revolución de Octubre, toda expresión arquitectónica o artística producto del viejo régimen debía ser destruida, Lunacharsky (con el apoyo de Lenin y Trotsky) defendió la idea de recuperar aquellas obras para el pueblo ruso. Natalia Sedova, que fue también la compañera de Trotsky, fue quien dirigió la conservación de los patrimonios históricos rusos, como las iglesias y los museos. De esa manera fue que numerosos palacios, como el famoso Kremlin, fueron reciclados y convertidos en museos, universidades y edificios públicos al servicio de los ciudadanos soviéticos.

La catedral de Notre Dame es un ejemplo de lo que miles de manos trabajadoras (ya fueran de arquitectos, artistas, artesanos y hasta las del más humilde albañil) han logrado a lo largo de los siglos y queremos que el pueblo francés se la reapropie y la haga suya.

Cuando hablamos de la cultura acumulada por las generaciones pasadas pensamos fundamentalmente en sus logros materiales, en la forma de los instrumentos, en la maquinaria, en los edificios, en los monumentos… Todo lo que ha sido conquistado, creado, construido por los esfuerzos del hombre y que sirve para reforzar el poder del hombre, es cultura. Sin embargo, dado que no se trata del hombre individual, sino del hombre social, dado que en su esencia la cultura es un fenómeno sociohistórico y que la sociedad histórica ha sido y continúa siendo una sociedad de clases, la cultura se convierte en el principal instrumento de la opresión de clase. Marx dijo: “Las ideas dominantes de una época son esencialmente las ideas de su clase dominante.” Esto también se aplica a toda la cultura en su conjunto. Y, no obstante, nosotros decimos a la clase obrera: asimila toda la cultura del pasado, de otra forma no construirás el socialismo.

León Trotsky

 

 

 

 

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