Morir de frío durmiendo en la calle

No es el frio, es la barbarie capitalista

Sergio Zacarías, de la CABA, fue la séptima persona (de quien se tuvo conocimiento) que murió por hipotermia en el país. En Neuquén, San Nicolás, Mar del Plata, Santa Fe, y Jujuy. Todas personas en situación de calle, sin casa, ni alojamiento temporario. Se habló de “muertes por la ola polar”, pero cuando las muertes son evitables, no se puede culpar a un fenómeno climático. Escribe Marina Hidalgo Robles, precandidata a primera diputada nacional de CABA por el Nuevo MAS

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Marina Hidalgo Robles
Precandidata Diputada Nacional por CABA

Y a esta altura no se puede seguir negando que la vivienda es un derecho fundamental, de esos que todos y todas deberíamos poder gozar.

Hace unos días, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dejó trascender que habría alrededor de 1.300 personas viviendo en la calle. Niños y niñas, mujeres y hombres adultos. Familias, ‘ranchadas’ de chicos y chicas, gente sola. Ancianos y ancianas. 1.300. Y cuando una se empieza a indignar pensando en la cantidad de gente que es (y sólo en la CABA), aparecen los datos del Censo Popular de las organizaciones sociales, a desmentirlo: 7.251 (casi 3mil personas más que lo indicado por el mismo censo, dos añas atrás).

Un dato interesante que arroja el Censo Popular es que del total censado, más de 1.450 son “nuevos” en la calle, gente que este año quedó en esa situación. Las políticas de ajuste del gobierno de Cambiemos no se aplican sin consecuencias, y aunque el energúmeno del Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta quiera vender el verso que son personas que vienen de Provincia, la realidad es una: 1.450 personas más viviendo en la calle. Está claro que las políticas de ajuste, los despidos, aumentos de precios, hacen que más y más gente no pueda afrontar un alquiler, sobretodo teniendo en cuenta las durísimas condiciones que se imponen en la CABA; meses de anticipo, recibo de sueldo en blanco, garantía de otras propiedades. La segunda opción después de los alquileres de algún ph o departamento son los hoteles, o habitaciones. Estos lugares no piden ningún papel para el ingreso, pero a cambio es una usura lo que cobran. Sobre esto, no hay ningún tipo de control ni sanción por parte del Gobierno de la Ciudad.

La cantidad de gente que vive en la calle es un fiel síntoma del estado de degradación de la sociedad, o más bien, de las políticas de ajuste del gobierno. Es notorio cuando aumentan las familias y grupos durmiendo debajo de las autopistas, adentro de los hospitales, en plazas, o adentro de los cajeros. En la Ciudad, por el nivel de concentración poblacional, esto se hace más evidente, justo en la ciudad más rica del país.

Las políticas del PRO para combatir este flagelo nunca fue solucionar el problema, sino apalearlo, literalmente. En 2008 Macri, como Jefe de Gobierno, creó la UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos): una brigada de lúmpenes y barrabravas, cuyo objetivo era mantener “limpias” las plazas y todos los espacios abiertos, a como diera lugar, incluyendo palizas e incendios. Por este motivo estuvo imputado Macri, por 17 ataques a personas, y sobreseído en 2015. La UCEP fue disuelta en 2009 por el fuerte repudio social que provocó.

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Si bien hoy el gobierno de Larreta no tiene su patota en la calle, las políticas no son más que mentiras y maquillajes, responsabilizando a las personas de su propia situación, y de esta manera envalentonando a los barrabravas de a pie, que salen a prender fuego personas mientras duermen.

Sonaron a una enorme provocación las declaraciones primero de Larreta, y después de Guadalupe Tagliaferri – ministra de Hábitat y Desarrollo Humano (ex Ministerio de Desarrollo Social) – al referirse a la muerte de Sergio Zacarías. Lo primero que dijeron fue que este hombre no había querido acceder a un parador del Estado, lo que lo convertía en pleno responsable de su muerte. Mintieron también al decir que había capacidad para más de 2.000 camas (y aunque así fuera, tampoco alcanzaría para las más de 7 mil personas), y que son lugares acogedores donde cualquier individuo querría vivir.

