El mundo está sumergido en una crisis sanitaria y económica sin precedentes. En Argentina, pese a que Alberto Fernández decretó la continuidad de la cuarentena (aunque mucho más relajada de lo que se dijo), la novedad es el gobierno se apresta a anunciar una oferta de pago a los bonistas que significa comprometer los escasos recursos del país al pago de la deuda externa en medio de una crisis sanitaria que aún no tiene final en el horizonte.

Lo concreto es que en el mundo crecen los datos de los infectados por coronavirus y muertes. Países como Rusia admiten por primera vez la existencia de 19 mil casos, y China advierte sobre el repunte de casos importados que suman más de 100 en su propio país, el mayor número desde el 13 de marzo. Según fuentes chinas, serían ciudadanos residentes en Rusia que regresaron a su país. El mundo interconectado como nunca antes en la historia retroalimenta a través del flujo de personas la propagación del virus y pone alertas sobre la posibilidad de enfrentar nuevas olas allí donde la pandemia aparecía bajo control, como lo muestran los repuntes de casos en los países del sudeste asiático.

Junto con esto, la crisis económica centuplicada por los efectos paralizantes del Covid-19 comienza a proyectar su sombra a nivel mundial. Sin ser aún del todo claro cuáles pueden ser los alcances de la misma, las comparaciones con la crisis del 30 (la crisis más aguda del capitalismo a la fecha) corren por los diversos medios internacionales y analistas. Incluso el FMI habla de que la actual crisis superará a la del 2008-2009 (crisis que aún hoy ejerce su efecto) y que lo más realista es hablar de la mayor contracción desde 1930. El FMI calcula un decrecimiento mundial del 3%, pero a su vez reconoce que son números que suponen que el mundo vuelva a una relativa normalidad para mitad de año… “una incertidumbre extrema” como advierte el documento del organismo de crédito.

Sobre este panorama de extrema complejidad los gobiernos capitalistas del mundo continúan el debate entre privilegiar la salud y la economía. En algunos casos combinando la tragedia fruto del desfinanciamiento crónico de la salud con la orden negligente de volver al trabajo en cuotas (caso España, un caso de extrema irresponsabilidad). En otros con bravuconadas permanentes a lo Trump, que acaba de amenazar con dejar de financiar a la OMS, a quien acusa de incompetente. A su vez, sin dejar de ser negacionista y mientras mantiene la exigencia de “volver al trabajo cuanto antes”, retrocedió ante las muertes que llevaron al país al primer puesto del desastre mundial e inyectó dos billones de dólares en la economía para parar la caída y depositó dos mil dólares para cada ciudadano para contener la crisis de la desocupación que llevo a que 10 millones de trabajadores pidan seguro de desempleo en sólo dos semanas (otro número que remite a la “gran crisis”).

Pandemia, crisis y deuda

En Argentina el coronavirus aún no ha golpeado con crudeza, fundamentalmente por la cuarentena precautoria que aplico el gobierno de Fernández. Pero cuidado, que empiezan a aumentar los casos y hay índices de que podríamos estar entrando en el comienzo de la curva. Junto con esto la cuarentena, como no podía ser de otra manera ha generado un parate en la economía que, junto con el parate mundial, aumentan los elementos de crisis económica que se suman a los que acarreaba el país por los gobiernos precedentes.

Como hemos señalado en muchas oportunidades, la salud y la economía son parte integrales de las relaciones sociales marcadas a fuego por el capitalismo. El terror a una catástrofe sanitaria (principalmente en el conurbano bonaerense y en las periferias de las grandes ciudades) y a la respuesta que pueda surgir desde abajo llevó al gobierno nacional a encarar la pandemia con una orientación sanitarista (con la correcta aplicación de cuarentena como medida de cuidado de la salud). Esto es sin lugar a dudas un tributo a las relaciones de fuerza conquistadas a lo largo de años de lucha de los trabajadores y sectores democráticos. Pero esto no evita que el tratamiento sanitarista se haga desde una perspectiva social liberal que no deja ni por un momento de rendir pleitesía a los intereses generales de las patronales y al gran capital. Una muestra definitoria de esto es que en medio de esta situación crítica, Alberto Fernández se dispone a realizar una oferta a los tenedores de la deuda externa para garantizarles el pago de la misma. Que quede claro, la Argentina no sabe cómo hacer frente a la catástrofe sanitaria que se puede venir, el ministro de salud, Ginés González García declaró que un brote en el conurbano bonaerense sería incontrolable, pero el presidente se presta a garantizar, no la salud pública, sino el pago de la deuda externa.

