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Nahir Galarza y Yanina Lescano: las “malas víctimas”

¿Qué pasa cuando la mujer víctima de violencia no es la que queremos que sea? ¿Aquella víctima prototípica, abnegada, sufriente y doliente? ¿Cuando no es esa mujer abnegada que muere sino una que se defiende? 

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Diana Pereira

Los comentarios de los portales de noticias y las redes sociales al respecto de la última publicación en facebook de Nahir Galarza y su compañera de celda Yanina Lescano rebozan de juicios de valor totalmente machistas sobre estas mujeres. Sin escapar a la cosificación, por ser lindas, se suma el repudio social por los hechos que les fueron imputados, con una interpretación machista y patriarcal de la ley penal.

No es un fenómeno solamente local. Basta leer que los jueces del juicio de la Manada en España fallan considerando que una víctima que rehace su vida y no se queda medicalizada o en angustia permanente ha sufrido menos o incluso que una mujer puede disfrutar de una violación porque no se resiste. Es aquello que se le cuestiona a muchas otras como a Thelma Fardin en Argentina, a las actrices denunciantes del #meTooo básicamente a cualquier víctima sometida a un proceso judicial o cualquier victima mujer que tome una postura de denuncia de lo que vivió que no sea la lacrimogena imagen de la víctima que sufrió, llora,  y por siempre debe sufrir.

Lo que se ve en la foto que está en todos los grupos de whatsapp en estas horas es lo que cualquiera de uds. hace un sábado a la noche. Arreglarse un poco, sacarse una foto, subirla al face.

Pero no, las malas víctimas no tienen derecho a nada, ni siquiera cuando ya de por sí por ser mujeres encarceladas mediante imputaciones severas y machistas ya se les han vulnerado una serie de derechos humanos, a cada una de ellas de manera específica. Para los agresores, impunidad, para las malas víctimas condena.

Nahir Galarza: una maldita condena aleccionadora

El tribunal de Gualeguaychú, actuando como primer instancia, ha condenado a Nahir Galarza a prisión perpetua, que es la máxima pena prevista en nuestro ordenamiento jurídico, por la carátula de “homicidio agravado por el vínculo” .

Esta apreciación del Tribunal decide asignar para el agravante la constitución de un vínculo, pero no reconoce el modo en el que ese vínculo se desarrolla que denota violencia por parte de Pastorizo hacia Nahir[1] en los términos de la ley 26.485.  Un vínculo plagado de celos, de idas y vueltas que claramente habilitaban una interpretación por circunstancias extraordinarias de atenuación, como mínimo o algunas otras salidas alternativas a la maldita condena, como homicidio simple.

Este fallo fue confirmado por la Cámara de Apelaciones de Concordia, constituyendo a Nahir Galarza como la persona presa con condena perpetua más joven de nuestro país[2]. Su condena se constituye de esta manera como una pena aleccionadora a todas aquellas mujeres que no resistan los embates agresivos de un vínculo de violencia, a quienes no estén dispuesta a morir a manos de sus agresores.

Yanina Lescano: una imputación jurídicamente absurda

A Yanina Lescano, quien se encuentra en el Penal con prisión preventiva en calidad de procesada, se le imputa el delito de NO HABER IMPEDIDO que su pareja, Miguel Angel Cristo, matará a su hija (quien no es hija de Yanina) Nahiara Cristo. Yanina, al momento del hecho, se encontraba embarazada de 8 meses, con reposo absoluto dictado médicamente por el riesgo del embarazo que cursaba. Riesgo producido por la violencia psicológica que ejercía Miguel Angel Cristo sobre Yanina.

Yanina dió a luz a una hija, producto de su vínculo y convivencia con Cristo, a la cual no conoce porque le fue impedido el contacto con ella a las horas de nacer, motivado en la imputación de mala madre que sobre ella pesaba.

Su imputación sigue la línea de razonamiento jurídico penal machista que puso presa a Yanina Farias, a Celina Benitez, a Victoria Aguirre y a tantas otras en este país que son acusadas del hecho que no cometen y del cual también son víctimas, pero que reciben el reproche del injusto por ser mujeres y por la exigencia sobre el cuidado de sus hijos. Incluso de la imputación a María Ovando, a quien se le acusaba de no haber salvado a su hija de la desnutrición infantil que sufría por las condiciones de vulnerabilidad económica extremas que ambas sufrieron.

