Murió Bush Padre | Obituario de un imperialista asesino

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Por Tofi Mazú

El 30 de noviembre falleció George H. W. Bush, ex presidente de los Estados Unidos, político y magnate petrolero. Claro está que no lo vamos a extrañar, pero corresponde hacer un breve repaso de su recorrido e influencia en la política imperialista, que afianzó el neoliberalismo en los años ’80s y ‘90s. Militar, empresario millonario, Presidente del Partido Republicano, Embajador de las Naciones Unidas, director de la CIA, congresista, vicepresidente, presidente… G. H. W. Bush fue todo lo que un agente del capitalismo puede llegar a ser.

 

Paso uno: volverse un magnate petrolero millonario

Bush padre nació en cuna de oro, en el seno de una familia acaudalada de Milton, Massachusetts, en 1924. Con 18 años ingresó voluntariamente a la Armada de Estados Unidos para convertirse en aviador, rol que desempeñó hasta que terminó la II Guerra Mundial. Según gran cantidad de fuentes, el propio George H. W. Bush asegura haber tomado esa decisión tras el ataque de Pearl Harbor… esto, que parece sólo un detalle, aparece como una de las primeras demostraciones de su tendencia belicista, de las ansias de participar en una guerra imperialista.

Tras graduarse en Yale, se mudó a Texas para invertir en la industira petrolera, de la que su padre ya era parte, y transformarse a los 40 años en multimillonario. Ayudado por los contactos de su familia, rápidamente escaló posiciones en uno de las principales ramas productivas.

Si en sus años de juventud se desarrolló como militar y empresario de semjante forma, era de esperarse que se convirtiera en el monstruo imperialista que fue en sus años de senador, vicepresidente y presidente. Veremos que este señor hizo uan carrera impecable, prácticamente en línea recta, sin altibajos y ascendente, hasta llegar a convertirse en uno de los emblemas del neoliberalismo y la barbarie capitalista en Estados Unidos y el planeta.

 

Paso dos: hacer todos los pasos previos para ser presidente de la principal potencia del mundo

Tras fundar su propia compañía petrolera a mediados de los años ‘50, comenzó su carrera política. En 1964, fue electo como Presidente del Partido Republicano en Texas y ganó las primarias de su partido para ser candidaro a Senador. Sin embargo, perdió esas elecciones contra los demócratas, en gran parte, porque apoyaba a Barry Goldwater en su candidatura a presidente. Esto es fundamental, porque pinta a Bush de cuerpo entero, ya que Goldwater era el principal vocero en contra de la ley de los Derechos Civiles, que pretendía poner un freno constitucional a la violencia y discriminación hacia la comunidad negra. Esta ley fue histórica para los Estados Unidos: permitió que las y los negros y afrodescendientes pasaran a formar parte del padrón electoral, que se terminara con la segregación de negros y negras en las escuelas, transporte público y centros de salud, así como poner fin a barbaridades tales como separar entre blancos y negros los bancos de sangre. Esta reglamentación no garantizó el fin de la discriminación a las minorías étnicas, cosa que es evidente solo con ver lo que sucede hoy en día en Norteamérica; pero eso no quita que haya sido una conquista fundamental. Su negativa a la aprobación de esta ley configuró a Bush padre como uno de los principales referentes reaccionarios de su tiempo, tilado de “extremista de derecha” por los miembros de la oposición política burguesa, el Partido Demócrata, y siendo objeto de denuncia por parte de todos los movimientos progresivos de la época, como las Panteras Negras.

Entre 1967 y 1971 fue, efectivamente, diputado de la Cámara de Representantes por el Estado de Texas. Durante ese período apoyó las políticas de Nixon respecto a la Guerra de Vietnam. Sus posiciones reaccionarias y su apoyo en el conservador y racista sur de Estados Unidos, llevaron a Nixon a la presidencia (1969 – 1973), aunque se fue golpeado brutalmente tras el escándalo de Watergate hacia el final de su mandato, cuando fue objeto de un impeachment por haber espiado una conferencia demócrata.  En el medio de dicho escándalo, Nixon le pidió a Bush que ocupara el cargo de Presidente del Comité Nacional Republicano y el de Embajador de las Naciones Unidas. Sorpendentemente, sobrevivió a la crisis de Nixon, siendo él mismo quien solicitara la renuncia del presidente. Un vivo bárbaro

Así llegamos a uno de los momentos cúlmines de su asquerosa, lineal y perfecta carrera política: su cargo de Director de la CIA, que ocupó de 1976 a 1977. Esta cuestión es de suma importancia para entender su proyección imperialista y anti comunista. Con solo mirar la fecha queda clarísimo que estuvo por cierto tiempo a la cabeza del criminal Plan Cóndor, que llevó adelante las dictaduras militares en América del Sur de dicha década y nos dejó, solo en la Argentina, un saldo de 30.000 militantes revolucionarios desaparecidos. Este dato es de vital en importancia para comprender lo que significó luego el gobierno de Bush.

