Derecho a la vivienda

No al desalojo de los terrenos recuperados en Guernica

La ocupación de tierras de Guernica está entrando en momentos decisivos.

Maxi Tasán

Mientras la justicia sostiene firmemente la fecha de desalojo pautada para el 23, 24 y 25 de septiembre; los habitantes, los movimientos sociales, las organizaciones políticas solidarias y las personalidades de derechos humanos están llevando adelante una larga agenda de actividades para procurar garantizar el derecho a la tierra y la vivienda de miles de familias.

En un cuadro de situación donde el gobierno nacional comienza a transitar una crisis económica en regla, anudada alrededor de la falta de divisas para que la economía del país pueda operar, mientras la pandemia deja un tendal de muertos cada día (al momento de escribir esta nota se confirma el récord de 429 fallecidos), y las manifestaciones de la clase media alta lo asedian desde la derecha de manera cotidiana; el intento de desalojo en Guernica se presenta como una verdadera “prueba de fuerzas” de consecuencias impredecibles.

Una prueba de fuerzas

En las últimas semanas, empezando por la intendenta de Presidente Perón, la massista Blanca Cantero, pasando por el Juez Rizzo, los medios de comunicación más rancios, Sergio Berni, y posteriormente, girando 180º de sus posiciones iniciales, Sabina Frederic y Alberto Fernández, el arco político se ha inclinado a condenar la ocupación de tierras dada su supuesta ilegalidad.

Ninguno de ellos intenta mínimamente dar cuenta del desastre económico al que están sometidas miles de familias trabajadoras, y cuánto esa situación se ha multiplicado durante la pandemia. De esta manera ocultan que las patronales hicieron caso omiso al decreto de suspensión de despidos dejando cientos de miles de trabajadores en la calle, que los sueldos prácticamente no se han actualizado, que las propiedades están cotizadas en dólares mientras existe escasa capacidad de ahorro y ahora ni siquiera la posibilidad de acceder a ellos. La lógica que une cada uno de estos eventos (entre varios otros como Vicentin) no es otra que la indómita tendencia del gobierno a sucumbir ante cada presión que recibió desde la derecha.

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Sin embargo, la ocupación de Guernica expresa algo más profundo: cuestiona la propiedad privada y la improductividad de terrenos que están ahí para hacer negocios con los grandes countries. Para los jetones que tratan de delincuentes a aquellos que no logran acceder a una parcela donde poner algo tan elemental como un techo sobre sus cabezas, la tierra es para quien la paga en dólares y quien la usufructúa.

Desde este punto de vista, si bien algunos sectores del gobierno se muestran, con razón, preocupados sobre las consecuencias de un desalojo, no han presentado ningún plan coherente para contrarrestarlo. Se limitan a señalar posibles reubicaciones, algún subsidio para alquileres, entre otras cosas; pero hasta el momento no han tomado al toro por las astas para evitar llegar a una situación límite. De hecho, las propuestas parecen un señuelo para intentar dividir a los barrios y sus habitantes con promesas de bajo vuelo. Alertamos contra esta maniobra, mientras planteamos que la única salida real y valedera es la expropiación de los terrenos, un plan de viviendas financiado con un impuesto a las grandes propiedades y bajo gestión de los trabajadores y vecinos. Sumemos que el operativo de desalojo está en manos de la Bonaerense conducida por Sergio Berni: una viene de protagonizar un levantamiento que llegó incluso a rodear la Quinta de Olivos con patrulleros y armas para ser premiada con un aumento salarios; el otro viene de encubrir a esa misma policía en la desaparición forzada y asesinato de Facundo Astudillo Castro, y de agraviar a los organismos de derechos humanos al señalar que son puro “bla bla bla”. Si alguien se pregunta cuáles son las condiciones ideales para que todo “malga sal”, no encontramos mejor ejemplo.

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En las últimas semanas se han producido diversos desalojos en Ciudad Evita, Victoria, Esteban Echeverría, etc. En última instancia, son situaciones que a esta altura podemos considerar ensayos generales de una política más de fondo: quieren que el desalojo de Guernica, por su magnitud y espesor político, sea un caso aleccionador para que a nadie más se le ocurra transgredir el alambrado que demarca la propiedad privada, pero que también divide la dignidad humana de la miseria capitalista.

Rodeemos de solidaridad la ocupación

Contra la basura que escupen cotidianamente los medios de comunicación, los habitantes de la ocupación de Guernica han llegado allí porque no tienen otro lugar adonde ir ¿Cuál es la explicación de habitar una tierra inhóspita, sin servicios públicos, en condiciones de precariedad? Defendemos incondicionalmente el acceso a la tierra y la vivienda, la expropiación de las tierras y un plan de viviendas. La tarea del momento es rodear de solidaridad la ocupación de Guernica.

 

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