Los paradores en la Ciudad son realmente decadentes. En primer lugar, existe una cantidad reducida: sólo 6 paradores que funcionan durante todo el año, y 3 que se abren de Julio a Agosto. No hay forma de que las cuentas den más de 330 camas por institución, ninguna aloja esa cantidad de gente.

De estos 6, sólo 1 recibe familias enteras, el resto implica el disgregamiento de los vínculos afectivos: obligan a elegir si dormir en la calle o dormir sin compañía. Los Paradores tienen además un horario reducido, no son hogares, sino lugares de tránsito, donde poder comer y dormir. No están preparados para alojar a grupos con todas sus pertenencias: nuevamente tienen que elegir, entre un techo y perderlo todo.

No pareciera que las opciones que ofrece Larreta sean una alternativa de verdad para quienes viven en la calle.

Otra historia es la burocracia que implica poder ingresar. En estos días se viralizó la “Línea 108” y el Programa “Buenos Aires Presente”. Pero sus propias trabajadoras han denunciado públicamente que no cuentan con recursos, ni de personal ni de transporte, para asistir a todas las llamadas que reciben. Si hasta denunciaron que las primeras semanas del Operativo Frío, salieron sin frazadas ni comidas a “asistir”  la gente. El ingreso a un parador puede demorar horas de espera hasta que lleguen las operadoras del BAP que autorizan.

¿Se puede ser tan cínico, y decir que el gobierno garantiza todos los medios para que la gente tenga un techo?! Sí, se puede. Cambiemos y Larreta pueden.

Los planes de viviendas no existen. En la Ciudad hace algunos años está el “Subsidio habitacional”. Una cantidad de dinero (que cumpliendo todos los requisitos puede llegar a ser de 8 mil pesos, en la mayoría de los casos es menos) y que se otorga durante 6 meses. Ni un día más. Para acceder es necesario demostrar que se está alquilando, por lo que el alquiler tiene que ser “con todos los papeles”. Los alquileres “con todos los papeles” cobran bastante más que 8 mil pesos.

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Ah! pero lo que no se puede negar, es que a Larreta y Cambiemos, el asunto inmobiliario no le interesa. Si hay algo que han sabido hacer la gestión de Horacio y de Mauricio, es negocio inmobiliario. Han querido desalojar los Talleres Protegidos del Hospital Borda, por estar en una zona de “revalorización”. Quieren unificar los 5 hospitales monovalentes de la ciudad, que además del recorte en la Salud, implica quedarse con esos predios para venderlos. Ya son conocidos los negociados del Gobierno de la Ciudad, con Iecsa, la empresa contratista de Calcaterra, primo del presidente Macri: manejo de licitaciones, ventas de terrenos a precios sorprendentemente bajos, todo tipo de especulación para seguir abultando sus bolsillos. La última conocida es la aprobación para la venta de terrenos de la Villa 31 (terrenos fiscales que van a ser fuertemente revalorizados producto de la inauguración del Paseo del Bajo) a una módica suma, a cualquier empresario que quiera comprarlos… con los vecinos adentro! ¿Qué va a pasar con esos vecinos y vecinas? Si no se resuelve favorablemente, es posible que terminen en la calle, engrosando aún más las cifras de los más de 7 mil.

Las miles de personas que viven en la calle, y las tantas que mueren en invierno por las bajas temperaturas, son la consecuencia directa de las nefastas condiciones de miseria a las que nos condena este gobierno, que se van a profundizar siguiendo los consejos del FMI y los mercados; la desocupación, precarización, los tarifazos, el negocio a costa de la vida. Pero en definitiva, no es más que el síntoma de un régimen podrido, un régimen que no tiene lugar para todos y todas, que se sostiene a costa de la marginación de miles y miles, que no puede encontrar solución definitiva si no es por la vía de cambiarlo todo de raíz. No es más que el síntoma de que el capitalismo no va más, que ya no se aguanta, que hay que cambiarlo todo, y pelear por una alternativa para los y las de abajo, pelear por el socialismo. La vivienda no es un privilegio. Y la calle no es un lugar para morir.

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