Tras presentarse infructíferamente a las elecciones presidenciales, fue elegido por Reagan como vicepresidente, en su primer mandato. Y, por lo tanto, se desempeñó también como presidente del Senado. Así, bajo su gobierno se innauguró la era neoliberal. La dupla Reagan – Tatcher, al frente de USA e Inglaterra fue emblemática, marcando uno de los momentos más oscuros de la política del siglo XX. Estamos hablando del inicio de un perído de derrota para clase obrera, para las mujeres y la diversidad, para las y los inmigrantes, negros y latinos. Una época de represión, de pérdida de conquistas progresivas y derechos.

Por solo dar un ejemplo de sus funciones en este perído, cabe mencionar su participación en el escándalo de Irán, donde vendieron a dicho país armamento de forma secreta violando incluso el derecho internacional. La realidad es que el ocaso de la perspectiva revolucionaria y la derrota de las revoluciones de pos-guerra permitieron tanto a Bush como a Reagan salir airosos de semejante situación. La autoridad de Estados Unidos resultaba incuestionable y su violencia implaclable en todo Oriente Medio.

 

La presidencia

Su campaña, lanzada en 1987, se apoyó en lo más reaccionario de sus ocho años de trayectoria junto a Reagan. Por lo tanto, puso al senador Dan Quayle, de Indiana, como candidato a vicepresidente para obtener el apoyo del sur, lo más conservador de Estados Unidos. Su campaña se basó en gran parte en su defensa de la pena de muerte y pasó a la historia como una de las más sucias y corruptas.

La guerra entre Irán e Irak (1980 – 1988) fue uno de los antecedentes de la Guerra del Golfo, un conflicto clave que fortaleció al imperialismo en Medio Oriente y que garantizó los negocios petroleros, así como el tráfico de armas. La Guerra del Golfo estalló en febrero de 1990 y duró algo más de un año. Fue autorizada, o mejor dicho avalada, por la ONU; y en ella se enfretó Irak a una coalición consformada por 34 países liderada por los Estados Unidos.

El detonante fue la invasión iraquí a Kuwait, a su vez detonada por el conflicto petrolero y territorial. La realidad es que Irak contaba con una deuda externa muy elevada, contraída en la guerra contra Irán, y quería avanzar en la producción petrolera en la cual su vecino era superior. Occidente no dudó ni un segundo en intervenir en dicho conflicto… con más de treinta países implicados y unas ganas bárbaras de controlar el mercado del oro negro de punta a punta. G. H. W. Bush fue el amo y señor de este conflicto, que daría inicio a futura sincursiones en Oriente Medio por parte de los yanquis y de la política “contra el terrorismo” que se dieron los siguientes presidentes de la principal potencia del mundo, sobre todo Bush hijo.

 

“Este año muere el comunismo”

Esa frase de Bush quedó para la historia. Es que él fue el presidente de la caída del muro de Berlín. Este acontecimiento marcó una época de forma brutal. Los años ’90 fueron una década de derrota de la perspectiva revolucionaria. Se vendió al mundo el buzón de que la historia había terminado, de que no había alternativa al capitalismo y que la estrategia socialista había fracasado: se había derrumbado como el muro que el estalinismo había erigido para dividir Alemania de forma artificial. La globalización y la expansión de un libre mercado desenfrenado destruyeron economías, con los países semicoloniales sumidos en deudas externas imposibles de pagar. Esto, aparejado con el tendal de muertos de las décadas de los 70’s y 80’s por las dictaduras militares, dilapidaron la conciencia de clase de toda una generación. Bush fue importante artífice de este proceso, tanto en lo económico como en lo político, quien con la devacle de la URSS, gobernó Estados Unidos cuando quedaba como única potencia preponderante en el globo.

En fin, acaba de desaparecer una figura nefasta, un verdadero representante del imperialismo yanqui. No lo vamos a extrañar.

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