Análisis de la situación nacional

Mostrar el lado B de la realidad

La dinámica de la conflictividad de sectores de vanguardia de trabajadores sigue en aumento y se ha consolidado en las últimas semanas llegando a ser un 60% mayor al 2020, caracterizado por las cuarentenas, la chatura y los banderazos reaccionarios. Esta dinámica no se ha diluido en la antesala electoral y aunque probablemente las PASO y luego las elecciones definitivas logren mermarla, de momento no parece que esa dinámica vaya a desaparecer por completo.



Con las primeras fechas formales del calendario electoral en marcha, que incluyen la presentación de alianzas hasta la primera hora del jueves 15, y la de listas el próximo 24, el tono de campaña empieza a ganar terreno en todo el país. Aún quedan algunas incógnitas irresueltas.

Nos referimos ni más ni menos que a los nombres de quienes encabezarán las listas del oficialismo en los principales distritos electorales, mientras que Juntos por el Cambio ya ha hecho anuncios de los propios. Pero de fondo, una incógnita mayor se coloca como una sombra sobre el inicial proceso electoral y agita el ánimo social de amplios sectores de trabajadores, a la vez que exaspera a los capitalistas: ¿cuál es el proyecto para el país? ¿cuál es el rumbo? Pocas veces una duda tan vital atraviesa de manera transversal al conjunto de la sociedad.

El descontento y la bronca por los salarios más bajos de los últimos 18 años, por la inflación, la precarización y la falta de perspectivas a futuro, presiona a los trabajadores, a la juventud y a las mujeres. A los capitalistas -cuyo interés es opuesto (e irreconciliable) al de los explotados y oprimidos- los inquieta la tibieza del Alberto Fernández a la hora de hacer los ajustes estructurales que necesitan para seguir superexplotando a su antojo. Esta tarea que Macri quiso llevar adelante sin éxito, es la que lo ha llevado a ubicarse por fuera de la vitrina de los candidatos.

Desde luego que detrás de la “debilidad” de carácter de Fernández se encuentra un proyecto de difícil resolución que intenta lograr un ajuste, mientras compensa escasamente con bonos preelectorales para no ganarse el enojo de los de abajo; en un país cuyas relaciones de fuerzas no logran ser derrotadas por ningún gobierno del 2001 en adelante (pasando por las jornadas del 14 y 18 de diciembre del 2017 que “hirieron de muerte” a Macri), y con una burguesía que pretende un país con superexplotación.

De momento la dinámica de la conflictividad de sectores de vanguardia de trabajadores sigue en aumento y se ha consolidado en las últimas semanas llegando a ser un 60% mayor al 2020, caracterizado por las cuarentenas, la chatura y los banderazos reaccionarios, más allá de alguna excepción. Esta dinámica no se ha diluido en la antesala electoral y aunque probablemente las PASO y luego las elecciones definitivas logren mermarla, de momento no parece que esa dinámica vaya a desaparecer por completo.

Hoy lo que se impone en este terreno es la expresión del descontento de sectores de trabajadores con las condiciones de vida que impone un gobierno que, sin haber quebrado definitivamente la confianza de aquellos que lo votaron para recomponerse luego de años de gobierno de Macri, genera más recelos que expectativas. Son sectores de vanguardia que saltan de la aceptación de lo cotidiano a la lucha reivindicativa, y que aún si no expresan de momento radicalización en términos de representación política, de búsqueda de alternativas anticapitalistas ni socialistas, se codean cotidianamente con la izquierda roja y ven en las elecciones un buen momento para hacerse escuchar por los de arriba. Son el emergente de un malestar acumulado durante años, cuya cara visible es la precarización laboral y de la vida.

En este marco la izquierda tiene el desafío combinado de acompañar y desarrollar las luchas, pero también de renovarse y ofrecer una alternativa electoral consecuente para todos aquellos y aquellas que aspiran a superar el abandono del gobierno de los Fernández a los de abajo y que exprese claramente sus necesidades. Este es el proyecto del Nuevo MAS cuyas listas están encabezadas por Manuela Castañeira y referentes de los trabajadores, la juventud y las mujeres. Compañeros y compañeras que se han forjado en las luchas y que serán los candidatos que hablan de aquello que el gobierno y la oposición calla.

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El umbral electoral

El hecho de que el proceso electoral sea aún muy inicial dificulta tener definiciones de fondo en este ámbito. Además, sabemos que el terreno de la representación política suele ser muy distorsionado, lo cual complejiza aún mas las afirmaciones taxativas. Aún así, hay algunos elementos superestructurales de cierta importancia que serán algunas de las bases sobre las que se desarrolle la contienda, junto con los eventos de la lucha de clases. Valga la aclaración de que más allá de que las elecciones tienen elementos de “vida propia”, toda representación se desarrolla sobre la base de la realidad concreta y cotidiana.

Como hemos dicho, no deja de ser llamativo el hecho que hasta este instante no se conozcan los candidatos y candidatas de las listas oficialistas, sobre todo en lo que respecta a las candidaturas federales en Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires, pero también de las ciudades más importantes del país. Una indefinición que pareciera referir a la dificultad de dar una señal clara del rumbo político de la coalición de gobierno del Frente de Todos. De fondo no se han expresado diferencias de proyectos políticos: la unidad del FdT se ha mantenido inquebrantable en cada negociación con el FMI y los organismos de crédito internacionales, y más allá de algún que otro chisporroteo, garantizan el ajuste con gestos de moderación.