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Esto pone en evidencia que la economía durante la cuarentena no deja de plantearle una contradicción enorme al funcionamiento de la economía capitalista del país: no es posible sostener una política sanitarista que privilegie la salud de la población sin afectar los intereses de los grandes empresarios y el imperialismo. Es ahí donde le aprieta el zapato al gobierno social liberal de Fernández y a donde apunta los dardos la burguesía recalcitrante como se vio semanas atrás.

La continuidad de la cuarentena (cuestión que comentaremos más adelante) mantiene amplios sectores de la economía congelados. Las fuentes de financiamiento de la economía están reducidas casi a cero: el intercambio con el mundo (exportación para adquirir dólares) está parado, el acceso a créditos internacionales restringido, sumado a la enorme deuda con el FMI y bonistas. La cual, repitamos de paso, que el gobierno lejos de rechazar el pago de la deuda buscará estos días, con quitas o como dé lugar, mantener las relaciones con los buitres del mundo, es decir pagar y seguir reventando las riquezas del país.

Sin llegar a tomar medidas anticapitalistas el gobierno de Fernández podría, presionado por la situación, optar por mantener una estricta cuarentena y evitar los estragos que causa la crisis económica en los trabajadores con medidas como un salario universal para todos los trabajadores y sectores populares financiado por un impuesto a las grandes fortunas y cortando el pago de la deuda.

Pero esto es completamente ajeno al ADN del gobierno. Veamos sino el famoso “impuesto a las grandes fortunas” que estaría preparando el oficialismo. Como reveló en estos días el diputado oficialista Carlos Heller el proyecto de “impuesto” a las grandes fortunas será por única vez y de carácter extraordinario. ¿Acaso algún impuesto que pagan los trabajadores es por única vez y de carácter extraordinario? Que sepamos los trabajadores pagan el IVA cada vez que compran pan o el alimento que sea. Porque eso son los impuestos: contribuciones compulsivas permanentes. Ni extraordinarias ni por única vez. Una vez más se muestra la fachada del gobierno: social en las palabras, liberal y ajustador en los hechos. En la práctica el famoso proyecto de impuesto, el cual por otro lado está más verde que la camiseta de Ferro, actúa como una cortina de humo que presenta un discurso “anti-ricos”, pero oculta que en lo cotidiano la inmensa mayoría de los trabajadores no tuvo paritaria, ni aumento de salario, que ya empezaron los despidos en la industria y que en todos lados se están discutiendo sustanciosas bajas de salarios con la complicidad de las burocracias sindicales.

El gobierno lejos de tomar medidas de fondo se limita a repartir algunos pesos por aquí y por allá mediante al remanido recurso de la impresión de billetes, un mecanismo que en última instancia, lejos de salvar a la economía no hace más que agravar sus problemas a mediano y corto plazo. Esto es “pan para hoy (y no demasiado) y hambre para mañana”, cuando la masa de billetes impresos se traduzca en nuevos picos de inflación que sacudan una vez más a los salarios.

La impresión de billetes permite al gobierno “salvar las papas” momentáneamente y dar créditos a los empresarios y algunas migajas a los sectores más vulnerables.

Pero mientras los míseros pesos que llegan a los bolsillos de los trabajadores son destinados a la compra de alimentos, los billetes que quedan en manos de los capitalistas tienden a ir a parar a la compra de dólares. La novedad en materia económica por estos días es la enorme brecha que existe entre el dólar oficial ($66) y los dólares alternativos: dólar blue ($96), dólar bolsa ($108) y dólar liqui ($110) a precios del 15/03.

Esto en una economía completamente dolarizada como lo es la de Argentina, sólo puede significar a mediano plazo una mayor inflación: un aumento de los precios de todas las cosas elevadas a la enésima potencia, lo cual combinado con una situación recesiva e incluso de decrecimiento de la economía replicaría en un agravamiento de las condiciones de vida de las amplias mayorías. Lejos de alentar alarmismos o intentar hacer futurología, método completamente desaconsejable y que abunda entre los “gurúes” de la economía, intentamos señalar que en la economía no hay atajos que valgan y que ante la misma no hay lugar para las poses progres Es decir no hay forma de quedar bien con “dios y con el diablo”. En última instancia o se afectan los intereses de los capitalistas o se ajusta a los trabajadores. Y este hecho no hace más que recrudecerse cuando las crisis logran cierto grado de universalidad, como ocurre en estos momentos.