Se les demanda a las mujeres, como garantes del hogar y la maternidad, una acción inexigible como es impedir que un agresor asesine. Se les exige poner en riesgo su propia vida en pos de salvar la de otro. Como si no alcanzara con el dolor que sienten por el asesinato de ese niñe, se las encarcela por no ser buenas madres.

 

El show de la violencia contra las mujeres

El dispositivo es perfecto. Funciona sin fisuras. Los medios de comunicación masivos siguiendo cada paso de estas dos mujeres privadas de su libertad, agazapados, esperando a ver cuando cometen el error que las lleva de nuevo a la primera plana.

¿Las escuchan? ¿Se preguntaron cómo llegaron a donde están? ¿Cuál es la trayectoria de una vida que termina en un pabellón de seguridad? Si las entrevistan es solo para confirmar su teoría. Una escucha selectiva y sesgada. Y más abajo los cientos de comentarios del sentido común machista, cosificandolas, juzgandolas una vez más, reproduciendo la tendencia social contraria a la que expresa la juventud y las mujeres en la calle, el feminismo organizado que tiene al mundo en alerta de cómo seguirá la lucha feminista en este triangulo de tierra al sur del continente.

Atrás de los medios, el juez, el fiscal, apoyando el clamor “popular” que pide cárcel, que pide sufrimiento. Nunca la escucha de lo que pasó o de lo que pasará a esas mujeres después de atravesar una situación de encierro. Nunca la pregunta honesta sobre los derechos humanos de las justiciables. Para la mujer que no se resigna, ni siquiera privada de su libertad, a bajar los brazos y a perder la alegría, encontrandola donde puede, donde le dejaron, en una foto en el facebook y un par de likes…para ella todas las malditas condenas.


El patriarcado no se aguanta más

Esta justicia argentina, sostenedora del patriarcado, no puede continuar ejerciendo esta violencia contra las mujeres. Pero que pesa sobre Yanina y Nahir, y tantas otras, no es sólo la arbitrariedad del sistema penal. Sino un sistema de varios componentes, fomentada en lo más atrasado de las tendencias sociales, sostenedor del status quo imperante, del privilegio social existente.

Mil leyes de capacitación obligatoria no alcanzan con un Poder Judicial,  patriarcal hasta la medula, que no está dispuesto a resignar su poder aleccionador sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Tampoco lograrán cambiar las vidas de las mujeres los magros presupuestos de miseria que se destinan año a año para combatir la violencia. Migajas que no pueden garantizar que las mujeres se puedan ir de las casas de sus agresores o acceder a los servicios necesarios de asistencia para romper los vínculos violentos en los que se encuentran inmersas.

Es indispensable cambiar de raíz este sistema que mata, encarcela y violenta a todas las mujeres y al colectivo LGBTTTI. Necesitamos ESI en todas las escuelas para construir de acá para adelante esa sociedad que necesitamos y que ya no puede esperar.

Mientras tanto, seguiremos pidiendo justicia en cada caso concreto y destitución a todos y cada uno de los jueces que no puedan estar a la altura del desafío social que la marea verde feminista exige.

[1] Compartimos el análisis del caso realizado en esta nota: “Para considerar el agravante de la pena por el vínculo sí lo considera acreditado, pero para indagar sobre los modos en los que ese vínculo se desarrollaba no encuentra alcanzado el estándar para probar que mediaba violencia.” expresado en “Sobre el Caso Nahir Galarza” en https://www.mas.org.ar/?p=17556

[2] https://www.perfil.com/noticias/sociedad/por-que-la-pena-a-prision-perpetua-a-nahir-galarza-es-una-sentencia-historica.phtml

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1 COMENTARIO

  1. Que buena reflexión! Yo opino lo mismo que no se tuvo en cuenta lo que ella vivió y que tal vez si fuera al revés y la que estuviera muerta fuera ella seguro el tipo ya hubiera salido en libertad. Hay violadores y pedofilos… tipos que asesinan mujeres y están libres… esta piba solo se defendió… que triste es la justicia para las mujeres en mi país. ..

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