Las dificultades para el gobierno son por partida triple. Por un lado, debe responder al descontento que existe entre amplias capas de trabajadores y sectores populares poniendo una cara amigable y que transmita la idea de que las cosas pueden mejorar hacia el futuro. Las dificultades aumentan si tenemos en cuenta que la juventud es de los sectores más desencantados con el gobierno nacional y para quienes los “pibes” de la Cámpora y otros sectores k pasaron de abanderados de las nuevas generaciones a verdugos con puestos de gobierno. Y a este debemos sumar que el tan anunciado Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad no es más que una cáscara vacía y que ha escatimado el uso del presupuesto en las áreas sensibles como las de protección y políticas contra la violencia hacia las mujeres y personas lgtbi.

Por otro lado, sufre la presión de la burguesía que estuvo dispuesta a dar apoyo al gobierno actual frenteal fracaso de Macri para cumplir con los deberes, y porque Alberto Fernández no es Cristina Kirchner, quien aunque nunca dejó de beneficiar a los empresarios y capitalistas es rechazada por conceder concesiones mínimas a los de abajo. Pero esto no basta, le exigen a Fernández ir hasta el final y cumplir con el programa del FMI que incluye reformas estructurales para pagar la deuda, a la vez que darle “competitividad” al país con condiciones laborales y salariales de super explotación.

A esto se suma un tercer condicionante, que le viene de la oposición de Juntos por el Cambio. La coalición de derecha apostaría de conjunto a Vidalen la Capital, pero va a internas en la Provincia de Buenos Airesentre Santilli, impulsada por Larreta, y Manes impulsado por la UCR. Es un hecho que la definición ha tenido como victimas a los sectores más abiertamente reaccionarios. Nos referimos a Bullrich, Carrió y desde luego Macri que no logró imponer a los suyos. Esta definición hacia el centro político da cuenta de la dificultad para poner en pie un proyecto abiertamente reaccionario en el país, y de la búsqueda de un voto de centro y centro derecha que logre recomponer el neoliberalismo con rostro de Heidi. Estas definiciones ponen a competir al gobierno en el centro político, un terreno que considera propio y el que le hubiera sido mucho más cómodo de disputar con aspirantes a Bolsonaro.

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Dicho esto, y más allá de las dificultades, el gobierno sigue controlando la coyuntura y de momento ha evitado desbordes en el marco de la pandemia y la crisis económica y social, para lo cual ha contado con la inestimable complicidad de la burocracia sindical. Junto con esto, se estima que la coalición oficialista se impondría sobre JxC en las próximas elecciones, aunque aún restan dos meses para las PASO y cuatro para las definitivas.

Renovar a la izquierda y construir una alternativa anticapitalista y socialista

Desde el Nuevo MAS hemos presentado listas para competir en las próximas elecciones y darles voz a los reclamos de las y los de abajo, con un proyecto anticapitalista y socialista. Lamentablemente el resto de la izquierda no parece estar en sintonía con esta necesidad. La reciente expulsión del FIT-U de parte de sus miembros fundadores y las disputas de cargos totalmente escindidos de debates estratégicos de mediano y largo plazo al interior del propio frente dan cuenta del momento de decadencia política de la coalición. Decadencia que se ha expresado además en la corroboración de que en el FIT-U hay “distintos proyectos políticos” (MST).

Lo que fue una cooperativa electoral ha dado un salto en calidad transformándose en un acuerdo oportunista dirigido por el PTS y acompañado por un Partido Obrero cada vez más desdibujado, sin un programa común y sólo por los cargos, algo que dista mucho de cualquier aspiración transformadora de la realidad. Un acuerdo de supuesta “unidad” donde lo que une es el amor al cargo y el espanto a perderlos, y en el que el fin por el cuál se aspira a disputar esos espacios depende de cada parte o de cada “proyecto”. A tal punto ha llegado la fractura que en un mismo conflicto de trabajadores tercerizados podemos encontrar a los miembros del FIT que acompañan, los que ningunean su existencia, y los que niegan de hecho el apoyo aun teniendo responsabilidades de dirección sindical.

Pero la realidad es mucho más rica y requiere ser afrontada con audacia revolucionaria. Es por eso que se necesita una renovación de la izquierda que debe expresarse en estas elecciones, así como se viene expresando en el terreno de las luchas. Una izquierda entusiasta y militante que tiene en la cabeza darlo todo para que triunfen los reclamos de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres y de las personas LGTBI. Hay que hacer una gran campaña para seguir instalándonos como alternativa a las listas del FdT y JxC, y darle un aire fresco a una izquierda que ha quedado entrampada en sus propios vicios.

El Nuevo MAS presenta listas en 13 distritos electorales (provincias) tanto en las categorías federales como provinciales, y en más de 50 municipios de la Provincia de Buenos Aires. Nuestras figuras, como Manuela Castañeira, son el aporte para renovar a la izquierda y seguir construyendo una alternativa anticapitalista y socialista. ¡Vamos a las calles por una gran campaña que hable de lo que el gobierno calla y a ganar apoyos a nuestras listas! No hay tiempo que perder.

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