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Para los empresarios, todo; para los trabajadores, ajuste

En lo inmediato, la política económica del gobierno hace sentir su efecto a los trabajadores: la inflación afecta todos días y los alimentos han aumentado entre un 30% y un 100% si hablamos de verduras y frutas. El dato de inflación de marzo del Indec (3,6%) parece una tomada de pelo pero que tiene explicación: sólo fueron medidos hasta los días previos a la cuarentena.

A lo anterior se suma una nueva moda que se impone a todos los trabajadores: la reducción salarial. Tras el decreto de Fernández que permite suspensiones con quita de salario, los empresarios de todos los rubros se apresuraron a beneficiarse con la medida. El ahorro millonario para las patronales tuvo como contrapartida una concesión pequeñísima que ni siquiera se aplica realmente: no despedir por 60 días… ¿y después?

Mientras tanto las reducciones salariales van del 50% (caso Mac Donalds, pero también es el planteo que hacen las patronales del Neumático beneficiadas por la flexibilización de la cuarentena) hasta un 70% en el caso de las autopartistas. Claro que en el caso de los trabajadores en negro las reducciones son mayores si es que no ha quedado directamente en la calle.

El gobierno ha decidido extender la cuarentena hasta el 26 de abril. Ni tan estricta como debería ser para preservar la salud de los trabajadores, pero tampoco tan laxa como pretendía la burguesía reaccionaria. Claro que hubo claras concesiones a sectores de la burguesía autóctona como es el caso de Madanes (multimillonario dueño de Aluar y de Fate) habilitando las ramas productivas que están bajo su órbita. Así, aun manteniendo la cuarentena, ya se observa mayor movimiento en las calles, justo en el momento en que hay indicios de que Argentina podría estar entrando en el inicio de la curva de casos.

A pesar del tono profesoral y cientificista de Fernández, detrás de esta decisión opera cierto grado de irracionalidad capitalista: en primer lugar porque todos los números de camas nuevas que se anuncian a diario, tiene como contrapartida el colosal abandono al que están sometidos los profesionales de la salud. El caso del hospital Belgrano de San Martín es un claro ejemplo de los que decimos. Sin haber empezado la “guerra” contra el Covid-19 ya se reportaron por lo menos 13 trabajadores infectados, y aún no está claro cuántos pacientes podrían estar afectados por el virus. Allí los trabajadores se encuentran organizados y en estado de asamblea permanente para tomar en sus manos la situación desastrosa a la que los someten las autoridades hospitalarias y un gobierno que dice mucho, pero cuando se trata de los trabajadores hace poco. Desde nuestras páginas nos solidarizamos con las compañeras y compañeros y exigimos: rotación del personal en todos los centros hospitalarios del país para evitar el contagio entre los propios compañeros; dotación de personal de contingencia en todos los hospitales, y el inmediato cumplimiento de todos los reclamos y condiciones de seguridad e higiene necesarias para cuidar a quienes nos cuidan.

Por una cuarentena solidaria

La militancia del Nuevo MAS ha emprendido una gran campaña solidaria a lo largo de las últimas semanas recolectando alimentos para los colegios y elementos de limpieza y máscaras confeccionadas con radiografías para los hospitales. Como parte de este esfuerzo solidario, nuestra compañera Manuela Castañeira ha sido parte activa de esta campaña demostrando que este partido hace lo que dice.

Al mismo tiempo que somos parte de este esfuerzo colectivo, lo hacemos con un alto grado de responsabilidad para con nuestra militancia y la población entera. Es por eso que sostenemos el llamado a nuestros compañeros y compañeras a extremar los cuidados en las actividades solidarias, a afrontar la situación de la pandemia con seriedad y sin subestimaciones. Bajo las presiones de la pandemia y la economía a la que son sometidos los trabajadores del mundo y del país se procesan situaciones que son reaccionarias y difíciles, pero que con una perspectiva de clase y una orientación anticapitalista puede empezar a fermentar el cuestionamiento de la vida cotidiana bajo el capitalismo como hace años no ocurría.

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