crisis nacional

No hay otra salida que un paro general

Los acontecimientos se precipitan con velocidad. Estalla todo lo contenido durante meses electorales. El gobierno de Macri parece un muerto que intenta caminar mientras le pasan por el costado la disparada de la inflación, del dólar y el riesgo de desabastecimiento, muy vivos. La clase capitalista actúa. Y las organizaciones sindicales los dejan hacer. Hay una sola salida: un paro general que ponga en el centro la agenda de los trabajadores.

Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.


En los días que corren, las intermediación política de la dominación de la clase capitalista parece resquebrajarse a un punto pocas veces visto. La impotencia indisimulable de un macrismo derrotado por momentos parece sacar del medio al Estado y poner en el gobierno a los empresarios de forma desnuda. La economía nacional está sufriendo con ellos una espiral de crisis de consecuencias imprevisibles.


Mientras los empresarios actúan, gobernando de hecho sacando del medio al grupo de funcionarios impotentes de la Casa Rosada, las organizaciones de trabajadores están paralizadas por su dirección. La burocracia sindical está jugando a dejar pasar el momento para que la bomba le estalle a Macri en la mano y dejarle el camino limpio y alfombrado a Alberto Fernández.

Que esa es la política del ya casi nuevo gobierno es algo que no debería escapársele a nadie. Fernández y la CGT juegan a la gobernabilidad para su propia tranquilidad desde diciembre. El asunto es que es un juego peligroso, una ruleta rusa en la que la punta del revólver se mueve sobre la sien de los trabajadores, que son los que no juegan, mientras se divierten sin correr riesgos los ricos, los burócratas y los funcionarios.

Fernández afirmó que va a ayudar a Macri para que “gobierne hasta el último día”. Eso significa que el pueblo argentino tiene que cargar sobre sus espaldas un cadáver hediondo durante meses para que no se toque la institucionalidad. Un gobierno derrotado que se sostiene por respiración artificial es sumamente peligroso. Puede hacer mucho daño antes de irse.

El ganador de las elecciones del domingo expresó claramente cuál es su preocupación mayor: que no se usen las reservas para contener al dólar. Quiere asumir el 10 de diciembre con las arcas llenas y el ajuste consumado. Pero no es el único que piensa en la billetera del próximo gobierno:

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“Hay que decirles que no rifen las reservas porque es el único patrimonio de reaseguro que tiene la economía en nuestro país”. ¿Quién dijo eso? El inefable carnero “dirigente sindical” Héctor Daer. Luego de dejar completamente claro que su principal preocupación es la tranquilidad del futuro gobierno, habló de la posibilidad de un paro general de esta forma: “No empecemos a poner en riesgo las instituciones, la gobernabilidad. El presidente tiene que gobernar hasta el 10 de diciembre”.

Para Daer, los trabajadores no tienen derecho a hacer valer sus intereses pasando por arriba de las instituciones que los empobrecen… pero los capitalistas sí. Porque es eso exactamente lo que sucede desde el lunes: las altas cumbres de la burguesía imponen una crisis brutal sin demasiadas preocupaciones por la “gobernabilidad”. De lo que se trata es de ponerle un bozal a la clase trabajadora.

El dirigente “progre” Palazzo incluso sostuvo que en los próximos meses puede haber “cinco millones de pobres nuevos”. ¡Sin defender la necesidad de ninguna medida!

Antes de la conferencia de prensa de Macri de hoy, ya los titulares de la CGT habían dicho cuáles eran sus “exigencias” a Macri: un bono miserable, una reunión del Consejo del Salario miserable, un aumento del salario mínimo miserable. Y el gobierno dio todo eso sin medida de fuerza alguna. Cuando un patrón entrega algo sin lucha es por dos motivos, o tiene la billetera lo suficientemente abultada para preferir ahorrarse los problemas, o lo que entrega no tiene consecuencia alguna. Todos sabemos que la billetera de la economía macrista (la argentina, no la de su patrimonio personal) no está precisamente en un momento de bonanza. Las medidas que anunció son un puñado de azúcar en el mar para convertirlo en agua dulce. Y la CGT lo sabe.

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La clase capitalista tomó la iniciativa para que ningún gobierno pueda decirle cuánto dinero puede ganar. Trata de imponer una correlación de fuerzas en la que nada se pueda hacer contra ellos. Macri, Fernández y la CGT aceptan las reglas del juego. Los empresarios se mueven, que los trabajadores se queden quietos.


El color del futuro no depende de ningún gobierno “progre” o “pos progre” sino de que los trabajadores puedan poner en agenda sus propios intereses, tal y como hicieron los banqueros y fondos de inversión estos días. Con los ánimos crispados como están, cualquier medida de fuerza de la CGT puede devenir en desborde. A eso es a lo que más le temen empresarios y burócratas. Por eso Daer sostiene que un paro es “poner en riesgo la gobernabilidad”. Que los trabajadores hagan valer su fuerza les puede atar las manos a los ajustadores.

Los capitalistas ya hicieron valer sus intereses por estar al frente de la dirección de la economía, de los bancos, la Bolsa, la industria, etc. Frente a esa fuerza social, hay que hacer valer otra: la de quienes mueven realmente el país trabajando en la industria, los transportes, el comercio. Hay que hacerles saber que sin los trabajadores ellos no existen, su fuerza es nula. El paro general les arrebata de las manos parcialmente la dirección de los asuntos. De eso se trata: la clase trabajadora puede imponer su propia agenda, pero no lo hará pidiendo permiso.

 

 

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