#NiñasNoMadres | Un gobierno que tortura niñas



Por Tofi Mazú

La indignación por el caso de Lucía, la niña tucumana que fue violada y obligada a parir, no para de crecer. Parece mentira que se vuelva a repetir la historia que ya había sufrido la niña jujeña, y quién sabe cuántas más de las que no nos enteramos. Por las redes sociales, donde todo el mundo se expresa bajo el hashtagg #NiñasNoMadres, no paran de leerse las palabras del movimiento feminista. Casos como éste ponen, una y otra vez, la legalización del aborto sobre la mesa.

 

Son torturadores

Cualquier ser humano que se precie de tal entiende que las violaciones de menores son uno de los crímenes más cruentos. Pero ocurre que, en este sistema capitalista y patriarcal, las niñas no son sujetos: son objetos, receptáculos de violencia y  madres a la fuerza. El Estado nuevamente ha descargado toda su barbarie sobre una nena de 11 años que, tras haber sido violada por un hijo del patriarcado, fue nuevamente violentada por el gobierno nacional, el gobierno provincial y la Justicia.  Estamos hablando de una niña que incluso quiso quitarse la vida, porque las autoridades sanitarias de Tucumán desoyeron su clarísimo pedido de una interrupción voluntaria del embarazo: “quiero que me saquen esto que me puso adentro el viejo”.

La Iglesia y todos los reaccionarios arremetieron contra Lucía, en el afán de arremeter contra un movimiento imparable que los quiere con sus narices fuera de la legislación, la Justicia, los hospitales y los cuerpos de mujeres, niñas, trans y travestis. Por segunda vez, lo más horripilante de nuestra sociedad se impuso, amparado por el Estado. Mariana Rodríguez Varela, apodada “La Loca del Bebito”, ya escribió un poema al respecto. Pero al gobierno y sus secuaces no les importa en lo más mínimo la vida de Lucía: prefieren verla pariendo en la escuela primaria, abusada, degradada y deprimida antes que ver niñas libres, creciendo con el derecho de poder decidir sobre si mismas. Lo que le hicieron a Lucía es lisa y llanamente tortura.

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Esos torturadores tienen nombre y apellido. El primero, Mauricio Macri, que orquestó en el Senado la negativa a la legalización del aborto, que niega un protocolo nacional de ILE y que recorta, ajusta y despide, como en casi todas, en las áreas destinadas a las mujeres. Manzur, gobernador de Tucumán, es un ferviente militante del Opus Dei. Pero no sólo eso: supo ser ministro de Salud del gobierno de Cristina Kirchner durante sus dos mandatos. Es con esta lacra  que nos quieren hacer unir los pañuelos, con esta mugre que no garantiza un protocolo para ANP y condena a las niñas. Gustavo Vigliocco y Rosana Chahla, Secretario y Ministra de Salud de la provincia respectivamente, cumplieron un rol activo en negarle la interrupción del embarazo a la niña. En el Hospital Eva Perón, que dirige otra de las torturadoras -Elizabeth Ávila-, todos los médicos se declararon objetores de conciencia. Incluso para practicarle la cesárea, y un no aborto. Por lo que esa práctica forzosa debió ser realizada por un matrimonio  –también anti-derechos- ajeno a la institución donde la tuvieron internada, por no decir “presa”, durante un mes. Todo tipo de dilaciones y maniobras hay en el medio, como el hecho de que nunca le habían informado a la madre de la niña dónde debía entregar el documento que autorizaba la ILE. Los esposos Gigena declararon que “cuando llegamos y la vimos, estaba jugando con sus muñecas. (…) Ahí notamos que la nena era de una contextura física infantil poco desarrollada y decidimos hacerle una microcesarea, porque para sacarle la ropa interior había que anestesiarla. La tuvimos que dormir porque no quería que le saquen la bombacha, no se podía hacer de ninguna manera algo por vía vaginal como habíamos pensado desde el principio, no solo por los abusos que recibió, sino porque con una presión arterial así de alta, era una urgencia”. Pero el accionar de estos dos médicos, que en vez de practicarle a la paciente un aborto le realizaron una cesárea, para los grupos autodenominados “pro-vida” les parece poco: esos defensores de la tortura querían que atravesara los 9 meses de gestación y se dedicaron a rezar por la criatura a la que ya le habían puesto nombre y a amedrentar a la pareja de ginecólogos.

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Que se vayan todos

Ante tanta barbarie y tortura, el movimiento feminsita no se calla. Ya se sucedieron al menos dos concentraciones que exigieron la renuncia de Juan Manzur, Vigliocco y Chahla. Hoy, primero de febrero, se celebrará una nueva asamblea para la organización del #8M y esta cuestión marcará la discusión entre la izquierda y los sectores políticos que integran el PJ y el Frente Patria Grande, de los que es parte Manzur. El debate parece saldado por la mismísima realidad: ¿Quién puede querer unir el pañuelo verde con estos medievales? No se sabe nada respecto a qué harán el gobierno y la Justicia tucumanos con el violador, pero ya sabemos lo que le hicieron a su pequeña víctima. El documento del Día Internacional de la Mujer Trabajadora y el paro de mujeres, trans y travestis se pondrá esta tarde en discusión. En él, esta cuestión debe tener un lugar destacado, lo mismo que le hecho de que no bajamos ni mezclamos los pañuelos, que no negociamos nuestros derechos y que no permitiremos que sigan torturando doblemente a las niñas.

El mundo de la barbarie se aguanta cada vez menos. El mundo se prepara para temblar en menos de una semana con la fuerza de la marea verde y de todo el movimiento feminista, que copa las calles y los lugares de trabajo y de estudio. Un movimiento que le planta cara a Trump y Bolsonaro, un movimiento que no conoce fronteras. Este terrible acontecimiento debe ser el último. Allí estaremos para gritar bien fuerte “¡Aborto legal ya!”, “¡Niñas, no madres!”

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